Lectura 76 de 90
1 Pedro 4-5 · 2 Pedro 1
1 Pedro 4
1Así pues, dado que Cristo sufrió según la carne, también vosotros armaos de la misma mentalidad, porque el que sufrió según la carne ha acabado con el pecado,
2para vivir el resto de su vida no según las pasiones humanas, sino según la voluntad de Dios.
3Pues ya es bastante el tiempo transcurrido llevando una vida de gentiles, andando entre libertinajes, instintos, borracheras, comilonas, orgías e idolatrías nefastas.
4Por eso se extrañan y os insultan cuando no acudís con ellos a ese derroche de inmoralidad.
5Ellos darán cuenta ante aquel que está dispuesto para juzgar a vivos y muertos.
6Pues para esto se anunció el Evangelio también a los que ya están muertos, para que, condenados como todos los hombres en el cuerpo, vivan según Dios en el Espíritu.
7Además, el fin de todas las cosas está cercano. Así pues, sed sensatos y sobrios para la oración.
8Ante todo, mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados.
9Sed hospitalarios unos con otros sin protestar.
10Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido.
11Si uno habla, que sean sus palabras como palabras de Dios; si uno presta servicio, que lo haga con la fuerza que Dios le concede, para que Dios sea glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
12Queridos míos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en vosotros y sirve para probaros, como si ocurriera algo extraño.
13Al contrario, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante.
14Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
15Así pues, que ninguno de vosotros tenga que sufrir por ser asesino, ladrón, malhechor o entrometido,
16pero si es por ser cristiano, que no se avergüence, sino que dé gloria a Dios por este nombre.
17Porque ha llegado el momento de que el juicio empiece por la casa de Dios; pero, si nosotros somos los primeros, ¿cuál será el final de los que desprecian el Evangelio de Dios?
18Y si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y pecador?
19Así pues, que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, haciendo el bien, pongan también sus vidas en manos del Creador, que es fiel.
1 Pedro 5
1Así pues, a los presbíteros entre vosotros, yo presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se va a revelar, os exhorto:
2pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa;
3no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.
4Y, cuando aparezca el Pastor supremo, recibiréis la corona inmarcesible de la gloria.
5Igualmente los más jóvenes: someteos a los mayores. Pero revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes.
6Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento.
7Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros.
8Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar.
9Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos.
10Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará.
11Suyo es el poder por los siglos. Amén.
12Os he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella.
13Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo.
14Saludaos unos a otros con el beso del amor. Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.
2 Pedro 1
1Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe tan preciosa como la nuestra:
2a vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
3Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia,
4con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición;
5en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento,
6al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad,
7a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.
8Pues estas cosas, si las tenéis en abundancia, no os dejan ociosos ni infecundos para el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
9Y quien no las tenga es ciego y miope, que echa en el olvido la purificación de sus propios pecados.
10Por eso, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección; haciendo esto no caeréis nunca.
11Pues así se os facilitará muchísimo la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
12Por eso estaré siempre recordándoos estas cosas, aunque ya las sabéis y estáis firmes en la verdad que poseéis.
13Mientras habito en esta tienda de campaña, considero un deber animaros con una exhortación,
14sabiendo que pronto voy a dejar mi tienda, según me manifestó nuestro Señor Jesucristo.
15Pero pondré mi empeño en que, incluso después de mi muerte, tengáis siempre la posibilidad de acordaros de esto.
16Pues no nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
17Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
18Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.
19Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones,
20pero sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia,
21pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.