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Lectura 132 de 365

2 Crónicas 27-29 · Filipenses 3

Letra: Normal

2 Crónicas 27

1Tenía Jotán veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jerusá y era hija de Sadoc.

2Hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, igual que su padre Ozías, salvo que no penetró en el templo del Señor. El pueblo, sin embargo, seguía corrompiéndose.

3Construyó la Puerta Superior del templo del Señor e hizo muchas obras en los muros del Ófel.

4Edificó ciudades en la sierra de Judá y levantó fortalezas y torres en los bosques.

5Guerreó contra el rey de los amonitas y lo venció. Los amonitas le pagaron aquel año cien talentos de plata, diez mil cargas de trigo y diez mil de cebada; e igual cantidad los dos años siguientes.

6Jotán se hizo poderoso, porque se afianzó en los caminos del Señor, su Dios.

7El resto de los hechos de Jotán, sus guerras y sus obras, están escritos en el libro de los Reyes de Israel y de Judá.

8Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén.

9Jotán se durmió con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Ajaz.

2 Crónicas 28

1Tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, como su antepasado David.

2Siguió los caminos de los reyes de Israel, llegando a fundir estatuas para los baales.

3Quemaba incienso en el valle de Ben Hinnón e hizo pasar a su hijo por el fuego, según la costumbre abominable de las naciones que el Señor había expulsado ante los hijos de Israel.

4Sacrificaba y quemaba incienso en los santuarios de los altozanos, en las colinas y bajo los árboles frondosos.

5El Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey de Siria, que lo derrotó, capturó numerosos prisioneros y los llevó a Damasco. También lo entregó en manos del rey de Israel, que le infligió una gran derrota.

6Pécaj, hijo de Romelías, mató en Judá a ciento veinte mil de Judá en un solo día, todos ellos aguerridos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres.

7Zicrí, un soldado de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y a Elcaná, lugarteniente del rey.

8Entre mujeres, hijos e hijas, los hijos de Israel tomaron a sus hermanos doscientos mil prisioneros. Se apoderaron también de un gran botín y lo llevaron a Samaría.

9Había allí un profeta del Señor llamado Oded. Salió al encuentro del ejército que regresaba a Samaría, y les dijo: «El Señor, Dios de vuestros padres, irritado, ha puesto a Judá en vuestras manos, y vosotros habéis matado a su gente con una furia que clama al cielo.

10Encima os proponéis convertir a los habitantes de Judá y de Jerusalén en esclavos y esclavas vuestros. ¿Es que vosotros mismos no sois culpables ante el Señor, vuestro Dios?

11Hacedme caso y devolved a los prisioneros que habéis apresado de entre vuestros hermanos, porque el Señor está enfurecido contra vosotros».

12Algunos jefes efraimitas —Azarías, hijo de Juan; Berequías, hijo de Mesilemot; Ezequías, hijo de Salún; y Amasá, hijo de Jadlay— se opusieron también a los que venían de la guerra

13y les dijeron: «No traigáis aquí a los prisioneros, pues nos haríamos culpables ante el Señor. ¿Tratáis de aumentar nuestros pecados y nuestras culpas? Nuestra culpa ya es bastante grande y la ira ardiente del Señor pesa sobre Israel».

14Entonces la tropa dejó los prisioneros y el botín a disposición de los jefes y de la comunidad.

15Se levantaron algunos hombres nominalmente designados para confortar a los cautivos. A los que estaban desnudos los vistieron con ropas y calzado del botín. Les dieron de comer y de beber, los ungieron, trasportaron en asnos a los débiles y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, con sus hermanos. Luego se volvieron a Samaría.

16Por entonces, el rey Ajaz llamó en su ayuda al rey de Asiria.

17Los idumeos habían retornado, habían derrotado a Judá y se habían llevado a algunos cautivos.

18Los filisteos habían invadido las ciudades de la Sefelá y del Negueb de Judá, se habían apoderado de Bet Semes, Ayalón, Guederot, Socó con sus aldeas, Timná con sus aldeas y Guinzó con sus aldeas, y se establecieron en ellas.

19El Señor humillaba a Judá por culpa de Ajaz, rey de Israel, que arrastró al desenfreno a Judá y fue infiel al Señor.

20Pero Teglatfalasar, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió.

21Aunque Ajaz despojó el templo del Señor, el palacio real y las casas de los jefes, para dárselo al rey de Asiria, de nada le sirvió.

22Incluso durante el asedio, el rey Ajaz continuó siendo infiel al Señor.

23Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, pensando: «Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, también yo les ofreceré sacrificios para que me ayuden». Pero fueron su ruina y la ruina de Israel.

24Ajaz reunió los utensilios del templo del Señor y los hizo pedazos; cerró las puertas del templo del Señor, construyó altares en todos los rincones de Jerusalén

25y erigió santuarios en los altos de todas las ciudades de Judá para quemar incienso a dioses extraños, irritando al Señor, Dios de sus padres.

26El resto de sus hechos y todas sus obras, las primeras y las postreras, están escritas en el libro de los Reyes de Judá e Israel.

27Ajaz se durmió con sus padres y lo sepultaron en la ciudad, en Jerusalén, pero no lo llevaron al panteón real de Israel. Le sucedió en el trono su hijo Ezequías.

2 Crónicas 29

1Ezequías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abí y era hija de Zacarías.

2Hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, igual que su antepasado David.

3En el año primero de su reinado, el mes primero, abrió y restauró las puertas del templo del Señor.

4Hizo venir a los sacerdotes y levitas, los reunió en la Plaza Oriental

5y les dijo: «Escuchadme, levitas: Purificaos ahora y purificad el templo del Señor, Dios de vuestros padres. Sacad del santuario la impureza,

6porque nuestros padres han sido infieles: obraron mal a los ojos del Señor, nuestro Dios, lo abandonaron, apartaron su rostro de la morada del Señor y le volvieron la espalda.

7Llegaron a cerrar las puertas del pórtico y a apagar las lámparas; dejaron de quemar incienso y de ofrecer holocaustos en el santuario del Dios de Israel.

8Entonces la ira del Señor se desencadenó contra Judá y Jerusalén, y los hizo objeto de espanto, estupor y burla, como podéis ver con vuestros propios ojos.

9Ved a nuestros padres, muertos a espada; a nuestros hijos e hijas, cautivos por ese motivo.

10Ahora me propongo sellar una alianza con el Señor, Dios de Israel, para que cese el ardor de su ira contra nosotros.

11Hijos míos, ahora no seáis negligentes, que el Señor os ha elegido para estar en su presencia, servirle, ser sus ministros y para quemarle incienso».

12Entonces los levitas —Májat, hijo de Amasay, y Joel, hijo de Azarías, descendientes de Queat; Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Jalelel, descendientes de Merarí; Joaj, hijo de Zimá, y Eden, hijo de Joaj, descendientes de Guersón;

13Simrí y Yeiel, descendientes de Elisafán; Zacarías y Matanías, descendientes de Asaf;

14Yejiel y Semeí, descendientes de Hemán; Semaías y Uziel, descendientes de Yedutún—

15reunieron a sus hermanos, se purificaron y fueron a purificar el templo del Señor, como había dispuesto el rey por orden del Señor.

16Los sacerdotes entraron en el interior del templo del Señor para purificarlo. Sacaron al atrio todas las cosas impuras que encontraron en el templo del Señor. Los levitas las recogieron y las llevaron al torrente Cedrón.

17El día uno del primer mes comenzaron la purificación, y el día octavo llegaron al pórtico del templo; durante ocho días purificaron el templo del Señor. Terminaron el día decimosexto del mes primero.

18Se presentaron entonces ante el rey Ezequías y le dijeron: «Hemos purificado todo el templo del Señor: el altar de los holocaustos y todos sus utensilios, la mesa de los panes presentados y todos sus utensilios.

19También hemos reparado y purificado todos los utensilios profanados infielmente por el rey Ajaz durante su reinado. Están ante el altar del Señor».

20Madrugó el rey Ezequías, reunió a los jefes de la ciudad y subió al templo.

21Llevaron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete chivos como sacrificio expiatorio por la monarquía, por el santuario y por Judá. El rey ordenó a los sacerdotes aaronitas que los sacrificasen en el altar del Señor.

22Los sacerdotes sacrificaron los novillos, recogieron la sangre y rociaron con ella el altar; sacrificaron los carneros y con la sangre rociaron el altar. Sacrificaron los corderos y con la sangre rociaron el altar.

23Llevaron los chivos expiatorios ante el rey y la asamblea para imponerles las manos.

24Los sacerdotes los sacrificaron y, con su sangre sobre el altar, expiaron el pecado para que todo Israel obtuviera el perdón, ya que el rey había ordenado que el holocausto y el sacrificio por el pecado se ofrecieran por todo Israel.

25El rey instaló en el templo del Señor a los levitas con platillos, arpas y cítaras, como lo habían dispuesto David, Gad, el vidente del rey, y el profeta Natán. La disposición procedía de Dios, por medio de sus profetas.

26Situados ya los levitas con los instrumentos de David y los sacerdotes con las trompetas,

27Ezequías ordenó ofrecer el holocausto sobre el altar. En cuanto empezó el holocausto, se iniciaron los cánticos al Señor, al son de trompetas y con el acompañamiento de los instrumentos de David, rey de Israel.

28Toda la comunidad permaneció postrada hasta que se consumió el holocausto; se cantaban cánticos y sonaban las trompetas.

29Consumido el holocausto, el rey y su séquito se inclinaron y adoraron.

30El rey Ezequías y los jefes pidieron a los levitas que alabaran al Señor con canciones de David y del vidente Asaf. Lo hicieron con júbilo; se inclinaron y adoraron.

31Ezequías tomó la palabra y dijo: «Ahora estáis plenamente consagrados al Señor. Acercaos y ofreced sacrificios de acción de gracias por el templo del Señor». La comunidad ofreció sacrificios de acción de gracias; las personas generosas ofrecieron también holocaustos.

32El número de holocaustos ofrecidos por la comunidad fue de setenta novillos, cien carneros y doscientos corderos; todos ellos en holocausto al Señor.

33Las ofrendas sagradas fueron seiscientos novillos y tres mil ovejas.

34Como los sacerdotes eran pocos y no podían desollar tantas víctimas, fueron ayudados por sus hermanos, los levitas, hasta terminar la tarea y los sacerdotes se purificaron (los levitas, en efecto, estaban más dispuestos a purificarse que los sacerdotes).

35Hubo, además, muchos holocaustos con la grasa de los sacrificios de comunión y de las libaciones correspondientes a los holocaustos. Así se restableció el culto del templo del Señor.

36Ezequías y el pueblo se alegraron de que Dios hubiera preparado al pueblo, pues todo sucedió rápidamente.

Filipenses 3

1Por lo demás, hermanos, alegraos, en el Señor. A mí no me cuesta nada repetiros lo ya dicho otras veces, y a vosotros os dará seguridad.

2¡Cuidado con los perros, cuidado con los malos obreros, cuidado con la mutilación!

3Los circuncisos somos nosotros, los que damos culto en el Espíritu de Dios y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne.

4Aunque también yo tendría motivos para confiar en ella. Y si alguno piensa que puede hacerlo, yo mucho más:

5circuncidado a los ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;

6en cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprochable.

7Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo.

8Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo

9y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

10Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte,

11con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos.

12No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo.

13Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante,

14corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

15Todos nosotros, los maduros, debemos sentir así. Y, si en algo sentís de otro modo, también eso os lo revelará Dios.

16En todo caso, desde el punto a donde hemos llegado, avancemos unidos.

17Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros.

18Porque —como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos— hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo:

19su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas.

20Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.

21Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.