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Lectura 125 de 365

2 Crónicas 6-8 · Efesios 2

Letra: Normal

2 Crónicas 6

1Entonces dijo Salomón: «El Señor quiere habitar en la oscuridad,

2pero yo te he construido una casa para morada tuya, un lugar donde habites para siempre».

3El rey, volviéndose, bendijo a toda la asamblea de Israel, que se mantenía en pie:

4«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha cumplido con su mano lo que había dicho su boca a mi padre David:

5“Desde el día en que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no elegí ninguna ciudad de entre las tribus de Israel para construirme un templo en el que residiera mi Nombre; tampoco elegí a nadie para que fuera caudillo de mi pueblo Israel,

6sino que elegí Jerusalén para que estuviera allí mi Nombre, y elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo Israel”.

7Mi padre David acariciaba en su corazón el deseo de construir un templo en honor del Señor, Dios de Israel.

8El Señor dijo a mi padre David: “Has acariciado en tu corazón el deseo de construirme un templo en mi honor y has hecho bien;

9pero tú no construirás el templo, sino un hijo de tus entrañas será quien construya ese templo en mi honor”.

10El Señor ha cumplido la palabra dada. He sucedido a mi padre David, sentándome en el trono de Israel según la palabra del Señor, y he construido el templo en honor del Señor, Dios de Israel.

11En él he colocado el Arca, donde se conserva la alianza del Señor pactada con los hijos de Israel».

12Salomón, puesto en pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos.

13Salomón había hecho un estrado de bronce de unos dos metros y medio de largo, por unos dos y medio de ancho y uno cincuenta de alto; lo había colocado en medio del atrio; subió a él, se arrodilló en presencia de toda la asamblea de Israel y, tendiendo sus manos hacia el cielo,

14dijo: «Señor, Dios de Israel, ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como tú, que guardas la alianza y el amor con tus siervos, que caminan ante ti con todo su corazón.

15Tú has cumplido, en favor de mi padre David, la promesa que le hiciste, y hoy tu mano ha realizado lo que había prometido tu boca.

16Ahora, pues, Señor, Dios de Israel, mantén en favor de tu siervo, mi padre, lo que le prometiste: “No te faltará un descendiente que esté en mi presencia sentado en el trono de Israel, a condición de que tus hijos guarden mis preceptos y caminen según mi ley, lo mismo que tú caminaste ante mí”.

17Ahora, Señor, Dios de Israel, confirma la promesa que hiciste a tu siervo David.

18Aunque, ¿es posible que Dios habite con los hombres en la tierra? El cielo y lo más alto del cielo no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que te he construido!

19Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo, Señor, Dios mío; escucha el clamor y la oración que tu siervo eleva ante ti.

20Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el lugar del que dijiste: “Allí estará mi Nombre”. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este lugar!

21Escucha las súplicas de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando oren en este lugar; escucha tú desde tu morada del cielo, escucha y perdona.

22Cuando uno peque contra su prójimo y este formule una de las imprecaciones, si viene a imprecar ante tu altar en este templo:

23escucha tú desde el cielo, intervén y juzga a tus siervos; declara culpable al malo —así su conducta recaerá sobre su cabeza— e inocente al justo, pagándole según su inocencia.

24Cuando tu pueblo, Israel, sea derrotado por el enemigo, por haber pecado contra ti, si se convierte y alaba tu Nombre, ora y suplica ante ti en este templo:

25escucha tú desde el cielo, perdona el pecado de tu pueblo Israel y devuélvelo a la tierra que le diste a él y a sus padres.

26Cuando, por haber pecado contra ti, se cierre el cielo y no llueva, si ora en este lugar y alaba tu Nombre, se convierte de su pecado porque le humillaste:

27escucha tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, mostrándoles el buen camino que deben seguir, y envía lluvia a la tierra que diste en heredad a tu pueblo.

28Cuando en el país haya hambre, peste, tizón, añublo, langosta o pulgón; cuando el enemigo cerque una de sus ciudades, en la desgracia o en la enfermedad,

29si uno cualquiera, o todo tu pueblo Israel —sabedor de su herida o de su dolor—, tiende sus manos hacia este templo orando y suplicándote:

30escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada, perdona y actúa según la conducta de cada uno, tú que conoces su corazón, pues solo tú conoces el corazón humano;

31así te respetarán yendo por tus caminos mientras vivan sobre la faz de la tierra que diste a nuestros padres.

32Incluso al extranjero, que no pertenece a tu pueblo, Israel: cuando venga de un país lejano, atraído por tu gran fama, tu mano fuerte y tu brazo extendido; cuando venga a orar en este templo:

33escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada; concede al extranjero lo que pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu fama y te respeten como tu pueblo, Israel, y sepan que tu Nombre ha sido invocado en este templo que te he construido.

34Cuando tu pueblo salga a la guerra contra el enemigo por el camino que le indiques, si oran a ti, vueltos hacia esta ciudad que elegiste y hacia el templo que he construido en tu honor:

35escucha desde el cielo su oración y súplica, y hazles justicia.

36Cuando pequen contra ti —pues nadie hay que no peque— y tú, irritado con ellos, los entregues a sus enemigos, y los vencedores los deporten a un país lejano o cercano,

37si en la tierra de su cautividad se convierten de corazón y oran diciendo: “Hemos pecado, hemos delinquido, somos culpables”,

38si en la tierra del destierro adonde los han deportado se convierten a ti con todo el corazón y con toda el alma, y oran vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has elegido y hacia el templo que he construido en tu honor:

39escucha su oración y su súplica desde el cielo, lugar de tu morada, hazles justicia y perdona a tu pueblo que pecó contra ti.

40Que tus ojos, Dios mío, estén abiertos y tus oídos atentos a la súplica que se haga en este lugar.

41Y ahora, levántate, Señor Dios, ven a tu mansión, tú y el Arca de tu poder; Señor Dios, que tus sacerdotes se revistan de salvación, que tus fieles rebosen felicidad.

42Señor Dios, no rechaces el rostro de tu ungido; recuerda la lealtad de David, tu siervo».

2 Crónicas 7

1Cuando Salomón terminó de orar, bajó fuego del cielo, que devoró el holocausto y los sacrificios. La gloria de Dios llenó el templo.

2Los sacerdotes no podían entrar en él, porque la gloria del Señor llenaba el templo.

3Los hijos de Israel, al ver que el fuego y la gloria del Señor bajaban al templo, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento, adoraron y alabaron al Señor «porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

4El rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios ante el Señor.

5El rey Salomón ofreció en sacrificio veintidós mil toros y ciento veinte mil ovejas. El rey y todo el pueblo dedicaron así el templo de Dios.

6Los sacerdotes oficiaban de pie, mientras los levitas —con ayuda de los instrumentos hechos por el rey David para alabar al Señor «porque es eterna su misericordia»— entonaban al Señor las canciones compuestas por David. Los sacerdotes tocaban las trompetas delante de ellos y todo Israel se mantenía en pie.

7Salomón consagró el atrio interior que está delante del templo del Señor, ofreciendo allí los holocaustos y la grasa de los sacrificios de comunión, pues en el altar de bronce hecho por Salomón no cabían el holocausto, la ofrenda y la grasa.

8En aquella ocasión Salomón, junto con todo Israel —una multitud inmensa, venida desde la entrada de Jamat hasta el torrente de Egipto—, celebraron la fiesta durante siete días.

9Después de haber festejado la dedicación del templo durante siete días, el octavo día tuvo lugar la asamblea solemne.

10El día veintitrés del mes séptimo Salomón despidió a la gente; marcharon a sus casas alegres y felices por los beneficios que el Señor había concedido a David, a Salomón y a su pueblo Israel.

11Salomón terminó el templo del Señor y el palacio real. Todo lo que se había propuesto hacer en el templo y en el palacio le salió perfectamente.

12Se le apareció el Señor de noche y le dijo: «He escuchado tu oración y he elegido este lugar como templo para los sacrificios.

13Cuando cierre el cielo y no llueva, cuando mande a la langosta que devore la tierra, cuando envíe la peste contra mi pueblo,

14si mi pueblo, sobre el que es invocado mi Nombre, se humilla, ora, me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.

15Mantendré mis ojos abiertos y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar.

16He elegido y santificado este templo para que mi Nombre esté en él eternamente. Mis ojos y mi corazón estarán en él todos los días.

17En cuanto a ti, si caminas ante mí como caminó tu padre David, haciendo todo lo que yo te ordene y guardando mis mandatos y decretos,

18afianzaré tu trono real como pacté con tu padre David: “No te faltará un descendiente que gobierne en Israel”.

19Pero si apostatáis, abandonando los decretos y los mandatos que os he dado, y os vais a servir a otros dioses, postrándoos ante ellos,

20os arrancaré de mi tierra que os he dado, rechazaré el templo que he consagrado a mi Nombre y lo convertiré en refrán y en burla de todas las naciones.

21Todo el que pase junto a este templo, que fue tan magnífico, preguntará asombrado: “¿Por qué ha tratado así el Señor a esta tierra y a este templo?”.

22Les responderán: “Porque abandonaron al Señor, Dios de sus padres, que les había sacado de la tierra de Egipto, se entregaron a otros dioses, se postraron ante ellos y les dieron culto; por eso ha descargado sobre ellos esta catástrofe”».

2 Crónicas 8

1Transcurridos los veinte años que había empleado en la construcción del templo del Señor y de su palacio, Salomón

2reconstruyó las ciudades que le había dado Jirán e instaló en ellas a los hijos de Israel.

3Salomón marchó contra Jamat de Sobá y se apoderó de ella.

4Fortificó Tadmor en el desierto y todas las ciudades de avituallamiento que había construido en Jamat.

5Reconstruyó Bet Jorón de Arriba y Bet Jorón de Abajo como ciudades fortificadas: con murallas, puertas y cerrojos.

6Lo mismo hizo con Baalat, con las ciudades de avituallamiento que tenía Salomón, las ciudades para los carros y las caballerizas, y con cuanto quiso construir en Jerusalén, en el Líbano y en todos los dominios de su reino.

7A cuantos quedaban de los hititas, amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos —que no eran israelitas

8y cuyos descendientes habían permanecido en el país, porque los hijos de Israel no los habían exterminado—, Salomón los reclutó para trabajos forzados, hasta el día de hoy.

9A los hijos de Israel, en cambio, no les impuso trabajos forzados, sino que eran soldados, oficiales, capitanes y comandantes de sus carros y caballería.

10Salomón tenía doscientos cincuenta jefes de guarnición que mandaban al pueblo.

11Salomón trasladó a la hija del faraón desde la Ciudad de David al palacio que le había construido, pues se decía: «Mi mujer no puede vivir en el palacio de David, rey de Israel, porque el lugar donde ha estado el Arca del Señor es sagrado».

12Salomón ofrecía holocaustos al Señor sobre el altar del Señor que había erigido delante del vestíbulo;

13los ofrecía según el rito de cada día, conforme a lo prescrito por Moisés para los sábados, los principios de mes y las tres solemnidades anuales: la de los Ácimos, la de las Semanas y la de las Tiendas.

14Conforme a la ordenanza de su padre David, asignó sus oficios a los grupos sacerdotales; a los levitas, sus funciones de alabar y oficiar en presencia de los sacerdotes, según el rito de cada día; y a los porteros les encargó, por grupos, cada una de las puertas. Así lo había dispuesto David, el hombre de Dios.

15No se desviaron ni un ápice del mandato real para los sacerdotes, los levitas, ni en lo referente a los almacenes.

16Así se llevó a cabo la obra de Salomón, desde el día en que se echaron los cimientos del templo del Señor hasta su finalización. De este modo quedó ultimado el templo del Señor.

17Salomón se dirigió entonces a Esión Guéber y a Elat, a orillas del mar, en la tierra de Edón.

18Jirán, por medio de sus siervos, le envió naves y expertos marineros. Fueron a Ofir con los siervos de Salomón. Trajeron de allí al rey Salomón unos dieciséis mil kilos de oro.

Efesios 2

1También vosotros un tiempo estabais muertos por vuestras culpas y pecados,

2cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios.

3Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás.

4Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó,

5estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—;

6nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él,

7para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe.

9Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir.

10Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.

11Por tanto vosotros, los que un tiempo erais gentiles según la carne, llamados incircuncisos por los que se llamaban circuncisos en razón de una operación practicada en la carne, recordad

12que entonces vivíais sin Cristo: extranjeros a la ciudadanía de Israel, ajenos a las alianzas y sus promesas, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo.

14Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad.

15Él ha abolido la ley con sus mandamientos y decretos, para crear, de los dos, en sí mismo, un único hombre nuevo, haciendo las paces.

16Reconcilió con Dios a los dos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, a la hostilidad.

17Vino a anunciar la paz: paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca.

18Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu.

19Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

20Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.

21Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.

22Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.