Sufragio por los difuntos
Reza y ofrece la Misa por las benditas almas del purgatorio.
Oración del día por las almas
Oración de Santa Gertrudis
Eterno Padre, te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu divino Hijo, Jesús, en unión con todas las Misas que hoy se celebran en el mundo, por todas las almas del purgatorio, por los pecadores de la Iglesia universal, por los de mi casa y de mi familia. Amén.
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Para saber más
Manual: cómo ayudar a las benditas ánimas
Medios de sufragio, del más eficaz al más sencillo.
- La Santa Misa — el sufragio más eficaz. Aplicar el Santísimo Sacrificio por un difunto es el don más grande que se les puede ofrecer, porque en él se renueva la ofrenda de Cristo. Manda celebrar Misas por ellos; el sacerdote puede aplicar su Misa por un alma concreta; y todo fiel puede ofrecer por ellas la Comunión que recibe. Los santos —y María Simma— repetían que nada les ayuda tanto como la Misa.
- Las indulgencias. Las indulgencias, plenarias o parciales, pueden aplicarse a los difuntos. Del 1 al 8 de noviembre, cada día, se concede indulgencia plenaria, aplicable solo a las almas del purgatorio, a quien visita devotamente el cementerio y ora por los difuntos, aunque sea solo mentalmente; el día de la Conmemoración de los fieles difuntos, a quien visita una iglesia u oratorio y reza un Padrenuestro y un Credo. Con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego de todo pecado, incluso venial; la plenaria se gana una sola vez al día (Enchiridion Indulgentiarum, 4.ª ed., 1999, concesión 29 § 1 y normas 18-20). (Ver el módulo de Indulgencias.)
- El Santo Rosario y las oraciones. El rosario ofrecido por ellas, el «De profundis» (Salmo 129), el «Réquiem aeternam», la oración atribuida a Santa Gertrudis (ofrecer la Preciosísima Sangre de Cristo en unión con las Misas del mundo), la Coronilla de la Divina Misericordia, el Vía Crucis y las jaculatorias («Dales, Señor, el descanso eterno»).
- El ofrecimiento de la jornada. Ofrecer por las almas el trabajo, las cruces y los sufrimientos de cada día, uniéndolos a los de Cristo. Nada de lo que se vive en gracia se pierde: todo puede convertirse en sufragio.
- El sacrificio y la penitencia. Ofrecer por su descanso pequeñas mortificaciones, ayunos y renuncias voluntarias, en espíritu de penitencia.
- La limosna y las obras de misericordia. Dar limosna en su nombre y realizar obras de caridad ofrecidas por ellas: por la comunión de los santos, esas obras se aplican a las almas.
- El heroico acto de caridad. Ofrecer a Dios, en favor de las almas del purgatorio, todas las propias obras satisfactorias en vida y los sufragios que se reciban después de la muerte, poniéndolo todo en manos de la Santísima Virgen. Es una práctica de piedad tradicional; la indulgencia que tenía procedía de la disciplina anterior a 1967 (la «Raccolta») y no figura en el Enchiridion Indulgentiarum actual.
- La devoción de los lunes y el mes de noviembre. La tradición dedica el lunes a orar por los fieles difuntos, y noviembre —mes de las almas— a multiplicar los sufragios: Misas, visita al cementerio e indulgencias.
¿Qué es el purgatorio?
El purgatorio es el estado de los que mueren en la amistad de Dios pero, aunque seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la alegría del cielo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1030-1031).
No es un castigo de condenados, sino la purificación de los que ya se salvan: sufren por estar todavía lejos del Dios a quien aman, pero con la esperanza cierta y gozosa de verle pronto cara a cara.
Santa Catalina de Génova, en su «Tratado del Purgatorio», lo describe más como un fuego interior de amor que como un lugar: el alma, al ver el amor infinito de Dios y su propia necesidad de purificarse, se sumerge voluntariamente en él con paz, porque su mayor gozo es cumplir la voluntad de Dios.
Por la comunión de los santos, los que peregrinamos en la tierra podemos socorrer a estas almas: cuanto hacemos por ellas les aprovecha, y ellas, una vez en el cielo, interceden por sus bienhechores.
Oraciones por las almas
Réquiem aeternam
Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.
De profundis (Salmo 129)
Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor. Oye, Señor, benignamente mi voz.—Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias. Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia? Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.—En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: en el Señor ha puesto su esperanza. Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor. Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima. Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
Oración de Santa Gertrudis
Eterno Padre, te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu divino Hijo, Jesús, en unión con todas las Misas que hoy se celebran en el mundo, por todas las almas del purgatorio, por los pecadores de la Iglesia universal, por los de mi casa y de mi familia. Amén.
Jaculatoria
Dulce Corazón de Jesús, ten misericordia de las almas del purgatorio.
Promesas y revelaciones de los santos
- Santa Gertrudis la Grande. Se le atribuye, por una tradición tardía y no documentada en sus escritos, la oración de ofrecer la Preciosísima Sangre de Jesús en unión con todas las Misas del mundo por las almas del purgatorio. Es una oración tradicional, atribuida a santa Gertrudis.
- Santa Catalina de Génova. En su «Tratado del Purgatorio» enseña que las almas padecen y a la vez gozan: sufren por estar lejos de Dios, pero con una esperanza cierta y una paz que nunca les falta.
- Santa Faustina Kowalska. En su «Diario» narra que, guiada por su ángel, vio el purgatorio; al preguntar a las almas qué era lo que más las hacía sufrir, respondieron que sentirse lejos de Dios. Vio también a la Virgen visitándolas, a quien invocan como «Estrella del Mar».
- San Pío de Pietrelcina. Tuvo gran devoción por las almas: decía que venían a pedirle oraciones y que las que él ayudaba a llegar al cielo interceden luego por sus bienhechores.
- María Simma (1915-2004). Mística austríaca que, según su testimonio, recibía la visita de las almas del purgatorio; les consagró su vida y recogió su experiencia en varios libros. Insistía en que el medio más poderoso para ayudarlas es la Santa Misa. Como toda revelación privada, no es objeto de fe.
- Museo de las Ánimas del Purgatorio (Roma). En la iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio (Lungotevere Prati, 12) se conserva un pequeño museo con testimonios sobre las almas del purgatorio, reunidos por el P. Victor Jouet a raíz de un suceso de 1897.
Las revelaciones privadas (Santa Gertrudis, Santa Faustina, María Simma…) no son dogma de fe: la Iglesia puede aprobarlas como ayuda a la devoción, pero no obligan a creerlas. La doctrina cierta es la del Catecismo (1030-1032). Lo verdaderamente eficaz —Misa, oración, indulgencias, sacrificio y caridad— pertenece a la fe común de la Iglesia.
El purgatorio en la Sagrada Escritura
- «Es un pensamiento santo y saludable orar por los difuntos, para que queden libres de sus pecados.»2 Macabeos 12, 46
- «Si la obra de alguno queda abrasada, sufrirá el daño; él en cambio se salvará, aunque sea como quien pasa a través del fuego.»1 Corintios 3, 15
- El pecado contra el Espíritu «no será perdonado ni en este mundo ni en el otro», de donde la Tradición ha entendido que existe una purificación en la vida futura.Mateo 12, 32
La comunión de los santos
La Iglesia es una sola familia en tres estados: los que peregrinan en la tierra, los que se purifican (las almas del purgatorio) y los que ya gozan de Dios en el cielo. Por la comunión de los santos, unos ayudamos a otros: nosotros socorremos a las almas con nuestros sufragios, y ellas, al llegar al cielo, interceden por sus bienhechores (cf. Catecismo, 954-959).
Santos devotos de las almas
- San Nicolás de Tolentino (1245-1305). Sacerdote agustino; el papa León XIII lo declaró en 1884 Patrón de las Ánimas del Purgatorio por su celo e intercesión por los difuntos.
- San Odilón de Cluny († 1049). Abad que en el año 998 instituyó la Conmemoración de los fieles difuntos (2 de noviembre), luego extendida a toda la Iglesia.
- Otros grandes intercesores. Santa Gertrudis, Santa Faustina, San Pío de Pietrelcina y María Simma (ver «Promesas y revelaciones»).
Devociones por las almas
- El escapulario del Carmen (privilegio sabatino). Según el decreto del Santo Oficio de 1613 (bajo Paulo V), se puede creer piadosamente que la Virgen socorre con su intercesión a las almas de quienes murieron en gracia llevando el escapulario y cumpliendo sus condiciones (castidad según el estado y oración), especialmente en sábado, día dedicado a Ella. La promesa de librarlas «el sábado siguiente a la muerte» procede de la llamada bula sabatina, que no se tiene por auténtica.
- La devoción de los lunes. Dedicar el lunes a orar y a ofrecer la Misa por los fieles difuntos.
- El heroico acto de caridad. Ofrecer a las almas todas las propias obras satisfactorias en vida y los sufragios que se reciban tras la muerte, poniéndolo en manos de la Virgen. Práctica de piedad tradicional (su antigua indulgencia, de la «Raccolta», no figura en el Enchiridion actual).
- El mes de noviembre. Multiplicar las Misas, la visita al cementerio y las indulgencias por las almas.
Indulgencias por los difuntos
Del 1 al 8 de noviembre: cada día, indulgencia plenaria, aplicable solo a los difuntos, visitando devotamente el cementerio y orando por ellos, aunque sea solo mentalmente.
El 2 de noviembre (Conmemoración de los fieles difuntos): indulgencia plenaria visitando una iglesia u oratorio y rezando el Padrenuestro y el Credo.
Condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Santo Padre y desapego de todo pecado, incluso venial. La plenaria se gana una sola vez al día.