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Lectura 127 de 365

2 Crónicas 12-14 · Efesios 4

Letra: Normal

2 Crónicas 12

1Una vez consolidado y afianzado el reino, Roboán y todo Israel abandonaron la ley del Señor.

2Por haberse rebelado contra el Señor, el año quinto del reinado de Roboán, Sisac, rey de Egipto, atacó Jerusalén

3con mil doscientos carros, sesenta mil jinetes y una multitud innumerable de libios, suquíes y cusitas que lo acompañaban desde Egipto.

4Conquistaron las ciudades fortificadas de Judá y llegaron hasta Jerusalén.

5Entonces el profeta Semaías se presentó a Roboán y a los oficiales de Judá que se habían replegado en Jerusalén por miedo a Sisac, y les dijo: «Así dice el Señor: Vosotros me habéis abandonado, también yo os abandono en manos de Sisac».

6Los oficiales de Israel y el rey dijeron humildemente: «¡Justo es el Señor!».

7Cuando el Señor vio que se habían humillado, Semaías recibió la palabra del Señor: «Se han humillado, no los destruiré. Dentro de poco les daré la salvación y no se derramará mi ira sobre Jerusalén por medio de Sisac;

8pero serán sus siervos, para que aprendan lo que es servirme a mí y lo que es servir a los reyes de la tierra».

9Sisac, rey de Egipto, atacó Jerusalén y se apoderó de los tesoros del templo del Señor y de los tesoros del palacio real; se llevó todo, incluso los escudos de oro que había hecho Salomón.

10En su lugar, el rey Roboán hizo escudos de bronce y se los confió a los jefes de la guardia que vigilaban el acceso al palacio real.

11Cada vez que el rey iba al templo del Señor, la guardia los llevaba y los devolvía después a la sala de guardia.

12Por haberse humillado, se apartó de él la ira del Señor y no lo destruyó por completo. Aún había en Judá cosas buenas.

13El rey Roboán se afianzó y reinó en Jerusalén. Tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que había elegido el Señor entre todas las tribus de Judá para morada de su Nombre. Su madre se llamaba Naamá y era amonita.

14Obró mal, pues no se dedicó de corazón a buscar al Señor.

15Los hechos de Roboán, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en la Historia del profeta Semaías y del vidente Idó? Hubo guerras continuas entre Roboán y Jeroboán.

16Roboán se durmió con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Abías.

2 Crónicas 13

1Abías comenzó a reinar en Judá el año decimoctavo del reinado de Jeroboán.

2Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía y era hija de Uriel, de Guibeá. Hubo guerra entre Abías y Jeroboán.

3Abías desencadenó la guerra con un ejército de valientes guerreros: cuatrocientos mil soldados escogidos. Jeroboán le hizo frente con ochocientos mil soldados escogidos, aguerridos y valientes.

4Abías se situó en la cima del monte Semaráin, en la serranía de Efraín, y gritó: «¡Escuchadme, Jeroboán e israelitas todos!

5¿Acaso no sabéis que el Señor, Dios de Israel, dio a David y a sus descendientes el reino de Israel para siempre, mediante una alianza indestructible?

6Sin embargo, Jeroboán, hijo de Nebat, siervo de Salomón, hijo de David, se rebeló contra su señor.

7Se le unieron algunos desocupados y perversos que se impusieron a Roboán, hijo de Salomón, a la sazón demasiado joven y pusilánime para oponerse a ellos.

8Ahora tratáis de hacer frente al reino del Señor, que está en manos de los descendientes de David. Vosotros sois una multitud ingente y tenéis los becerros de oro fabricados por Jeroboán para que fueran vuestros dioses.

9¿No desterrasteis a los sacerdotes del Señor, los aaronitas, y a los levitas? ¿No os habéis instituido sacerdotes a la manera de los demás pueblos? Cualquiera que venga con un novillo y siete carneros se convierte en sacerdote de los que no son dioses.

10En cuanto a nosotros, el Señor es nuestro Dios y no lo hemos abandonado; los sacerdotes que sirven al Señor son los aaronitas; y los encargados del culto, los levitas.

11Mañana y tarde ofrecen al Señor holocaustos, inciensos aromáticos, el pan de la proposición sobre una mesa pura y el candelabro de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde. Nosotros observamos los preceptos del Señor, nuestro Dios, al que vosotros habéis abandonado.

12Es claro que Dios está como guía nuestro. Sus sacerdotes darán con las trompetas el toque de guerra contra vosotros, hijos de Israel. No luchéis contra el Señor, Dios de vuestros padres, porque no venceréis».

13Jeroboán, mientras tanto, les había tendido una emboscada para atacarlos por la espalda, de modo que él estaba frente a Judá y los emboscados por detrás.

14Los de Judá, al volverse, vieron que los atacaban de frente y por la espalda. Clamaron al Señor, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas.

15Los de Judá lanzaron el grito de guerra. A su clamor, Dios desbarató a Jeroboán y a los israelitas ante Abías y Judá.

16Los hijos de Israel huyeron ante los de Judá y el Señor los entregó en sus manos.

17Abías y su ejército les infligieron una gran derrota: cayeron muertos quinientos mil soldados escogidos de Israel.

18En aquella ocasión los hijos de Israel quedaron humillados, mientras los de Judá prevalecieron por haberse apoyado en el Señor, Dios de sus padres.

19Abías persiguió a Jeroboán y le arrebató algunas ciudades: Betel con sus aldeas, Yesaná con sus aldeas y Efrón con sus aldeas.

20Jeroboán nunca más tuvo poder en tiempo de Abías; el Señor lo hirió y murió.

21Abías, por el contrario, se hizo más poderoso. Tuvo catorce mujeres y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas.

22Las restantes gestas de Abías, su conducta y sus hechos están escritos en el Comentario del profeta Idó.

23Abías se durmió con sus padres y fue enterrado en la Ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Asá. En sus días el país gozó de paz durante diez años.

2 Crónicas 14

1Asá hizo lo que era bueno y recto a los ojos del Señor, su Dios.

2Suprimió los altares extranjeros y los santuarios de los altos, rompió las estelas y abatió los cipos.

3Exhortó a Judá a buscar al Señor, Dios de sus padres, y a cumplir la ley y los preceptos.

4Suprimió los santuarios de los altos y los altares de incienso en todas las ciudades de Judá. El reino gozó de paz bajo su reinado.

5Construyó ciudades fuertes en Judá, porque el país estaba en paz y, por aquellos años, nadie le hizo la guerra —pues el Señor le había dado sosiego—.

6Por ello dijo a los judaítas: «Vamos a construir estas ciudades y a rodearlas de murallas con torres, puertas y cerrojos, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado al Señor, nuestro Dios, él nos ha concedido la paz con nuestros vecinos». Construyeron con éxito.

7Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres de Judá, armados de pavés y lanza, y de doscientos ochenta mil benjaminitas, armados de escudo y arco. Todos eran valientes guerreros.

8Zéraj de Cus salió al encuentro de Asá con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros. Cuando llegó a Maresá,

9Asá le hizo frente y formaron en orden de batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresá.

10Asá invocó al Señor, su Dios: «Señor, nadie como tú puede ayudar al poderoso o al desvalido. ¡Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, que en ti nos apoyamos y en tu nombre vamos contra esa multitud! ¡Señor, tú eres nuestro Dios! ¡No prevalezca hombre alguno sobre ti!».

11El Señor derrotó a los cusitas ante Asá y Judá. Los cusitas huyeron,

12pero Asá los persiguió con su ejército hasta Guerar. Cayeron los cusitas hasta no quedar ni uno vivo; fueron destrozados por el Señor y sus huestes. Se obtuvo un inmenso botín.

13Atacaron las ciudades de los alrededores de Guerar, que estaban presas del terror del Señor, y las saquearon, pues había en ellas un gran botín.

14Atacaron asimismo las tiendas de los pastores y capturaron gran cantidad de ovejas y de camellos. Después volvieron a Jerusalén.

Efesios 4

1Así, pues, yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.

2Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor,

3esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

4Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados.

5Un Señor, una fe, un bautismo.

6Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.

7A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.

8Por eso dice la Escritura: Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.

9Decir subió supone que había bajado a lo profundo de la tierra;

10y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo.

11Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores,

12para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo;

13hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

14Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error;

15sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo,

16del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.

17Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas,

18con la razón a oscuras y alejados de la vida de Dios; por la ignorancia y la dureza de su corazón.

19Pues perdida toda sensibilidad, se han entregado al libertinaje, y practican sin medida toda clase de impureza.

20Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo,

21si es que lo habéis oído a él y habéis sido adoctrinados en él, conforme a la verdad que hay en Jesús.

22Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras;

23renovaos en la mente y en el espíritu

24y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

25Por lo tanto, dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros.

26Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el sol no se ponga sobre vuestra ira.

27No deis ocasión al diablo.

28El ladrón, que no robe más; sino que se fatigue trabajando honradamente con sus propias manos para poder repartir con el que lo necesita.

29Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen.

30No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que él os ha sellado para el día de la liberación final.

31Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad.

32Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.