Lectura 5 de 90
Mateo 13-15
Mateo 13
1Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar.
2Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.
3Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar.
4Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron.
5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida;
6pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
7Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.
8Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
9El que tenga oídos, que oiga».
10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?».
11Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
12Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
13Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.
14Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
15porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.
16Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.
17En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
18Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
19si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
20Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría;
21pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
22Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
23Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.
30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo;
32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».
34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada,
35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
36Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno;
39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles.
40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos:
41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad,
42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
44El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
45El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas,
46que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
47El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces:
48cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
49Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos
50y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
51¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».
52Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
53Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
54Fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros?
55¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
56¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».
57Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta».
58Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.
Mateo 14
1En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús
2y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
3Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo;
4porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella.
5Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
6El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes,
7que juró darle lo que pidiera.
8Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
9El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran,
10y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
11Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
12Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
13Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
14Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
15Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
16Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
17Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
18Les dijo: «Traédmelos».
19Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
20Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.
21Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
22Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
24Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
25A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar.
26Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
27Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
28Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
29Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús;
30pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».
31Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
32En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
33Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
34Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
35Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos.
36Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.
Mateo 15
1Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
2«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
3Él les respondió: «¿Por qué quebrantáis vosotros el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición?
4Pues Dios dijo: “Honra al padre y a la madre” y “El que maldiga al padre o a la madre es reo de muerte”.
5Pero vosotros decís: “Si uno dice al padre o a la madre: ‘Los bienes con que podría ayudarte son ofrenda sagrada’,
6ya no tiene que honrar a su padre o a su madre”. Y así invalidáis el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición.
7Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, diciendo:
8“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
9El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”».
10Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended:
11no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
12Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
13Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
14Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
15Pedro le dijo: «Explícanos esta parábola».
16Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender?
17¿No comprendéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y se expulsa en la letrina?,
18pero lo que sale de la boca brota del corazón; y esto es lo que hace impuro al hombre,
19porque del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias.
20Estas cosas son las que hacen impuro al hombre. Pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre».
21Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
22Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
23Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
24Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
25Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
26Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
27Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
28Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
29Desde allí Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
30Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies y él los curaba.
31La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
32Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
33Los discípulos le dijeron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
34Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y algunos peces».
35Él mandó a la gente que se sentara en el suelo.
36Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
37Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.
38Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.
39Despidió a la multitud, montó en la barca y se dirigió a la región de Magadán.