Lectura 331 de 365
Daniel 12-13 · Salmos 116
Daniel 12
1«Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro.
2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua.
3Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad».
4«Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella este libro hasta el momento final. Muchos lo repasarán y aumentarán su saber».
5Yo, Daniel, vi a otros dos hombres de pie, uno a esta parte del río y el otro a la otra parte del río.
6Y pregunté al hombre vestido de lino, que se cernía sobre el agua del río: —¿Cuándo se cumplirán estos prodigios?
7El hombre vestido de lino, que se cernía sobre el agua del río, alzó la mano derecha y la izquierda al cielo, y le oí jurar por el que vive eternamente: «Un tiempo y dos tiempos y medio tiempo. Cuando acabe la opresión del pueblo santo, se cumplirá todo esto».
8Yo oí sin entender y pregunté: —Mi Señor, ¿cuál será el desenlace?
9Me respondió: —Vete, Daniel. Las palabras están guardadas y selladas hasta el momento final.
10Muchos serán limpiados, blanqueados y purificados; los malvados seguirán en su maldad, sin que ninguno de los malvados entienda; los maestros comprenderán.
11Desde que supriman el sacrificio cotidiano y coloquen la abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días.
12Dichoso el que aguarde hasta que pasen mil trescientos treinta y cinco días.
13Tú, vete hasta el final y descansa. Te alzarás a recibir tu destino al final de los días.
Daniel 13
1Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín,
2casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor.
3Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.
4Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.
5Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: «En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo».
6Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.
7A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido.
8Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella.
9Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.
10Ambos estaban locos de pasión por ella, pero no se comunicaron su pena el uno al otro,
11pues les daba vergüenza manifestar su deseo, ya que deseaban unirse a ella.
12Cada día acechaban ansiosamente para verla.
13Se dijeron el uno al otro: «Vámonos a casa, que es hora de comer»; y, saliendo, se separaron.
14Pero, dando media vuelta, volvieron al mismo sitio; se preguntaron uno a otro el motivo y se confesaron su deseo. Entonces, ambos de acuerdo, planearon el momento oportuno en el que pudieran encontrarla sola.
15Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor.
16No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.
17Susana dijo a las criadas: —Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño.
18Ellas hicieron lo que les dijo, cerraron la puerta del jardín y salieron por una puerta lateral a traer lo que se les había ordenado, y no vieron a los ancianos porque estaban escondidos.
19Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella
20y le dijeron: —Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros.
21Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas.
22Susana lanzó un gemido y dijo: —No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos.
23Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor.
24Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella.
25Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.
26Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado.
27Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.
28Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana.
29En presencia del pueblo ordenaron: —Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín. Fueron a buscarla,
30y vino ella con sus padres, hijos y parientes.
31Susana era muy delicada y muy hermosa.
32Aquellos impíos le ordenaron quitarse el velo, pues iba cubierta con velo, para saciarse de su belleza.
33Toda su familia y cuantos la veían lloraban.
34Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.
35Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.
36Los ancianos declararon: —Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas.
37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
38Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos.
39Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo.
40En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven,
41pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello. Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.
42Susana dijo gritando: —Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda,
43tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí.
44Y el Señor escuchó su voz.
45Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel;
46y este dio una gran voz: —Yo soy inocente de la sangre de esta.
47Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: —¿Qué es lo que estás diciendo?
48Él, plantado en medio de ellos, les contestó: —Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel?
49Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella.
50La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: —Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad.
51Daniel les dijo: —Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar.
52Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo: —¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados,
53cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: «No matarás al inocente ni al justo».
54Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados. Él contestó: —Debajo de una acacia.
55Respondió Daniel: —Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio.
56Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: —¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón.
57Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad.
58Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados? Él contestó: —Debajo de una encina.
59Replicó Daniel: —Tu calumnia también se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros.
60Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él.
61Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo.
62Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.
63Jelcías y su mujer alabaron a Dios por su hija Susana, junto con su marido Joaquín y todos sus parientes, porque no se había encontrado nada vergonzoso en ella.
64Daniel gozó de gran prestigio ante el pueblo desde aquel día y en lo sucesivo.
Salmo 116
1Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
2porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.
3Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia.
4Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida».
5El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo;
6el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó.
7Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo:
8arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
9Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.
10Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!».
11Yo decía en mi apuro: «Los hombres son unos mentirosos».
12¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
13Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
14Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.
15Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.
16Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas.
17Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor.
18Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo,
19en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.