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Lectura 34 de 40

Juan 8-9

Letra: Normal

Juan 8

1Por su parte, Jesús se retiró al monte de los Olivos.

2Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

3Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio,

4le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

5La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

6Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

7Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

8E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

9Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

10Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

11Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

12Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

13Le dijeron los fariseos: «Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».

14Jesús les contestó: «Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.

15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;

16y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado, el Padre;

17y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre».

19Ellos le preguntaban: «¿Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».

20Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

21De nuevo les dijo: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

22Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».

23Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

24Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados».

25Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio.

26Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

28Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado.

29El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

30Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

31Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos;

32conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

33Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».

34Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo.

35El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre.

36Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.

37Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros.

38Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».

39Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán.

40Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán.

41Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».

42Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.

43¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

44Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo porque es mentiroso y padre de la mentira.

45En cambio, a mí, porque os digo la verdad, no me creéis.

46¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?

47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios».

48Le respondieron los judíos: «¿No decimos bien nosotros que eres samaritano y que tienes un demonio?».

49Contestó Jesús: «Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre y vosotros me deshonráis a mí.

50Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.

51En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

52Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”?

53¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

54Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”,

55aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra.

56Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».

57Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».

58Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».

59Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Juan 9

1Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

2Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?».

3Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.

4Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas.

5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

6Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego,

7y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista.

8Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

9Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo».

10Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?».

11Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver».

12Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé».

13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

14Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.

15También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

16Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos.

17Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».

18Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres

19y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».

20Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego;

21pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse».

22Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías.

23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».

24Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».

25Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo».

26Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?».

27Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?».

28Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.

29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene».

30Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos.

31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad.

32Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento;

33si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder».

34Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

35Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

36Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

37Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

38Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

39Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?».

41Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.