Novena a Nuestra Señora, Salud de los enfermos
Letanía de la Virgen · relacionada con el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo
Nueve días de oración con María, Salud de los enfermos, que intercede ante Cristo por cuantos sufren en el cuerpo o en el alma.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
Nuestra Señora, Salud de los enfermos
«Salud de los enfermos» (Salus Infirmorum) es una de las más antiguas y consoladoras invocaciones de la Letanía de la Virgen. Con este título, la Iglesia confía a la intercesión maternal de María a todos los que sufren en el cuerpo o en el alma. No porque María sane por sí misma —la salud, como toda gracia, viene de Dios—, sino porque, como en las bodas de Caná advirtió la necesidad y acudió a su Hijo, así presenta ante Cristo el dolor de los enfermos y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». Esta novena, especialmente indicada para los enfermos y para quienes los cuidan, se puede rezar en cualquier tiempo, y de modo particular en torno al 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo, único médico de cuerpos y almas. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a Jesús, «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Invocación: Nuestra Señora, Salud de los enfermos (Salus Infirmorum), de la Letanía de la Virgen.
- Sentido: María intercede por los enfermos ante Cristo, único que sana; no obra la salud por sí misma, sino que a Él nos conduce.
- Fundamento evangélico: «no tienen vino… haced lo que Él os diga» (Juan 2,3.5); Jesús médico que cura a los enfermos (Mateo 4,23-24).
- Para quién: especialmente indicada para los enfermos y para quienes los cuidan.
- Fecha relacionada: 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante Nuestra Señora, Salud de los enfermos, no buscamos un rito mágico ni una curación garantizada, sino disponer el corazón a la conversión, a la confianza y al abandono en la voluntad de Dios. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por un enfermo, por los que cuidan, por tu familia y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo, único Salvador. Y la fe no dispensa de los medios humanos: oración y medicina van unidas.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión, o la unción de los enfermos si estás gravemente enfermo. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: caridad, paciencia y esperanza. Nuestra Señora, Salud de los enfermos, no busca admiradores, sino discípulos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Oración inicial para todos los días e invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación pausada del tema propio de la jornada.
- Proclamación de la Palabra de Dios sugerida, en silencio orante.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a Nuestra Señora, Salud de los enfermos.
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, salud y salvación de cuantos esperan en ti, que nos das en la Virgen María una Madre que intercede por los enfermos, mira con bondad a cuantos nos acogemos a esta advocación. Concédenos, por su intercesión, confiar en ti en la enfermedad, unir nuestro dolor a la cruz de Cristo y servir con amor a los que sufren; y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y fuerza para cumplirla. Enséñanos a orar como conviene, guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — Salud de los enfermos
Memoria histórica
Desde antiguo, el pueblo cristiano invoca a María como «Salud de los enfermos». La más antigua oración mariana que se conserva, «Bajo tu amparo», ya acudía a ella en la necesidad y el peligro. En su intercesión, los que sufren encuentran consuelo.
Meditación
María es «Salud de los enfermos» no porque cure por sí misma, sino porque su intercesión de Madre es poderosa ante su Hijo, único que sana. Acudir a ella no es magia ni garantía de curación, sino confiar en un amor maternal que ruega por nosotros según la voluntad de Dios. En la enfermedad, tener una Madre que intercede llena de esperanza el corazón. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es confiarle nuestro dolor y el de los que amamos.
Palabra de Dios sugerida
«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios» (antífona antigua).
Propósito
Confiaré hoy a María mi salud y la de un enfermo concreto, con una oración de confianza.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, intercede ante tu Hijo por cuantos sufren en el cuerpo o en el alma. Que en ti hallen consuelo y esperanza. Intercede por nosotros ante Cristo, que vive y reina por los siglos. Amén.
Día segundo — Cristo, médico verdadero
Memoria histórica
En su vida pública, Jesús curó a muchos enfermos: leprosos, ciegos, paralíticos, poseídos. El Evangelio lo muestra recorriendo los pueblos «curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo». Es el médico que Dios envió a los hombres.
Meditación
María, en Caná, nos enseña el camino: advertir la necesidad y acudir a Jesús, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo, médico de cuerpos y almas. Toda oración por la salud pasa por Cristo, que puede curar el cuerpo y, siempre, sana el alma con su gracia. Acudir a Él con fe, por medio de María, es lo que hace fecunda la súplica. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es dejarnos llevar por ella hasta Cristo, único médico verdadero.
Palabra de Dios sugerida
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Marcos 2,17).
Propósito
Acudiré hoy a Cristo en la oración con una dolencia mía, del cuerpo o del alma, pidiéndole salud.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, llévanos a Cristo, médico de cuerpos y almas. Que acudamos a Él con fe. Ruega por nosotros. Amén.
Día tercero — El sufrimiento unido a Cristo
Memoria histórica
María estuvo de pie junto a la cruz, uniendo su dolor al de su Hijo. Por eso enseña a los que sufren a no malgastar el dolor en la queja, sino a ofrecerlo unido a la Pasión de Cristo.
Meditación
El sufrimiento, por sí solo, no salva; pero unido al de Cristo se vuelve fecundo. San Pablo escribía: «completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia». El enfermo que ofrece su dolor por amor, por la conversión de alguien o por el bien de la Iglesia, participa de la obra redentora y transforma la cama en altar. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es pedir aprender a ofrecer el sufrimiento con amor.
Palabra de Dios sugerida
«Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Colosenses 1,24).
Propósito
Ofreceré hoy un dolor o una molestia, unido a la cruz de Cristo, por una intención concreta.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, que estuviste junto a la cruz, enséñanos a unir nuestro dolor al de tu Hijo. Que nuestro sufrimiento sea fecundo. Ruega por nosotros. Amén.
Día cuarto — El cuidado de los enfermos
Memoria histórica
María cuidó a su prima Isabel y, sin duda, a José y a los suyos. La Iglesia, siguiendo su ejemplo y el de Cristo, ha cuidado siempre de los enfermos, fundando hospitales y obras de misericordia en su nombre.
Meditación
«Estuve enfermo y me visitasteis», dirá el Señor en el juicio, pues lo que hacemos con el enfermo lo hacemos con Él. Cuidar a los que sufren —con la visita, la escucha, la ayuda concreta, la paciencia— es una de las obras de misericordia más queridas por Dios. Los que cuidan a un enfermo, en casa o en el hospital, sirven a Cristo en él. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es pedir un corazón compasivo que sepa cuidar y acompañar.
Palabra de Dios sugerida
«Estuve enfermo y me visitasteis» (Mateo 25,36).
Propósito
Visitaré, llamaré o ayudaré hoy a un enfermo concreto, sirviendo en él a Cristo.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, que cuidaste de los tuyos, alcánzanos un corazón compasivo que sirva a Cristo en los que sufren. Sostén a los que cuidan. Ruega por nosotros. Amén.
Día quinto — La salud del alma
Memoria histórica
Cuando llevaron a Jesús a un paralítico, antes de curar su cuerpo le dijo: «tus pecados te son perdonados». El Señor cura el cuerpo, pero le importa aún más la salud del alma, liberada del pecado.
Meditación
Hay una salud más importante que la del cuerpo: la del alma, sana cuando está en gracia de Dios, y enferma cuando el pecado la corrompe. El pecado es la peor enfermedad, y la Reconciliación, la medicina que devuelve la vida. A veces Dios permite la enfermedad del cuerpo para sanar el alma, despertando la fe y la conversión. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es pedir sobre todo la salud del alma, la más necesaria.
Palabra de Dios sugerida
«Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2,5).
Propósito
Cuidaré hoy la salud de mi alma, examinándome y proponiéndome acudir a la Reconciliación.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, alcánzanos de tu Hijo la salud del alma, sanada del pecado. Que busquemos ante todo la salud que no acaba. Ruega por nosotros. Amén.
Día sexto — Paciencia y esperanza
Memoria histórica
Job, en medio de terribles pruebas, mantuvo su fe: «desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo volveré; el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó». Los enfermos que aceptan la prueba con paciencia y esperanza dan un gran testimonio de fe.
Meditación
La enfermedad prolongada pone a prueba la paciencia y tienta al desaliento. Pero la esperanza cristiana no defrauda: sabe que Dios saca bien incluso del dolor, y que esta vida no es el final. La paciencia del enfermo, sostenida por la oración, se convierte en escuela de humildad, de abandono y de esperanza. María, que perseveró fiel al pie de la cruz, alcanza esa fortaleza a los que sufren. Pedir su intercesión es pedir paciencia y esperanza en la enfermedad.
Palabra de Dios sugerida
«El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor» (Job 1,21).
Propósito
Aceptaré hoy con paciencia una molestia o dolencia, ofreciéndola con esperanza a Dios.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, alcánzanos paciencia y esperanza en la prueba de la enfermedad. Que no perdamos la confianza en Dios, que saca bien del dolor. Ruega por nosotros. Amén.
Día séptimo — Pedir con confianza y abandono
Memoria histórica
En el huerto, Jesús pidió al Padre que apartara de Él el cáliz, pero añadió: «no se haga mi voluntad, sino la tuya». Así nos enseñó a pedir con confianza y, a la vez, con abandono a la voluntad de Dios.
Meditación
Es bueno y justo pedir la curación con confianza, porque Dios es Padre y escucha a sus hijos. Pero la fe madura sabe añadir, como Jesús: «hágase tu voluntad». A veces Dios concede la salud del cuerpo; siempre concede la gracia de sostenernos y, si conviene a nuestra salvación, permite la enfermedad. Pedir con abandono no es resignación triste, sino confianza en que el Padre quiere nuestro bien más que nosotros. Pedir la intercesión de Nuestra Señora, Salud de los enfermos, es pedir con confianza y con abandono a la voluntad de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42).
Propósito
Pediré hoy a Dios lo que necesito con confianza, añadiendo de corazón: «hágase tu voluntad».
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, enséñanos a pedir con confianza y a abandonarnos en la voluntad de Dios, que quiere nuestro bien. Ruega por nosotros. Amén.
Día octavo — La familia y los que cuidan
Memoria histórica
La enfermedad de un miembro afecta a toda la familia, y son a menudo los familiares quienes cuidan al enfermo con amor y sacrificio. En el hogar de Nazaret, María cuidó de los suyos con ternura y entrega.
Meditación
Jesús creció en el hogar de Nazaret, sujeto a María y a José. La familia es el primer lugar donde se cuida al enfermo, se acompaña al anciano y se consuela al que sufre. Los que cuidan a un familiar enfermo, muchas veces en el silencio y el cansancio, realizan una de las obras más nobles y agradables a Dios. María, Madre del hogar, sostiene a las familias en la prueba de la enfermedad. Pedir su intercesión por los enfermos, por los que los cuidan y por toda la familia es confiar todos nuestros vínculos al amor de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Rezaré hoy por los enfermos de mi familia y por los que los cuidan, y les daré aliento con un gesto concreto.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos y Madre del hogar, guarda bajo tu manto a nuestras familias. Sostén a los enfermos y a los que los cuidan; consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Que en cada familia reine Cristo. Amén.
Día noveno — Envío a la vida
Memoria histórica
La Iglesia dedica el 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, a la Jornada Mundial del Enfermo, para rezar por los que sufren y por quienes los cuidan, e invitar a toda la comunidad a acercarse a ellos.
Meditación
La novena no es el final, sino el envío. Habiendo contemplado a María como Salud de los enfermos, somos enviados a acercarnos a los que sufren, a rezar por ellos, a cuidarlos y a llevarles el consuelo de Cristo. Como los pastores de Belén, que «se volvieron dando gloria y alabanza a Dios», también nosotros, tras la novena, hemos de volver transformados, más compasivos. Nuestra Señora, Salud de los enfermos, nos precede como Madre y como esperanza.
Palabra de Dios sugerida
«Y los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído» (Lucas 2,20).
Propósito
Llevaré el fruto de esta novena a mi vida cotidiana acercándome a un enfermo, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, envíanos renovados a la vida de cada día. Que llevemos el consuelo de Cristo a los que sufren, hasta el puerto eterno de tu Hijo. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Oración final
Nuestra Señora, Salud de los enfermos, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, que intercedes por los que sufren, condúcenos siempre a tu Hijo Jesucristo, único médico de cuerpos y almas y único Salvador. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Bendice a la Iglesia, consuela a los enfermos y a quienes los cuidan, sostén a las familias y a cuantos te invocamos con amor. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que, bajo la intercesión de la Virgen María, cuiden y consuelen a los que sufren. Roguemos al Señor.
- Por todos los enfermos, especialmente los graves y los que están solos, para que encuentren en María consuelo y en Cristo su verdadera salud. Roguemos al Señor.
- Por los médicos, los enfermeros y cuantos cuidan a los enfermos, para que sirvan a Cristo en ellos. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren en el alma —la angustia, la depresión, la desesperanza—, para que hallen en la Madre alivio y esperanza. Roguemos al Señor.
- Por las familias que atraviesan la enfermedad de un ser querido, para que, bajo el amparo de María, vivan la fe y la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos y por los moribundos, para que la Salud de los enfermos los presente ante su Hijo y alcancen la vida eterna. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.