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Lectura 109 de 365

2 Reyes 12-14 · 2 Corintios 5

Letra: Normal

2 Reyes 12

1Joás tenía siete años cuando subió al trono.

2Inició su reinado el año séptimo de Jehú y reinó en Jerusalén durante cuarenta años. El nombre de su madre era Sibía de Berseba.

3Joás hizo lo recto a los ojos del Señor a lo largo de su vida, siguiendo la instrucción del sacerdote Yehoyadá.

4Sin embargo, los lugares de culto no fueron removidos y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los santuarios.

5Joás ordenó a los sacerdotes: «Todo el dinero de las ofrendas sagradas que aporten al templo del Señor los transeúntes, las ofrendas personales y todo el dinero que cada cual aporte al templo espontánea y voluntariamente, recíbanlo los sacerdotes mediante sus allegados.

6Con ello proveerán las reparaciones del templo, para todo desperfecto que en él se encuentre».

7Sin embargo, los sacerdotes no habían procedido todavía a la reparación del templo el año veintitrés del rey Joás.

8Llamó entonces el rey Joás a Yehoyadá y a los demás sacerdotes y les dijo: «¿Por qué no habéis procedido a la reparación del templo? A partir de ahora, no recojáis ya el dinero de vuestros benefactores, sino entregadlo para la reparación del templo».

9Los sacerdotes convinieron no recoger dinero del pueblo y no hacer reparaciones en el templo.

10El sacerdote Yehoyadá tomó un cofre e hizo una ranura en la tapa. Lo colocó junto al altar, al lado derecho según se entra en el templo del Señor. Los sacerdotes que custodiaban el umbral depositaban en él todo el dinero ofrecido al templo.

11Cuando veían que se llenaba el cofre, el secretario real y el sumo sacerdote subían, lo depositaban en bolsas y contaban el dinero acumulado en el templo del Señor.

12Una vez pesado, lo entregaban en manos de los capataces encargados del templo del Señor, quienes por su parte lo destinaban a pagar a los carpinteros y constructores que trabajaban en el templo del Señor,

13a los albañiles y canteros, así como a comprar la madera y piedra de cantería requeridas para la reparación del edificio, cubriendo todos los gastos necesarios para la restauración.

14Sin embargo, el dinero ofrecido al templo del Señor no se empleaba para hacer cuchillos, acetres, trompetas, fuentes de plata, ni otros objetos de oro o de plata,

15sino que los ya existentes eran entregados a los capataces para la reparación del templo del Señor.

16Tampoco se pedían cuentas a los hombres en cuyas manos se confiaba el dinero para el pago de los trabajadores, pues actuaban con honestidad.

17Y el dinero de las ofrendas por el pecado y el de las ofrendas de expiación no era depositado en el templo del Señor, sino que se destinaba a los sacerdotes.

18Por entonces Jazael, rey de Siria, emprendió una campaña para atacar contra Gat y la capturó; luego se dirigió contra Jerusalén.

19Joás, rey de Judá, tomó todos los objetos sagrados que sus padres Josafat, Jorán y Ocozías, reyes de Judá, habían consagrado; todos los que él mismo había consagrado, así como todo el oro que se hallaba en los tesoros del templo del Señor y en el palacio real, y los envió a Jazael, rey de Siria, quien suspendió de inmediato el ataque a Jerusalén.

20El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Judá?

21Sus cortesanos promovieron un alzamiento y una conspiración y asesinaron a Joás en Bet Miló, en la bajada a Silla.

22Quienes lo asesinaron fueron Jozacar, hijo de Simat, y Jozabad, hijo de Somer. Murió y lo enterraron con sus padres en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Amasías.

2 Reyes 13

1El año veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, inició su reinado sobre Israel, en Samaría, Joacaz, hijo de Jehú, que reinó diecisiete años.

2Hizo el mal a los ojos del Señor, siguiendo los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel, sin retractarse de ellos.

3Descargó entonces el Señor su ira contra Israel y durante aquel tiempo lo entregó en manos de Jazael, rey de Siria, y de Ben Hadad, hijo de Jazael.

4Pero Joacaz suplicó ante el Señor y el Señor le escuchó, porque había visto la tiranía y represión del rey de Siria sobre Israel.

5Entonces el Señor concedió a Israel un libertador que los sacó de la opresión de Siria y los hijos de Israel habitaron en sus casas como anteriormente.

6Sin embargo, no se retractaron de los pecados que Jeroboán había hecho cometer a Israel, persistiendo en ellos, pues hasta la estela permaneció erigida en Samaría.

7En realidad Joacaz había quedado con un ejército de tan solo cincuenta jinetes, diez carros y diez mil infantes, ya que los demás perecieron a manos del rey de Siria, quien los pisoteó como polvo bajo sus pies.

8El resto de los hechos de Joacaz, cuanto hizo y sus éxitos militares, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?

9Se durmió Joacaz con sus padres y lo enterraron en Samaría. Le sucedió en el trono su hijo Joás.

10El año treinta y siete de Joás, rey de Judá, inició su reinado sobre Israel, en Samaría, Joás, hijo de Joacaz, que reinó dieciséis años.

11Hizo el mal a los ojos del Señor, no retractándose de ninguno de los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel, sino que persistió en ellos.

12El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus éxitos militares y guerras contra Amasías, rey de Judá, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?

13Joás se durmió con sus padres y Jeroboán ocupó su trono. Joás fue enterrado en Samaría, junto a los reyes de Israel.

14Eliseo enfermó de la enfermedad de que había de morir. Joás, rey de Israel, bajó para verle y lloró sobre él diciendo: «¡Padre mío, padre mío!, ¡carros y caballería de Israel!».

15Eliseo le dijo: «Toma un arco y flechas», y él tomó un arco y las flechas.

16Dijo al rey de Israel: «Pon tu mano en el arco». Puso él su mano en el arco y Eliseo puso las suyas sobre las manos del rey;

17y dijo: «Abre la ventana que mira a Oriente», y él la abrió. Eliseo ordenó: «¡Dispara!», y él disparó. «¡Flecha de victoria del Señor! ¡Flecha de victoria contra Siria! Derrotarás por completo a Siria en Afeq», exclamó Eliseo.

18Luego añadió: «Toma las flechas». Él las tomó y Eliseo ordenó al rey de Israel: «Golpea la tierra con ellas». Él golpeó tres veces pero se detuvo.

19Entonces el hombre de Dios se irritó con él y le dijo: «¡Si hubieras golpeado cinco o seis veces, habrías derrotado por completo a Siria! Pero ahora derrotarás a Siria solo tres veces».

20Eliseo murió y lo enterraron. Bandas de moabitas penetraban en el país al inicio de cada año.

21En una ocasión, estaban unos enterrando a un hombre y, al avistar una de estas bandas, lo arrojaron en la tumba de Eliseo y huyeron. Entonces el cadáver entró en contacto con los huesos de Eliseo, cobró vida y se puso en pie.

22Jazael, rey de Siria, había oprimido a Israel durante toda la vida de Joacaz.

23Pero el Señor tuvo piedad y se compadeció y, en atención a su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob, se volvió hacia ellos y no quiso aniquilarlos ni retirar su rostro de ellos.

24Jazael, rey de Siria, murió y le sucedió en el trono su hijo Ben Hadad.

25Joás, hijo de Joacaz, recuperó del dominio de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades que le habían arrebatado por las armas. Joás lo derrotó tres veces y así recobró las ciudades de Israel.

2 Reyes 14

1El año segundo de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías, hijo de Joás, rey de Judá.

2Tenía veinticinco años cuando inició su reinado y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán y era de Jerusalén.

3Hizo lo recto a los ojos del Señor, pero no como su padre David. Actuó exactamente lo mismo que su padre Joás.

4Sin embargo, los santuarios no desaparecieron y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en ellos.

5Cuando el reino estuvo afianzado en sus manos, mató Amasías a los servidores que habían asesinado al rey, su padre,

6pero no ejecutó a los hijos de los traidores, en conformidad con lo escrito en el libro de la ley de Moisés, donde el Señor ordenó: «No serán ajusticiados los padres por causa de sus hijos; no serán ajusticiados los hijos por causa de los padres, sino que será ajusticiado cada uno por su propio pecado».

7Fue él quien derrotó a los edomitas, diez mil hombres, en el valle de la Sal y conquistó Sela en el curso de la guerra. Fue él quien llamó a esta Joqteel, nombre conservado hasta el día de hoy.

8Amasías envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: «Sube, que nos veamos las caras en la guerra».

9Y Joás, rey de Israel, respondió a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: “Dame a tu hija por esposa de mi hijo”. Pero pasó una bestia salvaje del Líbano y pisoteó el cardo.

10Tú, porque has derrotado a Edón, te has vuelto arrogante. ¡Exalta tu gloria, pero quédate en casa! ¿Para qué vas a provocar un desastre, un fracaso, y arrastrar contigo a Judá?».

11Pero Amasías no atendió la advertencia. Y Joás, rey de Israel, emprendió la marcha, enfrentándose ambos en Bet Semes de Judá.

12Judá fue derrotado allí por Israel; cada uno huyó a su casa.

13Y Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, conduciéndolo a Jerusalén. Abrió luego una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de la ciudad, desde la puerta de Efraín, hasta la puerta del Ángulo.

14Y tomó de Jerusalén rehenes, y todo el oro y la plata y los objetos que se encontraban en el templo del Señor y en los tesoros del palacio real. Más adelante retornó a Samaría.

15El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus éxitos militares y sus guerras contra Amasías, rey de Judá, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?

16Joás se durmió con sus padres y lo enterraron en Samaría junto a los reyes de Israel. Le sucedió en el trono su hijo Jeroboán.

17Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de que hubiese muerto Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.

18El resto de los hechos de Amasías, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Judá?

19Se tramó una conjura contra él en Jerusalén, por lo que huyó a Laquis, pero enviaron hasta allí gente en su busca y lo asesinaron.

20Lo llevaron sobre caballos y lo enterraron en Jerusalén con sus padres, en la Ciudad de David.

21Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, de dieciséis años, proclamándolo rey y sucesor de su padre, Amasías.

22Fue él quien reconstruyó Elat y la devolvió a Judá, después de que su padre hubiese ido a reposar con sus padres.

23El año quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, inició su reinado en Samaría Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel, y reinó cuarenta y un años.

24Hizo el mal a los ojos del Señor y no se retractó de todos los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel.

25Fue él quien recuperó el territorio fronterizo de Israel, desde la entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, conforme a la palabra que el Señor, Dios de Israel, había transmitido por medio de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amitai, de Gat de Jéfer.

26El Señor vio la aflicción y la gran amargura de Israel, pues no quedaba esclavo ni hombre libre ni nadie que lo auxiliase.

27Mas no había decidido el Señor borrar bajo los cielos el nombre de Israel y lo salvó por medio de Jeroboán, hijo de Joás.

28El resto de los hechos de Jeroboán, cuanto hizo, sus éxitos militares y sus guerras, y cómo recuperó para Israel Damasco y Jamat, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?

29Se durmió Jeroboán con sus padres y lo enterraron en Samaría con los reyes de Israel. Le sucedió en el trono su hijo Zacarías.

2 Corintios 5

1Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

2Y, de hecho, en esta situación suspiramos anhelando ser revestidos de la morada que viene del cielo,

3si es que nos encuentran vestidos y no desnudos.

4Pues los que vivimos en esta tienda suspiramos abrumados, por cuanto no queremos ser desvestidos sino sobrevestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida;

5y el que nos ha preparado para esto es Dios, el cual nos ha dado como garantía el Espíritu.

6Así pues, siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor,

7caminamos en fe y no en visión.

8Pero estamos de buen ánimo y preferimos ser desterrados del cuerpo y vivir junto al Señor.

9Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo.

10Porque todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir cada cual por lo que haya hecho mientras tenía este cuerpo, sea el bien o el mal.

11Por tanto, sabiendo lo que es el temor del Señor, tratamos de ganar la confianza de los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto; aunque espero estar también al descubierto ante vuestras conciencias.

12No estamos volviendo a recomendarnos ante vosotros; nuestro único deseo es daros motivos para gloriaros de nosotros, de modo que tengáis algo que responder a los que se glorían de apariencias y no de lo que hay en el corazón;

13pues si empezamos a desatinar, fue por Dios; si nos moderamos, es por vosotros.

14Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.

15Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.

16De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.

17Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.

18Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

19Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.

20Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

21Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.