Novena a la Anunciación del Señor
Solemnidad el 25 de marzo · La Anunciación del Señor
Nueve días de oración ante el misterio de la Anunciación, en que el Verbo se hizo carne por el «sí» de la Virgen María.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
La Anunciación del Señor
La Anunciación celebra el momento en que el arcángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, a una joven llamada María, para anunciarle que sería Madre del Hijo de Dios. Ante su «hágase en mí según tu palabra», por obra del Espíritu Santo, el Verbo eterno se hizo carne en su seno: Dios se hizo hombre. Por eso la Anunciación es, ante todo, fiesta del Señor —la fiesta de la Encarnación—, y a la vez el momento cumbre de la Virgen María, que con su «sí» libre y creyente abrió a la humanidad las puertas de la salvación. La Iglesia la celebra el 25 de marzo, nueve meses antes de la Navidad.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo. En la Anunciación contemplamos, sobre todo, el amor de Dios que se abaja hasta hacerse hombre por nosotros. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a Jesús, «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Misterio: la Anunciación del Señor, en que el Verbo de Dios se hizo carne en el seno de la Virgen María por el «sí» de ella y la obra del Espíritu Santo.
- Es fiesta del Señor: celebra la Encarnación, comienzo de nuestra redención, y a la vez el momento cumbre de María.
- Fundamento evangélico: el relato de Lucas 1,26-38, con el saludo del ángel, el anuncio y el «hágase» de María.
- Palabras clave: «Alégrate, llena de gracia»; «no temas»; «hágase en mí según tu palabra»; «el Verbo se hizo carne» (Juan 1,14).
- Fiesta: 25 de marzo, nueve meses antes de la Navidad.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante el misterio de la Anunciación no buscamos un rito mágico, sino disponer el corazón a la conversión y a la confianza. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por tu familia, por los enfermos, por la vida naciente y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo, único Salvador. Contemplar la Anunciación nos enseña a acoger a Dios en la propia vida.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión, y reza el Ángelus, oración que recuerda cada día la Encarnación. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: caridad, paciencia y esperanza. La Virgen de la Anunciación no busca admiradores, sino discípulos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Oración inicial para todos los días e invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación pausada del tema propio de la jornada.
- Proclamación de la Palabra de Dios sugerida, en silencio orante.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a la Virgen de la Anunciación.
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, que quisiste que tu Hijo se hiciera hombre en el seno de la Virgen María por el anuncio del ángel, mira con bondad a cuantos celebramos la Anunciación. Concédenos, por su intercesión, acoger tu Palabra con fe, decir «hágase» a tu voluntad y dejar que Cristo nazca y crezca en nuestra vida; y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y fuerza para cumplirla. Enséñanos a orar como conviene, guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — «Alégrate, llena de gracia»
Memoria histórica
El ángel entró donde estaba María y la saludó con palabras nunca oídas: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». No la llamó por su nombre, sino por lo que Dios había hecho en ella: llenarla de gracia.
Meditación
El primer anuncio del Evangelio es una invitación a la alegría: «alégrate». La verdadera alegría no viene de las cosas, sino de saberse amado por Dios y lleno de su gracia. María estaba llena de gracia porque estaba llena de Dios. También nosotros, por el Bautismo, hemos sido colmados de la gracia divina y estamos llamados a la alegría de los hijos de Dios. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir acoger esa gracia y vivir en la alegría verdadera.
Palabra de Dios sugerida
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1,28).
Propósito
Viviré hoy con alegría cristiana, agradecido por la gracia de Dios, y la contagiaré a alguien.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, llena de gracia, alcánzanos acoger la gracia de Dios y vivir en la alegría de los hijos de Dios. Intercede por nosotros ante tu Hijo, que vive y reina por los siglos. Amén.
Día segundo — «No temas»
Memoria histórica
María se turbó ante el saludo del ángel, y este la tranquilizó: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios». Con esas palabras, Dios disipó su temor antes de confiarle su misión.
Meditación
«No temas» es una de las frases que Dios repite más veces en la Escritura. El miedo paraliza, encierra, impide responder a la llamada de Dios. María sintió temor, pero no se dejó dominar por él: se fio de Dios. También a nosotros, ante lo desconocido o lo difícil, Dios nos dice «no temas», porque está con nosotros. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir vencer el miedo con la confianza en Dios.
Palabra de Dios sugerida
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios» (Lucas 1,30).
Propósito
Enfrentaré hoy un miedo concreto con confianza en Dios, dando un paso que venía posponiendo.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, que venciste el temor con la confianza en Dios, alcánzanos vencer nuestros miedos. Que nos fiemos de Dios, que está con nosotros. Ruega por nosotros. Amén.
Día tercero — «Hágase en mí»
Memoria histórica
Tras escuchar el anuncio, María respondió con toda libertad: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra». En ese instante, por obra del Espíritu Santo, el Verbo se hizo carne en su seno.
Meditación
El «sí» de María cambió la historia. Dios no se impuso: esperó su consentimiento libre, y en él toda la humanidad acogió a su Salvador. Aquel «hágase» no fue resignación, sino la libertad más plena, la de quien confía en un Padre bueno. También nosotros estamos llamados a decir «hágase» cada día, dejando que Cristo se forme en nuestra vida. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir un corazón disponible que sepa decir sí a Dios.
Palabra de Dios sugerida
«He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38).
Propósito
Diré hoy mi «hágase» a Dios en una decisión concreta, dejando de imponer mi voluntad.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, que dijiste «hágase» y acogiste al Verbo, alcánzanos un corazón disponible que diga sí a la voluntad de Dios. Ruega por nosotros. Amén.
Día cuarto — María junto a los enfermos
Memoria histórica
El ángel dio a María un signo: «tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, porque para Dios nada hay imposible». La que acogió esa palabra de poder es invocada por los enfermos que esperan de Dios lo imposible.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los enfermos: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre nos alcanza fortaleza para llevar la cruz y esperanza para confiar, sabiendo que «para Dios nada hay imposible», aunque la salud no llegue como quisiéramos.
Palabra de Dios sugerida
«Para Dios nada hay imposible» (Lucas 1,37).
Propósito
Rezaré hoy por un enfermo concreto y, si me es posible, le haré una visita, una llamada o un gesto de cercanía.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos y de quienes los cuidan. Alcánzales alivio, paciencia y esperanza, y a nosotros, corazón compasivo. Que en la cruz reconozcamos el amor de Cristo, salud verdadera. Amén.
Día quinto — El Verbo se hizo carne
Memoria histórica
En la Anunciación se realizó el misterio central de nuestra fe: «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Dios, el eterno e inmenso, se hizo pequeño en el seno de una Virgen por amor a los hombres.
Meditación
La Encarnación es el asombro de nuestra fe: Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a Dios. Se abaja hasta nosotros, comparte nuestra vida, nuestro trabajo, nuestro dolor y nuestra muerte, para elevarnos a su gloria. Ninguna miseria humana le es ya ajena. Contemplar la Encarnación es descubrir hasta dónde nos ama Dios. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir asombro y gratitud ante el Dios que se hizo hombre por nosotros.
Palabra de Dios sugerida
«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1,14).
Propósito
Rezaré hoy el Ángelus, contemplando con gratitud el misterio de la Encarnación.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, en cuyo seno el Verbo se hizo carne, aumenta nuestro asombro y gratitud ante el Dios que se hizo hombre por nosotros. Ruega por nosotros. Amén.
Día sexto — La fe de María
Memoria histórica
María creyó en la palabra del ángel sin comprenderlo todo: «¿cómo será esto?», preguntó, y luego se fio de Dios. Por eso Isabel la llamaría «bienaventurada la que ha creído».
Meditación
La fe de María no fue ausencia de preguntas, sino confianza a pesar de no entenderlo todo. Preguntó «cómo será esto», pero, recibida la respuesta, se abandonó en Dios. Así es la fe: no exige comprenderlo todo antes de fiarse, sino que se apoya en la fidelidad de Dios. También nosotros, ante los misterios de la vida, somos llamados a creer y confiar como María. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir una fe que se fía de Dios aunque no lo entienda todo.
Palabra de Dios sugerida
«Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lucas 1,45).
Propósito
Haré hoy un acto de fe en algo que no comprendo, fiándome de Dios como María.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, bienaventurada por haber creído, alcánzanos una fe que se fíe de Dios aunque no lo comprenda todo. Ruega por nosotros. Amén.
Día séptimo — La humildad de la esclava del Señor
Memoria histórica
Elegida para ser Madre de Dios, María se llamó a sí misma «la sierva del Señor». La más alta de las criaturas se reconoció la más humilde y pequeña, disponible al servicio de Dios.
Meditación
María recibió el don más grande y, sin embargo, no se envaneció: se reconoció sierva. Su grandeza está precisamente en su humildad: «ha mirado la humildad de su esclava». Los dones de Dios no son para gloria propia, sino para servir. Cuanto más nos abajamos, más nos exalta el Señor. Pedir la intercesión de la Virgen de la Anunciación es pedir la humildad que se pone al servicio de Dios y de los demás sin buscarse a sí misma.
Palabra de Dios sugerida
«Ha mirado la humildad de su esclava; desde ahora me felicitarán todas las generaciones» (Lucas 1,48).
Propósito
Practicaré hoy un acto de humildad y de servicio, sin buscar reconocimiento.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, humilde sierva del Señor, enséñanos a poner los dones de Dios al servicio de los demás. Que aprendamos de tu humildad. Ruega por nosotros. Amén.
Día octavo — La familia y el hogar bajo su amparo
Memoria histórica
La Encarnación comenzó en el hogar sencillo de Nazaret, donde María acogió al Hijo de Dios. La Anunciación es también el inicio de la Sagrada Familia, modelo de todos los hogares cristianos.
Meditación
Jesús creció en el hogar de Nazaret, sujeto a María y a José. En aquella familia sencilla aprendió, según su humanidad, a trabajar, a rezar y a amar. María, Madre del hogar, vela por nuestras familias y las encomienda a su Hijo. El «sí» de María recuerda que también en la familia se acoge o se rechaza la vida y la voluntad de Dios. Pedir su intercesión por el matrimonio, los hijos, los ancianos y los que viven solos es confiar todos nuestros vínculos al amor de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Rezaré hoy por mi familia y por la vida naciente, y tendré un gesto de ternura con alguien de mi hogar.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, Madre de la Sagrada Familia, guarda bajo tu manto nuestros hogares. Alcánzanos de tu Hijo unidad, paciencia y perdón; ampara la vida naciente, consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Que en cada familia reine Cristo. Amén.
Día noveno — Envío a la vida
Memoria histórica
La novena culmina en la fiesta del 25 de marzo, cuando la Iglesia celebra la Encarnación del Señor. Tras acoger a Cristo, como María, los fieles vuelven a su vida diaria para llevarlo a los demás, igual que la Virgen partió «deprisa» a servir a su prima Isabel.
Meditación
La fiesta no es el final, sino el envío. Después de acoger al Señor en la Anunciación, María se puso en camino «deprisa» para servir a Isabel, llevándole a Cristo en su seno. También nosotros, tras acoger a Dios en la oración, somos enviados a llevarlo a los demás con el servicio y el testimonio. Como los pastores de Belén, que «se volvieron dando gloria y alabanza a Dios», también nosotros hemos de volver transformados. La Virgen de la Anunciación nos precede como Madre y como esperanza.
Palabra de Dios sugerida
«En aquellos días, María se puso en camino y fue deprisa a la montaña» (Lucas 1,39).
Propósito
Llevaré a Cristo a alguien hoy con un servicio concreto, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
Virgen de la Anunciación, que llevaste a Cristo a casa de Isabel, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, habiendo acogido al Señor, lo llevemos a los demás, hasta el puerto eterno. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Oración final
Virgen de la Anunciación, en cuyo seno el Verbo se hizo carne, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, que con tu «sí» abriste al mundo la salvación, condúcenos siempre a tu Hijo Jesucristo, único Salvador y Señor. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Bendice a la Iglesia, ampara la vida naciente, consuela a los enfermos y a las familias, y a cuantos te invocamos con amor. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que, bajo la intercesión de la Virgen María, anuncien con fidelidad el Evangelio de la Encarnación. Roguemos al Señor.
- Por que sepamos decir «hágase» a la voluntad de Dios, como María en la Anunciación. Roguemos al Señor.
- Por la vida humana desde su concepción, para que sea acogida, respetada y defendida. Roguemos al Señor.
- Por los que viven atenazados por el miedo, para que, como María, venzan el temor con la confianza en Dios. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los ancianos y las familias, para que, bajo el amparo de María, vivan la fe y la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que la Virgen de la Anunciación los presente ante su Hijo y alcancen la luz eterna. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.