Lectura 241 de 365
Isaías 9-10 · Salmos 26
Isaías 9
1El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
2Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
3Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
4Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.
5Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz».
6Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor del universo lo realizará.
7El Señor ha lanzado una amenaza contra Jacob, que caerá sobre Israel.
8La entenderá el pueblo entero, Efraín y los habitantes de Samaría, que andan diciendo con soberbia y presunción:
9«Si se han caído los ladrillos, construiremos con sillares; si han cortado los sicómoros, los sustituiremos por cedros».
10El Señor levantará a sus enemigos contra él, e incitará a sus adversarios:
11al Oriente Siria, los filisteos a Occidente: devorarán a Israel de un bocado. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.
12Porque el pueblo no se ha vuelto a quien lo castigaba, ni ha buscado al Señor del universo,
13el Señor cortará de Israel cabeza y cola, palmera y junco en un solo día.
14El anciano y el noble son la cabeza, y el profeta, maestro de mentiras, es la cola.
15Los que guían a este pueblo lo extravían, y los guiados perecen.
16Por eso, el Señor no se apiada de los jóvenes, no tiene compasión de huérfanos y viudas; porque todos son impíos y perversos, y toda boca profiere necedades. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.
17Se propaga la maldad como un incendio que consume zarzas y cardos: arde en la espesura del bosque y se enrosca en columnas de humo.
18Por la ira del Señor del universo arde el país, y el pueblo es pasto del fuego: ninguno se apiada de su hermano;
19destroza a la derecha, y sigue hambriento, devora a la izquierda, y no se sacia. Cada uno devora la carne de su prójimo:
20Manasés a Efraín, Efraín a Manasés, juntos, los dos contra Judá. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.
Isaías 10
1¡Ay de los que establecen decretos inicuos, y publican prescripciones vejatorias,
2para oprimir a los pobres en el juicio y privar de su derecho a los humildes de mi pueblo, haciendo de la viuda su botín y despojando a los huérfanos!
3¿Qué haréis cuando tengáis que rendir cuentas, cuando la devastación llegue de lejos? ¿A quién acudiréis buscando auxilio, y dónde dejaréis vuestra fortuna?
4No les quedará más que encorvarse con los prisioneros y caer entre los muertos. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.
5¡Ay de Asiria, vara de mi ira! ¡Mi furor es bastón entre sus manos!
6Lo envío contra una nación impía, lo mando contra el pueblo que provoca mi cólera, para saquearlo y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles.
7Pero él no lo entiende así, no es eso lo que piensa en su corazón, sino exterminar, aniquilar naciones numerosas.
8Se decía: «¿No son reyes mis ministros?
9¿No le pasó a Calnó como a Carquemis? ¿No es Jamat como Arpad y Samaría como Damasco?
10Así como mi mano alcanzó a aquellos reinos con más ídolos e imágenes que Jerusalén y Samaría,
11lo mismo que hice con Samaría y sus ídolos, ¿no lo haré con Jerusalén y sus imágenes?».
12Cuando el Señor haya concluido su tarea en la montaña de Sión y en Jerusalén, pedirá cuentas de la soberbia de corazón del rey de Asiria y de la arrogancia de su mirada altanera.
13Porque se decía: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. He borrado las fronteras de las naciones, he saqueado sus tesoros y, como un héroe, he destronado a sus señores.
14Mi mano ha alcanzado a las riquezas de los pueblos, como si fueran un nido; como quien recoge huevos abandonados, recogí toda su tierra. Ninguno batió el ala, ninguno abrió el pico para piar».
15¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella? ¿Se gloría la sierra contra quien la mueve? ¡Como si el bastón moviera a quien lo sostiene, o la vara sostuviera a quien no es de madera!
16Por eso, el Señor, Dios del universo, debilitará a los hombres vigorosos y bajo su esplendor encenderá un fuego abrasador.
17La luz de Israel se convertirá en fuego, el Dios santo en llamas, arderá y devorará en un día sus espinos y zarzas.
18Consumirá el esplendor de su bosque y de su huerto, de la médula a la corteza. Será como un enfermo que se extingue.
19Árboles contados quedarán de su bosque, un niño podría contarlos.
20Aquel día, el resto de Israel y los supervivientes de la casa de Jacob no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán con lealtad en el Señor, en el Santo de Israel.
21Un resto volverá, un resto de Jacob al Dios fuerte.
22Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como la arena del mar, volverá solo un resto. La destrucción decretada rebosa justicia.
23El Señor, Dios del universo, llevará a cabo en todo el país el exterminio decretado.
24Por ello así dice Dios, el Señor del universo: «Pueblo mío que habitas en Sión, no temas a Asiria, que te golpea con la vara, y alza su bastón contra ti, al modo de Egipto.
25Dentro de muy poco mi indignación se habrá completado y mi furor llevará a su destrucción.
26El Señor del universo agita su látigo contra él, como cuando castigó a Madián en la roca del Horeb y alzó su bastón sobre el mar en el camino de Egipto.
27Aquel día, su carga caerá de tus hombros y su yugo de tu cuello». El devastador sube de Rimón
28ha llegado hasta Ayat, atraviesa Migrón pasa revista a las armas en Micmás.
29Han cruzado el desfiladero, hacen noche en Gueba, Ramá se sobresalta, Guibeá de Saúl emprende la huida.
30¡Lanza gritos, Bat-Galín; escucha, Lais; respóndele, Anatot!
31Madmená se dispersa, los habitantes de Guebín buscan refugio,
32se detienen un día en Nob, y ya agita su mano hacia la montaña de Sión, hacia la colina de Jerusalén.
33Mirad: el Señor, Dios del universo, desgaja con violencia las copas de los árboles: los altos troncos ya están cortados, las ramas altas serán podadas.
34Cae bajo el hierro la espesura del bosque, se desploma el Líbano con todo su esplendor.
Salmo 26
1De David. Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia; confiando en el Señor, no me he desviado.
2Escrútame, Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi corazón,
3porque tengo ante los ojos tu bondad, y camino en tu verdad.
4No me siento con gente falsa, no me junto con mentirosos;
5detesto las bandas de malhechores, no tomo asiento con los impíos.
6Lavo en la inocencia mis manos, y rodeo tu altar, Señor,
7proclamando tu alabanza, enumerando tus maravillas.
8Señor, yo amo la belleza de tu casa, el lugar donde reside tu gloria.
9No arrebates mi alma con los pecadores, ni mi vida con los sanguinarios,
10que en su izquierda llevan infamias, y su derecha está llena de sobornos.
11Yo, en cambio, camino en la integridad; sálvame, ten misericordia de mí.
12Mi pie se mantiene en el camino llano; en la asamblea bendeciré al Señor