Lectura 27 de 40
Lucas 17-18
Lucas 17
1Dijo, pues, a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca!
2Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.
3Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo;
4si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».
5Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
6El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.
7¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?
8¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?
9¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?
10Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
11Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea.
12Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos
13y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
14Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios.
15Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos
16y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
17Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?
18¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
19Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
20Los fariseos le preguntaron: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?». Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente,
21ni dirán: “Está aquí” o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
22Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
23Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás,
24pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
25Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación.
26Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre:
27comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
28Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían;
29pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
30Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
31Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
32Acordaos de la mujer de Lot.
33El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
34Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán;
35estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
36[«Dos estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán».]
37Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Lucas 18
1Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
2«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
3En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”.
4Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres,
5como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
6Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto;
7pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?
8Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
9Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
10«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano.
11El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
12Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
13El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
14Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
15Le llevaban también los niños pequeños para que los tocara, pero, al verlo los discípulos, los regañaban.
16En cambio, Jesús hizo que se los acercaran, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios.
17En verdad os digo, el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
18Uno de los jefes le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?».
19Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios.
20Ya sabes los mandamientos: No cometerás adulterio, No matarás, No robarás, No darás falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre».
21Y él dijo: «He observado todo esto desde mi juventud».
22Al oír esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres —y tendrás un tesoro en los cielos—; luego, ven y sígueme».
23Pero él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24Cuando Jesús vio que se había entristecido, dijo: «¡Qué difícil es para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!
25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de Dios».
26Los que lo oyeron, dijeron: «Entonces, ¿quién se puede salvar?».
27Y él dijo: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios».
28Entonces dijo Pedro: «Nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido».
29Jesús les dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa o mujer o hermanos o padres o hijos por el reino de Dios,
30que no reciba mucho más en el tiempo presente y en la edad venidera vida eterna».
31Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas,
32pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido,
33y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará».
34Pero ellos no entendieron nada de esto, este lenguaje era misterioso para ellos y no comprendieron lo que les decía.
35Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna.
36Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello;
37y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno».
38Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
39Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
40Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó:
41«¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista».
42Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
43Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.