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Lectura 130 de 365

2 Crónicas 21-23 · Filipenses 1

Letra: Normal

2 Crónicas 21

1Josafat se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David. Le sucedió su hijo Jorán.

2Este tenía varios hermanos de padre: Azarías, Yejiel, Zacarías, Azarías, Miguel y Sefatías; todos ellos eran hijos de Josafat, rey de Israel.

3Su padre les legó gran cantidad de plata, oro, objetos preciosos y ciudades fortificadas en Judá; pero el reino se lo entregó a Jorán, por ser el primogénito.

4Ascendió, pues, Jorán al trono de su padre. Cuando se afianzó en él, pasó a espada a todos sus hermanos y a algunos jefes de Israel.

5Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar y reinó ocho años en Jerusalén.

6Siguió el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Ajab, porque se casó con una hija de este, y obró mal ante el Señor.

7El Señor, sin embargo, no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto con David según le había prometido: mantener siempre encendida su lámpara y la de sus hijos.

8En tiempos de Jorán, Edón se sublevó contra Judá y se eligieron un rey.

9Fue Jorán con sus jefes y todos sus carros, se levantó de noche y, aunque derrotó a los idumeos que le cercaban y a los jefes de los carros,

10Edón se independizó del poder de Judá hasta el día de hoy. Por aquel tiempo, también Libná se rebeló contra el poder de Judá, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres.

11Construyó además santuarios en los altos de los montes de Judá, indujo a la prostitución a los habitantes de Jerusalén y descarrió a Judá.

12Le llegó el siguiente escrito del profeta Elías: «Así dice el Señor, Dios de tu padre David: “Por no seguir los caminos de tu padre Josafat, ni los de Asá, rey de Judá;

13por haber andado, en cambio, por los caminos de los reyes de Israel e inducir a la prostitución a Judá y a los habitantes de Jerusalén —como se prostituyó la casa de Ajab—, y por haber asesinado a tus hermanos, la casa de tu padre, que eran mejores que tú,

14el Señor castigará con terrible azote a tu pueblo, a tus hijos, a tus mujeres y todas tus posesiones.

15Tú mismo padecerás muchas dolencias y una enfermedad de entrañas: se consumirán tus intestinos progresivamente a causa de tu enfermedad”».

16El Señor atizó contra Jorán la hostilidad de los filisteos y de los árabes, vecinos de los cusitas.

17Atacaron a Judá, la invadieron y se llevaron todas las riquezas que encontraron en el palacio real, junto con sus mujeres e hijos. Le dejaron tan solo a Ocozías, el menor de sus hijos.

18Después de esto, el Señor le hirió las entrañas con una enfermedad incurable.

19Pasaron los días, y, al cabo de dos años, la enfermedad le consumió las entrañas. Murió entre dolores atroces. Su pueblo no le encendió una hoguera como había hecho con sus predecesores.

20Tenía treinta y dos años cuando empezó a reinar y reinó en Jerusalén ocho años. Murió sin afecto de nadie. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.

2 Crónicas 22

1Los habitantes de Jerusalén proclamaron rey sucesor a Ocozías, su hijo menor. Los mayores habían sido asesinados por una horda que, junto con los árabes, había invadido el campamento. Así llegó a ser rey Ocozías, hijo de Jorán, rey de Judá.

2Ocozías tenía cuarenta y dos años cuando comenzó a reinar y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía y era hija de Omrí.

3También él siguió los caminos de la casa de Ajab, pues su madre lo incitaba al mal.

4Hizo lo que el Señor detesta, igual que la familia de Ajab, de quien, para su perdición, se dejó aconsejar después de la muerte de su padre.

5Aconsejado por ellos, acompañó a Jorán, hijo de Ajab, rey de Israel, a luchar contra Jazael, rey de Siria, en Ramot de Galaad. Los sirios hirieron a Jorán,

6que se retiró a Yezrael para curarse de las heridas recibidas en Ramá, en la batalla contra Jazael, rey de Siria.Entonces Ocozías, hijo de Jorán, rey de Judá, bajó a Yezrael para visitar a Jorán, hijo de Ajab, que estaba enfermo.

7Estaba de Dios que, para ruina de Ocozías, este visitara a Jorán. Durante su estancia salió con Jorán al encuentro de Jehú, hijo de Nimsí, al que había ungido el Señor para exterminar a la dinastía de Ajab.

8Mientras Jehú hacía justicia en la dinastía de Ajab, se encontró con los jefes de Judá y con los sobrinos de Ocozías, que estaban a su servicio, y los mató.

9Después buscó a Ocozías; lo prendieron en Samaría, donde se había escondido, y se lo llevaron a Jehú, que lo mandó matar. Le dieron sepultura, pensando: «Era hijo de Josafat, que buscó al Señor con todo el corazón». No quedó nadie de la familia de Ocozías que fuera capaz de reinar.

10Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la estirpe real de la casa de Judá.

11Pero Josebá, hija del rey, tomó a Joás, hijo de Ocozías; lo sustrajo de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados y lo escondió en el dormitorio, junto con su nodriza. Josebá era hija del rey Jorán, esposa del sacerdote Joadá y hermana de Ocozías; así se lo ocultó a Atalía, que no pudo matarlo.

12Estuvo escondido con aquellas en el templo de Dios durante seis años, mientras Atalía reinaba en el país.

2 Crónicas 23

1El año séptimo, Joadá se armó de valor y convocó a los centuriones: Azarías, hijo de Yeroján; Ismael, hijo de Juan; Azarías, hijo de Obed; Maasías, hijo de Adaías; y a Elisafat, hijo de Zicrí. Convino con ellos

2en recorrer Judá, reunir a los levitas de todas las ciudades de Judá y a los cabezas de familia de Israel, y acudir a Jerusalén.

3Toda la asamblea hizo un pacto con el rey en el templo de Dios. Luego les dijo: «Aquí tenéis al príncipe que debe reinar, como prometió el Señor a los descendientes de David.

4Esto debéis hacer: el tercio de vosotros, sacerdotes y levitas, que entra de servicio el sábado, custodiará las puertas,

5otro tercio guardará el palacio real y el tercio restante, la Puerta del Fundamento. El pueblo estará en los atrios del templo del Señor.

6Nadie podrá entrar en el templo del Señor, sino los sacerdotes y los levitas que estén de servicio. Ellos pueden hacerlo por estar consagrados; pero todo el pueblo ha de observar las prescripciones del Señor.

7Los levitas rodearán al rey por todas partes, arma en mano. El que intente entrar en el templo morirá. Estad junto al rey, dondequiera que vaya».

8Los levitas y todos los de Judá hicieron cuanto les había mandado el sacerdote Joadá. Cada uno reunió a sus hombres, los que entraban y salían de servicio el sábado, pues el sacerdote Joadá no exceptuó a ningún grupo.

9El sacerdote Joadá entregó a los centuriones las lanzas, los paveses y los escudos del rey David, depositados en el templo de Dios.

10Apostó a la gente, cada uno empuñando su espada, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, entre el altar y el templo, para proteger al rey.

11Sacaron entonces al príncipe, le pusieron la diadema y las insignias, y lo proclamaron rey. Joadá y sus hijos lo ungieron, aclamando: «¡Viva el rey!».

12Atalía, al oír el griterío del pueblo que corría y aclamaba al rey, se fue hacia la gente, al templo del Señor.

13Miró y vio al rey en pie sobre el estrado, junto a la entrada; a los jefes y a los trompeteros, cerca del rey; a toda la población jubilosa, tocando trompetas, y a los cantores acompañando los cánticos de acción de gracias con sus instrumentos musicales. Atalía se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!».

14El sacerdote Joadá ordenó a los centuriones que estaban al frente de la tropa: «Sacadla fuera del recinto. Quien la siga será pasado a espada». (El sacerdote pensaba que no debía ser ejecutada en el templo del Señor).

15La prendieron y la mataron cuando entraba en el palacio real por la Puerta de las Caballerías.

16Joadá selló un pacto con todo el pueblo y con el rey: sería el pueblo del Señor.

17Toda la población se dirigió después al templo de Baal: lo destruyeron, hicieron añicos sus altares e imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo mataron ante los altares.

18Joadá puso guardas en el templo del Señor, a las órdenes de los sacerdotes y levitas que David había asignado al templo del Señor para ofrecer holocaustos al Señor —conforme a lo escrito en la ley de Moisés— con alegría y con cánticos, según las prescripciones de David.

19Apostó porteros en las entradas del templo del Señor para que no pasase absolutamente nada impuro.

20Acompañado de los centuriones, los notables, los dirigentes del pueblo y de toda la población, condujo al rey desde el templo del Señor. Entraron en el palacio real por la Puerta Superior e instalaron al rey en el trono real.

21Toda la población se regocijó; la ciudad se apaciguó, después que Atalía muriera a espada.

Filipenses 1

1Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos.

2Gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

3Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo;

4siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría.

5Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy.

6Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.

7Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia.

8Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús.

9Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad

10para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables,

11cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

12Quiero que sepáis, hermanos, que mi situación personal ha favorecido más bien el avance del Evangelio,

13pues la gente del pretorio y todos los demás ven claro que estoy preso por Cristo.

14De este modo la mayoría de los hermanos, alentados por mis cadenas a confiar en el Señor, se atreven mucho más a anunciar sin miedo la Palabra.

15Algunos anuncian a Cristo por envidia y rivalidad; otros, en cambio, lo hacen con buena intención;

16estos porque me quieren y saben que me han encargado de defender el Evangelio;

17aquellos proclaman a Cristo por rivalidad, con intenciones torcidas, pensando hacer más penosas mis cadenas.

18¿Qué más da? Al fin y al cabo, de la manera que sea, con hipocresía o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro, y seguiré alegrándome.

19Porque sé que esto será para mi bien gracias a vuestras oraciones y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo.

20Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso me veré defraudado, al contrario, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.

21Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia.

22Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

23Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor;

24pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

25Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para vuestro progreso en la alegría y en la fe,

26de modo que el orgullo que en Cristo Jesús sentís rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

27Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo, de modo que, tanto si voy a veros como si tengo de lejos noticias vuestras, sepa que os mantenéis firmes en el mismo espíritu y que lucháis juntos como un solo hombre por la fidelidad al Evangelio,

28sin el menor miedo a los adversarios; esto será para ellos signo de perdición, para vosotros de salvación: todo por obra de Dios.

29Porque a vosotros se os ha concedido, gracias a Cristo, no solo el don de creer en él, sino también el de sufrir por él,

30estando como estamos en el mismo combate; ese en que me visteis una vez y que ahora conocéis de oídas.