Lectura 12 de 365
Génesis 34-36 · Mateo 23-24
Génesis 34
1Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió a visitar a las mujeres del país.
2Cuando la vio Siquén, hijo de Jamor el heveo, jefe del país, la agarró, se acostó con ella y la violó.
3Pero llegó a sentir tal afecto por Dina, hija de Jacob, que se enamoró de la muchacha y trató de conquistar su corazón.
4Siquén dijo a su padre Jamor: «Tómame esa muchacha por mujer».
5Jacob oyó que su hija Dina había sido deshonrada. Pero como sus hijos estaban en el campo con el ganado, Jacob se calló hasta que volvieran.
6Entretanto, Jamor, padre de Siquén, salió para hablar con Jacob.
7Cuando, de vuelta del campo, se enteraron los hijos de Jacob, se indignaron y se enfurecieron por la ofensa hecha a Israel acostándose con la hija de Jacob, algo que no debía hacerse.
8Jamor les dijo: «Mi hijo Siquén se ha enamorado de vuestra hija. Por favor, dádsela por mujer.
9Emparentad con nosotros: dadnos vuestras hijas y tomaos las nuestras.
10Así podréis vivir con nosotros. La tierra está a vuestra disposición: estableceos en ella, comerciad y adquirid posesiones».
11Siquén dijo al padre y a los hermanos de Dina: «Si he obtenido vuestro favor, os daré lo que me digáis.
12Pedidme una dote alta, y os pagaré lo que me digáis, con tal de que me deis la muchacha en matrimonio».
13Los hijos de Jacob respondieron a Siquén y a su padre Jamor con engaño, porque su hermana Dina había sido deshonrada;
14les dijeron: «No podemos hacer una cosa así, dar nuestra hermana a un incircunciso, pues sería una afrenta para nosotros.
15Solo aceptamos con esta condición: que seáis como nosotros, circuncidando a todos vuestros varones.
16Entonces os daremos nuestras hijas y tomaremos las vuestras, habitaremos con vosotros y seremos un solo pueblo.
17Pero si no queréis circuncidaros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos».
18Parecieron bien sus palabras a Jamor y a Siquén, hijo de Jamor,
19y no tardó el muchacho en realizarlo, porque estaba enamorado de la hija de Jacob y él era el más respetado en la casa de su padre.
20Fueron, pues, Jamor y su hijo Siquén a la puerta de la ciudad, y hablaron así a sus conciudadanos:
21«Estos hombres son pacíficos con nosotros; que habiten en nuestra tierra y comercien en ella, pues la tierra es suficientemente espaciosa para ellos. Tomaremos sus hijas por mujeres y les daremos las nuestras.
22Pero solo aceptan habitar con nosotros y ser un solo pueblo con esta condición: que circuncidemos a todos los varones, como ellos están circuncidados.
23¿No serán así nuestros sus ganados, su hacienda y todos sus animales? Asintamos y habiten con nosotros».
24Todos los que salían por la puerta de la ciudad asintieron a la propuesta de Jamor y de su hijo Siquén. Y fueron circuncidados todos los varones que salían por la puerta de la ciudad.
25Al tercer día, cuando estaban convaleciendo, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron su espada, entraron sin resistencia en la ciudad y mataron a todos los varones.
26Mataron también a espada a Jamor y a su hijo Siquén; luego sacaron a Dina de casa de Siquén; y salieron.
27Los hijos de Jacob cayeron sobre los muertos y saquearon la ciudad, por haber sido deshonrada su hermana.
28Se apoderaron de sus ovejas, bueyes y asnos, y de todo lo que había en la ciudad y en el campo.
29Se llevaron toda su fortuna, sus niños y sus mujeres, y saquearon cuanto había en las casas.
30Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Me habéis metido en un apuro, haciéndome odioso a los habitantes del país, los cananeos y los perizitas. Yo tengo poca gente; si se reúnen contra mí y me atacan, me destruirán a mí y a mi familia».
31Pero ellos replicaron: «¿Y debería nuestra hermana haber sido tratada como una prostituta?».
Génesis 35
1Dios dijo a Jacob: «Anda, sube a Betel y establécete allí. Construye allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú».
2Jacob dijo a toda su familia y a toda su gente: «Retirad los dioses extranjeros que tengáis, purificaos y cambiaos de ropa.
3Subamos a Betel, donde construiré un altar al Dios que me escuchó en el peligro y me acompañó en mi viaje».
4Ellos entregaron a Jacob los dioses extranjeros que tenían y los pendientes que llevaban. Jacob los enterró bajo la encina que hay junto a Siquén.
5Entonces cayó un terror de Dios sobre las ciudades de la comarca, de modo que no persiguieron a los hijos de Jacob.
6Jacob con toda su gente llegó a Luz —que hoy es Betel—, en tierra de Canaán.
7Allí construyó un altar y llamó al lugar «El Betel», porque allí se le había revelado Dios, mientras huía de su hermano.
8Por entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue enterrada junto a Betel, bajo la encina; por eso se le puso el nombre de «Encina del llanto».
9Dios se apareció de nuevo a Jacob, a su llegada de Padán Arán, y le bendijo.
10Luego Dios le dijo: «Tu nombre es Jacob. Ya no se te llamará Jacob; tu nombre será Israel». Y lo llamó Israel.
11Dios añadió: «Yo soy Dios todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate: un pueblo, una muchedumbre de pueblos nacerá de ti, y saldrán reyes de tus entrañas.
12Te daré la tierra que di a Abrahán y a Isaac; y se la daré también a tus descendientes».
13Entonces Dios se separó de él, en el lugar donde había hablado con él.
14Jacob erigió una estela de piedra en el lugar donde Dios había hablado con él, derramó sobre ella una libación y la ungió con aceite.
15Y Jacob llamó Betel a aquel lugar donde Dios había hablado con él.
16Después marcharon de Betel y, estando todavía a cierta distancia de Efratá, Raquel dio a luz; su parto fue muy doloroso.
17Cuando le apretaban los dolores del parto, la comadrona le dijo: «No tengas miedo, pues también este es un niño».
18A punto de expirar —pues se estaba muriendo— lo llamó Benoní, pero su padre lo llamó Benjamín.
19Murió Raquel y la enterraron en el camino de Efratá, hoy Belén.
20Jacob erigió una estela sobre su sepulcro, la misma estela que aún está en el sepulcro de Raquel.
21Israel se marchó y plantó su tienda más allá de Migdal Eder.
22Durante la estancia de Israel en esta región, Rubén fue y se acostó con Bilá, concubina de su padre, e Israel se enteró. Los hijos de Jacob fueron doce.
23Hijos de Lía: Rubén, primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
24Hijos de Raquel: José y Benjamín.
25Hijos de Bilá, criada de Raquel: Dan y Neftalí.
26E hijos de Zilfá, criada de Lía: Gad y Aser. Estos son los hijos de Jacob nacidos en Padán Arán.
27Jacob volvió a casa de su padre Isaac, a Mambré, en Quiriat Arbá, hoy Hebrón, donde habían residido Abrahán e Isaac.
28Isaac vivió ciento ochenta años.
29Isaac murió anciano y colmado de años; y se reunió con sus antepasados. Lo enterraron sus hijos Esaú y Jacob.
Génesis 36
1Estos son los descendientes de Esaú, o sea Edón.
2Esaú tomó a sus mujeres de entre las cananeas: Ada, hija de Elón, el hitita; Olibama, hija de Aná, hijo del heveo Sibeón,
3y Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebayot.
4Ada dio a Esaú Elifaz; Basemat a Reuel
5y Olibama a Yeus, Yalán y Córaj. Tales son los hijos de Esaú, nacidos en la tierra de Canaán.
6Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos, a sus hijas, y a todas las personas de su casa, sus rebaños, todos sus animales y todos los bienes que había adquirido en la tierra de Canaán y se fue a la tierra de Seír, lejos de su hermano Jacob,
7pues tenían demasiadas posesiones para vivir juntos; y la tierra donde residían no podía mantenerlos a causa de sus numerosos rebaños.
8Esaú se estableció en la montaña de Seír (Esaú es Edón).
9Estos son los descendientes de Esaú, padre de los edomitas, en la montaña de Seír.
10Los nombres de los hijos de Esaú son estos: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú.
11Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefo, Gatán y Quenaz.
12Elifaz, hijo de Esaú, tenía también una concubina, Timna, que le dio a Amalec. Tales son los descendientes de Ada, mujer de Esaú.
13Los hijos de Reuel son estos: Najat, Zeraj, Sama y Miza. Tales fueron los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
14Estos fueron los hijos de Olibama, mujer de Esaú, hija de Aná, hijo de Sibeón, que le dio a Esaú: Yeus, Yalán y Córaj.
15Los jefes de los hijos de Esaú fueron los siguientes. Hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: los jefes de Temán, Omar, Sefo, Quenaz,
16Córaj, Gatán y Amalec. Tales son los jefes de Elifaz, en la tierra de Edón; estos son los hijos de Ada.
17Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, son estos: los jefes Najat, Zeraj, Sama y Miza. Estos son los jefes de Reuel, en la tierra de Edón; estos son los descendientes de Basemat, mujer de Esaú.
18Los hijos de Olibama, mujer de Esaú, son estos: los jefes de Yeus, Yalán y Córaj; estos son los jefes de la mujer de Esaú, Olibama, hija de Aná.
19Tales son los descendientes de Esaú, o sea Edón, y estos son sus jefes.
20Los hijos de Seír, el jorita, habitantes del país, fueron estos: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná,
21Disón, Eser y Disán; estos son los jefes de los joritas, hijos de Seír, en la tierra de Edón.
22Los hijos de Lotán fueron Jorí y Emán; y la hermana de Lotán era Timna.
23Los hijos de Sobal fueron Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onán.
24Los hijos de Sibeón fueron Ayá y Aná; este Aná es el que encontró agua en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Sibeón.
25Los hijos de Aná fueron Disón y Olibama, hija de Aná.
26Los hijos de Disón fueron Jemdán, Esbán, Yitrán y Querán.
27Los hijos de Eser fueron Bilán, Zaaván y Acán.
28Los hijos de Disán fueron Uz y Arán.
29Los jefes de los joritas fueron estos: los jefes Lotán, Sobal, Sibeón, Aná,
30Disón, Eser y Disán. Tales son los jefes de los joritas, por clanes, en la tierra de Seír.
31Los reyes que reinaron en la tierra de Edón, antes de que los hijos de Israel tuvieran rey, fueron estos.
32En Edón reinó Bela, hijo de Beor; su ciudad se llamaba Dinaba.
33Cuando murió Bela, le sucedió en el trono Yobab, hijo de Zeraj, de Bosra.
34A la muerte de Yobab, le sucedió en el trono Jusán, de la tierra de los temanitas.
35Cuando murió Jusán, le sucedió en el trono Adad, hijo de Bedad, que derrotó a los madianitas en el campo de Moab; su ciudad se llamaba Avit.
36A la muerte de Adad, le sucedió en el trono Samla de Masreca.
37Cuando murió Samla, le sucedió en el trono Saúl, de Rejobot del Río.
38A la muerte de Saúl, le sucedió en el trono Baaljanán, hijo de Acbor.
39Y a la muerte de Baaljanán, hijo de Acbor, le sucedió en el trono Adar; su ciudad se llamaba Pau y su mujer Metabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
40Estos son los nombres de los jefes de Esaú, por grupos, localidades y nombres: Timna, Alva, Yetet,
41Olibama, Ela, Pinón,
42Quenaz, Temán, Mibsar,
43Magdiel e Irán. Estos son los jefes de Edón, según los territorios propios en que habitan. Esaú es el padre de los edomitas.
Mateo 23
1Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos,
2diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos:
3haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
4Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
5Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto;
6les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas;
7que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí.
8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
10No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
11El primero entre vosotros será vuestro servidor.
12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
13«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
14[¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.]
15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros!
16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”!
17¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?
18O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”.
19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda?
20Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él;
21quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él;
22y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.
23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
24¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello!
25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!
26¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.
27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre;
28lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos,
30diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”!
31Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
32¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
33¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna?
34Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad.
35Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.
36En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación».
37«¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados, cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas, y no habéis querido.
38Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta.
39Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
Mateo 24
1Cuando salió Jesús del templo y caminaba, se le acercaron sus discípulos, que le señalaron las edificaciones del templo,
2y él les dijo: «¿Veis todo esto? En verdad os digo que será destruido sin que quede allí piedra sobre piedra».
3Estaba sentado en el monte de los Olivos y se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: «¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?».
4Jesús les respondió y dijo: «Estad atentos a que nadie os engañe,
5porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a muchos.
6Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final.
7Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares;
8todo esto será el comienzo de los dolores.
9Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos.
10Entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán mutuamente, y se odiarán unos a otros.
11Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente,
12y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría;
13pero el que persevere hasta el final se salvará.
14Y se anunciará el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin.
15Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee que entienda),
16entonces los que vivan en Judea huyan a los montes,
17el que esté en la azotea no baje a recoger nada en casa
18y el que esté en el campo no vuelva a recoger el manto.
19¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!
20Orad para que la huida no suceda en invierno o en sábado.
21Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber.
22Y si no se acortan aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.
23Y si alguno entonces os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis,
24porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos.
25Os he prevenido.
26Si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “En los aposentos”, no les creáis.
27Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres.
29Inmediatamente después de la angustia de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán.
30Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31Enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta y reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo al otro del cielo.
32Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca;
33pues cuando veáis todas estas cosas, sabed que él está cerca, a la puerta.
34En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
36En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre.
37Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
38En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca;
39y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
40dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán;
41dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
42Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
43Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
44Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
45¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?
46Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así.
47En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes.
48Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”,
49y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos,
50el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo
51y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.