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Lectura 133 de 365

2 Crónicas 30-32 · Filipenses 4

Letra: Normal

2 Crónicas 30

1Ezequías envió mensajeros a todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y Manasés para que acudiesen al templo del Señor, en Jerusalén, a fin de celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel.

2El rey, los jefes y toda la asamblea de Jerusalén habían decidido en consejo celebrar la Pascua en el segundo mes,

3ya que no habían podido celebrarla a su debido tiempo, porque muchos sacerdotes aún no se habían purificado y el pueblo no se había reunido en Jerusalén.

4Al rey y a toda la comunidad les pareció bien la decisión.

5Entonces determinaron pregonar por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, que viniesen a Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, porque muchos no la celebraban según lo prescrito.

6Los mensajeros recorrieron todo Israel y Judá llevando las cartas del rey y de los jefes, como el rey había ordenado, y diciendo: «Hijos de Israel, volved al Señor, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, y el Señor volverá a vosotros, el resto que ha escapado del poder de los reyes asirios.

7No seáis como vuestros padres y hermanos, que fueron infieles al Señor, Dios de sus padres, y este los entregó al exterminio, como estáis viendo.

8No endurezcáis vuestra cerviz como vuestros padres. Someteos al Señor, venid al santuario que él ha consagrado para siempre, servid al Señor, vuestro Dios, y él apartará de vosotros el ardor de su ira.

9Si os convertís al Señor, vuestros hermanos e hijos hallarán misericordia ante sus captores y volverán a esta tierra, pues el Señor, vuestro Dios, es clemente y misericordioso y no os ocultará su rostro si volvéis a él».

10Los mensajeros pasaron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón, pero se reían y burlaban de ellos.

11Solo algunos de Aser, Manasés y Zabulón se doblegaron y acudieron a Jerusalén.

12Los de Judá, en cambio, con la ayuda de Dios, cumplieron unánimes el mandato del rey y de los jefes, secundando la palabra del Señor.

13En el mes segundo se reunió en Jerusalén una gran multitud para celebrar la fiesta de los Ácimos; fue una asamblea numerosa.

14Suprimieron a toda prisa los altares que había en Jerusalén, incluidos los del incienso, y los arrojaron al torrente Cedrón.

15El día catorce del mes segundo inmolaron la Pascua. Los sacerdotes y los levitas, avergonzados de sus pecados, se purificaron y llevaron holocaustos al templo del Señor.

16Ocuparon sus puestos correspondientes, según la ley de Moisés, hombre de Dios: los sacerdotes derramaban la sangre que recibían de mano de los levitas.

17Como muchos de la comunidad no se habían purificado, los levitas se encargaron de degollar los corderos pascuales de todos los impuros para consagrarlos al Señor.

18Una gran parte del pueblo —en su mayoría de Efraín, Manasés, Isacar y Zabulón— no se había purificado, sin embargo, comieron la Pascua en contra de lo prescrito. Pero Ezequías oró por ellos diciendo: «El Señor, que es bueno, perdone a todos aquellos

19cuyo corazón está dispuesto a buscar a Dios, al Señor Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza de los consagrados».

20El Señor escuchó a Ezequías y sanó al pueblo.

21Los hijos de Israel que se encontraban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ácimos durante siete días con gran júbilo; los sacerdotes y los levitas alababan al Señor, día tras día, con todo entusiasmo.

22Ezequías tuvo palabras de encomio para los levitas por su buena disposición al servicio del Señor. Durante los siete días de la fiesta participaron de los sacrificios de comunión y alabaron al Señor, Dios de sus padres.

23La comunidad decidió prolongar la fiesta otros siete días. La celebraron con júbilo esos siete días,

24porque Ezequías, rey de Judá, había reservado para la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; también los jefes habían reservado mil novillos y diez mil ovejas, pues ya se habían purificado muchos sacerdotes.

25Toda la asamblea de Judá, los sacerdotes y los levitas, los que habían venido de Israel, los forasteros procedentes de Israel y los residentes en Judá rebosaban de alegría.

26Una fiesta tan magnífica no se había celebrado en Jerusalén desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel.

27Los sacerdotes y levitas se levantaron para bendecir al pueblo. Su voz fue escuchada y su plegaria llegó hasta la santa morada de los cielos.

2 Crónicas 31

1Terminada la fiesta, salieron todos los hijos de Israel presentes a recorrer las ciudades de Judá. Rompieron las estelas, abatieron los cipos, demolieron los santuarios de los altos y los altares en todo Judá y Benjamín, Efraín y Manasés, hasta acabar con ellos. Después retornó cada uno a su propiedad y a su ciudad.

2Ezequías estableció las clases de sacerdotes y levitas, asignando a cada uno su función sacerdotal o levítica: ofrecer holocaustos, sacrificios de comunión, el servicio litúrgico, dar gracias, alabar y estar en las puertas de los campamentos del Señor.

3El rey destinó parte de sus bienes para los holocaustos, los matutinos y los vespertinos, los holocaustos de los sábados, de los comienzos de mes y de las festividades, como está escrito en la ley del Señor.

4Ordenó a los habitantes de Jerusalén que dieran la parte correspondiente a los sacerdotes y levitas para que pudieran dedicarse a la ley del Señor.

5Cuando se divulgó la orden, los hijos de Israel entregaron generosamente las primicias del trigo, del vino nuevo, del aceite, de la miel y de todos los productos del campo; presentaron además abundantes diezmos de todo.

6También los hijos de Israel y los de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, entregaron el diezmo del ganado mayor y menor y el diezmo de las cosas sagradas consagradas al Señor, su Dios, formando montones.

7Comenzaron a apilar los montones el mes tercero y terminaron el mes séptimo.

8Cuando llegaron Ezequías y los jefes, al ver los montones, bendijeron al Señor y a su pueblo, Israel.

9Ezequías preguntó a los sacerdotes y levitas acerca de los montones.

10El sumo sacerdote Azarías, de la familia de Sadoc, le dijo: «Desde que empezaron a traer ofrendas al templo del Señor hemos comido hasta saciarnos. Sobra muchísimo, porque el Señor ha bendecido a su pueblo. Aún sobra esta cantidad».

11Ezequías ordenó preparar silos en el templo del Señor. Una vez preparados,

12almacenaron honradamente las ofrendas, los diezmos y las cosas sagradas. El levita Quenanías fue nombrado intendente y su hermano Semeí, su lugarteniente.

13Yejiel, Azarías, Nájat, Asael, Yerimot, Jozabad, Eliel, Yismaquías, Májat y Benaías eran inspectores, a las órdenes de Quenanías y de su hermano Semeí, bajo la vigilancia del rey Ezequías y de Azarías, prefecto del templo del Señor.

14El levita Coré, hijo de Yimná, portero de la Puerta Oriental, estaba al cargo de las ofrendas voluntarias hechas a Dios y de administrar las ofrendas del Señor y las cosas sacratísimas.

15En las ciudades sacerdotales estaban a sus órdenes Eden, Minyamín, Yesúa, Semaías, Amarías y Secanías, para proveer fielmente a sus hermanos, según sus clases, fuesen grandes o pequeños,

16con tal de que estuvieran registrados entre los varones a partir de los tres años; proveían a los que entraban diariamente al servicio del templo del Señor para realizar las funciones propias de su clase.

17Los sacerdotes estaban registrados por familias y los levitas —a partir de los veinte años—, por sus funciones y clases.

18Debían registrarse con toda su familia: sus mujeres, hijos e hijas —toda la comunidad—, porque debían dedicarse fielmente a las cosas santas.

19Respecto a los sacerdotes aaronitas que vivían en el campo, en los ejidos de sus ciudades, había personas designadas nominalmente en todas ellas para proveer a los varones de los sacerdotes y a todos los levitas inscritos.

20Esto hizo Ezequías en todo Judá. Actuó con bondad, rectitud y fidelidad ante el Señor, su Dios.

21Todo lo que emprendió para el servicio del templo de Dios, de la ley y de los mandamientos lo hizo buscando a su Dios con todo su corazón. Por eso tuvo éxito.

2 Crónicas 32

1Después de estos actos de lealtad, vino Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá, sitió las ciudades fortificadas y ordenó conquistarlas.

2Ezequías advirtió que Senaquerib venía dispuesto a atacar Jerusalén.

3Reunido en consejo con sus jefes y guerreros, les propuso cegar los manantiales que había fuera de la ciudad; ellos lo apoyaron.

4Reunieron una gran multitud y cegaron las fuentes y el canal subterráneo que atravesaba la ciudad, diciéndose: «Cuando vengan los asirios, ¿por qué han de encontrar agua en abundancia?».

5Lleno de ánimo, reparó la muralla derruida, la coronó con torres, levantó otra muralla exterior, fortificó el Miló, en la Ciudad de David, e hizo numerosas lanzas y escudos.

6Puso jefes militares al frente del pueblo, los reunió en la explanada de la puerta de la ciudad y los alentó con estas palabras:

7«¡Sed fuertes y valientes! No temáis ni os aterréis ante el rey de Asiria y la multitud que le acompaña, pues contamos con algo mayor que él.

8Él cuenta con un brazo de carne, nosotros con el Señor, Dios nuestro, que nos auxilia y combate en nuestras guerras». El pueblo quedó confortado con las palabras de Ezequías, rey de Judá.

9Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que sitiaba Laquis con todas sus tropas, envió unos servidores suyos a Jerusalén para que dijesen a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén:

10«Así dice Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué confiáis para que sigáis cercados en Jerusalén?

11¿No os está engañando Ezequías, para haceros morir de hambre y de sed, cuando os dice: “El Señor, nuestro Dios, nos salvará de la mano del rey de Asiria”?

12¿No fue Ezequías el que suprimió los santuarios y los altares del Señor ordenando a los de Judá y a los de Jerusalén que se postrasen y quemasen incienso ante un único altar?

13¿Acaso no sabéis lo que yo y mis antepasados hemos hecho con todos los pueblos del mundo? ¿Acaso los dioses de las naciones pudieron librar sus territorios de mi poder?

14¿Quién de entre los dioses de aquellas naciones que exterminaron mis predecesores pudo librar a su gente de mi poder? ¿Y vuestro Dios podrá salvaros de mi mano?

15No os dejéis engañar ni embaucar por Ezequías. No confiéis en él. Ningún dios de ninguna nación o reino pudo librar a su pueblo de mi mano y de la mano de mis predecesores. ¡Cuánto menos vuestro Dios podrá salvaros de mi mano!».

16Sus servidores siguieron hablando contra el Señor Dios y contra Ezequías, su siervo.

17Senaquerib escribió cartas insultando al Señor, Dios de Israel, y diciendo contra él: «Del mismo modo que los dioses de otras naciones no libraron a sus pueblos de mi mano, tampoco el Dios de Ezequías librará a su pueblo de mi mano».

18Hablaban a gritos, y en lengua judía, a los jerosolimitanos que se encontraban en la muralla, para atemorizarlos, asustarlos y apoderarse de la ciudad.

19Hablaban del Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, hechura de manos humanas.

20Por este motivo, el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y clamaron al cielo.

21Entonces el Señor envió un ángel que exterminó a los guerreros del ejército, a los príncipes y a los jefes que había en el campamento del rey asirio. Este, lleno de vergüenza, retornó a su país. Al entrar en el templo de su dios, sus propios hijos lo mataron a espada allí mismo.

22El Señor salvó a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de la mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de la mano de todos, poniendo paz en sus fronteras.

23Vinieron muchos a Jerusalén trayendo ofrendas al Señor y presentes a Ezequías, rey de Judá, que a raíz de esto adquirió prestigio ante todos los pueblos.

24Por entonces, Ezequías cayó enfermo de muerte. Oró al Señor, que le escuchó y le dio un signo.

25Pero Ezequías no correspondió conforme al favor, sino que se enorgulleció y atrajo la ira sobre sí, sobre Judá y Jerusalén.

26Después de haberse enorgullecido, se humilló, junto con los habitantes de Jerusalén, y la ira del Señor no se abatió sobre ellos en vida de Ezequías.

27Fue rico y famoso sobremanera. Acumuló tesoros de plata y oro, piedras preciosas, aromas, escudos y toda clase de objetos valiosos.

28Construyó silos para las cosechas de trigo, vino nuevo y aceite; establos para todo tipo de ganado y apriscos para los rebaños.

29Edificó ciudades y tuvo gran cantidad de ganado menor y mayor, porque Dios le concedió muchísima riqueza.

30Fue Ezequías el que cegó la salida superior de las aguas de Guijón y las condujo por un canal subterráneo al oeste de la Ciudad de David. Triunfó en todas sus empresas.

31Cuando los príncipes de Babilonia enviaron mensajeros para informarse del prodigio acaecido en el país, Dios abandonó a Ezequías para probarlo y conocer todo lo que había en su corazón.

32El resto de las obras de Ezequías y sus obras piadosas están escritas en las visiones del profeta Isaías, hijo de Amós, en el libro de los Reyes de Judá y de Israel.

33Ezequías se durmió con sus padres y fue sepultado en la cuesta de los sepulcros de los hijos de David. Todo Judá y los habitantes de Jerusalén lo honraron en su muerte. Le sucedió su hijo Manasés.

Filipenses 4

1Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

2Ruego a Evodia y también a Síntique que piensen lo mismo en el Señor.

3Y a ti en particular, leal compañero, te pido que las ayudes, pues ellas lucharon a mi lado por el Evangelio, con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

4Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.

5Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

6Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

7Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

8Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

9Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

10Me alegré muchísimo en el Señor de que ahora, por fin, haya vuelto a florecer vuestro interés por mí; siempre lo habíais sentido, pero os faltaba la ocasión.

11Aunque ando escaso de recursos, no lo digo por eso; yo he aprendido a bastarme con lo que tengo.

12Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación.

13Todo lo puedo en aquel que me conforta.

14En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

15Vosotros, filipenses, sabéis además que, desde que salí de Macedonia y empecé la misión, ninguna iglesia, aparte de vosotros, me abrió una cuenta de haber y debe.

16Ya me mandasteis a Tesalónica, más de una vez, un subsidio para aliviar mi necesidad;

17no es que yo busque regalos, busco que los intereses se acumulen en vuestra cuenta.

18Tengo lo necesario, y me sobra. Estoy plenamente satisfecho habiendo recibido de Epafrodito vuestro donativo, que es suave olor, sacrificio aceptable y grato a Dios.

19En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

20A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

21Saludad a cada uno de los santos en Cristo.

22Os mandan saludos los hermanos que están conmigo. Os saludan todos los santos, en especial los que están al servicio del César.

23La gracia del Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu.