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Lectura 134 de 365

2 Crónicas 33-35 · Colosenses 1

Letra: Normal

2 Crónicas 33

1Tenía Manasés doce años cuando comenzó a reinar y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén.

2Hizo lo que el Señor detesta, según las costumbres abominables de las naciones que el Señor había expulsado ante los hijos de Israel.

3Reconstruyó los santuarios de los altos, destruidos por su padre Ezequías, erigió altares a los baales, hizo cipos, se postró ante el ejército celeste y le rindió culto;

4construyó altares en el templo del Señor, del que había dicho el Señor: «En Jerusalén morará mi Nombre para siempre».

5Edificó altares a todo el ejército celeste en los dos atrios del templo.

6Hizo pasar a sus hijos por el fuego en el valle de Ben Hinnón. Practicó la adivinación, la magia y la hechicería; instituyó nigromantes y adivinos. Se excedió tanto en sus malas acciones que llegó a exasperar al Señor.

7La imagen del ídolo que había esculpido la colocó en el templo de Dios, del que Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: «En este templo y en Jerusalén, que he elegido de entre todas las tribus de Israel, morará mi Nombre para siempre.

8Ya no consentiré que Israel vague errante lejos de la tierra que asigné a sus padres, con tal de que observen y cumplan cuanto les he mandado: la ley, los preceptos y las normas ordenadas por Moisés».

9Pero Manasés extravió a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que se portaran peor que las naciones que el Señor había exterminado ante los hijos de Israel.

10El Señor habló a Manasés y a su pueblo, pero no le hicieron caso.

11Entonces el Señor hizo venir contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, que apresaron a Manasés con ganchos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia.

12En su angustia, quiso aplacar al Señor su Dios, humillándose profundamente ante el Dios de sus padres,

13y le suplicó. El Señor lo atendió: escuchó su oración y le concedió el retorno a Jerusalén, a su reino. Manasés reconoció que el Señor es el verdadero Dios.

14Después de esto, construyó la muralla exterior de la Ciudad de David desde el oeste de Guijón, en el torrente, hasta la entrada de la Puerta del Pescado, en torno al Ófel; la hizo muy alta. Acantonó jefes del ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá.

15Retiró del templo del Señor los dioses extranjeros y el ídolo; arrojó fuera de la ciudad los altares que había construido en el monte del templo del Señor y en Jerusalén.

16Reparó el altar del Señor e inmoló sobre él sacrificios de comunión y de acción de gracias. Y ordenó a los de Judá que dieran culto al Señor, Dios de Israel.

17El pueblo, sin embargo, continuó ofreciendo sacrificios en los santuarios de los altos, aunque solo al Señor, su Dios.

18El resto de los hechos de Manasés, su oración a Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre del Señor, Dios de Israel, se encuentran en los Hechos de los reyes de Israel.

19Su oración y cómo fue atendido, su pecado e infidelidad, los lugares donde edificó santuarios y donde puso cipos e ídolos antes de humillarse están escritos en los Hechos de Jozay.

20Manasés se durmió con sus padres y fue sepultado en su palacio. Le sucedió en el trono su hijo Amón.

21Tenía Amón veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén.

22Hizo lo que el Señor detesta, igual que su padre Manasés. Amón ofreció sacrificios y dio culto a todos los ídolos que había hecho su padre Manasés.

23No se humilló ante el Señor, como se había humillado su padre; al contrario, multiplicó sus culpas.

24Sus siervos conspiraron contra él y lo mataron en su palacio.

25Pero la población mató a los que conspiraron contra el rey Amón, y nombró sucesor suyo a su hijo Josías.

2 Crónicas 34

1Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén.

2Hizo lo que es bueno a los ojos del Señor y siguió los caminos de su padre, David, sin desviarse a derecha ni a izquierda.

3El año octavo de su reinado, siendo aún joven, comenzó a buscar al Dios de su antepasado David, y el año duodécimo comenzó a purificar Judá y Jerusalén de santuarios paganos, cipos, estelas, estatuas e ídolos.

4Destruyeron en su presencia los altares de los baales, demolió los incensarios que había sobre ellos, rompió los cipos, las estatuas y los ídolos, reduciéndolos a polvo, que esparció sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios.

5Quemó sobre los altares los huesos de los sacerdotes. Así purificó Judá y Jerusalén.

6En las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón, y hasta de Neftalí, y en los territorios asolados que las rodeaban,

7destruyó los altares, los cipos y las estatuas, los trituró hasta reducirlos a polvo y demolió los incensarios en todo el territorio de Israel. Después regresó a Jerusalén.

8El año decimoctavo de su reinado, después de haber purificado el país y el templo, mandó a Safán, hijo de Asalías, al gobernador Maasías y al canciller Joaj, hijo de Joacaz, a reparar el templo del Señor, su Dios.

9Ellos se presentaron al sumo sacerdote Jilquías y le entregaron el dinero ingresado en el templo de Dios por las colectas de los porteros levitas en Manasés, Efraín, el resto de Israel, en Judá, Benjamín y entre los habitantes de Jerusalén.

10Se lo entregaron a los encargados de las obras del templo del Señor, y los maestros de obras que trabajaban en el templo del Señor dedicaron el dinero a reparar y restaurar el edificio,

11entregándoselo a los carpinteros y albañiles para comprar piedras de cantería, madera para las vigas y el maderamen de los edificios destruidos por los reyes de Judá.

12Aquellos hombres realizaron su trabajo con honradez. Estaban bajo la vigilancia de Yájat y Abdías, descendientes de Merarí, y de Zacarías y Mesulán, descendientes de Queat, que les dirigían. Los levitas, maestros en tañer instrumentos musicales,

13acompañaban a los porteadores y dirigían a todos los obreros, fuese cual fuese su tarea. Entre los levitas había secretarios, notarios y porteros.

14Cuando estaban sacando el dinero ingresado en el templo del Señor, el sacerdote Jilquías encontró el libro de la ley del Señor, escrito por Moisés.

15Entonces Jilquías dijo al secretario Safán: «He encontrado en el templo del Señor el libro de la ley». Y se lo entregó a Safán.

16Este se lo llevo al rey, cuando fue a darle cuenta del trabajo: «Tus siervos ya han hecho todo los que les mandaste.

17Han recogido el dinero ingresado en el templo del Señor y se lo han entregado a los encargados y a los obreros».

18El secretario Safán informó también al rey: «El sacerdote Jilquías me ha dado un libro». Safán lo leyó ante el rey.

19Cuando este oyó las palabras del libro de la ley, se rasgó los vestidos

20y ordenó a Jilquías, a Ajicán, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Miqueas, al secretario Safán y al funcionario real Asaías:

21«Id a consultar al Señor por mí, por el resto de Israel y por Judá a propósito del contenido del libro encontrado. La ira del Señor que se verterá sobre nosotros ha de ser grande, porque nuestros padres no observaron la palabra del Señor, actuando conforme a todo lo prescrito en este libro».

22Jilquías y los designados por el rey fueron a la profetisa Juldá, esposa de Salún, hijo de Tocat, hijo de Jasrá, encargado del vestuario. Vivía ella en Jerusalén, en el Barrio Nuevo. Le expusieron el caso

23y ella les respondió: «Así dice el Señor, Dios de Israel: Decidle al que os ha enviado:

24“Así dice el Señor: Mira, voy a traer el desastre sobre este lugar y sus habitantes, todas las maldiciones escritas en el libro que habéis leído ante el rey de Judá.

25Por haberme abandonado y haber quemado incienso a otros dioses, por haberme irritado con las obras de sus manos, arderá mi ira contra este lugar y no se apagará”.

26Al rey de Judá, que os ha enviado para consultar al Señor, decidle: “Así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de las palabras que has escuchado:

27Por tu benevolente corazón, por haberte humillado ante Dios al oír sus palabras contra este lugar y sus habitantes, por humillarte ante mí, haber rasgado tus vestidos y haber llorado ante mí, también yo te escucho —oráculo del Señor—.

28Cuando te reúnas con tus padres, te sepultarán en paz, sin que tus ojos vean la desgracia que traeré sobre este lugar y sobre sus habitantes”». Ellos llevaron la respuesta al rey.

29Este mandó convocar a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.

30El rey subió al templo del Señor, acompañado de todos los de Judá, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo —grandes y pequeños—, y les leyó todo el libro de la ley encontrado en el templo del Señor.

31El rey, puesto en pie sobre su estrado, selló una alianza ante el Señor, comprometiéndose a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, normas y preceptos con todo su corazón y con toda su alma, poniendo en práctica las cláusulas de la alianza escritas en este libro.

32Se la impuso a todos los que se encontraban en Jerusalén y en Benjamín. Los habitantes de Jerusalén actuaron conforme a la alianza de Dios, el Dios de sus padres.

33Josías suprimió las abominaciones que había en todos los territorios de los hijos de Israel, y obligó a todos los que se encontraban en Jerusalén a servir al Señor, su Dios. Mientras él vivió, no se apartaron del Señor, Dios de sus padres.

2 Crónicas 35

1Josías celebró en Jerusalén la Pascua del Señor, inmolándola el día catorce del primer mes.

2Restableció a los sacerdotes en sus funciones y los confirmó en el servicio del templo del Señor.

3Dijo a los levitas, instructores de Israel y consagrados al Señor: «Dejad el Arca santa en el templo que construyó Salomón, hijo de David, rey de Israel. Ya no tendréis que trasladarla a hombros. Servid ahora al Señor, vuestro Dios, y a su pueblo Israel.

4Organizaos por familias y secciones, según lo prescrito por David, rey de Israel, y por su hijo Salomón.

5Servid en el santuario a los grupos familiares —a vuestros hermanos, los hijos del pueblo— y a las secciones familiares de los levitas.

6Inmolad la Pascua, purificaos y preparádsela a vuestros hermanos, a fin de que puedan cumplir lo que mandó el Señor por medio de Moisés».

7Josías proporcionó a la gente ganado menor —treinta mil corderos y cabritos— para los sacrificios pascuales de todos los presentes, y tres mil bueyes, todo ello de la hacienda real.

8También los jefes fueron generosos con el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías, Zacarías y Yejiel, intendentes del templo del Señor, dieron a los sacerdotes dos mil seiscientas cabezas de ganado para la pascua y trescientos bueyes.

9Quenanías, Semaías y Nataniel, su hermano, y Jasabías, Yeiel y Jozabad, jefes de los levitas, proporcionaron a los levitas cinco mil cabezas de ganado para la pascua y quinientos bueyes.

10Cuando estuvo preparada la ceremonia, los sacerdotes ocuparon sus puestos y también los levitas según sus clases, conforme a la orden real.

11Inmolaron la Pascua. Los sacerdotes rociaban con sangre, mientras los levitas desollaban las víctimas.

12Separaban lo reservado al holocausto y se lo entregaban al pueblo por grupos de familias, para que lo ofreciesen al Señor, conforme a lo prescrito en el libro de Moisés. Hicieron lo mismo con los bueyes.

13Asaron la Pascua, como está mandado, y cocieron los alimentos sagrados en ollas, calderos y cazuelas, repartiéndolo con presteza a todo el pueblo.

14Después la prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes; como los sacerdotes aaronitas estuvieron ocupados hasta la noche ofreciendo los holocaustos y las grasas, los levitas la prepararon para sí mismos y para los sacerdotes aaronitas.

15También los cantores, descendientes de Asaf, estaban en sus puestos, según el mandato de David, Asaf, Hemán y Yedutún, vidente del rey. Cada uno de los porteros ocupaba su puerta. No necesitaban abandonar su servicio, porque sus hermanos levitas se lo prepararon todo.

16Toda la ceremonia sagrada se realizó aquel mismo día: se celebró la Pascua y se inmolaron los holocaustos en el altar del Señor, según el mandato del rey Josías.

17Los hijos de Israel que se hallaban presentes celebraron entonces la Pascua y la fiesta de los Ácimos durante siete días.

18No se había celebrado en Israel Pascua como esta desde los tiempos del profeta Samuel; ningún rey de Israel celebró una Pascua como la que celebraron Josías, los sacerdotes, los levitas, todos los de Judá e israelitas que se encontraban allí y los habitantes de Jerusalén.

19Se celebró esta Pascua el año decimoctavo del reinado de Josías.

20Después de que Josías hiciera todo esto para reparar el templo, subió Necó, rey de Egipto, para combatir en Carquemis, junto al Éufrates. Josías salió a hacerle frente.

21Necó le envió este mensaje: «¿Qué tengo que ver contigo, rey de Judá? Hoy no he venido contra ti, sino contra la dinastía que me hace la guerra. Dios me ha dicho que me apresure. Deja de oponerte a Dios que está conmigo, no sea que te destruya».

22Pero Josías no retrocedió, pues estaba decidido a combatir. Desobedeciendo lo que Dios le decía por medio de Necó, entabló combate en la llanura de Meguido.

23Los arqueros dispararon contra el rey Josías y este dijo a sus servidores: «Retiradme, pues estoy gravemente herido».

24Sus servidores lo sacaron del carro, lo subieron a otro que poseía y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en el sepulcro de sus padres. Todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.

25Jeremías compuso una elegía en memoria de Josías. Los cantores y cantoras lo recuerdan aún hoy en sus elegías. Se han hecho tradicionales en Israel. Están escritas entre las Lamentaciones.

26El resto de los hechos de Josías, sus obras piadosas —conforme a lo escrito en la Ley del Señor—,

27y sus gestas —las primeras y las postreras— están escritas en el libro de los Reyes de Israel y de Judá.

Colosenses 1

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano,

2a los santos y fieles hermanos en Cristo que residen en Colosas: gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre.

3Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros,

4al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos,

5a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y de la que oísteis hablar cuando se os anunció la verdad del Evangelio de Dios,

6que llegó hasta vosotros. Este sigue dando fruto y propagándose por todo el mundo como ha ocurrido también entre vosotros desde el día en que escuchasteis y comprendisteis la gracia de Dios en la verdad.

7Así os lo enseñó Epafras, nuestro querido compañero de servicio, fiel servidor de Cristo en lugar nuestro.

8Él es quien nos ha informado del amor que sentís por nosotros en el Espíritu.

9Por eso también nosotros, desde que nos enteramos, no dejamos de orar por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual.

10De esa manera vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificando en toda obra buena, y creciendo en el conocimiento de Dios,

11fortalecidos plenamente según el poder de su gloria para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría,

12dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

13Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor,

14por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

15Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura;

16porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.

17Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

18Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

19Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

20Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

21Vosotros, en otro tiempo, estabais también alejados y erais enemigos por vuestros pensamientos y malas acciones;

22ahora en cambio, por la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados para ser admitidos a su presencia santos, sin mancha y sin reproche,

23a condición de que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que habéis escuchado: el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor.

24Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia,

25de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios,

26el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos,

27a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.

28Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.

29Por este motivo lucho denodadamente con su fuerza, que actúa poderosamente en mí.