Lectura 7 de 90
Mateo 19-21
Mateo 19
1Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
2Lo seguía una gran multitud y él los curaba allí.
3Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
4Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer,
5y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”?
6De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
7Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».
8Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así.
9Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio».
10Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
11Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don.
12Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».
13Entonces le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban.
14Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos».
15Les impuso las manos y se marchó de allí.
16Se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».
17Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos».
18Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
19honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
20El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
21Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme».
22Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.
23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
25Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
26Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
27Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
28Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
30Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.
Mateo 20
1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo
4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.
8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?
14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
17Mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:
18«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte
19y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
21Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
22Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos».
23Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
24Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos.
25Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
26No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,
27y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
28Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
29Y al salir de Jericó le siguió una gran muchedumbre.
30Dos ciegos que estaban sentados al borde del camino oyeron que Jesús pasaba y se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».
31La muchedumbre los increpó para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».
32Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: «¿Qué queréis que os haga?».
33Le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
34Compadecido, Jesús les tocó los ojos, y al punto recobraron la vista y lo siguieron.
Mateo 21
1Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos
2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis.
3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
4Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”».
6Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:
7trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó.
8La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
9Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?».
11La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
12Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
13Y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos”».
14Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los curó.
15Pero los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron
16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Y Jesús les respondió: «Sí; ¿no habéis leído nunca: “De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza”?».
17Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
18De mañana, camino de la ciudad, tuvo hambre.
19Viendo una higuera junto al camino se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas y le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!». E inmediatamente se secó la higuera.
20Al verlo los discípulos se admiraron y decían: «¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?».
21Jesús les dijo: «En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría.
22Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis».
23Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
24Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto.
25El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”.
26Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».
27Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.
28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.
29Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.
32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”.
38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.
39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
44Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará».
45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
46Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.