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Lectura 269 de 365

Isaías 65-66 · Salmos 54

Letra: Normal

Isaías 65

1Me he dejado consultar por los que no preguntaban, me han encontrado los que no me buscaban; he dicho: «Heme aquí, heme aquí» a un pueblo que no invocaba mi nombre.

2Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, detrás de sus proyectos,

3un pueblo que me irrita sin cesar, sacrifica en los jardines y ofrece incienso sobre ladrillos,

4que encuentra su morada en los sepulcros, y que duerme en cavernas, come carne de cerdo y en sus tazas un caldo repugnante.

5Decían: «Retírate, no te acerques, pues quedarías consagrado». Estas cosas provocan el humo de mi cólera, un fuego que arde todo el día.

6La cuenta está escrita ante mis ojos y no descansaré hasta haberla pagado:

7vuestras culpas y las de vuestros padres —dice el Señor—, de quienes ofrecen incienso en las montañas y me ultrajan en las colinas; calcularé sus acciones pasadas y escondidas y se las pagaré.

8Esto dice el Señor: Lo mismo que al encontrar mosto en un racimo se dice: «No lo destruyas, es una bendición», así haré por causa de mis siervos: no los destruiré a todos,

9sino que haré surgir un linaje de Jacob y de Judá, un heredero de mis montañas. Mis elegidos heredarán la tierra, y mis siervos habitarán allí.

10El Sarón será un aprisco de ovejas, y el valle de Acor dehesa de vacas para mi pueblo, los que me buscaron.

11Pero a vosotros, que abandonáis al Señor, olvidando su santa montaña, que aparejáis la mesa en honor de Gad y llenáis las copas de vino perfumado en honor de Mení,

12os destino a la espada. Os inclinaréis para ser degollados. Porque llamé y no respondisteis, hablé y no escuchasteis, hicisteis lo que es malo a mis ojos, escogisteis lo que me desagrada.

13Por eso, esto dice el Señor, Dios: «Mirad: mis siervos comerán y vosotros pasaréis hambre; mis siervos beberán y vosotros tendréis sed; mis siervos estarán alegres y vosotros os avergonzaréis.

14Mis siervos cantarán con corazón alegre y vosotros gritaréis con corazón dolorido y gemiréis quebrantados.

15Dejaréis vuestro nombre a mis elegidos como un juramento: “Que te dé muerte el Señor Dios. Pero a sus siervos los llamará con otro nombre”.

16Quien sea bendecido en el país, será bendecido por el Dios del Amén, y quien jure en el país, jurará por el Dios del Amén, porque se olvidarán las angustias del pasado y quedarán ocultas a mis ojos».

17Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.

18Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear: yo creo a Jerusalén «alegría», y a su pueblo, «júbilo».

19Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo, ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;

20ya no habrá allí niño que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito.

21Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos,

22no construirán para que otro habite, no plantarán para que otro coma; porque los días de mi pueblo serán como los días de los árboles, y mis elegidos consumirán la obra de sus manos.

23No se fatigarán en vano, ni tendrán hijos para una catástrofe, porque serán semilla bendita del Señor, y como ellos sus retoños.

24Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando, y ya los habré escuchado.

25El lobo y el cordero pacerán juntos, el león y el ganado comerán forraje la serpiente se nutrirá de polvo. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo —dice el Señor—.

Isaías 66

1Esto dice el Señor: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi reposo?

2Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío —oráculo del Señor—. En ese pondré mis ojos: en el humilde y abatido que se estremece ante mis palabras».

3El mismo que inmola un toro, golpea a muerte a un hombre, el mismo que sacrifica una oveja, desnuca un perro, el mismo que presenta una ofrenda, ofrece a la vez sangre de cerdo, el mismo que hace un memorial de incienso, bendice un ídolo. Ellos eligieron sus caminos, estaban encantados con sus abominaciones.

4También yo elijo mis caprichos y traigo sobre ellos el terror. Porque he llamado y nadie respondía, he hablado y no escuchaban. Hicieron el mal ante mis ojos y eligieron lo que no me agradaba.

5Escuchad la palabra del Señor los que os estremecéis ante su palabra. Dicen vuestros hermanos, que os detestan y rechazan por causa de mi nombre: «Muestre el Señor su gloria y veremos vuestra alegría». Pero ellos quedarán avergonzados.

6¡Escuchad! Un estrépito viene de la ciudad, una voz viene del templo: es la voz del Señor, que toma represalias contra sus enemigos.

7Sin estar de parto ha dado a luz, no le habían llegado los dolores y ha tenido un varón.

8¿Quién escuchó o ha visto cosa semejante? ¿Se puede parir un país en un solo día, se da a luz a todo un pueblo de una vez? Apenas sintió los espasmos, Sión dio a luz a sus hijos.

9¿Acaso abriré yo la matriz y no dejaré parir? —dice el Señor—. ¿Acaso yo, que hago parir, cerraré la matriz? —dice tu Dios—.

10Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis; alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto;

11mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

12Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;

13como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.

14Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado, se manifestará a sus siervos la mano del Señor, y su ira a sus enemigos».

15Porque el Señor llegará como fuego, y sus carros como torbellino, para restituir con ardor su ira y su indignación con llamas.

16Por su fuego y por su espada, el Señor se hace juez de todo ser viviente y muchas serán las víctimas del Señor:

17los que se consagran y purifican para ir a los jardines, detrás del ídolo que está en el centro, que comen carne de cerdo, reptiles y ratas, todos juntos perecerán —oráculo del Señor—.

18Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrán para ver mi gloria.

19Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.

20Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos, a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén —dice el Señor—, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor.

21También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas —dice el Señor—.

22Porque, como el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré subsisten ante mí —oráculo del Señor—, así subsistirán vuestra estirpe y vuestro nombre.

23Cada novilunio y cada sábado todo viviente se postrará ante mí —dice el Señor—.

24Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí: su gusano no muere, su fuego no se extingue. Serán el horror de todos los vivientes.

Salmo 54

1Al Director. Con instrumentos de cuerda. Poema de David.

2Cuando los zifitas vinieron a decir a Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?».

3Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder.

4Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras;

5porque unos insolentes se alzan contra mí, y hombres violentos me persiguen a muerte, sin tener presente a Dios. (Pausa)

6Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.

7Devuelve el mal a mis adversarios, destrúyelos por tu fidelidad.

8Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno;

9porque me libraste del peligro, y he visto la derrota de mis enemigos.