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Lectura 25 de 40

Lucas 13-14

Letra: Normal

Lucas 13

1En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

2Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto?

3Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

4O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

5Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

6Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

7Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

8Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,

9a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

10Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.

11Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.

12Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad».

13Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.

14Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».

15Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?

16Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».

17Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

18Decía, pues: «¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?

19Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».

20Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios?

21Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

22Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

23Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo:

24«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

25Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”.

26Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

27Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

28Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera.

29Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

30Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

31En aquella misma ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte».

32Y les dijo: «Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.

33Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.

35Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Lucas 14

1Un sábado, entró él en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

2Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía,

3y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?».

4Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.

5Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?».

6Y no pudieron replicar a esto.

7Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

8«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú;

9y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

10Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

11Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

12Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

13Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos;

14y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

15Uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!».

16Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente;

17a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”.

18Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”.

19Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”.

20Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”.

21El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”.

22El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”.

23Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa.

24Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».

25Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

26«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

27Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

28Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

29No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran,

30diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

31¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

32Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

33Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

34La sal es buena, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

35No sirve ni para el campo ni para el estercolero, se tira afuera. El que tenga oídos para oír, que oiga».