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Novena a san José

Letra100 %
(Hincado de rodillas ante alguna imagen del glorioso San José, hará la señal de la cruz, levantará el espíritu a Dios y dirá luego el Acto de contrición: Señor mío Jesucristo, etc.) Oración a Dios nuestro Señor para todos los días ¡Dios y Señor mío, que llenasteis de inumerables favores, gracias y dones al glorioso Patriarca y santísimo José para hacerle digno esposo, compañero y vigilante custodio de la Santísima Virgen, ayo y padre putativo de Cristo Redentor nuestro! Yo os doy repetidísimas gracias por tan alta dignidad y soberanos favores con que honrasteis a nuestro glorioso Santo, y os suplico me concedáis la pureza del alma y cuerpo para que acierte a agradaros, y que merezca alcanzar, mediante su intercesión, la gracia que solicito y pido en esta Novena. Amén. Deprecación al glorioso San José para todos los días ¡Santísimo Patriarca, glorioso San José, digno esposo de la Inmaculada Virgen y Madre de Jesucristo! Yo os suplico interpongáis vuestros méritos y me alcancéis del Señor que consiga mi humildad lo que intenta y pide en esta Novena, siendo para gloria suya, honra vuestra y provecho de mi alma; pero si no fuese así, rectificad mi petición para que sólo pretenda y pida lo conveniente para mayor gloria suya, culto vuestro y salvación de mi alma. Amén. Día primero ¡Oh santísimo José, Protector y amparo mío! En reverencia de las gracias y favores con que adornó la Trinidad Beatísima vuestra santísima alma, para que en ella brotasen las suavísimas flores de tan heroicas virtudes que os hicieron digno esposo de la Santísima Virgen, padre putativo, ayo y custodio de su Unigénito Hijo, yo os suplico y rendidamente imploro vuestra intercesión benigna para alcanzar de la divina bondad los celestiales rocíos que fertilizan las almas, para que pueda la mía llevar fruto de virtudes que la mantengan en gracia durante esta vida, y final perseverancia con que llegue a celebrar los sagrados desposorios que esperamos en la eterna. Asimismo, devotamente os suplico aleguéis vuestros poderosos méritos, alcanzándome lo que ruego y pido en esta Novena si conviene a la salud de mi alma. Amén. (Aquí se hará la petición.) (Ahora se dirán tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri en honor del benditísimo Patriarca.) Ant. José, hijo de David, no temas ni rehúses recibir a tu castísima Esposa en tu santa compañía, porque lo que ha concebido es por gracia del Divino Espíritu. V. Ruega por nosotros, santísimo José. R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Oración ¡Oh Dios, que por una providencia inefable os dignasteis escoger al bienaventurado José para esposo de vuestra Santísima Madre! Os suplicamos fervorosamente nos concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Vos, que siendo Dios vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén. (Ahora se podrán rezar los Gozos del Santo.) Día segundo ¡Oh santísimo José, protector y amparo mío! En reverencia del dolor que padecisteis no alcanzando la alteza de los misterios al considerar en cinta a vuestra castísima Esposa, y del gozo que recibisteis del ángel que aseguró ser el Espíritu Santo especialísimo autor de su virginal preñez, yo imploro vuestro favor para alcanzar de las divinas piedades cumplida gracia para guardar la limpieza y castidad del alma y cuerpo que pide mi estado, pues tanto resplandecisteis y os esmerasteis en ella. Asimismo, devotamente os suplico me alcancéis de la Majestad divina la especial gracia y favor que pido en esta Novena, siendo conveniente a mi eterna salvación. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día tercero ¡Oh santísimo José, protector y amparo mío! En reverencia del doloroso quebranto que sentisteis al mirar la pobreza y desnudez de Jesús, el frío que sufría y sus tiernos llantos, que os llenaron de compasión amorosa, y en reverencia del consuelo celestial que regocijó a vuestra alma oyendo la música misteriosa que entonaron los cortesanos del cielo, y aceptando los regalos que con tierna sencillez ofreció la devoción de los pastores humildes, os suplico interpongáis vuestra poderosa intercesión para que yo desestime la vanidad de las galas y riquezas engañosas con que se goza el mundo, porque no me sirvan de estorbo para buscar los verdaderos contentos de la gracia, que en esta vida aseguran los eternos de la gloria. Os suplico interceda la eficacia de vuestros copiosísimos méritos para alcanzar el favor que os pido en esta Novena, si conviene a mi eterna salvación. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día cuarto ¡Oh santísimo José, defensor y amparo mío! En reverencia del compasivo dolor y ternura de lágrimas que derramaríais, sin duda, viendo herir al Niño Dios cuando se circuncidó, y derramar el tesoro de su sangre preciosísima, y en reverencia del gozo espiritual que recibió vuestro espíritu llamando al Niño, Jesús, pues era verdadero Salvador de todo el linaje humano, yo os suplico me alcancéis que acierte a circuncidar los perniciosos resabios del demasiado amor propio, convirtiéndolo en caridad de mis prójimos, que les alivie en todas sus necesidades cuanto me sea posible. Y juntamente suplico propongáis en el tribunal divino vuestros poderosos méritos para que alcance la especial gracia que pido en esta Novena y que sea eficaz medio para conseguir la gloria. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día quinto ¡Oh santísimo José, mi abogado y especialísimo amparo! En reverencia de aquel triste desconsuelo que atormentó vuestro tierno corazón cuando el anciano Simeón profetizó los dolores, escarnios, contradicciones y penas que preparó la malicia a vuestro amado Jesús, y en reverencia del gozo que vuestra alma sintió al oír que todos estos trabajos se disponían para ejemplo y redención de los hombres, yo os pido, santísimo Patriarca, seáis mi especial abogado y me alcancéis que, mediante la total conformidad en las penas y desgracias de esta vida, sea mi alma del número felicísimo de las que logran y consiguen el fruto de los tormentos y la Pasión de mi Señor Jesucristo. Yo os suplico que presentéis vuestros méritos a las divinas piedades para alcanzar la gracia que pido en esta Novena, si no impide la salvación de mi alma. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día sexto ¡Oh santísimo José, mi defensa y abogado especialísimo. En reverencia del compasivo dolor que atravesó vuestra alma al disponer la partida, huyendo de la tiranía y crueldad del rey Herodes, y del gozo que sentisteis cuando, arruinados los ídolos, empezó a desfallecer el poder de los demonios, yo os pido, amantísimo José, interpongáis vuestra intercesión piadosa, alcanzando se desvanezca en mi alma, a las luces de la ilustración divina, la obscuridad que mantiene las aficiones y embaucamientos del mundo, y sólo abrace las verdades y desengaños que la dispongan para recibir los frutos de soberanos influjos, y ahora la especial gracia que os pido en esta Novena y os suplico se enderece a conseguirla consumada en la gloria. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día séptimo ¡Oh santísimo José, protector y amparo mío! En reverencia de la tristeza y dolor que atormentó a vuestra alma sabiendo al volver de Egipto que, muerto Herodes, era rey un hijo suyo, que temisteis imitase la tiranía de su padre, y en reverencia del gozo que alivió vuestra tristeza con la embajada del ángel, que os mandaba retirar con el Infante y su purísima Madre a la provincia de Galilea, yo os suplico, custodio vigilantísimo de estas dos divinas prendas, me alcancéis especialísima gracia de la Majestad suprema para imitar, cuanto pueda, vuestra atención cuidadosa y reverencial amor, para servir con perpetua esclavitud a esa celestial Señora, purísima Esposa vuestra, digna Madre de mi Dios y mi especial abogada; y empeño vuestra fineza para que ambos intercedáis con mi Dios y me alcancéis el favor que pido en esta Novena, si ha de ser medio y oportuna prevención a la salud de mi alma. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día octavo ¡Oh santísimo José, mi especialísimo amparo! En reverencia del desconsuelo y tristeza con que estuvo vuestro amante corazón los tres días que se retiró Jesús y ausentó de vuestros ojos, y del gozo en que se bañó vuestra alma viéndole entre los doctores, proponiéndoles dificultades gravísimas de la Sagrada Escritura, yo os suplico que ofrezcáis vuestro gran merecimiento a la Majestad divina, alcanzándome eficaz gracia para que siga mi alma el verdadero camino y senda de las virtudes, su aumento y perseverancia en ellas, para que, hallado por gracia del dulcísimo Jesús en las vicisitudes de esta vida, viva en El por amor perseverante hasta que quede segura, sin el miedo de perderle, en la quietud de la eterna. Y os suplico seáis mi fiel intercesor, y me alcancéis el favor y la gracia que pido en esta Novena, si conviene a mi eterna salvación. Amén. (Se concluirá como el primer día.) Día noveno ¡Oh santísimo José, protector y amparo mío, Patriarca el más dichoso, de los más festejados y honrados de Dios en los palacios del cielo, cuyo gran merecimiento predicó el Espíritu divino llamándoos digno esposo de María y padre putativo de Jesucristo! Yo, humilde devoto vuestro, me regocijo en el alma y os doy amorosos parabienes por el alto grado de gloria que gozáis en la feliz compañía de vuestra divina Esposa. Y pues sois especial dispensador de los tesoros del cielo, y facilita vuestra intercesión piadosa lo que parece imposible a nuestra humana flaqueza, pues no negará Jesús cosa alguna en el cielo a quien quiso su fineza vivir sujeto en la tierra, yo os suplico, amantísimo José, interpongáis toda vuestra autoridad con vuestra Esposa santísima, y ambos con vuestro querido Hijo y mi Redentor Jesús, para alcanzarme de su infinita piedad luz que destierre las tinieblas de mi entendimiento, gracia que enfervorice mi alma en el amor de las virtudes, y la final perseverancia que corone los trabajos y ejercicios de esta vida con los bienes, felicidades y descanso de la eterna. Asimismo, rendidamente os suplico alcancéis de las divinas piedades paz y verdadera concordia a los príncipes cristianos, la vuelta a la fe de los que están alejados de ella, a las almas del Purgatorio el eterno descanso, y finalmente os ruego solicitéis para mí la especial gracia que pido en esta Novena, y sea todo a mayor gloria de Dios, honra vuestra y salvación de mi alma. Amén. (Se concluirá como el primer día.)
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