Lectura 8 de 90
Mateo 22-24
Mateo 22
1Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo:
2«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;
3mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.
4Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
5Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios,
6los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
8Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.
9Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
11Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta
12y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
13Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
15Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
16Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias.
17Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
18Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
19Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario.
20Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
21Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
22Al oírlo se maravillaron y dejándolo se fueron.
23En aquella ocasión se le acercaron unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
24«Maestro, Moisés mandó que cuando uno muere sin hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia a su hermano.
25Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó, murió sin hijos y dejó su mujer a su hermano.
26Lo mismo pasó con el segundo y con el tercero hasta el séptimo.
27Después de todos murió la mujer.
28Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
29Les contestó Jesús: «Estáis equivocados porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios.
30Cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres tomarán esposo; serán como ángeles en el cielo.
31Y a propósito de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os dice Dios:
32“Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos».
33Al oírlo la gente se admiraba de su enseñanza.
34Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar
35y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
36«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
37Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
38Este mandamiento es el principal y primero.
39El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
40En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
41Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús una cuestión:
42«¿Qué pensáis acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Le respondieron: «De David».
43Él les dijo: «¿Cómo entonces David, movido por el Espíritu, lo llama Señor diciendo:
44“Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?
45Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
46Y ninguno pudo responderle nada ni se atrevió nadie en adelante a plantearle más cuestiones.
Mateo 23
1Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos,
2diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos:
3haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
4Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
5Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto;
6les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas;
7que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí.
8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
10No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
11El primero entre vosotros será vuestro servidor.
12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
13«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
14[¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.]
15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros!
16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”!
17¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?
18O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”.
19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda?
20Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él;
21quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él;
22y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.
23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
24¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello!
25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!
26¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.
27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre;
28lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos,
30diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”!
31Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
32¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
33¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna?
34Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad.
35Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.
36En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación».
37«¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados, cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas, y no habéis querido.
38Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta.
39Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
Mateo 24
1Cuando salió Jesús del templo y caminaba, se le acercaron sus discípulos, que le señalaron las edificaciones del templo,
2y él les dijo: «¿Veis todo esto? En verdad os digo que será destruido sin que quede allí piedra sobre piedra».
3Estaba sentado en el monte de los Olivos y se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: «¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?».
4Jesús les respondió y dijo: «Estad atentos a que nadie os engañe,
5porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a muchos.
6Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final.
7Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares;
8todo esto será el comienzo de los dolores.
9Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos.
10Entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán mutuamente, y se odiarán unos a otros.
11Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente,
12y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría;
13pero el que persevere hasta el final se salvará.
14Y se anunciará el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin.
15Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee que entienda),
16entonces los que vivan en Judea huyan a los montes,
17el que esté en la azotea no baje a recoger nada en casa
18y el que esté en el campo no vuelva a recoger el manto.
19¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!
20Orad para que la huida no suceda en invierno o en sábado.
21Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber.
22Y si no se acortan aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.
23Y si alguno entonces os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis,
24porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos.
25Os he prevenido.
26Si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “En los aposentos”, no les creáis.
27Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres.
29Inmediatamente después de la angustia de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán.
30Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31Enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta y reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo al otro del cielo.
32Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca;
33pues cuando veáis todas estas cosas, sabed que él está cerca, a la puerta.
34En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
36En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre.
37Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
38En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca;
39y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
40dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán;
41dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
42Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
43Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
44Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
45¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?
46Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así.
47En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes.
48Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”,
49y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos,
50el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo
51y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.