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Lectura 120 de 365

1 Crónicas 20-22 · Gálatas 3

Letra: Normal

1 Crónicas 20

1Al año siguiente, en la época en que los reyes salen a la guerra, Joab llevó el grueso del ejército, arrasó el territorio amonita y se fue a sitiar Rabá, mientras David permanecía en Jerusalén. Joab conquistó Rabá y la demolió.

2David quitó la corona de la cabeza de Milcón y descubrió que pesaba unos treinta y cuatro kilos de oro. Había en ella una piedra preciosa, que pasó a la corona de David. Se llevó de la ciudad un inmenso botín.

3También hizo cautivos a sus habitantes y los puso a trabajar con sierras, rastrillos y hachas de hierro. Hizo lo mismo con todas las ciudades de los amonitas. Después regresó a Jerusalén con todo el ejército.

4Más tarde tuvo lugar en Guézer una batalla contra los filisteos. Fue entonces cuando el jusita Sibcay mató a Sipay, de la raza de los gigantes. Los filisteos quedaron sometidos.

5Se reanudó la guerra contra los filisteos y Eljanán, hijo de Yaír, mató a Lajmí, hermano de Goliat, el de Gat; el asta de su lanza era como el rodillo de un telar.

6Hubo otra batalla en Gat, donde había un gigante que tenía veinticuatro dedos —seis en cada mano y seis en cada pie—. Pertenecía también a la raza de los gigantes.

7Injurió a Israel, pero lo mató Jonatán, hijo de Simá, hermano de David.

8Esta gente descendía de los gigantes de Gat, y cayeron en manos de David y de sus hombres.

1 Crónicas 21

1Satán se alzó contra Israel e instigó a David a hacer un censo de Israel.

2David ordenó a Joab y a los jefes del ejército:«Id, censad a los israelitas desde Berseba hasta Dan, y traedme el resultado, para que yo sepa su número».

3Joab le respondió:«Multiplique el Señor a su pueblo cien veces más de lo que es. ¿Oh rey, mi señor, acaso no son todos siervos de mi señor? ¿Por qué pide esto mi señor? ¿Por qué acarrear una culpa sobre Israel?».

4Pero la orden del rey prevaleció sobre Joab, que salió y recorrió todo Israel. Cuando regresó a Jerusalén,

5entregó a David el resultado del censo del pueblo: había en Israel un millón ciento veinte mil diestros en el manejo de la espada, y en Judá cuatrocientos setenta mil varones diestros en el manejo de la espada.

6No incluyó en este censo a Leví y Benjamín, porque Joab detestaba la orden del rey.

7Dios lo desaprobó y castigó a Israel.

8Entonces David dijo a Dios: «He pecado gravemente al hacer esto. Ahora, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente».

9El Señor dijo a Gad, vidente de David:

10«Ve a decir a David: “Así dice el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una de ellas y la realizaré”».

11Gad fue a ver a David y le notificó:«Así dice el Señor: Elige para ti

12tres años de hambre, o bien tres meses huyendo de tus enemigos, perseguido por la espada de tus adversarios, o tres días de espada del Señor, es decir, de peste en el país, mientras el ángel del Señor hace estragos en todo el territorio de Israel. Ahora decide qué he de responder al que me ha enviado».

13David respondió a Gad:«¡Me encuentro en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es inmensa, y no en manos de los hombres».

14El Señor mandó la peste a Israel y murieron setenta mil israelitas.

15Dios envió después un ángel a Jerusalén para asolarla; pero, cuando estaba asolándola, el Señor lo vio, se arrepintió del castigo y dijo al ángel exterminador: «¡Basta ya! ¡Retira tu mano!».El ángel estaba junto a la era de Ornán, el jebuseo.

16David alzó los ojos y vio al ángel del Señor erguido entre la tierra y el cielo, con la espada desenvainada en la mano, apuntando hacia Jerusalén. David y los ancianos, cubiertos de sayal, cayeron rostro en tierra.

17Y David dijo a Dios: «¿No soy yo quien ordenó censar al pueblo? Soy yo el que ha pecado; soy yo el que ha cometido el mal. Ellos, en cambio, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, Señor Dios mío, descarga tu mano sobre mí y sobre mi familia, pero no envíes la peste sobre tu pueblo».

18El ángel del Señor dio a Gad la orden de decirle a David que fuera a erigir un altar al Señor en la era de Ornán, el jebuseo.

19Fue David, según la palabra dicha por Gad en nombre del Señor.

20Ornán, que estaba trillando el trigo, vio al ángel; sus cuatro hijos que estaban con él se habían escondido.

21Llegó David adonde estaba Ornán. Al ver este a David, salió de la era y se postró ante él rostro en tierra.

22David dijo a Ornán:«Dame la era para construir un altar al Señor, a fin de que cese la mortandad en el pueblo; te pagaré su precio exacto».

23Ornán le respondió:«Tómela el rey mi señor, y haga lo que bien la parezca. Le doy también los bueyes para el holocausto, los trillos para leña y el trigo como ofrenda. Le doy todo».

24El rey David le replicó:«No. Quiero comprártelo en su justo precio. No tomaré para el Señor lo que es tuyo, ni ofreceré holocaustos de balde».

25David le dio a Ornán unos siete kilos de oro por el lugar.

26Construyó allí un altar para el Señor y ofreció sobre él holocaustos y sacrificios de comunión. Invocó al Señor, que le respondió enviando fuego del cielo sobre el altar de los holocaustos.

27El Señor ordenó al ángel que envainase la espada.

28Al ver David que el Señor le había respondido en la era de Ornán, ofreció allí sacrificios.

29La Morada del Señor que hizo Moisés en el desierto y el altar de los holocaustos estaban por entonces en el alto de Gabaón.

30Pero David no se atrevió a ir ante Dios para consultarle, porque le aterraba la espada del ángel del Señor.

1 Crónicas 22

1Entonces se dijo David: «Aquí estará el templo del Señor Dios y el altar de los holocaustos de Israel».

2David mandó reunir a los extranjeros residentes en la tierra de Israel y designó canteros que tallaron piedras para construir el templo de Dios.

3También preparó hierro en abundancia para hacer los clavos de las puertas y para las junturas. Incontable era el bronce

4e incalculable la madera de cedro, que le traían en abundancia los sidonios y los tirios.

5David se decía: «Mi hijo Salomón es aún joven y débil, y el templo que hay que construir al Señor debe ser sumamente grandioso, para que su fama y gloria llegue a todos los países. Así que yo le haré los preparativos». E hizo David grandes preparativos antes de su muerte.

6Después llamó a su hijo Salomón y le mandó construir un templo al Señor, Dios de Israel.

7David dijo a Salomón: «Hijo mío, yo pensé construir un templo en honor del Señor, mi Dios.

8Pero recibí la palabra del Señor que me dijo: “Tú has derramado mucha sangre y has emprendido grandes guerras. No construirás un templo en mi honor, porque has derramado mucha sangre en mi presencia.

9Mira, te nacerá un hijo que será un hombre pacífico; le concederé paz con todos los enemigos de alrededor. Su nombre, por tanto, será Salomón. En sus días concederé paz y tranquilidad a Israel.

10Él construirá un templo en mi honor. Será para mí un hijo y yo seré para él un padre, y consolidaré por siempre su trono real en Israel”.

11Ahora, hijo mío, que el Señor esté contigo y consigas construir el templo del Señor, tu Dios, como lo ha predicho de ti.

12Que el Señor te conceda tan solo sensatez y prudencia, para que, cuando gobiernes a Israel, observes la ley del Señor, tu Dios.

13Prosperarás si tienes cuidado en practicar los mandatos y preceptos que el Señor mandó a Israel por medio de Moisés. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No temas ni desmayes!

14Mira, fatigosamente he reunido para el templo de Dios unas treinta y cuatro mil toneladas de oro, unas trescientas cuarenta mil toneladas de plata, bronce y hierro incalculable por su abundancia; además, madera y piedras, que tú podrás aumentar.

15Dispones de muchos obreros: canteros, albañiles, carpinteros, expertos en toda clase de obras.

16Hay abundancia de oro, plata, bronce y hierro. ¡Ánimo, pues! Manos a la obra y que el Señor sea contigo».

17David ordenó a todos los jefes de Israel que ayudasen a su hijo Salomón:

18«Bien sabéis que el Señor, vuestro Dios, está con vosotros y que os ha dado paz por todas partes. Él me entregó a los habitantes de esta tierra, sometida al Señor y a su pueblo.

19Ahora entregaos en cuerpo y alma a buscar al Señor, vuestro Dios. Disponeos a construir un santuario al Señor Dios, para trasladar al templo construido en honor del Señor el Arca de la alianza del Señor y los utensilios consagrados a Dios».

Gálatas 3

1¡Oh, insensatos Gálatas! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presentó a Cristo crucificado?

2Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

3¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar con la carne?

4¿Habéis vivido en vano tantas experiencias? Y si fuera en vano…

5Vamos a ver: el que os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

6Lo mismo que Abrahán: creyó a Dios, y le fue contado como justicia.

7Reconoced, pues, que hijos de Abrahán son los de la fe.

8En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia de que por ti serán benditas todas las naciones.

9Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel.

10En cambio, cuantos viven de las obras de la ley están bajo maldición, porque está escrito: Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el libro de la ley, cumpliéndolo.

11Que en el ámbito de la ley nadie es justificado resulta evidente, pues el justo por la fe vivirá;

12en cambio, la ley no procede de la fe, sino que quien los cumpla vivirá por ellos.

13Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo el que cuelga de un madero;

14y esto, para que la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles en Cristo Jesús, y para que recibiéramos por la fe la promesa del Espíritu.

15Hermanos, hablo desde un punto de vista humano: un testamento debidamente otorgado, aunque sea de un hombre, nadie puede anularlo ni añadirle cláusula alguna.

16Pues bien, las promesas se le hicieron a Abrahán y a su descendencia (no dice «y a los descendientes», como si fueran muchos, sino y a tu descendencia, que es Cristo).

17Lo que digo es esto: un testamento debidamente otorgado por Dios no pudo invalidarlo la ley, que apareció cuatrocientos treinta años más tarde, de modo que anulara la promesa;

18pues, si la herencia viniera en virtud de la ley, ya no dependería de la promesa; y es un hecho que a Abrahán Dios le otorgó su gracia en virtud de la promesa.

19Entonces, ¿qué decir de la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones, hasta que llegara el descendiente a quien se había hecho la promesa, y fue promulgada por ángeles a través de un mediador;

20además, el mediador no lo es de uno solo, mientras que Dios es uno solo.

21Entonces, ¿va la ley contra las promesas de Dios? Ni mucho menos. Pues si se hubiera otorgado una ley capaz de dar vida, la justicia dependería realmente de la ley.

22Pero no, la Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara por la fe en Jesucristo a los que creen.

23Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe.

24La ley fue así nuestro ayo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe;

25pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al ayo.

26Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo.

28No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa.