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Lectura 101 de 365

1 Reyes 10-12 · 1 Corintios 13

Letra: Normal

1 Reyes 10

1La reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor, y vino a ponerlo a prueba con enigmas.

2Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas. Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado.

3El rey resolvió sus preguntas todas, pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar.

4Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido,

5los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración

6y dijo al rey: «Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría.

7No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché.

8Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría.

9Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia».

10Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.

11La flota de Jirán, la que transportaba el oro de Ofir, trajo también madera de sándalo en gran cantidad y piedras preciosas.

12Con la madera de sándalo el rey hizo balaustradas para el templo del Señor y el palacio real; cítaras y salterios para los cantores. Nunca como entonces volvió a llegar madera de sándalo ni ha vuelto a verse hasta el día de hoy.

13El rey Salomón concedió a la reina de Saba cuanto ella quiso y pidió, además de los regalos que él le hizo con munificencia regia. Luego ella se volvió a su país con sus servidores.

14El peso del oro que llegaba a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro,

15sin contar los tributos impuestos a los mercaderes, las ganancias por el tráfico comercial y lo procedente de todos los reyes árabes e inspectores del país.

16El rey fundió doscientos escudos de gran tamaño en oro batido con seis kilos y medio de oro batido por cada uno,

17y trescientos escudos de menor tamaño en oro batido, con tres minas de oro cada uno, que el rey guardó en la casa denominada «Bosque del Líbano».

18Luego construyó un gran trono de marfil revestido de oro finísimo.

19Tenía el trono seis gradas, un respaldo redondo, brazos a uno y otro lado del asiento, dos leones de pie junto a los brazos

20y doce leones de pie sobre las seis gradas, a uno y otro lado. Nada igual llegó a hacerse para ningún otro reino.

21Todas las copas para bebidas del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la casa «Bosque del Líbano» de oro puro, pues en sus tiempos la plata no se estimaba en nada,

22porque tenía el rey una flota de Tarsis en el mar, junto con la de Jirán, y cada tres años llegaba la flota de Tarsis portando oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

23El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y conocimiento.

24Todo el mundo quería verle en persona para escuchar la sabiduría con la que Dios había dotado su mente.

25Y cada cual aportaba su obsequio, año tras año: utensilios de plata y oro, vestiduras, perfumes e inciensos, caballos y mulos.

26Reunió Salomón carruajes y caballería. Poseía mil cuatrocientos carros y doce mil caballos acuartelados en las ciudades para carros y en Jerusalén en torno al rey.

27El rey logró que en Jerusalén la plata abundara como las piedras, y los cedros como los sicomoros de la Tierra Baja.

28Los caballos de Salomón procedían de Musur y Cilicia. Sus mercaderes los compraban en Cilicia a precio fijo.

29Un carro importado de Egipto valía seiscientos siclos de plata, y un caballo, ciento cincuenta. Ambos se exportaban luego a todos los reyes de los hititas y a los reyes de Siria.

1 Reyes 11

1El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: a la hija del faraón, a mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas,

2mujeres de los pueblos de los que había dicho el Señor a los hijos de Israel: «No os unáis a ellas ni ellas a vosotros, pues seguro que arrastrarán vuestro corazón tras sus dioses». Pero Salomón se unía a ellas por amor

3y tuvo setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas.

4Cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron el corazón de Salomón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.

5Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas.

6Salomón hizo así lo malo a los ojos del Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.

7Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.

8Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses.

9Y se enojó el Señor contra Salomón por haber desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,

10dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado.

11El Señor dijo a Salomón: «Por haber actuado así y no guardar mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré a un siervo tuyo.

12Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David, tu padre, sino que lo arrancaré de manos de tu hijo.

13Tampoco le arrancaré todo el reino, en atención a David, mi siervo, sino que daré a tu hijo una tribu en consideración a Jerusalén, a la que he elegido».

14Suscitó entonces el Señor a Salomón un adversario, Hadad el edomita, de la estirpe real de Edón.

15Cuando David hubo derrotado a Edón, Joab, jefe del ejército, subió a dar sepultura a los muertos y mató a todos los varones de Edón,

16pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta que exterminaron a todos los varones de Edón.

17Pero Hadad huyó en dirección a Egipto, junto con algunos hombres edomitas servidores de su padre. Era entonces Hadad un muchacho joven.

18Partieron de Madián y llegaron a Farán; tomaron consigo hombres de allí y llegaron a Egipto, ante el faraón, rey de Egipto, quien le proporcionó casa con la promesa de sustento y le concedió tierras.

19Halló Hadad gran favor a los ojos del faraón, que le dio como mujer a la hermana de su mujer, la hermana de la Gran Dama Tajfenés.

20La hermana de Tajfenés le dio a luz un hijo, Guenubat. Lo crió Tajfenés en casa del faraón y Guenubat vivió en la casa del faraón con los hijos del faraón.

21Cuando Hadad se enteró de que David había reposado con sus padres y que Joab, jefe del ejército, estaba muerto, Hadad dijo al faraón: «Déjame partir y regresar a mi tierra».

22El faraón le preguntó: «¿Qué te falta aquí a mi lado para que trates de ir a tu tierra?». Respondió: «Nada, pero déjame partir».

25bEntonces Hadad regresó a su tierra. El mal hecho por Hadad consistió en rechazar la autoridad de Israel y reinar en Edón.

23Dios le suscitó otro adversario, Rezón, hijo de Elyadá, que había huido de su señor Hadadézer, rey de Sobá:

24se le unieron algunos hombres y se hizo jefe de banda (cuando David los mató). Fueron a Damasco, allí se instalaron y establecieron un reino en Damasco.

25aDurante toda la vida de Salomón, Damasco fue un adversario de Israel.

26Jeroboán era hijo de Nebat, efraimita de Seredá; su madre, mujer viuda, se llamaba Seruá. Se hallaba al servicio de Salomón, pero alzó la mano contra el rey.

27Las circunstancias de su alzamiento fueron estas: construía Salomón el Miló con objeto de cerrar la brecha de la ciudad de David, su padre.

28Jeroboán era un líder valeroso. Salomón pudo observar que el joven era un experto trabajador y lo puso al frente de toda la leva de la casa de José.

29Sucedió entonces que Jeroboán salía de Jerusalén y se le presentó el profeta Ajías de Siló cubierto con un manto nuevo. Estando los dos solos en campo abierto,

30tomó Ajías el manto nuevo que llevaba puesto, lo rasgó en doce jirones

31y dijo a Jeroboán: «Toma diez jirones para ti, porque así dice el Señor, Dios de Israel: “Rasgaré el reino de manos de Salomón y te daré diez tribus.

32La otra tribu será para él, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que me elegí entre todas las tribus de Israel.

33Porque me ha abandonado postrándose ante Astarté, diosa de los sidonios, ante Camós, dios de Moab, y ante Milcón, dios de los amonitas, no siguiendo mis caminos ni haciendo lo que es justo a mis ojos, mis decretos y sentencias, como su padre David.

34No tomaré de su mano todo el reino; lo mantendré como príncipe todos los días de su vida en atención a David mi siervo, a quien yo elegí y que guardó mis mandatos y decretos.

35Pero tomaré de mano de su hijo el reino, las diez tribus, y te lo daré,

36aunque daré a su hijo una tribu para que a David mi siervo le quede siempre una lámpara en mi presencia en Jerusalén, la ciudad que me elegí para poner allí mi Nombre.

37A ti te tomaré y tú reinarás sobre cuanto desees: serás rey de Israel.

38Si escuchas todo cuanto te ordene y andas por mi camino y haces lo recto a mis ojos, guardando mis decretos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te daré una dinastía estable como se la di a David. Te entrego a Israel

39y humillaré el linaje de David por esta causa, mas no por siempre”».

40Salomón intentó matar a Jeroboán, pero Jeroboán emprendió la huida a Egipto, junto a Sosac, rey de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón.

41El resto de los hechos de Salomón, todo cuanto hizo y su sabiduría ¿no está escrito en el libro de los Hechos de Salomón?

42El tiempo que reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años.

43Salomón se durmió con sus padres y lo enterraron en la ciudad de su padre David. Le sucedió en el trono Roboán, su hijo.

1 Reyes 12

1Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había ido a Siquén para proclamarlo rey.

2Pero Jeroboán, hijo de Nebat, estaba todavía en Egipto, prófugo del rey Salomón. Cuando oyó esta noticia, volvió de Egipto.

3Entonces mandaron a llamarlo. Vino, pues, Jeroboán con toda la asamblea de Israel y se dirigieron a Roboán con estas palabras:

4«Tu padre nos impuso un pesado yugo; aligera tú ahora la dura servidumbre de tu padre, el pesado yugo que nos impuso, y te serviremos».

5Roboán contestó: «Marchaos, y al cabo de tres días volved luego a mí». Y el pueblo se fue.

6El rey Roboán consultó entonces con los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de este: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?».

7Ellos le contestaron: «Si hoy tú te conviertes en servidor de este pueblo y les sirves y ofreces buenas palabras, ellos serán tus siervos por siempre».

8Pero él ignoró la advertencia que los ancianos le daban y buscó consejo entre los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio.

9Les dijo: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo: “Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros”?».

10Los jóvenes que se criaron junto a él respondieron: «A este pueblo que te ha dicho: “Tu padre hizo pesado nuestro yugo, aligéralo tú ahora”, diles así: “Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.

11Mi padre os impuso un yugo pesado, yo añadiré peso a vuestro yugo. Mi padre os azotaba con látigos, yo os azotaré con escorpiones”».

12Al cabo de tres días, Jeroboán y todo el pueblo vinieron a Roboán, como había dicho el rey: «Al cabo de tres días volved a mí».

13El rey respondió al pueblo con dureza, ignorando el consejo que los ancianos le habían dado

14y, hablándoles según el consejo de los jóvenes, dijo:«Mi padre hizo pesado vuestro yugo, yo añadiré peso a vuestro yugo. Mi padre os azotaba con látigos, yo os azotaré con escorpiones».

15El rey no escuchó al pueblo, pues se trataba de algo dispuesto por el Señor, para que se cumpliera la palabra que el Señor había anunciado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló.

16Viendo todo Israel que el rey no había querido escucharles, le replicaron diciendo:«¿Qué parte tenemos con David? ¡No tenemos herencia con el hijo de Jesé! ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!».Israel regresó a sus tiendas.

17Roboán reinó sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá.

18El rey envió entonces a Adorán, jefe de la leva, pero todo Israel lo apedreó hasta matarlo y Roboán se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén.

19Es así como Israel se rebeló contra la casa de David, hasta el día de hoy.

20Cuando Israel supo que Jeroboán había vuelto, enviaron a llamarlo a la asamblea y lo proclamaron rey sobre todo Israel; nadie se puso de parte de la casa de David, excepto la tribu de Judá.

21Al llegar a Jerusalén, Roboán reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil jóvenes dispuestos para la guerra, con objeto de combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboán, hijo de Salomón.

22La palabra de Dios se dirigió a Semaías, hombre de Dios, diciendo:

23«Habla a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo, y diles:

24“Así dice el Señor: No subáis a combatir con vuestros hermanos, los hijos de Israel. Que cada uno se vuelva a su casa, pues soy yo quien lo ha hecho”». Obedecieron ellos la palabra del Señor y dieron la vuelta yéndose conforme a lo dicho por el Señor.

25Jeroboán fortificó Siquén, en la montaña de Efraín, y residió en ella. Después se trasladó de allí y edificó Penuel.

26Jeroboán pensó para sus adentros: «El reino podría volver todavía a la casa de David.

27Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo del Señor en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, a Roboán, rey de Judá, y me matarán».

28Y tras pedir consejo, el rey fundió dos becerros de oro y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto»,

29e instaló uno en Betel y otro en Dan.

30Este hecho fue ocasión de pecado. El pueblo marchó delante de uno a Betel y delante del otro hasta Dan.

31Construyó lugares de culto en los altos e instituyó sacerdotes del común del pueblo que no eran descendientes de Leví.

32Jeroboán estableció una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, a semejanza de la que se celebraba en Judá. Subió al altar que había edificado en Betel a ofrecer sacrificios a los becerros que había esculpido y estableció en Betel sacerdotes para los lugares de culto que instituyó.

33Subió al altar que había edificado en Betel el día quince del octavo mes —el mes que ideó por su cuenta—, ofreció incienso sobre él e instituyó una fiesta para los hijos de Israel.

1 Corintios 13

1Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.

2Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.

3Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.

4El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe;

5no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal;

6no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

7Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará.

9Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos;

10mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará.

11Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

12Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.

13En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.