Novena a san Vicente Ferrer
Letra100 %
(Cada día: señal de la cruz, Ven, Espíritu Santo o un Avemaría, oración preparatoria, oración del día, tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias, petición, oración para todos los días y oración para alcanzar buena muerte.)
Oración preparatoria (todos los días)
Clementísimo Dios y Padre de misericordias, a ti vuelvo arrepentido, clamando como el hijo pródigo: «¡Oh Padre!, pequé contra el cielo y en tu presencia, y no merezco llamarme vuestro hijo». ¡Ay, miserable de mí! Cuántos y cuán graves pecados he cometido, viviendo tan ciego como si no hubiera Dios: no os amaba, no os servía, ni aun me acordaba de vos; y como si mis pecados fueran servicios, me regalabais como a hijo querido; mis maldades daban voces contra mí, y vos os hacíais sordo; mi malicia se alargaba cada día contra vos, y alargábase vuestra misericordia para mí. Yo os dejé, Dios mío, y me fui tras los deleites mundanos, con los cuales te perdí. Amásteme, Señor, más que a vuestra vida, pues quisiste morir por mi alma. Pues, ¡oh Salvador mío!, ¿con qué os pagaré tantos beneficios? Quisiera que me quitara la vida el pesar de haber pecado. Quebrantad, Señor, mi corazón de dolor, de modo que derrame tantas lágrimas que laven todos mis pecados. Llorad, ojos míos, llorad sin cesar. Dadme, Señor, entendimiento que os conozca y voluntad que siempre os ame, por la sangre y lágrimas que derramó mi dulcísimo Jesús en la cruz. Amén.
Día 1.º — Para pedir el amor de Dios
Omnipotente Señor y Dios eterno, que con el fuego de vuestro amor inflamasteis el corazón de san Vicente Ferrer, mi protector y abogado, llegando a tanto su llama que deseó con vivas ansias el martirio, pareciéndole pocos los trabajos de su apostólica vida: ruégoos, Señor, por los méritos de este abrasado serafín, que prendan en mi corazón una centella del amor divino, con que menosprecie cuanto tiene el mundo; solo por vos suspire, a vos ame y por vos muera, para gozaros en la gloria. Amén.
Día 2.º — Para pedir el amor de los prójimos
Omnipotente Señor y Dios eterno, por quien san Vicente Ferrer, mi protector, amó tan de veras a sus prójimos que expuso su salud y vida por el beneficio de los pecadores: ruégoos, Señor, por los méritos de este fidelísimo siervo vuestro, que yo ame de tal manera a mis prójimos que por ellos, y por bien de sus almas, padezca gustoso cualquier género de penalidades, para que, amando yo por Dios a las criaturas, consiga el fin para que fui criado, que es la gloria. Amén.
Día 3.º — Para pedir la humildad
Omnipotente Señor y Dios eterno, que llenasteis de celestiales dones el corazón de san Vicente Ferrer, y con todo eso le conservasteis tan humilde que ni las alabanzas humanas le ensoberbecían ni las persecuciones le desconsolaban: ruégoos, Señor, por los méritos de este apóstol vuestro, que yo me conserve tan humilde en lo próspero y adverso que ni los trabajos me turben ni las dichas de este mundo me desvanezcan, para que, considerando que soy polvo, este abatimiento empeñe vuestra divina mano a elevarme hasta la gloria. Amén.
Día 4.º — Para pedir la castidad
Omnipotente Señor y Dios eterno, de cuya pureza infinita participó tanto san Vicente Ferrer, mi protector, que solo con mirarlo se convertían las mujeres perdidas, y con la fragancia que despedía se reducían los hombres deshonestos: ruégoos, Señor, por los méritos de este ángel humano, que yo aparte de mi corazón aun los más leves pensamientos, para que de ese modo sean castas mis palabras, y mis obras tan puras que merezca gozaros en la gloria. Amén.
Día 5.º — Para pedir el santo temor de Dios
Omnipotente Señor y Dios eterno, Juez de vivos y muertos, que señalasteis para predicador de vuestro juicio a mi protector san Vicente Ferrer, y lo practicó tan de veras que al pronunciarlo cayeron los hombres en tierra desmayados a millares: ruégoos, Señor, por los méritos de este precursor de vuestro juicio, se imprima en mi alma vuestro temor santo, de modo que no me atreva más a ofenderos, para que, acabando mi vida en gracia, sea de los escogidos para la gloria. Amén.
Día 6.º — Para pedir a Dios la penitencia
Omnipotente Señor y Dios eterno, que os dignasteis adornar con tal ejemplo de penitencia a san Vicente Ferrer, mi abogado, que sin haber pecado en su vida mortalmente eran sus ayunos continuos, sus disciplinas de sangre, sus peregrinaciones, trabajos y vigilias excesivas: ruégoos, Señor, por los méritos de este ejemplo de penitencia, esforcéis mi flaqueza hasta abrazar una mortificación cual la piden mis muchos y graves pecados, para que, lavando con ella las manchas de mi alma, parezca en vuestra divina presencia limpia y pura, y logre el descanso de la gloria. Amén.
Día 7.º — Para pedir la esperanza
Omnipotente Señor y Dios eterno, que para los más obstinados pecadores disteis poder a san Vicente Ferrer, haciendo que el demonio restituyese las cédulas con que los tenía obligados: ruégoos, Señor, por los méritos de este celestial médico de las almas, que, aunque se multipliquen mis culpas, no falte en mí vuestra esperanza, sino que siempre confíe en vos y en san Vicente, por cuyo empeño espero y pido el perdón de mis pecados y la consecución de la gloria. Amén.
Día 8.º — Para pedir a Dios la paciencia
Omnipotente Señor y Dios eterno, que fortalecisteis a san Vicente Ferrer, mi protector, con el escudo de la paciencia, de modo que favorecía a los que le quitaban la honra y hacía beneficio a los que intentaban matarlo: ruégoos, Señor, por los méritos de este legado imitador vuestro, que yo triunfe de mis enemigos con invencible paciencia, favoreciendo a cuantos me han agraviado, para que, perdonando de este modo, os dignéis perdonarme y darme el premio de la gloria. Amén.
Día 9.º — Para pedir una buena muerte
Omnipotente Señor y Dios eterno, de cuya voluntad depende vida y muerte, que para esta formidable hora disteis tal gracia a san Vicente Ferrer que se ha visto asistir a sus devotos, consolarlos y acompañarlos hasta ponerlos en vuestras divinas manos: ruégoos, Señor, por los méritos de este profeta celador de las almas, que no peligre la mía en aquel indispensable trance; y pues desde ahora, Santo mío, acudo a vuestro amparo, cuidad desde ahora mi alma, que está a vuestro cargo; avisadme si me amenaza muerte repentina, y entregadla en manos de su Criador, para gozarle con vos en la gloria. Amén.
(Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias; cada uno hace interiormente su petición.)
Oración para todos los días
Amantísimo Padre y protector mío san Vicente Ferrer, pues sois tan consolador de vuestros devotos que por su alivio habéis venido a visitarlos desde el cielo, alcanzadme lo que os pido en esta novena. Os ruego, Santo mío, por la exaltación de nuestra santa fe, por la paz entre los príncipes cristianos, por la destrucción de los vicios y aumento de las virtudes, por todas las necesidades de este pueblo y por las pobrecitas almas del purgatorio. Para mí, Santo mío, solo pido lo que me convenga a mayor honra y gloria de Dios y vuestra. Amén.
Oración de san Vicente para alcanzar buena muerte
Misericordia, mi Dios, y atiende piadoso a mi oración. Misericordia, Señor, que mi alma se halla enferma, y las virtudes están muy desmayadas y perdidas. Misericordia, Señor, que me veo angustiado, y por haber provocado contra mí tu justicia me hallo confuso y se estremece mi cuerpo. Misericordia, Dios mío, y sea según tu gran clemencia. Misericordia, mi Dios, que me atropella el demonio: todo el día me impugna y molesta. Misericordia, mi Dios; misericordia, Señor, pues cada día clamo a ti. Alegra el alma de tu siervo, cuando levanto mi corazón a la piedad. Gloria al Padre…
Señor mío Jesucristo, que, cuanto es de ti, a todos salvas, y no quieres que nadie se pierda, y a quien nunca se suplica sin una segura esperanza de tu misericordia, pues por tu misma boca bendita tú dijiste: «Cuanto en mi nombre pidiereis al Padre celestial, se os concederá»: suplícote, Señor, por tu santo nombre (y por los méritos de tu siervo san Vicente Ferrer), que en el artículo de mi muerte me des el conocimiento entero, me conserves el habla y me concedas una grande contrición de mis pecados, una fe viva y constante, una bien ordenada esperanza y una caridad perfecta, para que con puro corazón te pueda decir: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu», que eres bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amén.
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