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Lectura 123 de 365

1 Crónicas 29 · 2 Crónicas 1-2 · Gálatas 6

Letra: Normal

1 Crónicas 29

1El rey David dijo a toda la asamblea de Israel: «Mi hijo Salomón, el único elegido por Dios, es joven y débil, y la obra es inmensa: no es un palacio para un hombre, sino un templo para el Señor Dios.

2Con todo mi empeño he preparado lo necesario para el templo de mi Dios: oro para los objetos de oro, plata para los de plata, bronce para los de bronce, hierro para los de hierro y madera para los de madera; piedras de ónice y de engaste, lapislázuli y piedras de varios colores, toda clase de piedras preciosas y abundantes piedras de alabastro.

3Además, por amor al templo de mi Dios —aparte de lo que he preparado para el santuario—, doy para el templo de mi Dios el oro y la plata de mi propiedad personal:

4unos mil quintales de oro —de oro de Ofir—, unos dos mil cuatrocientos quintales de plata finísima para recubrir las paredes de los edificios,

5para los objetos de oro o de plata y para todos las obras de orfebrería. ¿Quién quiere hacer ahora una ofrenda generosa al Señor?».

6Los cabezas de familia, los de las tribus de Israel, los de millar y centuria, y los administradores de la hacienda real ofrecieron generosamente

7y donaron para el servicio del templo del Señor unos ciento setenta quintales de oro, diez mil dáricos, unos tres mil cuatrocientos treinta quintales de plata, unas seis mil ciento setenta y cuatro toneladas de bronce, y unas tres mil cuatrocientas toneladas de hierro.

8Los que tenían piedras preciosas se las entregaron a Yejiel, el guersonita, para el tesoro del templo del Señor.

9El pueblo se alegró por estas ofrendas espontáneas que, de todo corazón, daban al Señor; también el rey David sentía una gran alegría.

10Entonces David bendijo al Señor ante toda la asamblea y dijo: «Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los siglos.

11Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor, la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra, tú eres rey y soberano de todo.

12De ti viene la riqueza y la gloria, tú eres Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza, tú engrandeces y confortas a todos.

13Por eso, Dios nuestro, nosotros te damos gracias, alabando tu nombre glorioso.

14Pues ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para poder ofrecerte estos donativos? Todo viene de ti y te damos lo que hemos recibido de tus manos.

15Ante ti somos forasteros y huéspedes, como nuestros padres. Nuestra vida terrena es como una sombra sin esperanza.

16Señor, Dios nuestro, todo lo que hemos preparado para construir un templo a tu santo Nombre viene de tu mano y todo es tuyo.

17Bien sé, Dios mío, que sondeas el corazón y te agrada la rectitud. Te he ofrecido todo esto con un corazón recto y veo con alegría a tu pueblo aquí reunido ofreciéndote voluntariamente sus dones.

18Señor, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac y Jacob, mantén siempre en el corazón de tu pueblo esta forma de pensar y dirige su corazón hacia ti.

19Concede a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que guarde tus mandamientos, instrucciones y preceptos, para que todo lo ponga en práctica y construya el palacio que yo he preparado».

20David dijo a toda la asamblea: «Bendecid al Señor, vuestro Dios». Y toda la asamblea bendijo al Señor, Dios de sus padres, e, inclinándose, se postraron ante el Señor y ante el rey.

21Al día siguiente ofrecieron sacrificios y holocaustos al Señor: mil novillos, mil carneros y mil corderos, con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel.

22Aquel día comieron y bebieron con gran gozo ante el Señor. Por segunda vez proclamaron rey a Salomón, hijo de David, y lo ungieron como caudillo ante el Señor. A Sadoc lo ungieron sacerdote.

23Salomón se sentó en el trono del Señor como rey sucesor de su padre David. Tuvo éxito y le obedeció todo Israel.

24Todos los jefes y guerreros, todos los hijos del rey David prestaron obediencia al rey Salomón.

25El Señor engrandeció sobremanera a Salomón ante todo Israel y le dio una majestad regia que nunca tuvo rey alguno en Israel antes de él.

26David, hijo de Jesé, fue rey de todo Israel.

27Reinó en Israel durante cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.

28Murió en buena vejez, colmado de años, riquezas y gloria. Le sucedió su hijo Salomón.

29Los hechos del rey David, los primeros y los postreros, están escritos en los libros del vidente Samuel, en la historia del profeta Natán y en la historia del vidente Gat,

30con todo lo referente a su reinado y a sus hazañas, y lo que le sucedió a él, a Israel y a todos los reinos de la tierra.

2 Crónicas 1

1Salomón, hijo de David, se afianzó en el trono. El Señor, su Dios, estaba con él y lo engrandeció sobremanera.

2Después de hablar a los israelitas, a los jefes de millares y de centenas, a los jueces, a todos los príncipes de Israel y a los cabezas de familia, Salomón

3marchó, junto con toda la asamblea de su pueblo, al alto de Gabaón, donde estaba la Tienda del Encuentro de Dios, que Moisés, siervo del Señor, había hecho en el desierto.

4Sin embargo, el Arca de Dios había sido trasladada por David desde Quiriat Yearín al lugar preparado para ella: una tienda que le había levantado en Jerusalén.

5El altar de bronce, hecho por Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, también se encontraba allí, delante de la Morada del Señor. Salomón y la comunidad le consultaban.

6Subió, pues, Salomón allá, al altar de bronce —el que está en presencia del Señor, delante de la Tienda del Encuentro— y ofreció sobre él mil holocaustos.

7Aquella noche Dios se apareció a Salomón y le dijo: «Pide lo que quieras que te conceda».

8Salomón respondió a Dios: «Tú mostraste gran amor a David, mi padre, y me nombraste sucesor suyo.

9Pues bien, Señor Dios, que se cumpla la promesa que hiciste a David, mi padre, ya que tú me has hecho rey de un pueblo numeroso como el polvo de la tierra.

10Dame, pues, sabiduría y ciencia para dirigir a este pueblo. De lo contrario, ¿quién podría gobernar a este pueblo tuyo tan numeroso?».

11Dios respondió a Salomón: «Por haber sido ese el deseo de tu corazón y no haberme pedido riquezas, bienes, gloria, la muerte de tus enemigos y ni siquiera una vida larga, pidiéndome en cambio sabiduría y ciencia para regir a mi pueblo, del que te he constituido rey,

12se te concede ciencia y sabiduría; y te daré también riquezas, bienes y gloria que no tuvieron los reyes que te precedieron ni tendrán los que te sucedan».

13Salomón regresó a Jerusalén, desde el alto de Gabaón —de delante de la Tienda del Encuentro—, y reinó en Israel.

14Salomón reunió carros y caballos. Tuvo mil cuatrocientos carros y doce mil caballos. Los acantonó en las ciudades para los carros y en Jerusalén, en torno al rey.

15El rey consiguió que hubiera en Jerusalén tanta plata y oro como piedras, y que abundaran los cedros como los sicomoros de la Sefelá.

16Los caballos de Salomón procedían de Egipto y Cilicia. Los tratantes del rey los compraban en Cilicia, según el coste.

17Importaban de Egipto un carro por seiscientas monedas de plata y un caballo por ciento cincuenta. Eran exportados a su vez a todos los reyes hititas y sirios.

18Salomón decidió construir un templo en honor del Señor y un palacio real para sí.

2 Crónicas 2

1Reclutó setenta mil porteadores y ochenta mil canteros que extrajeran piedra de las montañas, y puso al frente de ellos a tres mil seiscientos capataces.

2Después envió a Jirán, rey de Tiro, el siguiente mensaje: «Tú ayudaste a mi padre David, enviándole madera de cedro, para que se construyera un palacio en el que habitar.

3Mira, yo voy a construir un templo en honor del Señor, mi Dios, para consagrárselo, quemar incienso aromático en su presencia, para la ofrenda perpetua de los panes, para los holocaustos matutinos y vespertinos, los de los sábados, principios de mes y solemnidades del Señor nuestro Dios. Así se hará siempre en Israel.

4El templo que voy a construir ha de ser grande, porque nuestro Dios es mayor que todos los dioses.

5Pero ¿quién será capaz de construirle un templo, cuando el cielo y lo más alto del cielo no pueden contenerlo? ¿Y quién soy yo para construirle un templo, aunque solo fuera para quemar incienso en su presencia?

6Envíame, pues, un experto que trabaje el oro, la plata, el bronce y el hierro; la escarlata, el carmesí y la púrpura; que sepa también esculpir. Trabajará con los expertos, preparados por mi padre David y que están a mi disposición en Judá y en Jerusalén.

7Mándame también madera de cedro, de abeto y de sándalo del Líbano. Ya sé que tus siervos son expertos en talar árboles del Líbano. Mis siervos irán con los tuyos

8para prepararme madera en abundancia, pues el templo que voy a construir ha de ser grande y maravilloso.

9A tus siervos, los taladores de árboles, les daré para su sustento veinte mil cargas de trigo, veinte mil cargas de cebada, veinte mil cántaros de vino y veinte mil de aceite».

10Jirán, rey de Tiro, respondió mediante una carta que envió a Salomón, diciendo: «Porque el Señor ama a su pueblo, te ha constituido rey».

11Añadía Jirán: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que hizo el cielo y la tierra, por haber dado al rey David un hijo sabio, inteligente, sensato y prudente, que construirá un templo para el Señor y un palacio real para sí.

12Te envío, pues, a Jirán Abí, hombre hábil, dotado de inteligencia.

13Es hijo de una danita; su padre es de Tiro. Sabe trabajar el oro y la plata, el bronce, el hierro, la piedra y la madera, la escarlata, la púrpura, el lino, el carmesí; sabe asimismo esculpir toda clase de figuras y ejecutar cualquier obra que se le proponga, en colaboración con tus expertos y con los expertos de mi señor David, tu padre.

14Mi señor envíe a sus siervos el trigo y la cebada, el aceite y el vino de los que hablaste;

15nosotros cortaremos los árboles del Líbano según tus necesidades; te los enviaremos en balsas, por mar, a Jafa; tú te encargarás de subirlos a Jerusalén».

16Salomón hizo el censo de todos los forasteros que se encontraban en territorio israelita, conforme al modelo del censo hecho por David, su padre. Eran ciento cincuenta y tres mil seiscientos.

17Destinó a setenta mil de ellos como cargadores, ochenta mil para extraer piedra de las montañas y tres mil seiscientos como capataces que estimularan el trabajo del pueblo.

Gálatas 6

1Hermanos, incluso en el caso de que alguien sea sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidlo con espíritu de mansedumbre; pero vigílate a ti mismo, no sea que también tú seas tentado.

2Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.

3Pues si alguien cree ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.

4Y que cada uno examine su propio comportamiento; el motivo de satisfacción lo tendrá entonces en sí mismo y no en relación con los otros.

5Pues cada cual carga con su propio fardo.

6Que el catecúmeno comparta sus bienes con quien lo instruye en la palabra.

7No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que uno siembre, eso cosechará.

8El que siembra para la carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre para el espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

9No nos cansemos de hacer el bien, que, si no desmayamos, a su tiempo cosecharemos.

10Por tanto, mientras tenemos ocasión, hagamos el bien a todos, especialmente a la familia de la fe.

11Mirad con qué letras tan grandes os he escrito de mi propia mano.

12Los que buscan aparecer bien en lo corporal son quienes os fuerzan a circuncidaros; pero lo hacen con el solo objetivo de no ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo.

13Pues ni los mismos que se circuncidan observan la ley, sino que desean que os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne.

14En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

15Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.

16La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.

17En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

18La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.