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Lectura 28 de 40

Lucas 19-20

Letra: Normal

Lucas 19

1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.

2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,

3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura.

4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.

10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

11Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.

12Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.

13Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.

14Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

15Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

16El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.

17Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

18El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

19A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

20El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo,

21porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

22Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado?

23Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

24Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

25Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.

26“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

27Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

28Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

29Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos,

30diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo.

31Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”».

32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.

33Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?».

34Ellos dijeron: «El Señor lo necesita».

35Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él.

36Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino.

37Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto,

38diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».

39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».

40Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».

41Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella,

42mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

43Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados,

44te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

45Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores,

46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él,

48pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Lucas 20

1Uno de aquellos días, cuando estaba él en el templo enseñando al pueblo y anunciando la Buena Noticia, se acercaron los sumos sacerdotes y escribas junto con los ancianos

2y le hablaron diciendo: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esta autoridad?».

3Les contestó: «Yo también os voy a hacer una pregunta, respondédmela:

4“El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?”».

5Ellos reflexionaban entre sí diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creísteis?”;

6pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era un profeta».

7Y respondieron que no sabían de dónde.

8Entonces Jesús les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas».

9Entonces se puso a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se ausentó bastante tiempo.

10En el tiempo apropiado envió un siervo a los labradores para que le diesen su parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de azotarlo, lo despidieron con las manos vacías.

11Volvió a enviar a otro siervo, pero ellos, después de azotar y humillar también a este, lo despidieron con las manos vacías.

12Y volvió a enviar un tercero, pero ellos, después de haberlo herido, también lo echaron.

13Entonces dijo el dueño de la viña: “¿Qué voy a hacer? Voy a enviar a mi hijo querido. Quizá a este lo respetarán”.

14Pero, al verlo, los labradores se decían entre sí: “Este es el heredero. Matémoslo para que la herencia sea nuestra”.

15Y echándolo fuera de la viña, lo mataron. Pues ¿qué hará con ellos el dueño de la viña?

16Vendrá, hará perecer a estos labradores y dará la viña a otros». Los que lo oyeron, dijeron: «¡No suceda tal cosa!».

17Pero él, fijando los ojos en ellos, dijo: «Pues ¿qué significa lo que está escrito: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”?

18Todo el que caiga sobre la piedra se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, lo aplastará».

19Los sumos sacerdotes y los escribas, comprendiendo que había dicho la parábola por ellos, intentaban echarle mano en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo.

20Y, manteniéndose ellos al acecho, le mandaron unos espías que simulaban ser justos, con el fin de sorprenderlo en alguna palabra y así poder entregarlo al poder y autoridad del gobernador.

21Le preguntaron, pues: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y no tienes acepción de personas, sino que enseñas según verdad el camino de Dios.

22¿Es lícito que nosotros paguemos tributo al César o no?».

23Habiendo advertido su astucia, les dijo:

24«Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción?». Le dijeron: «Del César».

25Y él les dijo: «Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

26Y no pudieron acusarlo ante el pueblo de nada de lo que decía; y se quedaron mudos, admirados de su respuesta.

27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:

28«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.

29Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos.

30El segundo

31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos.

32Por último, también murió la mujer.

33Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

34Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo,

35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio.

36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”.

38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

39Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».

40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

41Entonces les dijo: «¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David,

42si el mismo David dice en el libro de los Salmos: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,

43y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?

44David, pues, lo llama Señor; entonces, ¿cómo puede ser hijo suyo?».

45Y oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos:

46«Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con amplias y ricas túnicas y son amigos de ser saludados en las plazas y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;

47devoran las casas de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Estos recibirán una condenación más rigurosa».