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Lectura 126 de 365

2 Crónicas 9-11 · Efesios 3

Letra: Normal

2 Crónicas 9

1La reina de Saba oyó la fama de Salomón y fue a probarlo con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes, gran cantidad de oro y piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le propuso cuanto había pensado.

2Salomón respondió a todas sus preguntas; no hubo cuestión que Salomón no resolviera, por muy oscura que fuese.

3Al ver la reina de Saba la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido,

4los manjares de su mesa, las habitaciones de su servidumbre, el porte de sus domésticos con sus vestimentas, sus coperos con sus trajes y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada

5y dijo al rey: «¡Es verdad lo que oí en mi país acerca de ti y de tu sabiduría!

6Yo no lo creía; pero ahora que he venido y lo he visto con mis propios ojos, ¡no me dijeron ni la mitad! Superas lo que había oído respecto a tu enorme sabiduría.

7¡Dichosa tu gente! ¡Dichosos tus siervos que están siempre en tu presencia aprendiendo de tu sabiduría!

8¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti, poniéndote sobre su trono como rey para el Señor, tu Dios! Por el amor de tu Dios a Israel, que quiere mantener eternamente, te ha constituido rey para que administres el derecho y la justicia».

9La reina regaló al rey unos cuatro mil kilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas. Nunca hubo perfumes como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón.

10Los siervos de Jirán y los de Salomón, que transportaban oro de Ofir, trajeron también madera de sándalo y piedras preciosas.

11Con la madera de sándalo hizo el rey entarimados para el templo del Señor y para el palacio real, cítaras y arpas para los cantores. Nunca se había visto madera semejante en la tierra de Judá.

12El rey Salomón, por su parte, regaló a la reina de Saba cuanto ella quiso pedirle, más de lo que ella había traído al rey. Después ella y sus servidores emprendieron el regreso a su país.

13Salomón recibía cada año unos veintitrés mil trescientos kilos de oro,

14sin contar lo procedente de impuestos a los mercaderes y negociantes. Todos los reyes de Arabia y los gobernadores del país llevaban oro y plata a Salomón.

15El rey Salomón hizo doscientos escudos de oro batido, de unos seis kilos y medio cada uno,

16y trescientos escudos de oro batido, de un kilo y medio cada uno; los colocó en el salón llamado «Bosque del Líbano».

17Hizo un gran trono de marfil, recubierto de oro puro;

18tenía seis gradas, un cordero de oro en el respaldo, brazos a uno y otro lado del asiento, dos leones de pie junto a los brazos

19y doce leones más, erguidos a uno y otro lado de las gradas. Jamás se hizo nada igual en ningún reino.

20Todas las copas del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la sala «Bosque del Líbano» era de oro acendrado. La plata no era nada apreciada en tiempos del rey Salomón,

21porque el rey tenía una flota que iba a Tarsis con los siervos de Jirán, y cada tres años volvían las naves de Tarsis cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

22El rey Salomón superó a los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría.

23Todos los reyes de la tierra querían ver a Salomón para escuchar la sabiduría que Dios le había concedido.

24Cada cual traía su regalo año tras año: vajillas de plata y oro, vestidos, armas, aromas, caballos y mulos.

25Salomón tenía cuatro mil caballerizas para sus caballos y carros, y doce mil jinetes que dejó en las ciudades para carros, y en Jerusalén en torno al rey.

26Tenía poder sobre todos los reyes, desde el Río hasta la tierra de los filisteos y la frontera de Egipto.

27El rey consiguió que la plata fuera tan abundante en Jerusalén como las piedras, y los cedros como los sicomoros de la Sefelá.

28Los caballos de Salomón provenían de Egipto y de todos los países.

29El resto de los hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en la historia del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Siló y en las visiones del vidente Idó a propósito de Jeroboán, hijo de Nebat?

30Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años.

31Salomón se durmió con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Roboán le sucedió en el trono.

2 Crónicas 10

1Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había acudido allí para proclamarlo rey.

2Cuando se enteró Jeroboán, hijo de Nebat —estaba en Egipto, porque había huido del rey Salomón—, regresó de Egipto.

3Lo mandaron llamar. Vino con todo Israel y hablaron así a Roboán:

4«Tu padre endureció nuestro yugo. Aligera tú ahora la dura servidumbre y el pesado yugo que nos impuso tu padre, y te serviremos».

5Él les respondió:«Volved dentro de tres días».La gente se fue.

6El rey Roboán consultó a los ancianos que habían estado al servicio de su padre Salomón, mientras vivía:«¿Qué me aconsejáis que les responda?».

7Le dijeron:«Si eres bueno con esa gente, si les complaces y les respondes con buenas palabras, te servirán siempre».

8Pero él desechó el consejo de los ancianos y consultó a los jóvenes que se habían educado con él y estaban a su servicio.

9Les preguntó:«¿Qué me aconsejáis que responda a esa gente que me pide: “Aligera el yugo que nos impuso tu padre”?».

10Los jóvenes que se habían educado con él le respondieron:«A la gente que te dijo: “Tu padre endureció nuestro yugo, aligéranoslo” diles esto: “Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.

11Si mi padre os impuso un yugo pesado, yo os incrementaré la carga;si mi padre os azotó con látigos, yo os azotaré con escorpiones”».

12Al tercer día, Jeroboán volvió con todo el pueblo donde estaba Roboán, tal como había dicho el rey: «Volved al tercer día».

13El rey les dio una dura respuesta; desechó el consejo de los ancianos

14y les habló conforme al consejo de los jóvenes: «Si mi padre endureció vuestro yugo, yo os incrementaré la carga; si mi padre os azotó con látigos, yo os azotaré con escorpiones».

15El rey no hizo caso al pueblo, porque estaba dispuesto por Dios para que se cumpliese la palabra que el Señor había comunicado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló.

16Viendo los israelitas que el rey no les había hecho caso, le replicaron: «¿Qué tenemos en común con David?¡No tenemos heredad con el hijo de Jesé! ¡Israel, cada uno a su tienda! ¡David, mira ahora por tu casa!». Los israelitas se fueron a sus tiendas,

17pero Roboán reinó sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá.

18El rey Roboán envió entonces a Adorán, encargado de las brigadas de trabajadores, pero los hijos de Israel lo mataron a pedradas. El rey Roboán tuvo que subir precipitadamente a su carro y huir a Jerusalén.

19Israel se sublevó contra la casa de David, hasta el día de hoy.

2 Crónicas 11

1Al llegar a Jerusalén, Roboán movilizó ciento ochenta mil soldados de Judá y Benjamín para luchar contra Israel y recuperar el reino.

2Pero Semaías, hombre de Dios, recibió esta palabra del Señor:

3«Di a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas de Judá y Benjamín:

4“Así dice el Señor: No vayáis a luchar contra vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque esto viene de mí”». Obedecieron las palabras del Señor y desistieron de luchar contra Jeroboán.

5Roboán habitó en Jerusalén y construyó ciudades fortificadas en Judá.

6Fortificó Belén, Etán, Técoa,

7Bet Sur, Socó, Adulán,

8Gat, Maresá, Zif,

9Adoráin, Laquis, Azecá,

10Sora, Ayalón y Hebrón, ciudades fortificadas de Judá y de Benjamín.

11Reforzó las fortalezas, puso en ellas comandantes y las proveyó de víveres, aceite y vino.

12En todas las ciudades había escudos y lanzas; las fortificó muy bien y reinó sobre Judá y Benjamín.

13Los sacerdotes y levitas de todo Israel se pasaron a Roboán, procedentes de todas las demarcaciones.

14Los levitas abandonaron sus ejidos y posesiones y se fueron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboán y sus hijos les habían prohibido oficiar para el Señor,

15estableciendo sus propios sacerdotes para los altos, los sátiros y los becerros que había fabricado.

16Al igual que aquellos levitas, vinieron también a Jerusalén israelitas de todas las tribus —que tenían el propósito sincero de buscar al Señor, Dios de Israel— para ofrecer sacrificios al Señor, Dios de sus padres.

17Consolidaron el reino de Judá y confirmaron a Roboán, hijo de Salomón, por tres años. Por tres años, en efecto, anduvieron por el camino de David y Salomón.

18Roboán se casó con Majalat, hija de Yerimot, hijo de David y de Abigaíl, hija de Eliab, hijo de Jesé.

19Le dio varios hijos: Yeús, Semarías y Zahan.

20Después se casó con Maacá, hija de Absalón, que le dio a Abías, Atay, Zizá y Selomit.

21Roboán amaba a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus otras mujeres y concubinas: tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas; engendró veintiocho hijos y sesenta hijas.

22Roboán puso a Abías, hijo de Maacá, como jefe y príncipe de sus hermanos, porque quería hacerlo rey.

23Repartió sagazmente a sus hijos por todo el territorio de Judá y Benjamín, por todas las ciudades fortificadas, dándoles víveres en abundancia y procurándoles muchas mujeres.

Efesios 3

1Por esto me dirijo a vosotros yo, Pablo, el prisionero por Cristo Jesús en favor de vosotros los gentiles.

2Supongo que habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

3Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, sobre el cual acabo de escribiros brevemente.

4Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo,

5que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas:

6que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio,

7del cual soy yo servidor por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.

8A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo;

9e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

10Así, mediante la Iglesia, los principados y potestades celestes conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios,

11según el designio eterno, realizado en Cristo, Señor nuestro,

12por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en él.

13Así pues, os pido que no os desaniméis ante lo que sufro por vosotros, pues redunda en gloria vuestra.

14Por eso doblo las rodillas ante el Padre,

15de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra,

16pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior;

17que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento;

18de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo,

19comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.

20Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros;

21a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones de los siglos de los siglos. Amén.