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Lectura 32 de 40

Juan 4-5

Letra: Normal

Juan 4

1Cuando supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba

2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

3dejó Judea y partió de nuevo para Galilea.

4Era necesario que él pasara a través de Samaría.

5Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José;

6allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

7Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».

8Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

9La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

10Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

11La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;

12¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

13Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;

14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

15La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

16Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve».

17La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido:

18has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

19La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta.

20Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

21Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.

24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

25La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

26Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

27En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

28La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

29«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

30Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

31Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come».

32Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

33Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?».

34Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

35¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega;

36el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

37Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega.

38Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

39En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

40Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

41Todavía creyeron muchos más por su predicación,

42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

43Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea.

44Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria».

45Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

46Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.

47Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

48Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

49El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».

50Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.

51Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.

52Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».

53El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.

54Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Juan 5

1Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

2Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales,

3y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.

4[«que esperaban el movimiento de las aguas; pues el ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y se movía el agua y el primero que descendía a la piscina tras el movimiento de agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera».]

5Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

6Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».

7El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».

8Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».

9Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado,

10y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».

11Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».

12Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».

13Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.

14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».

15Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.

16Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

17Jesús les dijo: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».

18Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

19Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo,

20pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.

21Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

22Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio,

23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

24En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

25En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

26Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo.

27Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

28No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz:

29los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

30Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

32Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.

33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad.

34No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis.

35Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

36Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.

37Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro,

38y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.

39Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí,

40¡y no queréis venir a mí para tener vida!

41No recibo gloria de los hombres;

42además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.

43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.

44¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

45No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.

46Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.

47Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».