Lectura 31 de 40
Juan 1-3
Juan 1
1En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
2Él estaba en el principio junto a Dios.
3Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
6Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
7este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
8No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
9El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
10En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
11Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
12Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
13Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
14Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
16Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
17Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
18A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
19Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?».
20Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».
21Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No».
22Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
23Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».
24Entre los enviados había fariseos
25y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
26Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis,
27el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
28Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
29Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”.
31Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
32Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
34Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
35Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y,
36fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios».
37Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
39Él les dijo: «Venid y veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús;
41encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
42Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».
43Al día siguiente, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme».
44Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro.
45Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
46Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás».
47Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
48Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
49Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
51Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Juan 2
1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».
4Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
7Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba.
8Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.
9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo
10y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
11Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
12Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y,
15haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;
16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
19Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
20Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
21Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía;
24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos
25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
Juan 3
1Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío.
2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
3Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
4Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
5Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
7No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”;
8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
10Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes?
11En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.
12Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?
13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre,
15para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
16Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
19Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
20Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
21En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
22Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.
23También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba.
24A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.
25Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación;
26ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él».
27Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo.
28Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”.
29El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada.
30Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.
31El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos.
32De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio.
33El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida.
35El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.
36El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él».