Lectura 131 de 365
2 Crónicas 24-26 · Filipenses 2
2 Crónicas 24
1Joás tenía siete años cuando comenzó a reinar y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibía y era de Berseba.
2Joás obró rectamente a los ojos del Señor mientras vivió el sacerdote Joadá.
3Este lo casó con dos mujeres y engendró hijos e hijas.
4Posteriormente Joás deseó restaurar el templo del Señor.
5Reunió a los sacerdotes y levitas y les dijo: «Recorred las ciudades de Judá recogiendo dinero de todo Israel, para reparar todos los años el templo de vuestro Dios. Apresuraos a ello». Pero los levitas no se dieron prisa.
6El rey llamó entonces al sumo sacerdote Joadá y le dijo: «¿Por qué no has procurado que los levitas cobren en Judá y Jerusalén el tributo impuesto por Moisés, siervo del Señor, y por la comunidad de Israel para la Tienda del Testimonio?
7En efecto, la malvada Atalía y sus hijos han devastado el templo de Dios e incluso han dedicado a los baales los objetos sagrados del templo del Señor».
8El rey ordenó que se hiciera un cofre y que fuera colocado a la puerta del templo del Señor, en el exterior.
9Pregonaron en Judá y en Jerusalén que trajeran al Señor el tributo que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto.
10Los jefes y la población trajeron ofrendas de buena gana y las echaron en el cofre hasta llenarlo.
11Cada vez que los levitas llevaban el cofre a la inspección real, al ver que había mucho dinero, venía el secretario del rey y el inspector del sumo sacerdote, vaciaban el cofre y volvían a colocarlo nuevamente. Así lo hacían cada día, reuniendo gran cantidad de dinero.
12El rey y Joadá se lo entregaban a los encargados de las obras del templo del Señor, y estos contrataban a canteros y carpinteros para restaurar el templo del Señor, así como a herreros y broncistas para repararlo.
13Los encargados de la obra comenzaron a trabajar. Bajo su dirección adelantaron la reparación del edificio; reedificaron el templo de Dios y lo consolidaron según los planos.
14Al terminar, devolvieron al rey y a Joadá el dinero sobrante, con el que hicieron objetos para el templo del Señor, utensilios para el culto y para los holocaustos, cuencos y objetos de oro y plata. Mientras vivió Joadá, se ofrecieron holocaustos continuamente.
15Envejeció Joadá y murió colmado de días. Tenía ciento treinta años.
16Lo sepultaron con los reyes en la Ciudad de David, porque fue bueno con Israel, con Dios y con el templo.
17Después de la muerte de Joadá, los jefes de Judá fueron a rendir homenaje al rey, que les hizo caso.
18Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los ídolos. Por este pecado la cólera estalló contra Judá y Jerusalén.
19Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.
20Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, erguido ante el pueblo, les dijo: «Así dice Dios: “¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? ¡No tendréis éxito! Por haber abandonado al Señor, él os abandonará”».
21Pero conspiraron contra él y, por mandato del rey, lo apedrearon en el atrio del templo del Señor.
22El rey Joás, olvidándose del amor que le profesaba Joadá, mató al hijo de este, que murió diciendo: «¡Que lo vea el Señor y lo demande!».
23Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, invadió Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco.
24Aunque el ejército de Siria contaba con poca gente, el Señor le entregó un ejército enorme, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se hizo justicia con Joás.
25Al marcharse los sirios, dejándolo con múltiples dolencias, sus servidores conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Joadá. Hirieron a Joás en la cama y murió. Fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.
26Los conspiradores fueron Zabad, hijo de Simat la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit la moabita.
27Lo referente a sus hijos, a los numerosos oráculos contra él y a la restauración del templo de Dios está escrito en el Comentario al libro de los Reyes. Su hijo Amasías le sucedió en el trono.
2 Crónicas 25
1Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jordán y era de Jerusalén.
2Hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, aunque no con todo su corazón.
3Una vez afianzado su reino, mató a los servidores, asesinos del rey, su padre,
4pero no ejecutó a los hijos de los asesinos, según lo escrito en el libro de la ley de Moisés, promulgada por el Señor: «Los padres no serán ejecutados por las culpas de los hijos, ni los hijos por las culpas de los padres; cada uno será ejecutado por su propio pecado».
5Amasías congregó a Judá y designó jefes de millares y de centenas para todos los de Judá y los benjaminitas, por familias. Hizo el censo de los mayores de veinte años, que arrojó este resultado: trescientos mil mozos aptos para la guerra y para manejar lanza y pavés.
6Contrató en Israel, por cien talentos de plata, a cien mil valientes guerreros.
7Pero un hombre de Dios se presentó ante él y le dijo: «Majestad, no lleves contigo al ejército de Israel, pues el Señor no está con Israel, ni con ninguno de los efraimitas.
8Si van contigo, te esforzarás en la batalla, pero el Señor te hará caer ante tus enemigos, porque Dios tiene poder para ayudar y para derribar».
9Preguntó Amasías al hombre de Dios: «¿Y los cien talentos de plata que he dado al destacamento de Israel?».Contestó el hombre de Dios: «El Señor puede darte mucho más que eso».
10Amasías licenció al destacamento de Efraín para que volvieran a sus casas. Ellos se enojaron mucho contra Judá y volvieron a sus casas ardiendo en cólera.
11Amasías se armó de valor, marchó al valle de la Sal al mando del ejército y dio muerte a diez mil de los de Seír.
12Los de Judá apresaron vivos a otros diez mil, los llevaron a la cima de la Roca y los despeñaron desde ella. Todos murieron reventados.
13Entretanto, el destacamento licenciado por Amasías para que no luchase a su lado se dispersó por las ciudades de Judá —desde Samaría hasta Bet Jorón— matando a tres mil personas y recogiendo un gran botín.
14Cuando Amasías regresó de derrotar a los idumeos, se trajo los dioses de los de Seír, los adoptó como dioses propios, se postró ante ellos y les quemó incienso.
15Se encendió la ira del Señor contra Amasías y le envió un profeta que le dijo: «¿Por qué te diriges a los dioses de un pueblo, incapaces de salvar a su gente de tu mano?».
16Mientras hablaba, Amasías le reprochó: «¿Acaso te han constituido consejero del rey? ¡Cállate! ¿Quieres que te maten?». El profeta terminó con estas palabras: «Por lo que has hecho y por no escuchar mi consejo, estoy seguro de que Dios ha decidido destruirte».
17Tras haberse aconsejado, Amasías, rey de Judá, mandó decir a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: «¡Ven; veámonos las caras!».
18Joás, rey de Israel mandó decir a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó decir al cedro del Líbano: “Dame a tu hija por esposa de mi hijo”. Pero pasó una fiera del Líbano y pisoteó el cardo.
19Tú dices: “He derrotado a Edón”, por eso se enaltece y se envanece tu corazón. Quédate tranquilo en tu casa. ¿Por qué quieres provocar una guerra en la que caigas tú y tu pueblo Judá?».
20Pero Amasías no hizo caso, porque estaba de Dios que fuera entregado en manos de Joás por dirigirse a los dioses de Edón.
21Entonces Joás, rey de Israel, subió a vérselas con Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de Judá.
22Judá fue abatido ante Israel y cada uno huyó a su tienda.
23Joás, rey de Israel, apresó en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, y lo condujo a Jerusalén. En la muralla de Jerusalén abrió una brecha de unos doscientos metros, desde la Puerta de Efraín hasta la Puerta del Ángulo.
24Se apoderó del oro, la plata y los utensilios que se hallaban en el templo de Dios al cuidado de Obededón, los tesoros del palacio real y los rehenes; y se volvió a Samaría.
25Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, sobrevivió quince años a Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.
26El resto de los hechos de Amasías, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en el libro de los Reyes de Judá e Israel?
27Después de que Amasías se apartara del Señor, conspiraron contra él en Jerusalén y tuvo que huir a Laquis. Lo persiguieron hasta esta ciudad y allí le dieron muerte.
28Lo cargaron sobre unos caballos y lo sepultaron con sus padres en la capital de Judá.
2 Crónicas 26
1Entonces Judá en pleno tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y lo proclamó rey sucesor de su padre Amasías.
2Una vez que el rey se hubo dormido con sus padres, Ozías reconstruyó Elat y la devolvió a Judá.
3Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yecolía y era de Jerusalén.
4Hizo lo que es bueno a los ojos del Señor, lo mismo que su padre Amasías.
5Buscó a Dios mientras vivió Zacarías, que lo había educado en el temor de Dios. Mientras buscó al Señor, Dios lo hizo prosperar.
6Salió a luchar contra los filisteos; abrió brechas en las murallas de Gat, de Yabné y de Asdod, y reconstruyó ciudades en Asdod y en el territorio filisteo.
7Dios lo ayudó en la guerra contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Baal y contra los meunitas.
8Los amonitas pagaron tributo a Ozías. Se hizo tan poderoso que su fama llegó hasta la frontera de Egipto.
9Ozías construyó y fortificó torres en Jerusalén sobre la Puerta del Ángulo, la Puerta del Valle y sobre la Esquina.
10También construyó torres en el desierto y cavó muchos pozos, pues poseía numeroso ganado en la llanura y en la meseta; también tenía labradores y viñadores en los montes y huertos. Le gustaba el campo.
11Disponía de un ejército de combate agrupado en escuadrones, según el censo efectuado bajo el control del secretario Yeiel y del comisario Maasías, por orden de Jananías, funcionario real.
12El total de cabezas de familia, valientes guerreros, era de dos mil seiscientos.
13Tenían a sus órdenes un ejército de trescientos siete mil quinientos guerreros valerosos, que defendían al rey contra el enemigo.
14Ozías armó a toda la tropa con escudos y lanzas, yelmos y corazas, arcos y piedras de honda.
15Hizo artefactos diseñados por ingenieros, que lanzaban flechas y grandes piedras, y los colocó en las torres y ángulos de Jerusalén. Su fama llegó hasta muy lejos, porque fue ayudado prodigiosamente hasta hacerse fuerte.
16Al hacerse poderoso, se llenó de soberbia hasta pervertirse. Se rebeló contra el Señor, su Dios, hasta el punto de entrar en el templo del Señor para quemar incienso sobre el altar de los perfumes.
17El sacerdote Azarías y otros ochenta valientes sacerdotes fueron tras él,
18se plantaron ante el rey Ozías y le dijeron: «Ozías, quemar incienso al Señor no te corresponde a ti, sino a los sacerdotes aaronitas consagrados para ello. ¡Sal del santuario! ¡Eres un sacrílego! ¡Tú no tienes derecho a la gloria procedente del Señor Dios!».
19Con el incensario en la mano, Ozías se enfureció. Mientras se encolerizaba con los sacerdotes, la lepra brotó en su frente, ante los sacerdotes —en el templo del Señor, junto al altar de los perfumes—.
20El sumo sacerdote Azarías y todos los sacerdotes se volvieron hacia él y vieron que tenía lepra en la frente. Lo echaron de allí a toda prisa, mientras él mismo se apresuraba a salir, herido por el Señor.
21El rey Ozías siguió leproso hasta el día de su muerte. Vivió en una casa aparte, porque, como leproso, había sido excluido del templo del Señor. Su hijo Jotán estaba al frente del palacio real y administraba justicia a la población.
22El resto de los hechos de Ozías, los primeros y los postreros, los escribió el profeta Isaías, hijo de Amós.
23Ozías se durmió con sus padres y lo sepultaron con sus padres en el campo del cementerio real, considerando que era un leproso. Su hijo Jotán le sucedió en el trono.
Filipenses 2
1Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas,
2dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
3No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros.
4No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
5Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
6El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
7al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia,
8se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
9Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
10de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo,
11y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
12Por lo tanto, queridos hermanos, ya que siempre habéis obedecido, no solo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, trabajad por vuestra salvación con temor y temblor,
13porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor.
14Cualquier cosa que hagáis sea sin protestas ni discusiones,
15así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo,
16manteniendo firme la palabra de la vida. Así, en el Día de Cristo, esa será mi gloria, porque mis trabajos no fueron inútiles ni mis fatigas tampoco.
17Y si mi sangre se ha de derramar, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría;
18por vuestra parte estad alegres y alegraos conmigo.
19Con la ayuda del Señor Jesús, espero mandaros pronto a Timoteo, para animarme yo también recibiendo noticias vuestras.
20Porque no tengo a nadie tan de acuerdo conmigo que se preocupe lealmente de vuestros asuntos.
21Todos buscan su interés, no el de Jesucristo.
22De Timoteo, en cambio, conocéis su probada virtud, pues se puso conmigo al servicio del Evangelio como un hijo con su padre.
23A él precisamente espero enviároslo en cuanto vea clara mi situación;
24aunque, con la ayuda del Señor, confío en ir pronto personalmente.
25Entretanto, me considero obligado a enviaros de nuevo a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, a quien vosotros enviasteis para que atendiera mi necesidad.
26Él os echa mucho de menos y está angustiado porque os habéis enterado de su enfermedad.
27De hecho, estuvo a punto de morir, pero Dios tuvo compasión de él; no solo de él, sino también de mí, para que no se me añadiera una tristeza a la otra.
28Os lo mando lo antes posible, para que viéndolo, volváis a alegraros, y yo me sienta aliviado.
29Recibidlo, pues, en el Señor, con la mayor alegría; estimad a personas como él,
30que, por la causa de Cristo, ha estado a punto de morir, exponiendo su vida para prestarme, en lugar vuestro, el servicio que vosotros no podíais.