Lectura 105 de 365
1 Reyes 22 · 2 Reyes 1-2 · 2 Corintios 1
1 Reyes 22
1Pasaron tres años en los que no hubo guerra entre Siria e Israel.
2Al tercero, Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israel.
3Este dijo a sus servidores: «Vosotros sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece y, sin embargo, no hacemos nada por rescatarla de manos del rey de Siria»,
4y preguntó a Josafat: «¿Vas a venir conmigo a la guerra contra Ramot de Galaad?». Josafat respondió al rey de Israel: «Yo haré como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos».
5Josafat se dirigió al rey de Israel: «Consulta en este día la palabra del Señor».
6El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres, para consultarles: «¿He de ir a la guerra contra Ramot de Galaad o debo desistir?». Le respondieron: «Sube, porque el Señor la entregará en manos del rey».
7Pero Josafat insistió: «¿No hay aquí todavía otro profeta del Señor al que hacer consulta?».
8Y contestó el rey de Israel a Josafat: «Todavía hay un hombre para consultar al Señor por su medio, pero yo lo odio, pues no me profetiza el bien, sino el mal. Se trata de Miqueas, hijo de Jimlá». Josafat dijo: «No hable el rey de esta manera».
9El rey de Israel llamó entonces a un eunuco y le ordenó: «Trae enseguida a Miqueas, hijo de Jimlá».
10El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, se hallaban sentados en sus tronos, vestidos con sus galas, en la era que se encuentra a la entrada de la puerta de Samaría, mientras todos los profetas profetizaban ante ellos.
11Sedecías, hijo de Quenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro y decía: «Así dice el Señor: “Embestirás con estos a los arameos hasta acabar con ellos”»;
12y todos profetizaban del mismo modo diciendo: «Sube contra Ramot de Galaad, tendrás éxito. El Señor la entregará en manos del rey».
13El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló diciendo: «Los oráculos de los profetas a una voz son favorables al rey. Que tu oráculo sea como el de cualquiera de ellos y lo que anuncies favorable».
14Respondió Miqueas: «¡Vive Dios que lo que el Señor me diga, eso anunciaré!».
15Cuando llegó ante el rey, este le preguntó: «Miqueas, ¿hemos de marchar en guerra contra Ramot de Galaad o debemos desistir?». Le respondió: «Sube, tendrás éxito. El Señor la entregará en manos del rey».
16Pero el rey le recriminó: «¿Cuántas veces he de hacerte jurar que no me digas sino solo la verdad en nombre del Señor?».
17Entonces Miqueas dijo:«Veo a todo Israel en desbandada por los montes como rebaño sin pastor. Ha dicho el Señor: “No tienen señor. Cada cual regrese en paz a su casa”».
18El rey de Israel se dirigió a Josafat diciendo: «¿No te dije que no me profetiza el bien sino el mal?».
19Dijo entonces Miqueas: «Por todo ello, escucha la palabra del Señor: “He visto al Señor sentado en su trono, con todo el ejército de los cielos en pie junto a él, a derecha e izquierda”.
20El Señor preguntó: “¿Quién engañará a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?”; unos respondían una cosa y otros otra,
21hasta que un espíritu se adelantó y de pie ante el Señor dijo: “Yo lo engañaré”. El Señor le preguntó: “¿De qué modo?”.
22Le respondió: “Iré y me convertiré en espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas”; el Señor dijo entonces: “Lo engañarás y lo vencerás. Ve y haz como dices”.
23Así pues, porque el Señor ha predicho el mal contra ti, ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos».
24Se acercó Sedecías, hijo de Quenaaná, y, dándole una bofetada a Miqueas en la cara, le preguntó: «¿Por qué camino el espíritu del Señor ha pasado de mí para hablar contigo?».
25Miqueas respondió: «Tú mismo lo verás en el día aquel, cuando trates de esconderte en la habitación más oculta».
26Entonces el rey de Israel sentenció: «Prende a Miqueas y entrégalo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,
27a quienes dirás: “Así habla el rey: Meted a este en la cárcel y alimentadlo con pan y agua de prisión hasta que yo vuelva victorioso”»,
28y Miqueas murmuró: «Si vuelves salvo, es que el Señor no ha hablado por mi boca».
29El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad.
30El rey de Israel dijo a Josafat: «Voy a disfrazarme para entrar en combate, pero tú ponte tus vestiduras». El rey de Israel se disfrazó y entró en combate.
31Ahora bien, el rey de Siria había ordenado a los jefes de los carros: «No ataquéis a chicos ni a grandes, sino solo al rey de Israel».
32Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Seguro que este es el rey de Israel», y lo rodearon para cargar sobre él, pero Josafat dio el grito
33y, viendo los jefes de los carros que no era él el rey de Israel, dieron la vuelta para perseguirlo.
34Entonces un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza, y dijo el rey a su auriga: «Me siento mal, da la vuelta a los caballos y sácame de la batalla».
35Pero aquel día el combate se prolongó y el rey hubo de ser sostenido en pie en su carro frente a los arameos, hasta que murió al atardecer; la sangre de la herida corría por el fondo del carro.
36Al caer el sol corrió un grito por el campamento: «¡Cada uno a su ciudad!, ¡cada uno a su herencia!
37¡El rey ha muerto!». Condujeron al rey a Samaría y allí lo enterraron;
38lavaron el carro junto a la alberca de Samaría y los perros lamieron su sangre y las prostitutas se bañaron en ella, según la palabra que el Señor pronunciara.
39El resto de los hechos de Ajab, todo cuanto hizo —la casa de marfil que construyera y todas las ciudades que fortificó—, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?
40Ajab se durmió con sus padres y le sucedió en el trono su hijo Ocozías.
41En el año cuarto de Ajab, rey de Israel, Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar en Judá.
42Tenía Josafat treinta y cinco años cuando inició su reinado y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, hija de Siljí.
43En todo siguió el camino de su padre, Asá, sin desviarse nada de él, haciendo lo recto a los ojos del Señor.
44Mas no desaparecieron aún los lugares de culto, pues el pueblo continuaba sacrificando y quemando incienso en ellos.
45Josafat mantuvo la paz con el rey de Israel.
46El resto de los hechos de Josafat, la bravura que mostró, las guerras que sostuvo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Judá?
47Barrió de la tierra a los consagrados a la prostitución que habían quedado en el país en los días de Asá su padre.
48En su tiempo no hubo rey establecido en Edón; un virrey actuaba como tal.
49Construyó Josafat una flota de Tarsis para ir a Ofir por oro, pero no fue, porque la flota naufragó en Esión Guéber.
50Entonces Ocozías, hijo de Ajab, dijo a Josafat: «Que mis siervos naveguen junto a los tuyos en las mismas naves»; pero Josafat no aceptó.
51Josafat se durmió con sus padres y lo enterraron con sus padres en la ciudad de su padre David. Luego le sucedió en el trono su hijo Jorán.
52El año diecisiete de Josafat, rey de Judá, inició en Samaría su reinado Ocozías, hijo de Ajab, y dos años reinó sobre Israel.
53Hizo lo malo a los ojos del Señor, persistiendo en el camino de su padre, en el de su madre y en el de Jeroboán, hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel.
54Rindió culto a Baal, postrándose ante él, e irritó al Señor, Dios de Israel, exactamente como lo había hecho su padre.
2 Reyes 1
1Moab se rebeló contra Israel tras la muerte de Ajab.
2Ocozías cayó del balcón de su cámara alta en Samaría, quedando malherido, y envió mensajeros, diciéndoles: «Id a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, para conocer si he de reponerme de estas heridas».
3El Ángel del Señor dijo entonces a Elías, el tesbita: «Álzate, sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: “¿No hay acaso Dios en Israel para que vayáis a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón?”.
4Por eso, así habla el Señor: “No bajarás jamás de la cama a la que has subido. Morirás sin remedio”». Y Elías se fue.
5Volvieron los mensajeros ante Ocozías y él les preguntó: «¿Qué sucede para que hayáis vuelto?».
6Ellos le respondieron: «Un hombre nos salió al encuentro y nos dijo: “Volved al rey que os ha enviado y comunicadle: Así habla el Señor: ¿No hay acaso Dios en Israel para que envíes a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? Por eso, no bajarás jamás de la cama a la que has subido. Morirás sin remedio”».
7Ocozías preguntó: «¿Cómo era el hombre que salió a vosotros para hablaros así?».
8Le respondieron: «Uno vestido de pieles y con una faja ceñida a la cintura». Él reconoció: «Es Elías, el tesbita».
9Entonces envió un jefe de cincuenta con sus hombres, que subieron a donde estaba Elías y lo encontraron sentado en lo alto de la montaña. El jefe de los cincuenta le dijo: «Hombre de Dios, el rey ha ordenado: “Desciende”».
10Respondió Elías: «Si efectivamente soy un hombre de Dios, descienda fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta hombres». Y descendió un fuego del cielo que lo consumió junto a sus cincuenta hombres.
11El rey volvió a enviar otro jefe de cincuenta hombres, quien subió de nuevo diciendo: «Hombre de Dios, así dice el rey: “¡Desciende sin demora!”».
12Pero Elías le respondió: «Si efectivamente soy un hombre de Dios, descienda fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta hombres». Y descendió un fuego del cielo que lo devoró junto a sus cincuenta hombres.
13El rey envió un tercer jefe de cincuenta con sus cincuenta hombres. Subió el tercer jefe de cincuenta, pero, al llegar, cayó de rodillas ante Elías y le suplicaba diciendo: «Hombre de Dios, te ruego que respetes mi vida y la de estos cincuenta servidores tuyos.
14Mira que ya descendió un fuego del cielo y devoró a los dos jefes de cincuenta anteriores y a los cincuenta hombres de cada uno. Pero ahora, respeta mi vida».
15El Ángel del Señor dijo a Elías: «Desciende con él, no tengas miedo ante él». Entonces se levantó y descendió con él adonde estaba el rey.
16Le dijo: «Así dice el Señor: Por haber enviado mensajeros a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, como si en Israel no hubiera Dios a quien consultar, para que envíes a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, por eso, no bajarás jamás de la cama a la que has subido. Morirás sin remedio».
17Y murió conforme a la palabra del Señor que Elías había pronunciado. Como no tenía hijos, le sucedió en el trono su hermano Jorán, el año segundo de Jorán, hijo de Josafat, rey de Judá.
18El resto de los hechos de Ocozías, cuanto hizo, ¿no se halla escrito en el libro de los Anales de los Reyes de Israel?
2 Reyes 2
1Y sucedió que cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en la tempestad, Elías y Eliseo partieron de Guilgal,
2y Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, pues el Señor me envía a Betel». Eliseo contestó: «¡Vive Dios! ¡Por tu vida, no te dejaré!». Y bajaron ambos a Betel.
3La comunidad de los profetas que allí moraba salió al encuentro de Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que el Señor arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?». Eliseo respondió: «Claro que lo sé. ¡Callad!».
4Elías ordenó: «Eliseo, quédate aquí, porque el Señor me envía a Jericó». Eliseo respondió: «¡Vive Dios! ¡Por tu vida, yo no te dejaré!». Y así llegaron a Jericó.
5La comunidad de los profetas que moraba en Jericó se acercó a Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que el Señor arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?». Él respondió: «Claro que lo sé. ¡Callad!».
6Y Elías le dijo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán». Eliseo volvió a responder: «¡Vive Dios! ¡Por tu vida, no te dejaré!»; y los dos continuaron el camino.
7Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas iban también de camino y se pararon frente al río Jordán, a cierta distancia de Elías y Eliseo, los cuales se detuvieron a la vera del Jordán.
8Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas. Se separaron estas a un lado y a otro, y pasaron ambos sobre terreno seco.
9Mientras cruzaban, dijo Elías a Eliseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado». Eliseo respondió: «Por favor, que yo reciba dos partes de tu espíritu».
10Respondió Elías: «Pides algo difícil, pero si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, pasarán a ti; si no, no pasarán».
11Mientras ellos iban conversando por el camino, de pronto, un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Subió Elías al cielo en la tempestad.
12Eliseo lo veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!». Al dejar de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos.
13Recogió el manto que había caído de los hombros de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla.
14Tomó el manto que había caído de los hombros de Elías y golpeó con él las aguas, pero no se separaron. Dijo entonces: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?». Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y pasó Eliseo sobre terreno seco.
15Cuando la comunidad de los profetas lo vio venir hacia ellos, dijeron: «El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo». Y fueron a su encuentro y se postraron en tierra ante él,
16diciendo: «Tus servidores cuentan con cincuenta hombres de guerra. Permite que marchen para buscar a tu señor. El espíritu del Señor tal vez se lo ha llevado y lo haya arrojado sobre alguna montaña o valle». Él les dijo: «No enviéis a nadie».
17Pero tanto le insistieron, que finalmente asintió diciendo: «Enviadlos». Ellos enviaron cincuenta hombres que estuvieron tres días buscándolo, mas no lo hallaron.
18Al regresar a Jericó, donde se había quedado Eliseo, les recordó este: «¿No os ordené que no fueseis?».
19Los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: «El emplazamiento de la ciudad es bueno, como mi señor puede apreciar, pero el agua es mala y la tierra lo aborta todo».
20Él les contestó: «Traedme una olla nueva y poned sal en ella». Cuando se la trajeron,
21salió hacia el lugar del manantial, lo roció con la sal y dijo: «Así dice el Señor: “Yo he saneado esta agua; ya no surgirán de aquí muerte o esterilidad”».
22Y quedó saneada el agua hasta el día de hoy, conforme a la palabra que había pronunciado Eliseo.
23Más adelante subió de allí a Betel y, según subía por el camino, unos cuantos muchachos salieron de la ciudad y se burlaban de él diciendo: «¡Sube, calvo; sube, calvo!».
24Él se volvió, se les quedó mirando y los maldijo en el nombre del Señor. Entonces salieron dos osos del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de aquellos muchachos.
25De allí se fue al monte Carmelo, de donde regresó a Samaría.
2 Corintios 1
1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que residen en Acaya:
2gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
4que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!
5Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo.
6De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
7Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo.
8Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir.
9Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
10el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando,
11si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra.
12Pues el motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: ella nos asegura que procedemos con todo el mundo, y sobre todo con vosotros, con la sinceridad y honradez de Dios, y no por sabiduría carnal, sino por gracia de Dios.
13Pues no os escribimos sino lo que leéis o entendéis; ya nos habéis entendido en parte,
14pero espero que entendáis completamente que somos nosotros vuestro motivo de orgullo, lo mismo que vosotros el nuestro, para el día de nuestro Señor Jesús.
15Con este convencimiento deseábamos ir primero a vosotros, a fin de que recibierais otra gracia y, pasando junto a vosotros, ir a Macedonia;
16y luego, desde Macedonia, volver a vosotros, para que vosotros me encaminarais hacia Judea.
17Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y el no?
18¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no es sí y no.
19Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí.
20Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en él. Así, por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya a través de nosotros.
21Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió,
22nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones.
23Dios me es testigo, por mi vida, de que no he ido aún a Corinto por consideración a vosotros;
24y no porque seamos señores de vuestra fe, sino que contribuimos a vuestra alegría. Pues vosotros os mantenéis firmes en la fe.