Novena a María, Reina de la Paz
Letanía de la Virgen · Regina Pacis (añadida por Benedicto XV en 1917)
Nueve días de oración con María, Reina de la Paz, intercesora de la paz para el mundo y para cada corazón.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
María, Reina de la Paz
«Reina de la Paz» (Regina Pacis) es una de las invocaciones de la Letanía de la Virgen. Fue el papa Benedicto XV quien la añadió a la Letanía en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, para pedir por medio de María el fin de la contienda y el don de la paz. Con este título, la Iglesia acude a la Madre de Dios como intercesora de la paz para el mundo, para los pueblos en guerra y para cada corazón atribulado. La paz es, ante todo, don de Cristo, el «Príncipe de la Paz», y María, que lo trajo al mundo, nos alcanza esa paz que Él da y que el mundo no puede dar. Esta novena, universal y actual, es una súplica confiada por la paz, en un mundo tantas veces herido por la violencia y la división.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo, nuestra paz. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a Jesús, «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Invocación: María, Reina de la Paz (Regina Pacis), de la Letanía de la Virgen.
- Origen: añadida a la Letanía por el papa Benedicto XV en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, como súplica por la paz.
- Sentido: María intercede por la paz del mundo y de los corazones; la paz es don de Cristo, «Príncipe de la Paz» (Isaías 9,5), que ella nos alcanza.
- Fundamento evangélico: «la paz os dejo, mi paz os doy» (Juan 14,27); «bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mateo 5,9).
- Para quién: por la paz del mundo, de los pueblos en guerra, de las familias divididas y de cada corazón atribulado.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante María, Reina de la Paz, no buscamos un rito mágico, sino disponer el corazón a la conversión y a la paz. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por la paz del mundo, por tu familia, por los enfermos y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo, nuestra paz. La devoción de la Reina de la Paz nos enseña que la paz comienza en el propio corazón reconciliado con Dios.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: caridad, perdón y esperanza. María, Reina de la Paz, no busca admiradores, sino discípulos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Oración inicial para todos los días e invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación pausada del tema propio de la jornada.
- Proclamación de la Palabra de Dios sugerida, en silencio orante.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a María, Reina de la Paz.
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, autor de la paz y amigo de la concordia, que nos das en la Virgen María una Madre que intercede por la paz, mira con bondad a cuantos nos acogemos a esta advocación. Concédenos, por su intercesión, la paz del corazón reconciliado contigo, la reconciliación con los hermanos y la paz para el mundo; y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y fuerza para cumplirla. Enséñanos a orar como conviene, guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — Reina de la Paz
Memoria histórica
En 1917, mientras la Primera Guerra Mundial ensangrentaba a los pueblos, el papa Benedicto XV añadió a la Letanía la invocación «Reina de la Paz», pidiendo a María el fin de la guerra. Desde entonces, la Iglesia acude a ella como intercesora de la paz.
Meditación
María trajo al mundo al «Príncipe de la Paz», y por eso la Iglesia la invoca como Reina de la Paz. No es ella quien da la paz —solo Cristo la da—, pero su intercesión de Madre la implora para el mundo. En medio de tantas guerras y violencias, acudir a la Reina de la Paz es un acto de fe: creer que Dios puede cambiar los corazones y traer la concordia. Pedir la intercesión de María, Reina de la Paz, es suplicar el don de la paz para un mundo herido.
Palabra de Dios sugerida
«Un niño nos ha nacido… se llamará Príncipe de la Paz» (Isaías 9,5).
Propósito
Rezaré hoy a la Reina de la Paz por un conflicto o una guerra concreta del mundo.
Oración del día
María, Reina de la Paz, que trajiste al mundo al Príncipe de la Paz, alcánzanos de tu Hijo el don de la paz para el mundo herido. Intercede por nosotros ante Cristo, que vive y reina por los siglos. Amén.
Día segundo — Cristo, nuestra paz
Memoria histórica
Jesús, al despedirse de los suyos, les dejó como herencia la paz: «la paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo». Y resucitado, saludó a los discípulos diciendo: «la paz esté con vosotros».
Meditación
La paz de Cristo no es como la del mundo, que es solo ausencia de guerra o tregua pasajera: es la paz honda del corazón reconciliado con Dios, que ni la enfermedad ni la persecución pueden quitar. San Pablo dice que «Él es nuestra paz», porque en la cruz reconcilió a la humanidad con Dios y a los hombres entre sí. Buscar la paz es buscar a Cristo. Pedir la intercesión de María, Reina de la Paz, es pedir esa paz suya que el mundo no puede dar.
Palabra de Dios sugerida
«Él es nuestra paz» (Efesios 2,14).
Propósito
Buscaré hoy la paz de Cristo acudiendo a Él en la oración con algo que me quita la paz.
Oración del día
María, Reina de la Paz, llévanos a Cristo, que es nuestra paz. Que hallemos en Él la paz que el mundo no puede dar. Ruega por nosotros. Amén.
Día tercero — La paz del corazón
Memoria histórica
La paz del mundo empieza en la paz de cada corazón. San Agustín escribió: «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Solo en Dios halla el corazón su verdadera paz.
Meditación
No puede dar paz quien no la tiene. La paz del mundo es imposible sin corazones en paz, y el corazón solo halla paz reconciliándose con Dios, dejando el pecado y confiando en Él. La inquietud, la ansiedad y el rencor roban la paz; la oración, el perdón y la confianza la devuelven. San Pablo pide dejar que «la paz de Cristo reine en vuestros corazones». Pedir la intercesión de María, Reina de la Paz, es pedir esa paz interior que nace de la reconciliación con Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones» (Colosenses 3,15).
Propósito
Buscaré hoy la paz interior soltando una inquietud o un rencor y confiándolo a Dios.
Oración del día
María, Reina de la Paz, alcánzanos la paz del corazón reconciliado con Dios. Que la paz de Cristo reine en nosotros. Ruega por nosotros. Amén.
Día cuarto — María junto a los enfermos
Memoria histórica
La paz que da Cristo alcanza también a los que sufren en el cuerpo. A María, Reina de la Paz, acuden los enfermos buscando la serenidad del alma en medio del dolor.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los enfermos: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre alcanza a los enfermos, junto con la fortaleza para llevar la cruz, la paz del corazón que confía, incluso cuando la salud no llega como quisiéramos.
Palabra de Dios sugerida
«La madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»» (Juan 2,3).
Propósito
Rezaré hoy por un enfermo concreto y, si me es posible, le haré una visita, una llamada o un gesto de cercanía, llevándole paz.
Oración del día
María, Reina de la Paz y consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos y de quienes los cuidan. Alcánzales alivio, paciencia y la paz del corazón, y a nosotros, corazón compasivo. Que en la cruz reconozcamos el amor de Cristo, salud verdadera. Amén.
Día quinto — La reconciliación y el perdón
Memoria histórica
Jesús enseñó que, antes de presentar la ofrenda en el altar, hay que reconciliarse con el hermano. Y mandó perdonar «setenta veces siete». Sin perdón no hay paz verdadera.
Meditación
La paz entre las personas nace del perdón. El rencor y la venganza engendran más violencia; solo el perdón rompe la cadena del mal y abre camino a la reconciliación. Perdonar no es olvidar ni fingir que no hubo daño, sino renunciar a la venganza y desear el bien del que nos ofendió, como Dios nos perdona a nosotros. Es una obra ardua, pero es el camino de la paz. Pedir la intercesión de María, Reina de la Paz, es pedir un corazón capaz de perdonar y de reconciliarse.
Palabra de Dios sugerida
«Reconcíliate primero con tu hermano, y luego vuelve a presentar tu ofrenda» (Mateo 5,24).
Propósito
Daré hoy un paso de reconciliación con alguien, perdonando o pidiendo perdón.
Oración del día
María, Reina de la Paz, alcánzanos un corazón capaz de perdonar y de reconciliarse. Que rompamos la cadena del mal con el perdón. Ruega por nosotros. Amén.
Día sexto — Constructores de paz
Memoria histórica
Jesús proclamó bienaventurados a «los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». La paz no es solo un don que se recibe, sino también una tarea que se construye.
Meditación
Ser constructor de paz es sembrarla donde hay discordia: apaciguar en vez de encender, unir en vez de dividir, hablar bien en vez de calumniar, tender puentes en vez de levantar muros. Cada uno, en su ambiente, puede ser instrumento de paz, como pedía san Francisco: «donde haya odio, ponga yo amor». La paz del mundo se teje con pequeños gestos de paz de cada día. Pedir la intercesión de María, Reina de la Paz, es pedir ser instrumentos de la paz de Cristo.
Palabra de Dios sugerida
«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5,9).
Propósito
Seré hoy instrumento de paz en un ambiente concreto: apaciguando, uniendo o hablando bien.
Oración del día
María, Reina de la Paz, haznos instrumentos de la paz de tu Hijo. Que sembremos paz donde hay discordia y seamos llamados hijos de Dios. Ruega por nosotros. Amén.
Día séptimo — Reina coronada y Madre
Memoria histórica
La Iglesia venera a María como Reina, coronada en el cielo junto a su Hijo. Bajo el título de Reina de la Paz, invoca su realeza maternal al servicio de la paz del mundo.
Meditación
María es Reina porque es Madre del Rey, y su realeza es servicio, como la de su Hijo, que «no vino a ser servido, sino a servir». Su corona no la ensalza por poder terreno, sino que confiesa su dignidad de Madre de Dios. La verdadera paz no se impone por la fuerza, sino que nace del servicio y la humildad. Honrar a María Reina de la Paz es aprender de su humildad, que es camino de concordia. También nosotros seremos elevados si servimos y trabajamos por la paz.
Palabra de Dios sugerida
«Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lucas 1,52).
Propósito
Practicaré hoy un acto de humildad concreto, sabiendo que la humildad es camino de paz.
Oración del día
María, Reina coronada y Reina de la Paz, enséñanos que la verdadera grandeza está en servir y en construir la paz. Que aprendamos de tu humildad. Ruega por nosotros ante Cristo, Rey del universo. Amén.
Día octavo — La paz en la familia
Memoria histórica
La paz del mundo empieza en la paz de los hogares. En Nazaret, la Sagrada Familia vivió en paz, unida en el amor y en la voluntad de Dios, aun en medio de las pruebas.
Meditación
Jesús creció en el hogar de Nazaret, sujeto a María y a José, en un ambiente de paz. La familia es la primera escuela de la paz: allí se aprende a perdonar, a ceder, a servir y a convivir. Cuando falta la paz en el hogar —por el rencor, la incomprensión o el egoísmo—, sufre toda la familia. María, Reina de la Paz y Madre del hogar, vela por nuestras familias y las encomienda a su Hijo. Pedir su intercesión por el matrimonio, los hijos, los ancianos y los que viven solos es pedir la paz para nuestros hogares.
Palabra de Dios sugerida
«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Trabajaré hoy por la paz en mi familia, con un gesto de reconciliación, de servicio o de ternura.
Oración del día
María, Reina de la Paz y Madre de la Sagrada Familia, guarda la paz en nuestros hogares. Alcánzanos de tu Hijo unidad, paciencia y perdón; consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Que en cada familia reine Cristo, nuestra paz. Amén.
Día noveno — Envío a la vida
Memoria histórica
Terminada la novena, los fieles vuelven a su vida diaria, llevando en el alma la paz de Cristo y el encargo de sembrarla en el mundo. Cada Eucaristía termina con el envío: «Podéis ir en paz».
Meditación
La novena no es el final, sino el envío. Habiendo recibido la paz de Cristo, somos enviados a llevarla: a las familias, al trabajo, a la sociedad, empezando por reconciliarnos y por sembrar paz en lo pequeño. Como los pastores de Belén, que «se volvieron dando gloria y alabanza a Dios», también nosotros, tras la novena, hemos de volver transformados, portadores de paz. María, Reina de la Paz, nos precede como Madre y como esperanza.
Palabra de Dios sugerida
«Y los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído» (Lucas 2,20).
Propósito
Llevaré la paz de Cristo a mi vida cotidiana con un gesto concreto de paz, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
María, Reina de la Paz, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, portadores de la paz de tu Hijo, la sembremos en el mundo y lleguemos con Él al puerto eterno. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Oración final
María, Reina de la Paz, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, que trajiste al mundo al Príncipe de la Paz, condúcenos siempre a tu Hijo Jesucristo, único Salvador y Señor, que es nuestra paz. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Bendice a la Iglesia, alcanza la paz a los pueblos en guerra, la reconciliación a las familias divididas y la serenidad a los corazones atribulados, y consuela a los enfermos y a cuantos te invocamos con amor. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que, bajo la intercesión de la Reina de la Paz, sean signo e instrumento de la paz de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por la paz del mundo y por los pueblos que sufren la guerra, para que el Señor cambie los corazones y traiga la concordia. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones, para que busquen la paz, la justicia y el bien común. Roguemos al Señor.
- Por las familias divididas y por cuantos han perdido la paz interior, para que hallen reconciliación y serenidad en Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los ancianos y las familias, para que, bajo el amparo de María, vivan la fe y la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que la Reina de la Paz los presente ante su Hijo y descansen en la paz eterna. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.