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Lectura 84 de 90

Apocalipsis 9-10

Letra: Normal

Apocalipsis 9

1El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella caída del cielo a la tierra. Y le fue dada la llave del pozo del abismo,

2y abrió el pozo del abismo; y subió humo del pozo como el humo de un gran horno, y se oscurecieron el sol y el aire por el humo del pozo.

3Del humo salieron langostas hacia la tierra, y les fue dado poder como el poder que tienen los escorpiones de la tierra.

4Se les dijo que no hicieran daño a la hierba ni a nada verde ni a ningún árbol, sino solo a las personas que no llevan el sello de Dios en la frente.

5Y les fue dado poder no para matarlos, sino para atormentarlos durante cinco meses. Y su tormento es como el tormento del escorpión cuando pica a un hombre.

6Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la encontrarán; desearán morir, y la muerte huirá de ellos.

7Y el aspecto de las langostas era como de caballos preparados para la guerra; llevan en la cabeza una especie de coronas que parecen de oro, y sus rostros eran como rostros humanos.

8Y tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de león.

9Y tenían corazas como corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el ruido de carros con muchos caballos que corren al combate.

10Tienen colas como de escorpiones, y aguijones, y en sus colas reside su poder para dañar a los hombres durante cinco meses.

11Tienen como rey sobre ellos al ángel del abismo; en hebreo su nombre es Abaddón y en griego Apolíon.

12El primer ¡ay! ha pasado; mira que vienen todavía dos después de esto.

13El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro ángulos del altar de oro que está delante de Dios.

14Y le decía al sexto ángel, al que tenía la trompeta: «Suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río, el Éufrates».

15Quedaron sueltos los cuatro ángeles que estaban preparados para aquella hora y día y mes y año, para matar a la tercera parte de los hombres.

16Y el número de las tropas de caballería era doscientos millones; yo oí su número.

17En la visión vi así a los caballos y a sus jinetes: tenían corazas de fuego, jacinto y azufre; las cabezas de los caballos eran como cabezas de león, y de sus bocas sale fuego, humo y azufre.

18Por estas tres plagas que salían de su boca, fuego, humo y azufre, murió la tercera parte de los hombres.

19Pues el poder de los caballos está en su boca y también en sus colas, ya que sus colas parecen serpientes con cabezas, y con ellas hacen el daño.

20El resto de los hombres, los que no murieron por estas plagas, tampoco se arrepintieron de las obras de sus manos, no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro y plata, bronce, piedra y madera, que no ven ni oyen ni andan.

21No se arrepintieron tampoco de sus homicidios ni de sus hechicerías ni de su fornicación ni de sus robos.

Apocalipsis 10

1Y vi otro ángel poderoso que descendía del cielo envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; su rostro era como el sol y sus piernas como columnas de fuego.

2Tenía en la mano un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra;

3y gritó con voz potente como ruge el león. Y cuando gritó, los siete truenos hablaron con sus voces.

4Y cuando hablaron los siete truenos, iba yo a escribir, pero oí una voz del cielo que decía: «Sella lo que han dicho los siete truenos, y no lo escribas».

5El ángel que había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó la mano derecha al cielo

6y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto contiene, la tierra y cuanto contiene, el mar y cuanto contiene: «Se ha terminado el tiempo;

7cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta y dé su toque, entonces, en esos días, se habrá cumplido el misterio de Dios, según la buena nueva que había anunciado a sus siervos los profetas».

8Y la voz del cielo que había escuchado se puso a hablarme de nuevo diciendo: «Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra».

9Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito. Él me dice: «Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».

10Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.

11Y me dicen: «Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».