Lectura 11 de 365
Génesis 31-33 · Mateo 21-22
Génesis 31
1Jacob oyó que los hijos de Labán decían: «Jacob se ha apoderado de todo lo de nuestro padre y a costa de nuestro padre ha hecho toda esa fortuna».
2Jacob observó el gesto de Labán y vio que ya no se portaba con él como antes.
3El Señor dijo a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres, donde naciste, y yo estaré contigo».
4Entonces Jacob hizo venir a Raquel y Lía al campo de los rebaños
5y les dijo: «Vengo observando el gesto de vuestro padre y ya no se porta conmigo como antes, pero el Dios de mi padre está conmigo.
6Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con toda mi fuerza;
7pero vuestro padre me ha engañado y me ha cambiado diez veces el salario, aunque Dios no le ha permitido perjudicarme.
8Si él decía: “Las reses manchadas serán tu salario”, todo el rebaño paría crías manchadas; y si decía: “Las reses rayadas serán tu salario”, todo el rebaño paría crías rayadas.
9Así Dios le ha quitado el rebaño a vuestro padre y me lo ha dado a mí.
10Una vez, durante el tiempo en que se aparea el ganado, vi en sueños que todos los machos que se apareaban eran rayados, moteados y manchados.
11El ángel de Dios me llamó en sueños: “Jacob”; yo respondí: “Aquí estoy”.
12Él dijo: “Alza la vista y verás que todos los machos que se aparean son rayados, moteados y manchados; es que yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.
13Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela y me hiciste un voto. Ahora levántate, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra nativa”».
14Raquel y Lía respondieron: «¿Tenemos aún parte o herencia en la casa de nuestro padre?
15¿No nos trata como a extranjeras? Nos ha vendido y ha gastado nuestro dinero.
16En realidad, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre era nuestra y de nuestros hijos. Por tanto, haz todo lo que Dios te ha dicho».
17Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos,
18y se llevó todo su ganado y todas las posesiones que había adquirido —el ganado de su propiedad que había adquirido en Padán Arán— y se dirigió a la casa de su padre Isaac, en tierra de Canaán.
19Labán había ido a esquilar el ganado y Raquel robó los amuletos de su padre
20Jacob había embaucado a Labán el arameo, encubriéndole su intención de huir.
21Así que huyó con todas sus pertenencias y cruzó el río en dirección a la montaña de Galaad.
22Al tercer día comunicaron a Labán que Jacob había huido.
23Él tomó a sus parientes consigo y le persiguió durante siete jornadas, hasta que le dio alcance en las montaña de Galaad.
24Pero aquella noche Dios se le apareció a Labán el arameo en sueños y le dijo: «Guárdate de hablar nada con Jacob, ni bueno ni malo».
25Labán alcanzó a Jacob, cuando este había plantado su tienda en la montaña; y Labán plantó sus tiendas en la montaña de Galaad.
26Labán dijo a Jacob: «¿Qué has hecho? ¿Por qué me has embaucado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra?
27¿Por qué has huido furtivamente, y me engañaste, sin decirme nada? Yo te habría despedido con alegría y con cánticos, con panderetas y cítaras.
28Ni siquiera me dejaste dar un beso a mis hijas y a mis nietos. Te has portado neciamente.
29En mi poder está haceros daño, pero el Dios de tu padre me dijo anoche: “Cuídate de meterte con Jacob en cualquier sentido”.
30Ahora bien, si te has marchado porque añorabas la casa paterna, ¿por qué me has robado a mis dioses?».
31Jacob respondió a Labán: «Tuve miedo, pues pensé que podías quitarme a tus hijas.
32Eso sí, aquel a quien le encuentres tus dioses no quedará con vida. En presencia de nuestros parientes, registra lo que yo tengo y toma lo tuyo». Jacob no sabía que Raquel se los había robado.
33Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos criadas, y no encontró nada. Salió de la tienda de Lía y entró en la de Raquel.
34Entretanto, Raquel había tomado los amuletos, los había colocado en la silla del camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda, sin encontrar nada.
35Ella dijo a su padre: «No tome a mal mi señor el que no pueda levantarme en su presencia, pues me ha venido el período de las mujeres». Y así, aunque él buscó, no encontró los amuletos.
36Entonces Jacob se irritó y comenzó a discutir con Labán. Dijo Jacob a Labán: «¿Qué crimen he cometido o cuál es mi culpa para que me acoses así?
37Has registrado todas mis cosas, ¿qué has encontrado que pertenezca a tu casa? Ponlo aquí ante mis parientes y los tuyos, y ellos nos juzgarán a los dos.
38Hace veinte años que estoy contigo: tus ovejas y tus cabras no han abortado, y no he comido los carneros de tu rebaño.
39Nunca te traje una res despedazada; yo mismo la restituía. Me reclamabas lo robado de día y lo robado de noche.
40Durante el día me devoraba el calor y por la noche el frío; y no conciliaba el sueño.
41De los veinte años que he pasado en tu casa, catorce te he servido por tus dos hijas y otros seis por tu ganado; y tú has cambiado mi salario diez veces.
42Si el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán y el Protector de Isaac no hubiera estado conmigo, me habrías despedido con las manos vacías. Pero Dios se fijó en mi aflicción y fatiga y me ha hecho justicia anoche».
43Labán respondió a Jacob: «Estas hijas son mis hijas, y estos hijos son mis hijos; mío es el rebaño, y todo lo que ves es mío. ¿Qué puedo hacer hoy por estas hijas mías y por los hijos que ellas dieron a luz?
44Ahora ven, hagamos una alianza tú y yo, que sirva de testimonio entre los dos».
45Jacob entonces tomó una piedra y la erigió como estela.
46Luego dijo Jacob a sus parientes: «Recoged piedras». Ellos recogieron piedras, hicieron un montón y comieron sobre él.
47Labán lo llamó Yegar Saadutá y Jacob lo llamó Galaad.
48Labán dijo: «Este montón es hoy testimonio entre tú y yo». Por eso lo llamó Galaad.
49También lo llamó Mispá, pues dijo: «Que el Señor vele entre tú y yo cuando nos hayamos separado el uno del otro.
50Si maltratas a mis hijas o tomas otras mujeres aparte de mis hijas, aunque nadie lo vea, Dios será testigo entre tú y yo».
51Dijo además Labán a Jacob: «Mira este montón y esta estela que he erigido entre tú y yo:
52testigo sea este montón y testigo esta estela de que yo no traspasaré este montón hacia ti, ni tú traspasarás este montón ni esta estela hacia mí, con intenciones hostiles.
53Que el Dios de Abrahán y el Dios de Najor (Dios de sus padres) juzgue entre nosotros». Y Jacob juró por el Protector de Isaac, su padre.
54Luego Jacob ofreció un sacrificio en la montaña e invitó a sus parientes a comer. Comieron y pasaron la noche en la montaña.
Génesis 32
1A la mañana siguiente, Labán madrugó, besó a sus nietos y a sus hijas y los bendijo. Después se volvió a su casa.
2Jacob siguió su camino y se encontró con unos ángeles de Dios.
3Al verlos, dijo: «Este es el campamento de Dios». Y llamó aquel lugar Majanáin.
4Jacob envió mensajeros por delante a su hermano Esaú, a la tierra de Seír, al campo de Edón,
5con este mensaje: «Decid a mi señor Esaú: “Esto dice tu siervo Jacob: He estado viviendo con Labán, deteniéndome allí hasta ahora.
6Tengo bueyes, asnos, ovejas, siervos y siervas; he enviado a informar a mi señor, para obtener su favor”».
7Los mensajeros volvieron a Jacob y le dijeron: «Hemos ido adonde tu hermano Esaú y él mismo viene a tu encuentro con cuatrocientos hombres».
8Jacob sintió mucho miedo y angustia, y dividió en dos campamentos su gente, sus ovejas, vacas y camellos,
9pues pensó: «Si Esaú llega a un campamento y lo destruye, se salvará el otro».
10Luego dijo Jacob: «Dios de mi padre Abrahán y Dios de mi padre Isaac, Señor que me dijiste: “Vuelve a tu tierra nativa que yo seré bueno contigo”;
11no merezco los favores ni la lealtad con que has tratado a tu siervo, pues con un bastón crucé este Jordán y ahora vuelvo con dos campamentos.
12Líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, pues temo que venga y mate a las madres con los hijos.
13Pues tú me dijiste: “Yo seré muy bueno contigo, haré tu descendencia como la arena del mar, tan numerosa que no se puede contar”».
14Y paso alli la noche . Después, de lo que tenía a mano, escogió un regalo para su hermano Esaú:
15doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros,
16treinta camellas de leche con sus crías, cuarenta vacas y diez bueyes, veinte asnas y diez asnos.
17Y se los confió a sus criados, cada rebaño por separado, y les dijo: «Id delante de mí, dejando un espacio entre cada rebaño».
18Al primero le dio esta orden: «Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte: “¿De quién eres, a dónde vas, para quién es eso que llevas?”,
19responderás: “Es de tu siervo Jacob, un regalo que envía a mi señor Esaú; y él viene también detrás de nosotros”».
20Al segundo, al tercero y a todos los que llevaban los rebaños, les dio esta orden: «En los mismos términos hablaréis a Esaú cuando lo encontréis.
21Aseguraos de decirle: “Mira, también tu siervo Jacob viene detrás de nosotros”». Pues pensaba: «Le calmaré con el regalo que va por delante y luego le veré; quizá me ponga buena cara».
22Mandó, pues, el regalo por delante y él pasó aquella noche en el campamento.
23Todavía de noche se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos criadas y los once hijos, y cruzó el vado de Yaboc.
24Después de tomarlos y hacerles pasar el torrente, hizo pasar cuanto poseía.
25Y Jacob se quedó solo. Un hombre luchó con él hasta la aurora.
26Y viendo que no podía a Jacob, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.
27El hombre le dijo: «Suéltame, que llega la aurora». Jacob respondió: «No te soltaré hasta que me bendigas».
28Él le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Contestó: «Jacob».
29Le replicó: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».
30Jacob, a su vez, preguntó: «Dime tu nombre». Respondió: «¿Por qué me preguntas mi nombre?». Y le bendijo.
31Jacob llamó aquel lugar Penuel, pues se dijo: «He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo».
32Cuando atravesaba Penuel, salía el sol y él iba cojeando del muslo.
33Por eso los hijos de Israel hasta hoy no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.
Génesis 33
1Cuando Jacob alzó la vista y vio a Esaú que venía acompañado de cuatrocientos hombres, repartió los niños entre Lía, Raquel y las dos criadas.
2Puso en cabeza a las criadas con sus hijos, detrás a Lía con los suyos, y por fin a Raquel con José.
3Él pasó delante de ellos y se postró en tierra siete veces hasta llegar donde su hermano.
4Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello y lo besó llorando.
5Después alzó Esaú los ojos y, viendo a las mujeres y a los niños, preguntó: «¿Quiénes son estos?». Respondió: «Son los hijos que Dios ha concedido a tu siervo».
6Se acercaron las criadas con sus hijos y se postraron.
7Después se acercó Lía con sus hijos y se postró. Finalmente se acercaron José y Raquel, y se postraron.
8Volvió a preguntar: «¿Qué pretendes con toda esa caravana que he ido encontrando?». Contestó: «Es para obtener el favor de mi señor».
9Esaú respondió: «Yo tengo bastante, hermano mío, quédate con lo tuyo».
10Pero Jacob replicó: «No, te lo ruego; si he obtenido tu favor, acepta este regalo de mi mano, pues he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios y me has acogido benévolamente.
11Acepta este regalo que te he traído, pues Dios me ha favorecido y tengo de todo». Y, como insistía, lo aceptó.
12Luego dijo Esaú: «Pongámonos en marcha, y yo iré a tu lado».
13Pero Jacob le replicó: «Mi señor sabe que los niños son débiles y que las ovejas y las vacas están criando; si les fuerzo una jornada, perecerá todo el ganado.
14Pase mi señor delante de su siervo, y yo caminaré despacio detrás de la caravana que me precede y detrás de mis hijos, hasta alcanzar a mi señor en Seír».
15Esaú contestó: «Al menos dejaré contigo una parte de mi gente». «¿Para qué —respondió Jacob— si he obtenido el favor de mi señor?».
16Así, Esaú regresó a Seír aquel día,
17mientras Jacob marchó a Sucot, donde se construyó una casa e hizo establos para el ganado. Por eso se llama aquel lugar Sucot.
18Jacob llegó sano y salvo a Siquén, en tierra de Canaán, proveniente de Padán Arán, y acampó frente a la ciudad.
19La parcela de terreno donde había plantado su tienda se la compró después a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien monedas.
20Allí erigió un altar y lo llamó «El, Dios de Israel».
Mateo 21
1Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos
2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis.
3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
4Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”».
6Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:
7trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó.
8La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
9Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?».
11La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
12Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
13Y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos”».
14Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los curó.
15Pero los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron
16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Y Jesús les respondió: «Sí; ¿no habéis leído nunca: “De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza”?».
17Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
18De mañana, camino de la ciudad, tuvo hambre.
19Viendo una higuera junto al camino se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas y le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!». E inmediatamente se secó la higuera.
20Al verlo los discípulos se admiraron y decían: «¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?».
21Jesús les dijo: «En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría.
22Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis».
23Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
24Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto.
25El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”.
26Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».
27Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.
28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.
29Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.
32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”.
38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.
39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
44Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará».
45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
46Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
Mateo 22
1Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo:
2«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;
3mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.
4Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
5Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios,
6los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
8Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.
9Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
11Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta
12y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
13Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
15Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
16Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias.
17Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
18Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
19Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario.
20Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
21Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
22Al oírlo se maravillaron y dejándolo se fueron.
23En aquella ocasión se le acercaron unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
24«Maestro, Moisés mandó que cuando uno muere sin hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia a su hermano.
25Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó, murió sin hijos y dejó su mujer a su hermano.
26Lo mismo pasó con el segundo y con el tercero hasta el séptimo.
27Después de todos murió la mujer.
28Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
29Les contestó Jesús: «Estáis equivocados porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios.
30Cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres tomarán esposo; serán como ángeles en el cielo.
31Y a propósito de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os dice Dios:
32“Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos».
33Al oírlo la gente se admiraba de su enseñanza.
34Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar
35y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
36«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
37Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
38Este mandamiento es el principal y primero.
39El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
40En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
41Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús una cuestión:
42«¿Qué pensáis acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Le respondieron: «De David».
43Él les dijo: «¿Cómo entonces David, movido por el Espíritu, lo llama Señor diciendo:
44“Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?
45Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
46Y ninguno pudo responderle nada ni se atrevió nadie en adelante a plantearle más cuestiones.