Lectura 6 de 40
Mateo 15-16
Mateo 15
1Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
2«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
3Él les respondió: «¿Por qué quebrantáis vosotros el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición?
4Pues Dios dijo: “Honra al padre y a la madre” y “El que maldiga al padre o a la madre es reo de muerte”.
5Pero vosotros decís: “Si uno dice al padre o a la madre: ‘Los bienes con que podría ayudarte son ofrenda sagrada’,
6ya no tiene que honrar a su padre o a su madre”. Y así invalidáis el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición.
7Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, diciendo:
8“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
9El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”».
10Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended:
11no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
12Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
13Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
14Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
15Pedro le dijo: «Explícanos esta parábola».
16Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender?
17¿No comprendéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y se expulsa en la letrina?,
18pero lo que sale de la boca brota del corazón; y esto es lo que hace impuro al hombre,
19porque del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias.
20Estas cosas son las que hacen impuro al hombre. Pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre».
21Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
22Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
23Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
24Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
25Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
26Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
27Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
28Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
29Desde allí Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
30Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies y él los curaba.
31La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
32Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
33Los discípulos le dijeron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
34Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y algunos peces».
35Él mandó a la gente que se sentara en el suelo.
36Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
37Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.
38Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.
39Despidió a la multitud, montó en la barca y se dirigió a la región de Magadán.
Mateo 16
1Se le acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo.
2Les contestó: «Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo”.
3Y a la mañana: “Hoy lloverá, porque el cielo está rojo oscuro”. ¿Sabéis distinguir el aspecto del cielo y no sois capaces de distinguir los signos de los tiempos?
4Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el de Jonás». Y dejándolos se marchó.
5Al pasar a la otra orilla, a los discípulos se les había olvidado tomar pan.
6Jesús les dijo: «Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos».
7Discutían entre ellos diciendo: «Es porque no hemos cogido panes».
8Dándose cuenta Jesús dijo: «¡Gente de poca fe!, ¿por qué andáis discutiendo entre vosotros que no tenéis panes?
9¿Aún no entendéis? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil?, ¿cuántos cestos sobraron?
10¿Ni de los siete panes para los cuatro mil?, ¿cuántas canastas sobraron?
11¿Cómo no comprendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos».
12Entonces comprendieron que no hablaba de guardarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.
13Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
14Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
15Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
16Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
19Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
20Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
21Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
22Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
23Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
24Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
25Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
26¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
27Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
28En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».