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Lectura 128 de 365

2 Crónicas 15-17 · Efesios 5

Letra: Normal

2 Crónicas 15

1El espíritu de Dios vino sobre Azarías, hijo de Oded.

2Salió al encuentro de Asá y le dijo: «Escuchadme, Asá, los de Judá y los benjaminitas: El Señor estará con vosotros, si vosotros estáis con él; si lo buscáis, se dejará encontrar; pero si lo abandonáis, os abandonará.

3Durante mucho tiempo Israel estuvo sin Dios verdadero, sin sacerdote que enseñase y sin ley.

4Pero en su angustia se volvieron al Señor, Dios de Israel; lo buscaron, y se dejó encontrar.

5En aquellos tiempos no había paz para nadie, sino grandes terrores para todos los habitantes del país.

6Se enfrentaban pueblo contra pueblo y ciudad contra ciudad, porque Dios los aturdía con toda clase de aflicciones.

7Pero vosotros esforzaos; que no desfallezcan vuestras manos, pues vuestras obras tendrán recompensa».

8Al oír Asá estas palabras y esta profecía de Azarías, hijo de Oded, se animó a suprimir los ídolos del territorio de Judá y Benjamín y de las ciudades que había conquistado en la serranía de Benjamín, y reparó el altar del Señor que estaba delante del vestíbulo.

9Luego reunió a los de Judá, a los benjaminitas y a los de Efraín, Manasés y Simeón que residían entre ellos, pues muchos israelitas se habían pasado a él al ver que el Señor, su Dios, estaba con él.

10Se reunieron en Jerusalén en el mes tercero del año quince del reinado de Asá.

11Aquel día sacrificaron al Señor setecientos toros y siete mil ovejas del botín que habían traído,

12y se comprometieron a buscar al Señor, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma,

13y a condenar a muerte a todo el que no buscara al Señor, Dios de Israel, fuera grande o pequeño, hombre o mujer.

14Así lo juraron al Señor a grandes voces, entre vítores y al son de trompetas y cuernos.

15Todos los de Judá festejaron el juramento: lo habían hecho con todo el corazón, buscando al Señor con plena voluntad. El Señor se dejó encontrar por ellos y les dio la paz con sus vecinos.

16El rey Asá llegó a quitar a su madre Maacá el título de Reina Madre por haber hecho una abominable imagen de Astarté. Asá destruyó la imagen, la redujo a polvo y la quemó en el torrente Cedrón.

17Con todo, no desaparecieron los santuarios de los altos, pese a que el corazón de Asá fue perfecto durante su vida.

18Llevó al templo del Señor las ofrendas consagradas por su padre y las suyas propias: plata, oro y utensilios.

19No hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.

2 Crónicas 16

1El año trigésimo sexto del reinado de Asá, Basá, rey de Israel, atacó a Judá y fortificó Ramá para cortar las comunicaciones a Asá, rey de Judá.

2Este sacó entonces plata y oro del tesoro del templo del Señor y del palacio real y se lo envió a Benadad, rey de Siria, que residía en Damasco, con este mensaje:

3«Existe un pacto entre tú y yo, entre tu padre y mi padre. Aquí te envío plata y oro. Anda, rompe el pacto con Basá, rey de Israel, para que se aleje de mí».

4Benadad le hizo caso y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel. Devastaron Iyón, Dan, Abel Main y todos los depósitos de las ciudades de Neftalí.

5En cuanto se enteró Basá, suspendió la fortificación de Ramá y detuvo las obras.

6El rey Asá movilizó a todo Judá; se llevó las piedras y madera con las que Basá fortificaba Ramá y con ellas fortificó Guibeá y Mispá.

7En aquel tiempo, el vidente Jananí se presentó ante Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por haberte apoyado en el rey de Siria en vez de apoyarte en el Señor, tu Dios, ha escapado de tus manos el ejército del rey de Siria.

8¿No formaban un gran ejército los cusitas y los libios, con muchísimos carros y jinetes? Porque te apoyaste en el Señor, él los puso en tus manos.

9Los ojos del Señor, en efecto, recorren toda la tierra, para fortalecer a los que le son íntegros de corazón. Esta vez has sido un insensato; por eso, de ahora en adelante, tendrás guerras».

10Asá se indignó con el vidente e, irritado con él por sus palabras, lo encarceló. En aquel tiempo Asá también maltrató a algunos del pueblo.

11Los hechos de Asá, los primeros y los postreros, están escritos en el libro de los Reyes de Judá y de Israel.

12El año trigésimo noveno de su reinado Asá enfermó gravemente de los pies; pero ni siquiera en su enfermedad buscó al Señor, sino a los médicos.

13Asá se durmió con sus padres. Murió el año cuadragésimo primero de su reinado.

14Lo enterraron en el sepulcro que se había excavado en la Ciudad de David. Lo tendieron sobre un lecho lleno de perfumes y de diversos ungüentos —según el arte de perfumería—, y encendieron una gran hoguera en su honor.

2 Crónicas 17

1Le sucedió en el trono su hijo Josafat, que se hizo fuerte contra Israel.

2Dotó de ejército a todas las ciudades fortificadas de Judá e instaló guarniciones en Judá y en las ciudades de Efraín conquistadas por su padre Asá.

3El Señor estuvo con Josafat, porque anduvo por los antiguos caminos de su antepasado David y no buscó a los baales,

4sino que buscó al Dios de sus padres y se comportó según sus preceptos, sin imitar la conducta de Israel.

5El Señor consolidó el reino en sus manos. Todo Judá le pagaba tributo y tuvo muchas riquezas y fama.

6Se enorgullecía de seguir los caminos del Señor, hasta hacer desaparecer de Judá los santuarios de los altos y los cipos.

7El tercer año de su reinado envió a sus oficiales Benjáyil, Abdías, Zacarías, Natanael y Miqueas, para que enseñasen en las ciudades de Judá.

8Les acompañaban los levitas Semaías, Natanías, Zebadías, Ásale, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías y los sacerdotes Elisamá y Jorán,

9e instruyeron a Judá. Llevando consigo el libro de la ley del Señor, recorrieron todas las ciudades de Judá e instruyeron al pueblo.

10El terror del Señor cayó sobre todos los reinos de los territorios limítrofes con Judá y no guerrearon contra Josafat.

11Los filisteos le traían presentes y le pagaban tributo. También los árabes le traían ganado menor: siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos.

12Así Josafat iba haciéndose cada vez más poderoso. Construyó fortines y ciudades de avituallamiento en Judá.

13Emprendió muchas obras en las ciudades de Judá. En Jerusalén disponía de soldados aguerridos y valientes.

14Estos eran sus cargos por casas paternas: de Judá eran jefes de millar: Adnar, el jefe, al frente de trescientos mil soldados esforzados;

15a sus órdenes, el jefe Juan, con doscientos ochenta mil,

16y Amasías, hijo de Zicrí, que se había donado voluntariamente al Señor, al frente de doscientos soldados esforzados;

17de Benjamín, el valiente soldado Eldayá, al frente de doscientos mil armados de arco y escudo;

18a sus órdenes estaban Josabad, al frente de ciento ochenta mil equipados para la guerra.

19Todos estos estaban al servicio del rey, sin contar los que este había destinado a las ciudades fortificadas en todo Judá.

Efesios 5

1Sed imitadores de Dios, como hijos queridos,

2y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

3De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de los santos.

4Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios.

5Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza, o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.

6Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes.

7No tengáis parte con ellos.

8Antes sí erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

9Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.

10Buscad lo que agrada al Señor,

11sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

12Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas.

13Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto,

14y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará.

15Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos,

16aprovechando la ocasión, porque vienen días malos.

17Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.

18No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu.

19Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor.

20Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

21Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo:

22las mujeres, a sus maridos, como al Señor;

23porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo.

24Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.

25Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia:

26Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra,

27y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada.

28Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo.

29Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia,

30porque somos miembros de su cuerpo.

31Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

32Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

33En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.