Lectura 119 de 365
1 Crónicas 17-19 · Gálatas 2
1 Crónicas 17
1Una vez instalado en su casa, David dijo al profeta Natán: «Mira yo vivo en una casa de cedro, mientras que el Arca de la alianza del Señor está en una tienda».
2Natán le respondió: «Haz lo que te dicte el corazón, porque Dios está contigo».
3Pero aquella noche Natán recibió esta palabra de Dios:
4«Ve a decir a mi siervo David: “Así dice el Señor: No serás tú quien me construya la Casa para habitar.
5Desde el día en que liberé a Israel hasta el día de hoy no he habitado en casa alguna, sino que he estado de tienda en tienda y de santuario en santuario.
6Mientras iba de un lugar a otro con todo Israel, ¿acaso dirigí la palabra a algún juez de Israel, a los que mandé gobernar a mi pueblo, para decirle: ¿Por qué no me construís una casa de cedro?”.
7Pues bien, di a mi siervo David: “Así dice el Señor del universo: Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.
8He estado contigo dondequiera que hayas ido, he eliminado a todos tus enemigos ante ti y voy a hacerte tan famoso como a los más famosos de la tierra.
9Dispondré un lugar para mi pueblo Israel, lo plantaré para que viva en él; ya no será perturbado, ni los malvados continuarán humillándolo, como antaño,
10como en los días en que instituí jueces sobre mi pueblo, Israel, sino que humillaré a todos tus enemigos. Te anuncio además que el Señor te edificará una casa.
11Y cuando llegue el momento de irte con tus antepasados, suscitaré a un descendiente, a uno de tus hijos, y afianzaré su reino.
12Él me edificará un templo y yo consolidaré su trono para siempre.
13Yo seré para él padre y él será para mí hijo; no le retiraré mi favor, como se lo retiré a tu predecesor.
14Lo confirmaré para siempre en mi casa y en mi reino, y su trono estará firme eternamente”».
15Natán comunicó a David toda esta visión y todas estas palabras.
16Entonces el rey David fue a presentarse ante el Señor y dijo: «¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí?
17Por si esto te parecía poco, oh Dios, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro y me miras como a un hombre distinguido, Señor Dios.
18¿Qué más podría decirte David por el honor concedido a tu siervo, si tú conoces a tu siervo?
19Señor, por el amor a tu siervo y según tu designio, has realizado esta gran proeza, revelando toda tu grandeza.
20Señor, no hay nadie como tú, ni dios alguno fuera de ti, como lo hemos oído.
21¿Y quién como tu pueblo Israel, única nación en la tierra a la que Dios fue a rescatar para hacerla suya, dándole renombre por medio de obras grandes y terribles y expulsando a las naciones ante el pueblo que rescataste de Egipto?
22Constituiste a tu pueblo, Israel, como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios.
23Ahora, pues, Señor Dios, confirma para siempre la palabra dirigida a tu siervo y a su familia, y cumple tu palabra.
24Que tu nombre permanezca y sea ensalzado por siempre de este modo: “El Señor del universo es el Dios de Israel; y la casa de tu siervo David permanezca estable en tu presencia”.
25Ya que tú, Dios mío, has revelado a tu siervo que le construirás una casa, tu siervo se ha atrevido a orar en tu presencia.
26Ahora, Señor, tú eres el Dios verdadero y has prometido a tu siervo esta dicha.
27Dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca para siempre ante ti; porque lo que tú bendices, Señor, queda bendito para siempre».
1 Crónicas 18
1Después de esto, David derrotó a los filisteos y los sometió, arrebatándoles Gat y sus poblados.
2Derrotó a Moab y los moabitas fueron siervos de David, sometidos a tributo.
3Derrotó también a Adadézer, rey de Sobá, en Jamat, cuando iba a establecer su dominio en el río Éufrates.
4David le capturó mil carros, siete mil jinetes y veinte mil soldados de infantería; y mutiló los caballos de tiro, de los que se reservó un centenar.
5Los sirios de Damasco acudieron en auxilio de Adadézer, rey de Sobá, pero David mató veintidós mil hombres
6e impuso gobernadores a los sirios de Damasco; los sirios se convirtieron en vasallos de David sometidos a tributo. El Señor dio la victoria a David en todas sus campañas.
7David recogió los escudos de oro que llevaban los servidores de Adadézer y los llevó a Jerusalén.
8En Tibjat y Cun, ciudades de Adadézer, se apoderó de una inmensa cantidad de bronce, con la que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.
9Cuando Tou, rey de Jamat, se enteró de que David había derrotado al ejército de Adadézer, rey de Sobá,
10envió a su hijo Adorán a visitar al rey David para saludarlo y felicitarlo por haber luchado contra Adadézer y haberlo vencido. (Es que Tou estaba en guerra con Adadézer). Adorán llevó objetos de oro, plata y bronce.
11El rey David consagró al Señor esos objetos junto con la plata y el oro que había tomado de todas las naciones: Edón, Moab, los amonitas, los filisteos y Amalec.
12Abisay, hijo de Seruyá, derrotó a dieciocho mil edomitas en Gue Hammélaj,
13impuso gobernadores a Edón y los edomitas fueron vasallos de David. El Señor dio la victoria a David en todas sus campañas.
14David reinó en todo Israel administrando derecho y justicia a todo el pueblo.
15Joab, hijo de Seruyá, mandaba el ejército; Josafat, hijo de Ajilub, era el heraldo;
16Sadoc, hijo de Ajitub, y Abimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; y Susá era secretario.
17Benaías, hijo de Yehoyadá mandaba a los quereteos y pelteos. Los hijos de David eran los primeros junto al rey.
1 Crónicas 19
1Después de esto, murió Najás, rey de los amonitas, y su hijo le sucedió en el trono.
2David dijo: «Trataré con benevolencia a Janún, hijo de Najás, como su padre me trató con benevolencia». Envió unos mensajeros para darle el pésame por su padre. Pero cuando los servidores de David entraron en territorio amonita para darle el pésame,
3los jefes amonitas dijeron a Janún: «¿Crees que David ha enviado a los que te dan el pésame para mostrarte su estima por tu padre? ¿No habrán venido sus servidores a examinar, explorar y destruir el país?».
4Entonces Janún prendió a los servidores de David, mandó que los raparan, que les cortaran la ropa por la mitad, hasta las nalgas, y los despidió.
5Cuando se lo comunicaron a David, envió gente al encuentro de aquellos hombres, que venían totalmente avergonzados. El rey les dijo: «Quedaos en Jericó hasta que crezca vuestra barba y podáis volver».
6Cuando los amonitas se dieron cuenta de que se habían hecho odiosos a David, Janún y los amonitas enviaron treinta mil kilos de plata a Arán Naharáin, a Maacá y a Sobá para contratar carros y jinetes.
7Contrataron treinta y dos mil carros y al rey de Maacá con su ejército, que vinieron a acampar frente a Mádaba. Los amonitas se reunieron en sus ciudades y salieron a la guerra.
8Al enterarse David, mandó a Joab con todo el ejército y sus guerreros.
9Los amonitas salieron y formaron en orden de batalla a la entrada de la ciudad, mientras los reyes que habían venido se quedaron aparte en el campo.
10Cuando Joab advirtió que tenía un frente de batalla por delante y otro por detrás, escogió a los mejores de Israel y los formó frente a los sirios.
11A la tropa restante la formó frente a los amonitas, al mando de su hermano Abisay,
12con esta consigna: «Si los sirios me pueden, ven en mi ayuda, y si los amonitas te pueden, iré en tu ayuda.
13¡Ánimo! Esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, el Señor; y que el Señor haga lo que bien le parezca».
14Entonces Joab y su tropa se lanzaron al combate contra los sirios, que huyeron ante él.
15Los amonitas, al ver que los sirios huían, huyeron también ante Abisay, el hermano de Joab, y se metieron en la ciudad. Joab volvió a Jerusalén.
16Al verse derrotados por Israel, los sirios enviaron mensajeros para movilizar a los sirios de allende el Río. Sofac, jefe del ejército de Adadézer, iba al frente de ellos.
17Cuando informaron a David, reunió a todo Israel, atravesó el Jordán, llegó adonde estaban, tomó posiciones, se puso en orden de combate y entabló batalla contra los sirios.
18Estos huyeron ante los israelitas. David mató siete mil aurigas y cuarenta mil soldados de infantería. Mató también a Sofac, jefe del ejército.
19Los vasallos de Adadézer, viéndose derrotados por Israel, hicieron las paces con David y se le sometieron. Los sirios no quisieron ayudar nunca más a los amonitas.
Gálatas 2
1Después, transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito.
2Subí por una revelación. Y les expuse el Evangelio que predico entre los gentiles, aunque en privado, a los más cualificados, no fuera que caminara o hubiera caminado en vano.
3Sin embargo, ni siquiera obligaron a circuncidarse a Tito, que estaba conmigo y es griego.
4Di este paso por motivo de esos intrusos, esos falsos hermanos que se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y esclavizarnos.
5Pero ni por un momento cedimos a su imposición, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio.
6En cambio, de parte de los más cualificados (lo que fueran o dejaran de ser entonces no me interesa, que Dios no tiene acepción de personas), los más representativos no me añadieron nada nuevo;
7todo lo contrario, vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos,
8pues el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles;
9además, reconociendo la gracia que me ha sido otorgada, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a Bernabé y a mí, de modo que nosotros nos dirigiéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos.
10Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir.
11Ahora bien, cuando llegó Cefas a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible.
12En efecto, antes de que llegaran algunos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquellos, se fue retirando y apartando por miedo a los de la circuncisión.
13Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.
14Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?
15Nosotros somos judíos de nacimiento, no pecadores de entre los gentiles.
16Pero, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley. Pues por las obras de la ley no será justificado nadie.
17Ahora bien, si buscando ser justificados en Cristo, resultamos también nosotros pecadores, ¿entonces qué?, ¿será Cristo un servidor del pecado? Ni mucho menos;
18pues si vuelvo a construir lo que había demolido, demuestro que soy un trasgresor.
19Pues yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo;
20vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.
21No anulo la gracia de Dios; pero si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano.