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Lectura 365 de 365

Malaquías 2-3 · Salmos 150

Letra: Normal

Malaquías 2

1Esto es lo que os mando, sacerdotes:

2Si no escucháis y no ponéis todo vuestro corazón en glorificar mi nombre, dice el Señor del universo, os enviaré la maldición y maldeciré vuestra bendición; sí, la maldeciré, pues no ponéis todo vuestro corazón en ello.

3Mirad, os increparé en vuestra descendencia, os echaré basura a la cara, la basura de vuestras fiestas, y os llevarán con ella.

4Y reconoceréis que os he enviado este mandato, para que subsista mi alianza con Leví, dice el Señor del universo.

5Mi alianza con él era una alianza de vida y de paz, y se la di para que me temiese, me honrase y se rindiese a mi nombre.

6Transmitía la ley con fidelidad y no se encontraba fallo alguno en sus labios; caminaba conmigo en paz y en rectitud y apartaba del pecado a mucha gente.

7Pues la boca del sacerdote atesora conocimiento, y a él se va en busca de instrucción, pues es mensajero del Señor del universo.

8Pero vosotros os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidando la alianza de Leví, dice el Señor del universo.

9Pues yo también os voy a hacer despreciables y viles para todo el pueblo, ya que vuestra boca no ha guardado el camino recto y habéis sido parciales en la aplicación de la ley.

10¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos creó el mismo Dios? ¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?

11Traiciona Judá, se cometen abominaciones en Israel y en Jerusalén; pues ha profanado Judá el santuario que el Señor amaba y se ha casado con la hija de un dios extranjero.

12El Señor destrozará a quien esto hace, al vigía y al vigilante de las tiendas de Jacob, y al que trae ofrendas al Señor del universo.

13También hacéis esto: cubrís de lágrimas el altar del Señor, de llantos y gemidos, pero el Señor no mira vuestra ofrenda, ni os la recibe con gusto.

14Y encima decís: «¿Por qué?». Porque el Señor es testigo de que traicionaste a la mujer de tu juventud, a tu compañera, a la mujer con quien te uniste por alianza.

15Nadie que tenga un mínimo de espíritu actúa así; ¡cuánto menos quien busca descendencia divina! Cuidad vuestro espíritu y no traicionéis a la mujer de vuestra juventud.

16El que odia y la despacha, dice el Señor Dios de Israel, cubre sus vestidos de violencia, dice el Señor del universo. Cuidad vuestro espíritu y no seáis traidores.

17Cansáis al Señor con vuestros discursos, y decís: «¿En qué lo cansamos?». Pues cuando decís: «Todo el que obra mal, ese agrada al Señor, que lo acepta de buen grado; ¿dónde está el Dios justo?».

Malaquías 3

1Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí. De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.

2¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero.

3Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.

4Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño.

5Os llamaré a juicio y seré testigo diligente contra magos y adúlteros, contra los que juran en falso, contra los que roban el salario al trabajador, explotan a viudas, huérfanos y emigrantes, y no vuelven su mirada hacia mí, dice el Señor del universo.

6Pues yo, el Señor, no he cambiado; pero vosotros, hijos de Jacob, seguís en las mismas.

7Desde los tiempos de vuestros antepasados os habéis rebelado contra mis mandatos y no los cumplís. Volveos a mí y yo me volveré a vosotros, dice el Señor del universo. Decís: «¿Volvernos de qué?».

8¿Puede defraudar el hombre a Dios? ¡Pues vosotros me estáis defraudando a mí! Decís: «¿En qué te defraudamos?». ¡En los diezmos y tributos!

9Estáis del todo malditos; me defraudáis, todo el pueblo me defrauda.

10Traed todos los diezmos al tesoro y habrá sustento en mi templo. Ponedme así a prueba, dice el Señor del universo, y veréis cómo abro las compuertas del cielo y derramo bendición sin medida.

11Ahuyentaré de entre vosotros el insecto devorador y no se os echarán a perder los frutos de la tierra, ni se estropeará la viña, dice el Señor del universo.

12Todos los pueblos os felicitarán, pues seréis un gozo de país, dice el Señor del universo.

13Levantáis la voz contra mí, dice el Señor. Decís: «¿En qué levantamos la voz contra ti?».

14En que decís: «Pura nada, el temor debido al Señor. ¿Qué sacamos con guardar sus mandatos, haciendo duelo ante el Señor del universo?

15Al contrario, los orgullosos son los afortunados; prosperan los malhechores, tientan a Dios y salen airosos».

16Los hombres que temen al Señor se pusieron a comentar esto entre sí. El Señor atendió y escuchó, y se escribió un libro memorial, en su presencia, en favor de los hombres que temen al Señor.

17Ese día que estoy preparando, dice el Señor del universo, volverán a ser propiedad mía; me compadeceré de ellos como se compadece el hombre de su hijo que lo honra.

18Volveréis a ver la diferencia entre el justo y el malhechor, entre el que sirve a Dios y el que no lo sirve.

19He aquí que llega el día, ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja; los consumirá el día que está llegando, dice el Señor del universo, y no les dejará ni copa ni raíz.

20Pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra; saldréis y brincaréis como terneros que salen del establo.

21Pisotearéis a los malvados, que serán como polvo bajo la planta de vuestros pies, el día en que yo actúe, dice el Señor del universo.

22Recordad la ley de mi siervo Moisés, los mandatos y preceptos que le di en el Horeb para todo Israel.

23Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el Día del Señor, día grande y terrible.

24Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra.

Salmo 150

1Aleluya. Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento;

2alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

3Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras;

4alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas;

5alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.

6Todo ser que alienta alabe al Señor. ¡Aleluya!

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