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Lectura 129 de 365

2 Crónicas 18-20 · Efesios 6

Letra: Normal

2 Crónicas 18

1Cuando Josafat se hizo sumamente rico y famoso, emparentó con Ajab.

2Años más tarde bajó a Samaría a visitar a Ajab. Este sacrificó gran cantidad de ovejas y toros para él y su séquito, y le incitó a atacar a Ramot de Galaad.

3Ajab, rey de Israel, dijo a Josafat, rey de Judá: «¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad?». Le contestó: «Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos juntos a la guerra».

4Después añadió Josafat al rey de Israel: «Consulta hoy mismo la palabra del Señor».

5El rey de Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les preguntó: «¿Podemos atacar a Ramot de Galaad o debo desistir?». Respondieron: «Ve. Dios la entregará en manos del rey».

6Entonces Josafat preguntó: «¿No queda por aquí algún profeta del Señor para consultarle?».

7El rey de Israel le respondió: «Queda todavía uno, por cuyo medio podemos consultar al Señor, pero yo lo odio, porque nunca me profetiza cosas buenas, sino siempre cosas malas. Es Miqueas, hijo de Yimlá». Josafat replicó: «¡No hable así el rey!».

8El rey de Israel llamó a un servidor suyo y le dijo: «Que venga enseguida Miqueas, hijo de Yimlá!».

9El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados en sus tronos, con sus atuendos regios, en la plaza que se encuentra a la entrada de la puerta de Samaría, mientras todos los profetas estaban en trance ante ellos.

10Sedecías, hijo de Quenaaná, se hizo unos cuernos de hierro, y decía: «Así dice el Señor: con estos embestirás a los sirios hasta acabar con ellos».

11Todos los profetas vaticinaban del mismo modo: «¡Ataca a Ramot de Galaad! Tendrás éxito. El Señor te la entrega».

12El mensajero que fue a llamar a Miqueas le dijo: «Mira, las palabras de los profetas anuncian a una voz cosas buenas al rey; te ruego que tu oráculo sea como el de cualquiera de ellos y que sea favorable lo que anuncies».

13Respondió Miqueas: «¡Vive el Señor, que le anunciaré lo que mi Dios me mande!».

14Cuando se presentó ante el rey, este le preguntó: «¿Podemos atacar a Ramot de Galaad o debo desistir?».Miqueas le respondió: «Ve. Tendréis éxito. El Señor os la entregará».

15El rey le dijo: «Pero, ¿cuántas veces he de hacerte jurar que me digas tan solo la verdad en el nombre del Señor?».

16Miqueas dijo: «Veo a Israel disperso por los montes, como ovejas que no tienen pastor.El Señor ha dicho: “No tienen amo.Vuelva cada uno en paz a su casa”».

17El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que no profetiza cosas buenas, sino cosas malas?».

18Miqueas añadió: «Escuchad la palabra del Señor: vi al Señor sentado en su trono. Todo el ejército celeste estaba de pie a su derecha e izquierda,

19y el Señor preguntó: “¿Quién engañará a Ajab, rey de Israel, para que vaya y muera en Ramot de Galaad?”. Unos proponían una cosa y otros, otra.

20Entonces se adelantó un espíritu, se plantó delante del Señor y dijo: “Yo lo engañaré”. El Señor le preguntó: “¿Cómo?”.

21Respondió: “Iré y seré un espíritu mentiroso en la boca de todos los profetas”. El Señor dijo: “Conseguirás engañarlo. Vete y hazlo”.

22Así pues, el Señor ha puesto un espíritu mentiroso en boca de todos esos profetas tuyos, porque el Señor ha decretado tu ruina».

23Entonces Sedecías, hijo de Quenaaná, se acercó a Miqueas y le dio una bofetada, diciendo: «¿Por qué camino se me ha ido el espíritu del Señor para hablarte a ti?».

24Miqueas respondió: «Lo verás tú mismo cuando vayas escondiéndote de habitación en habitación».

25Ordenó el rey de Israel: «Prended a Miqueas y entregádselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,

26y decidles: “El rey ordena: Meted a este en la cárcel y tenedlo a pan y agua, hasta que yo vuelva victorioso”».

27Miqueas replicó: «Si tú vuelves victorioso, el Señor no ha hablado por mi boca». Y añadió: «Que lo sepan los pueblos todos».

28El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, fueron contra Ramot de Galaad.

29El rey de Israel dijo a Josafat: «Voy a disfrazarme para entrar en combate. Tú sigue con tu atuendo regio». Se disfrazó el rey de Israel y entraron en combate.

30El rey sirio, por su parte, había ordenado a los jefes de sus carros que no atacaran a chicos ni a grandes, sino solo al rey de Israel.

31Cuando los jefes de carros vieron a Josafat, dijeron: «Es el rey de Israel». Y lo cercaron para atacarlo. Josafat gritó y el Señor vino en su ayuda, alejándolos de él.

32Al ver los jefes de los carros que no era el rey de Israel, dejaron de acosarlo.

33Un soldado disparó el arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la coraza. El rey dijo al auriga: «Vuelve las riendas y sácame del campo, porque estoy herido».

34Pero aquel día arreció el combate, de modo que mantuvieron en pie al rey de Israel en el carro frente a los sirios hasta el atardecer; murió a la puesta del sol.

2 Crónicas 19

1Josafat, rey de Judá, regresó sano y salvo a su palacio de Jerusalén.

2Pero Jehú, hijo de Jananí el vidente, le salió al encuentro y le dijo: «¿Ayudas al malvado y eres leal con los que aborrecen al Señor? Por eso ha caído sobre ti la ira del Señor.

3Sin embargo algo bueno se ha encontrado en ti: has quitado de esta tierra los cipos y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios».

4Josafat residía en Jerusalén, pero volvió a visitar al pueblo desde Berseba hasta la serranía de Efraín, convirtiéndolo al Señor, Dios de sus padres.

5Designó jueces en el país, en todas las ciudades fortificadas de Judá, ciudad tras ciudad,

6y les advirtió: «Cuidado con lo que hacéis, porque no juzgaréis en nombre de los hombres, sino del Señor, que estará con vosotros cuando dictéis sentencia.

7¡El temor del Señor os acompañe! Atentos con lo que hacéis, pues en el Señor, nuestro Dios, no existe iniquidad, ni favoritismos ni sobornos».

8También en Jerusalén designó a algunos levitas, sacerdotes y jefes de familia de Israel, para la administración del derecho divino y para los pleitos entre los habitantes de Jerusalén.

9Les dio esta orden: «Actuaréis con temor del Señor, con honradez e integridad.

10Cuando vuestros hermanos que habitan en sus ciudades os presenten una causa —sea de asesinato o concerniente a la ley, preceptos, estatutos o decretos—, ilustradlos para que no sean culpables ante el Señor, y este no se encolerice contra vosotros y vuestros hermanos. Si obráis así, no seréis culpables.

11El sacerdote Amarías presidirá las causas religiosas, y Zebadías, hijo de Ismael, jefe de la casa de Judá, las causas reales. Los levitas os servirán de escribanos. Esforzaos y manos a la obra. Que el Señor esté con los buenos».

2 Crónicas 20

1Después de esto, los moabitas, los amonitas y algunos meunitas vinieron a combatir contra Josafat.

2Algunos le avisaron: «Una gran multitud, procedente de Edón —allende el mar—, se dirige contra ti; ya están en Jasón Tamar, es decir, Engadí».

3Josafat, aterrorizado, decidió consultar al Señor, al tiempo que proclamaba un ayuno en todo Judá.

4Judá se congregó para implorar al Señor. Vinieron de todas las ciudades de Judá para suplicar al Señor.

5Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén —en el templo del Señor, delante del atrio nuevo—,

6exclamó: «Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú el Dios del cielo, el gobernador de todos los reinos gentiles, cuya mano es poderosa y fuerte, al que nadie puede resistir?

7¿No fuiste tú, Dios nuestro, el que expulsaste a los moradores de esta tierra a la llegada de tu pueblo Israel y la entregaste para siempre a los descendientes de tu amigo Abrahán?

8La habitaron y edificaron en ella un santuario a tu Nombre, diciendo:

9“Cuando venga sobre nosotros el mal —espada, castigo, peste o hambre—, nos presentaremos ante ti, en este templo (porque tu Nombre está en este templo), clamaremos a ti en nuestra angustia; tú nos escucharás y salvarás”.

10Cuando Israel venía de Egipto, no le permitiste atravesar el territorio de los amonitas ni el de los moabitas, ni la montaña de Seír; se alejó de ellos en vez de destruirlos.

11Ahora, en cambio, nos lo pagan disponiéndose a expulsarnos de la propiedad que tú nos legaste.

12Dios nuestro, ¿no los juzgarás? Nosotros nada podemos ante la multitud tan numerosa que se nos viene encima. No sabemos qué hacer, sino elevar los ojos a ti».

13Todos los de Judá con sus pequeños, mujeres e hijos, permanecían en pie ante el Señor.

14En medio de la asamblea, vino el espíritu del Señor sobre Yajaziel —hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Yeiel, hijo de Matanías, levita, de los hijos de Asaf—,

15y dijo: «Todos los de Judá y vosotros, habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat, prestad atención. Así os dice el Señor: “No temáis ni os acobardéis ante esa inmensa multitud, pues la guerra no es vuestra, sino del Señor.

16Mañana bajaréis contra ellos, cuando estén subiendo la cuesta de Sis; los encontraréis al final del barranco, junto al desierto de Jeruel.

17Esta vez no tendréis que pelear. Permaneced quietos y firmes, y veréis cómo os salva el Señor. Judá y Jerusalén, no temáis ni os acobardéis. Salid mañana a su encuentro, que el Señor estará con vosotros”».

18Josafat se postró rostro en tierra. Todos los de Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante el Señor para adorarlo.

19Los levitas, descendientes de Queat, de la estirpe de Coré, se levantaron para alabar a grandes voces al Señor, Dios de Israel.

20Se levantaron temprano y salieron hacia el desierto de Técoa. Mientras salían, Josafat, puesto en pie, clamó: «Escuchadme, los de Judá y habitantes de Jerusalén: confiad en el Señor, vuestro Dios, y subsistiréis; confiad en sus profetas y triunfaréis».

21Después de consultar al pueblo, dispuso que algunos, revestidos de ornamentos sagrados, fueran en vanguardia, cantando al Señor y alabándolo con estas palabras: «Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia».

22En cuanto comenzaron las aclamaciones y alabanzas, el Señor tendió una emboscada a los moabitas, amonitas y los serranos de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

23Se levantaron los amonitas y los moabitas contra los habitantes de la serranía de Seír para destruirlos y aniquilarlos. Cuando acabaron con los habitantes de Seír, se destruyeron unos a otros.

24Llegaron los de Judá al otero del desierto, se volvieron hacia la multitud y no vieron más que cadáveres tendidos por el suelo; ningún superviviente.

25Josafat y su ejército fueron a saquear el botín. Encontraron mucho ganado, riquezas, vestidos y objetos preciosos. Recogieron tanto que no podían acarrearlo. Tres días tardaron en saquear tan copioso botín.

26Al cuarto día se reunieron en el valle de Baracá —así se llama aquel lugar hasta el día de hoy, porque allí bendijeron al Señor—,

27y todos los de Judá y los de Jerusalén, con Josafat al frente, regresaron jubilosos a Jerusalén, porque el Señor los había colmado de júbilo a costa de sus enemigos.

28Ya en Jerusalén, entraron en el templo del Señor al son de arpas, cítaras y trompetas.

29El terror de Dios cayó sobre todos los reinos de la tierra al saber que el Señor había peleado contra los enemigos de Israel.

30El reinado de Josafat fue pacífico, porque su Dios le concedió paz con sus vecinos.

31Josafat reinó en Judá. Tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar. Reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá y era hija de Siljí.

32Imitó la conducta de su padre Asá, sin desviarse de ella, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor.

33Pero no desaparecieron los santuarios de los altos, pues el pueblo no había afianzado su corazón en el Dios de sus padres.

34El resto de los hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en la Historia de Jehú, hijo de Jananí, inserta en el libro de los Reyes de Judá.

35Después de esto, Josafat de Judá se coaligó con Ocozías, rey de Israel, hombre dado a la maldad.

36Se asoció con él para construir naves con destino a Tarsis. Las construyeron en Esión Guéber.

37Pero Eliézer, hijo de Dadaías, de Maresá, profetizó contra Josafat diciendo: «Por haberte aliado con Ocozías, el Señor ha abierto brecha en tus obras». Efectivamente las naves se rompieron y no pudieron ir a Tarsis.

Efesios 6

1Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque eso es justo.

2Honra a tu padre y a tu madre es el primer mandamiento al que se añade una promesa:

3Te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra.

4Padres, no exasperéis a vuestros hijos; criadlos educándolos y corrigiéndolos según el Señor.

5Esclavos, obedeced a vuestros amos de la tierra con respeto y temor, con la sencillez de vuestro corazón, como a Cristo.

6No por las apariencias, para quedar bien ante los hombres, sino como esclavos de Cristo que hacen, de corazón, lo que Dios quiere,

7de buena gana, como quien sirve al Señor y no a hombres.

8Sabed que lo que uno haga de bueno, sea esclavo o libre, se lo pagará el Señor.

9Amos, comportaos también vosotros del mismo modo, dejándoos de amenazas; sabéis que ellos y vosotros tenéis un amo en el cielo y que ese no es parcial con nadie.

10Por lo demás, buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder.

11Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo,

12porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire.

13Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas.

14Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia;

15calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz.

16Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno.

17Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.

18Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos.

19Pedid también por mí, para que cuando abra mi boca, se me conceda el don de la palabra, y anuncie con valentía el misterio del Evangelio,

20del que soy embajador en cadenas, y tenga valor para hablar de él como debo.

21Tíquico, hermano querido y ministro fiel del Señor, os informará de todo para que sepáis cómo me va y lo que hago.

22Para ello os lo envío, para que tengáis noticias mías y para que os dé ánimos.

23A los hermanos, paz, amor y fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

24La gracia para todos los que aman al Señor Jesucristo con amor incorruptible.