Novena a María, Reina de los Apóstoles
Letanía de la Virgen · Regina Apostolorum
Nueve días de oración con María, Reina de los Apóstoles, corazón orante del Cenáculo y Madre de la Iglesia misionera.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
María, Reina de los Apóstoles
«Reina de los Apóstoles» (Regina Apostolorum) es una de las invocaciones de la Letanía de la Virgen. Tras la Ascensión, los Apóstoles, «perseveraban unánimes en la oración, con María, la madre de Jesús» (Hechos 1,14), esperando la venida del Espíritu Santo. María, presente en el Cenáculo el día de Pentecostés, es Madre y Reina de los Apóstoles: no porque predicara o gobernara la Iglesia naciente, sino porque, con su fe y su oración, sostuvo a los que Cristo enviaba a anunciar el Evangelio. Es la Madre de la Iglesia, corazón orante de la primera comunidad. Al invocarla Reina de los Apóstoles acudimos a su intercesión por la evangelización y por cuantos anuncian a Cristo. Esta novena es una súplica confiada por la misión de la Iglesia y por un corazón apostólico.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a Jesús: «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Invocación: María, Reina de los Apóstoles (Regina Apostolorum), de la Letanía de la Virgen.
- Origen: fundada en la presencia de María con los Apóstoles en el Cenáculo, orando por la venida del Espíritu (Hechos 1,14; 2,1-4); recogida en la Letanía Lauretana.
- Sentido: María sostuvo con su fe y su oración a los Apóstoles enviados por Cristo; es Madre de la Iglesia y modelo de la comunidad orante y misionera.
- Fundamento evangélico: «Perseveraban unánimes en la oración, con María, la madre de Jesús» (Hechos 1,14); «id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (Marcos 16,15).
- Para quién: por la evangelización, por los misioneros, sacerdotes y por cuantos anuncian a Cristo con la palabra y la vida.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante María, Reina de los Apóstoles, no buscamos un rito mágico, sino disponer el corazón a la misión de anunciar a Cristo. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por la Iglesia y los que la sirven, por tu familia, por los enfermos y por los misioneros. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo. La devoción de la Reina de los Apóstoles nos recuerda que la misión nace de la oración y de la fuerza del Espíritu.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: fe, esperanza y caridad. María, Reina de los Apóstoles, no busca admiradores, sino discípulos y testigos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- Señal de la cruz y un breve silencio para ponerse en presencia de Dios.
- Oración inicial para todos los días.
- Invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación del día.
- Lectura pausada de la Palabra de Dios sugerida.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a María, Reina de los Apóstoles.
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, que reuniste a los Apóstoles en oración con María, la Madre de Jesús, a la espera del Espíritu Santo, mira con bondad a cuantos nos acogemos a esta advocación. Concédenos, por su intercesión, un corazón apostólico que anuncie a Cristo con la palabra y la vida, y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a ser testigos de tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, y descendiste sobre los Apóstoles reunidos con ella en oración, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y valentía para anunciarla. Guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — Reina de los Apóstoles
Memoria histórica
En los días que siguieron a la Ascensión, los Apóstoles esperaban el Espíritu Santo reunidos en oración «con María, la madre de Jesús» (Hechos 1,14). Esa presencia orante de María en el centro de la Iglesia naciente fundó la invocación de Reina de los Apóstoles.
Meditación
María no fue apóstol en el sentido de predicar o gobernar, y sin embargo la Iglesia la llama Reina de los Apóstoles. Su realeza es la del amor y la oración: en el corazón de la primera comunidad, sostuvo con su fe a los que Cristo enviaba. Nos enseña que la misión no empieza en la actividad, sino en la oración y en la comunión. Honrarla como Reina de los Apóstoles es reconocer que toda la obra de la Iglesia se apoya en la intercesión y en la fe. Pedir su intercesión es pedir que sostenga a los que anuncian a Cristo.
Palabra de Dios sugerida
«Todos perseveraban unánimes en la oración, con María, la madre de Jesús» (Hechos 1,14).
Propósito
Hoy rezaré por la Iglesia y por quienes anuncian el Evangelio, sosteniéndolos con mi oración.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, que sostuviste con tu oración a la Iglesia naciente, intercede por cuantos anuncian a Cristo. Ruega por nosotros. Amén.
Día segundo — La misión viene de Cristo
Memoria histórica
Antes de subir al cielo, Jesús mandó a los Apóstoles: «id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Marcos 16,15), y prometió estar con ellos hasta el fin del mundo.
Meditación
La Iglesia llama a María «Reina de los Apóstoles» sin olvidar que el Señor de la misión es Cristo. La grandeza de María y de los Apóstoles está toda al servicio del envío de Jesús: no anuncian doctrina propia, sino a Él. La misión no es empresa humana, sino continuación de la de Cristo, que sigue actuando por su Espíritu. Por eso el evangelizador no confía en sus fuerzas, sino en el Señor que envía y acompaña. Pedir la intercesión de María es pedir fidelidad a la misión recibida de Cristo.
Palabra de Dios sugerida
«Como el Padre me envió, también yo os envío» (Juan 20,21).
Propósito
Anunciaré hoy a Cristo con un gesto o una palabra sencilla, sabiéndome enviado por Él.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, llévanos a Cristo, Señor de la misión. Que anunciemos no ideas nuestras, sino a Él. Ruega por nosotros. Amén.
Día tercero — María en el Cenáculo
Memoria histórica
En el Cenáculo, María oraba en medio de los Apóstoles, unida a ellos en la espera. La que había concebido a Cristo por obra del Espíritu Santo acompañaba ahora a la Iglesia que iba a nacer por el mismo Espíritu.
Meditación
La presencia de María en el Cenáculo es discreta y decisiva: no ocupa el primer lugar, pero es el corazón orante de la comunidad. Su experiencia del Espíritu en la Anunciación la hacía guía silenciosa de aquella espera. Así es en la Iglesia: la oración humilde y perseverante sostiene toda la vida apostólica. Sin Cenáculo, sin oración, la misión se seca. María nos enseña a preparar toda obra apostólica con la oración unánime y confiada. Pedir su intercesión es pedir el espíritu del Cenáculo: unión y súplica.
Palabra de Dios sugerida
«Se retiraron al piso superior… y perseveraban unánimes en la oración» (Hechos 1,13-14).
Propósito
Prepararé hoy con oración algo que quiera hacer por los demás, como en el Cenáculo.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, alma orante del Cenáculo, enséñanos a sostener toda obra buena con la oración. Ruega por nosotros. Amén.
Día cuarto — Pentecostés y el Espíritu
Memoria histórica
El día de Pentecostés, «se llenaron todos del Espíritu Santo» (Hechos 2,4), y los Apóstoles, antes temerosos, salieron a anunciar a Cristo con valentía. María estaba entre ellos.
Meditación
Pentecostés es el nacimiento de la Iglesia misionera. El Espíritu transforma a los Apóstoles: del miedo a la audacia, del encierro a la calle. No es entusiasmo humano, sino fuerza de Dios. Toda evangelización auténtica es obra del Espíritu; sin Él, sobran las palabras. María, que concibió a Cristo por el Espíritu, acompaña a la Iglesia que por el Espíritu engendra hijos para Dios. Pedir la intercesión de la Reina de los Apóstoles es pedir un nuevo Pentecostés para la Iglesia y para cada uno de nosotros.
Palabra de Dios sugerida
«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… y seréis mis testigos» (Hechos 1,8).
Propósito
Invocaré hoy al Espíritu Santo pidiendo valentía para dar testimonio de Cristo sin miedo.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, que acompañaste a la Iglesia en Pentecostés, alcánzanos la fuerza del Espíritu para ser testigos de Cristo. Ruega por nosotros. Amén.
Día quinto — María junto a los enfermos
Memoria histórica
También los enfermos evangelizan, ofreciendo su dolor por la Iglesia y dando testimonio de fe. A María, Reina de los Apóstoles, acuden buscando consuelo y sentido en el sufrimiento.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los enfermos: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre alcanza a los enfermos la fortaleza para llevar la cruz. Y el sufrimiento ofrecido con fe se vuelve fecundo para la misión de la Iglesia: hay un apostolado silencioso del dolor, aunque la salud no llegue como quisiéramos.
Palabra de Dios sugerida
«La madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”» (Juan 2,3).
Propósito
Rezaré hoy por un enfermo concreto y le pediré que ofrezca su dolor por la Iglesia; le haré, si puedo, un gesto de cercanía.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles y consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos. Alcánzales alivio y sentido, y haz fecundo su dolor por la Iglesia. Que en la cruz reconozcamos el amor de Cristo, salud verdadera. Amén.
Día sexto — Todos somos enviados
Memoria histórica
El anuncio del Evangelio no es tarea solo de los Apóstoles y sus sucesores: por el bautismo, todo cristiano está llamado a dar testimonio de Cristo, cada uno en su lugar.
Meditación
A veces se piensa que evangelizar es cosa de sacerdotes y misioneros. Pero el Espíritu se derramó sobre toda la Iglesia, y todo bautizado es enviado a ser testigo: en la familia, el trabajo, la amistad. No siempre con grandes discursos, sino sobre todo con el ejemplo de una vida coherente y con la palabra oportuna. El primer apostolado es ser buen cristiano allí donde se está. María, Reina de los Apóstoles, sostiene también nuestro pequeño apostolado cotidiano. Pedir su intercesión es pedir un corazón que no se avergüence del Evangelio.
Palabra de Dios sugerida
«No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación» (Romanos 1,16).
Propósito
Daré hoy testimonio de mi fe en un ambiente concreto, con el ejemplo o con una palabra sencilla.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, haznos testigos valientes de tu Hijo allí donde vivimos. Que no nos avergoncemos del Evangelio. Ruega por nosotros. Amén.
Día séptimo — Reina coronada y Madre de la Iglesia
Memoria histórica
La Iglesia venera a María como Reina, coronada en el cielo, y la invoca como Madre de la Iglesia, título con el que la honró el Concilio y la liturgia. Desde el cielo sigue sosteniendo a la Iglesia con su intercesión.
Meditación
María es Reina porque es Madre del Rey, y su realeza es servicio, como la de su Hijo, que «no vino a ser servido, sino a servir». Al pie de la cruz, Jesús la dio por Madre al discípulo, y en él a toda la Iglesia. Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, no reina imponiéndose, sino amando, orando e intercediendo. La Iglesia nunca camina sola: la acompaña su Madre. Honrar a la Reina del cielo es confiar la Iglesia entera —el Papa, los pastores, los fieles— a su intercesión materna.
Palabra de Dios sugerida
«Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Juan 19,27).
Propósito
Confiaré hoy a María, Madre de la Iglesia, al Papa, a los pastores y a un sacerdote concreto.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, sostén con tu intercesión al Papa, a los pastores y a todo el pueblo de Dios. Intercede por nosotros ante Cristo, Rey del universo. Amén.
Día octavo — La primera evangelización, en el hogar
Memoria histórica
La fe se transmite primero en la familia. En Nazaret, «Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,52), en un hogar donde se vivía y se transmitía la fe de Israel.
Meditación
El primer campo de misión es el propio hogar. Los padres son los primeros evangelizadores de sus hijos: les enseñan a rezar, a conocer y amar a Jesús, más con el ejemplo que con las palabras. La familia cristiana es «iglesia doméstica», pequeña comunidad orante y misionera, como el Cenáculo. En tiempos en que muchos crecen sin conocer a Cristo, la transmisión de la fe en casa es más necesaria que nunca. María, Reina de los Apóstoles y Madre del hogar, ayuda a las familias en esta misión. Encomendarle la familia es pedir hogares que engendren la fe.
Palabra de Dios sugerida
«Lo que aprendiste… enséñalo tú también» (2 Timoteo 2,2); «Bajó con ellos a Nazaret… y Jesús crecía» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Transmitiré hoy la fe en mi hogar con una oración compartida, una palabra sobre Jesús o un buen ejemplo.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles y Madre de la Sagrada Familia, haz de nuestros hogares iglesias domésticas que transmitan la fe. Alcánzanos fe, unidad y perdón; consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Que Cristo sea anunciado en cada familia. Amén.
Día noveno — Envío a la misión
Memoria histórica
Terminada la novena, los fieles vuelven a su vida diaria enviados, como los Apóstoles tras Pentecostés, a ser testigos de Cristo. Cada Eucaristía termina con un envío: «Id en paz».
Meditación
La novena no es el final, sino el envío. Habiendo orado nueve días con María, Reina de los Apóstoles, salimos como los Apóstoles del Cenáculo: llenos del Espíritu para anunciar a Cristo. La misión no siempre pide ir lejos; empieza en casa, en el trabajo, entre los conocidos, con la coherencia de vida y la palabra oportuna. Como María, que llevó a Cristo a la casa de Isabel, y como los Apóstoles enviados al mundo, también nosotros, tras la novena, volvemos a la vida para ser testigos del Señor.
Palabra de Dios sugerida
«Id, pues, y haced discípulos de todos los pueblos… y yo estoy con vosotros todos los días» (Mateo 28,19-20).
Propósito
Seré hoy misionero en mi ambiente con un testimonio concreto de fe, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
María, Reina de los Apóstoles, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, llenos del Espíritu, seamos testigos de tu Hijo en el mundo, hasta reunir a todos en su reino. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Oración final
María, Reina de los Apóstoles, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, que sostuviste con tu oración a la Iglesia naciente, condúcenos siempre a tu Hijo Jesucristo, único Salvador y Señor, Señor de la misión. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Alcanza a la Iglesia un nuevo Pentecostés; sostén al Papa, a los obispos, a los sacerdotes y a los misioneros; despierta en todos los bautizados el celo apostólico; consuela a los enfermos y guarda a nuestras familias como iglesias domésticas. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que, sostenidos por la oración de María, anuncien con valentía el Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por los obispos, sacerdotes y misioneros, para que sean testigos fieles de Cristo hasta los confines de la tierra. Roguemos al Señor.
- Por un nuevo Pentecostés en la Iglesia, para que el Espíritu Santo renueve el ardor apostólico de los bautizados. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, para que ofrezcan su dolor por la misión de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por las familias, para que sean iglesias domésticas que transmitan la fe. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que la Reina de los Apóstoles los presente ante su Hijo y descansen en su paz. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.