Lectura 2 de 90
Mateo 4-6
Mateo 4
1Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
2Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
4Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
5Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo
6y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
7Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
8De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria,
9y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
10Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
11Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
12Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
13Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí,
14para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
15«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
16El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
17Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
18Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
19Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
20Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
21Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
22Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
23Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
25Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Mateo 5
1Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos;
2y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
13Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
14Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
15Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
16Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
17No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
18En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
19El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
20Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
21Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
22Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego.
23Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti,
24deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
25Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel.
26En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
27Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
28Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
29Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna.
30Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna.
31Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
32Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
33También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
34Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios;
35ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey.
36Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello.
37Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.
38Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”.
39Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra;
40al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto;
41a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos;
42a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
43Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
44Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,
45para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
46Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?
47Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?
48Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Mateo 6
1Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
2Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
3Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
6Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
7Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso.
8No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.
9Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,
10venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
11danos hoy nuestro pan de cada día,
12perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
13no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial,
15pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
16Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,
18para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
19No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban.
20Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban.
21Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.
22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz;
23pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!
24Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
25Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
27¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
28¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan.
29Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos.
30Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
31No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir.
32Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
33Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura.
34Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.