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Novena a Nuestra Señora de los Dolores

Fiesta el 15 de septiembre · Bienaventurada Virgen María de los Dolores

Nueve días de oración con la Virgen de los Dolores, fiel junto a la cruz, que nos enseña a unir el sufrimiento a la Pasión de Cristo.

Próximas fechas (2027)Del 6 de septiembre al 14 de septiembre · Fiesta: 15 de septiembreNueve días que terminan la víspera de la fiesta.
Mater Dolorosa (Tiziano), Museo del Prado
Letra100 %

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.

Nuestra Señora de los Dolores

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores contempla el sufrimiento de la Virgen María en unión íntima con la Pasión de su Hijo. No celebra el dolor por sí mismo, sino la «compasión» —el «padecer con»— de la Madre, que permaneció fiel junto a la cruz. Nacida en la piedad medieval y difundida sobre todo por los Siervos de María (Servitas), fundados en Florencia en 1233, esta advocación medita los Siete Dolores de María, desde la profecía de Simeón hasta la sepultura de Jesús. La Iglesia celebra la memoria de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz, para unir a la Madre con la Cruz del Hijo. El himno Stabat Mater y la corona dolorosa acompañan desde antiguo esta devoción.

Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo. Sus dolores no salvan por sí mismos: son fecundos porque están unidos a la Pasión redentora de Jesús, único Salvador. Cuanto contemplemos y pidamos en estos nueve días será para amar más a su Hijo, «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).

Datos esenciales de la advocación

  • Advocación: Nuestra Señora de los Dolores (Mater Dolorosa, la Dolorosa), la Virgen que comparte la Pasión de su Hijo.
  • Fundamento evangélico: la profecía de Simeón, «una espada te atravesará el alma» (Lucas 2,35), y María al pie de la cruz (Juan 19,25).
  • Difusión: la Orden de los Siervos de María (Servitas), fundada en 1233, gran promotora del culto a los Dolores; el himno Stabat Mater y la corona dolorosa (Rosario de los Siete Dolores).
  • Los Siete Dolores: la profecía de Simeón; la huida a Egipto; la pérdida del Niño en el Templo; el encuentro camino del Calvario; la crucifixión y muerte de Jesús; el descendimiento; la sepultura.
  • Fiesta: 15 de septiembre, memoria de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores, extendida a toda la Iglesia por Pío VII en 1814 y fijada en esa fecha por Pío X en 1913.

Cómo prepararse para rezar la novena

La novena es un camino sereno de nueve días. Ante la Virgen de los Dolores no buscamos un rito mágico ni un sentimentalismo estéril, sino disponer el corazón a la conversión y a la confianza, acompañando a la Madre junto a la cruz. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Dolorosa, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.

Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por tu familia, por los enfermos, por los que lloran y sufren, y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo, único Salvador. La devoción de los Dolores nos enseña a estar junto a la cruz sin huir, unidos a la Madre.

Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión, y medita la corona de los Siete Dolores. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: caridad con el prójimo, paciencia en la prueba y esperanza firme. La Virgen de los Dolores no busca admiradores, sino discípulos de su Hijo.

Orden propuesto para cada día

  • En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
  • Oración inicial para todos los días e invocación al Espíritu Santo.
  • Lectura de la memoria histórica del día.
  • Meditación pausada del tema propio de la jornada.
  • Proclamación de la Palabra de Dios sugerida, en silencio orante.
  • Formulación del propósito concreto del día.
  • Oración del día a Nuestra Señora de los Dolores.
  • Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.

Oración inicial para todos los días

Dios y Padre nuestro, que junto a la cruz de tu Hijo quisiste que estuviera de pie su Madre, la Virgen de los Dolores, y nos la diste como Madre nuestra, mira con bondad a cuantos nos acogemos a esta advocación. Concédenos, por su intercesión, permanecer fieles junto a la cruz, unir nuestros dolores a la Pasión de Cristo y consolar a los que sufren; y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y fuerza para cumplirla. Enséñanos a orar como conviene, guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.

Día primero — La espada de Simeón

Memoria histórica

El primero de los Dolores es la profecía del anciano Simeón, que en la Presentación del Niño en el Templo anunció a María: «Y a ti misma una espada te atravesará el alma». Desde aquel día, la Madre supo que su camino junto al Salvador estaría marcado por la cruz.

Meditación

María acogió aquel anuncio doloroso sin retirar su «sí»: siguió confiando en Dios aun sabiendo que el dolor vendría. Así nos enseña a aceptar la voluntad del Padre también cuando es costosa, sin exigir un camino sin cruz. La fe no nos ahorra el sufrimiento, pero lo llena de sentido cuando se une al de Cristo. Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es pedir su fortaleza para decir «hágase» incluso cuando la espada nos atraviesa.

Palabra de Dios sugerida

«Y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lucas 2,35).

Propósito

Aceptaré hoy una contrariedad dolorosa uniéndola a la cruz de Cristo, sin quejarme.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que acogiste la espada anunciada por Simeón sin retirar tu sí, alcánzanos aceptar la voluntad del Padre también en el dolor. Intercede por nosotros ante tu Hijo, que vive y reina por los siglos. Amén.

Día segundo — Los Siete Dolores

Memoria histórica

La tradición contempla siete dolores de María: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida del Niño en el Templo, el encuentro con Jesús camino del Calvario, la crucifixión y muerte del Señor, el descendimiento de la cruz y la sepultura. Siete estaciones de un mismo amor fiel.

Meditación

Los Siete Dolores recorren toda la vida de María junto a su Hijo: desde la infancia amenazada hasta el sepulcro. En cada uno, ella permanece firme, creyendo y amando. No son siete derrotas, sino siete pruebas de fidelidad, unidas todas a la obra redentora de Cristo. Meditar los Dolores de María es aprender que el amor verdadero no huye del sufrimiento del ser querido, sino que permanece. Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es pedir esa fidelidad que no abandona en la hora difícil.

Palabra de Dios sugerida

«María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lucas 2,19).

Propósito

Rezaré hoy la corona de los Siete Dolores o meditaré uno de ellos con calma.

Oración del día

Virgen de los Dolores, fiel en las siete estaciones de tu amor, enséñanos a permanecer junto a los que sufren sin huir. Que aprendamos de ti la fidelidad. Ruega por nosotros. Amén.

Día tercero — Al pie de la cruz

Memoria histórica

«Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre.» El Evangelio la muestra de pie, no derrumbada: firme en el dolor, unida hasta el extremo a la entrega de su Hijo. De esa escena nació el himno Stabat Mater: «Estaba la Madre dolorosa, junto a la cruz, llorosa».

Meditación

El dolor de María es fecundo porque está unido a la Pasión de Cristo, que es la que salva al mundo. Ella no redime —solo Cristo redime—, pero coopera con su Hijo ofreciendo su corazón traspasado. Al pie de la cruz aprendemos que nuestros sufrimientos, unidos a los de Jesús, no son estériles: «completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia». Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es aprender a ofrecer el propio dolor unido al de Cristo.

Palabra de Dios sugerida

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…» (Juan 19,25).

Propósito

Ofreceré hoy un sufrimiento o una molestia, uniéndolo a la Pasión de Cristo por la Iglesia.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que estuviste de pie junto a la cruz, enséñanos a unir nuestros dolores a la Pasión de tu Hijo. Que nuestro sufrimiento, unido al suyo, sea fecundo. Ruega por nosotros. Amén.

Día cuarto — Consuelo de los que sufren

Memoria histórica

Porque conoció el dolor hasta el fondo, la Virgen de los Dolores es invocada como consuelo de los afligidos y refugio de los enfermos, de las madres que pierden a sus hijos, de los perseguidos y de cuantos lloran. Quien ha sufrido tanto sabe acompañar a los que sufren.

Meditación

En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los que sufren: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre, que también padeció, nos alcanza fortaleza para llevar la cruz y esperanza para confiar. La Dolorosa está especialmente cerca de los enfermos y de los que lloran, porque comprende su dolor.

Palabra de Dios sugerida

«La madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»» (Juan 2,3).

Propósito

Rezaré hoy por un enfermo o por alguien que llora, y le haré una visita, una llamada o un gesto de cercanía.

Oración del día

Virgen de los Dolores, consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos y de cuantos lloran. Alcánzales alivio, paciencia y esperanza, y a nosotros, corazón compasivo. Que en la cruz reconozcamos el amor de Cristo, salud verdadera. Amén.

Día quinto — La fe firme en la prueba

Memoria histórica

Desde el Templo hasta el sepulcro, María creyó siempre, aun en la hora más oscura. Cuando los discípulos huyeron, ella permaneció; cuando todo parecía terminado, ella siguió creyendo que la palabra del Señor se cumpliría.

Meditación

«Bienaventurada la que ha creído», le dijo Isabel. La fe de María no se apagó ni en el Calvario ni en el silencio del Sábado Santo: creyó contra toda esperanza. Es el modelo del creyente que no se hunde en la prueba, sino que se aferra a Dios en la oscuridad. Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es pedir esa fe firme que persevera cuando no se ve la luz, confiando en que Dios no falla a sus promesas.

Palabra de Dios sugerida

«Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lucas 1,45).

Propósito

Perseveraré hoy en la oración y en la confianza, aunque no sienta consuelo ni vea claridad.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que creíste firme desde el Templo hasta el sepulcro, alcánzanos una fe que no se apague en la prueba. Que nos aferremos a Dios en la oscuridad. Ruega por nosotros. Amén.

Día sexto — Del dolor a la esperanza

Memoria histórica

El último dolor de María, la sepultura de Jesús, se abrió a la mañana de Pascua. La Madre que lloró junto al sepulcro fue también la primera en participar del gozo de la Resurrección. Su dolor no fue la última palabra.

Meditación

La devoción a los Dolores no termina en la tristeza, sino que se abre a la esperanza: tras el Viernes Santo y el silencio del Sábado, viene la Pascua. El dolor cristiano, unido al de Cristo, es semilla de vida: «si el grano de trigo no muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». María nos enseña que el sufrimiento vivido en la fe no es un pozo sin salida, sino un camino hacia la gloria. Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es pedir la esperanza que ve, más allá de la cruz, la luz de la Resurrección.

Palabra de Dios sugerida

«Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto» (Juan 12,24).

Propósito

Miraré hoy una pena mía a la luz de la Pascua, pidiendo la esperanza que no defrauda.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que pasaste del llanto del sepulcro al gozo de la Pascua, alcánzanos la esperanza que ve la luz más allá de la cruz. Ruega por nosotros. Amén.

Día séptimo — Madre nuestra al pie de la cruz

Memoria histórica

En la cruz, antes de morir, Jesús entregó su Madre al discípulo amado: «Ahí tienes a tu madre». En aquel momento de máximo dolor, María se convirtió en Madre de todos los discípulos, es decir, de la Iglesia entera y de cada uno de nosotros.

Meditación

La maternidad espiritual de María nació al pie de la cruz, en el dolor. Por eso es Madre que comprende a fondo el sufrimiento de sus hijos: nos engendró en la hora de la Pasión. Acoger a María como Madre, según hizo el discípulo que «la recibió en su casa», es dejarse cuidar por ella y aprender de ella a estar junto a la cruz de los demás. Pedir la intercesión de la Virgen de los Dolores es acogerla de verdad como Madre nuestra.

Palabra de Dios sugerida

«Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Juan 19,27).

Propósito

Acogeré hoy a María como Madre con un gesto concreto, y acompañaré a alguien que lleva su cruz.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que al pie de la cruz te hiciste Madre nuestra, acógenos como hijos y enséñanos a acompañar a los que sufren. Que te recibamos de verdad en nuestra casa. Ruega por nosotros. Amén.

Día octavo — La familia y el hogar bajo su amparo

Memoria histórica

La Virgen de los Dolores es especialmente querida por las familias que atraviesan la prueba: por las madres que sufren por sus hijos, por los hogares heridos por la enfermedad, la pérdida o la separación. A ella acuden buscando consuelo y fortaleza.

Meditación

Jesús creció en el hogar de Nazaret, sujeto a María y a José. Aquella familia conoció también la incertidumbre y el dolor: la huida a Egipto, la angustia del Niño perdido, y finalmente la cruz. María, Madre del hogar, comprende los sufrimientos de nuestras familias y los presenta a su Hijo. Pedir su intercesión por el matrimonio, los hijos, los ancianos y los que viven solos es confiar todos nuestros vínculos, también los heridos, al amor de Dios.

Palabra de Dios sugerida

«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,51-52).

Propósito

Rezaré hoy por mi familia, en especial por sus heridas, y tendré un gesto de ternura con alguien de mi hogar.

Oración del día

Virgen de los Dolores, Madre de la Sagrada Familia, guarda bajo tu manto nuestros hogares. Alcánzanos de tu Hijo unidad, paciencia y perdón; consuela a los que viven solos y a las familias heridas, y bendice a nuestros mayores. Que en cada familia reine Cristo. Amén.

Día noveno — Envío a la vida

Memoria histórica

La novena culmina en la fiesta del 15 de septiembre, memoria de la Virgen de los Dolores, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Terminada la fiesta, los fieles vuelven a su vida diaria, llevando en el alma la fe reavivada junto a su Madre.

Meditación

La fiesta no es el final, sino el envío. Contemplar los Dolores de María nos capacita para acompañar a los que sufren y para llevar la propia cruz con esperanza. Como los pastores de Belén, que «se volvieron dando gloria y alabanza a Dios», también nosotros, tras la novena, hemos de volver transformados, más compasivos y más firmes en la fe. La Virgen de los Dolores nos precede como Madre y como esperanza, junto a la cruz que da la vida.

Palabra de Dios sugerida

«Y los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído» (Lucas 2,20).

Propósito

Llevaré el fruto de esta novena a mi vida cotidiana acompañando a alguien que sufre, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.

Oración del día

Virgen de los Dolores, que permaneciste junto a la cruz, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, unidos a ti, acompañemos a los que sufren y lleguemos con tu Hijo a la gloria de la Pascua. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.

Oración final

Nuestra Señora de los Dolores, Madre fiel al pie de la cruz, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, que uniste tu corazón traspasado a la Pasión de tu Hijo, condúcenos siempre a Jesucristo, único Salvador y Señor. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Bendice a la Iglesia, a los enfermos y a cuantos lloran, a las madres que sufren, a las familias heridas y a cuantos te invocamos con amor. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Peticiones de la comunidad

  • Por la Iglesia y por el Papa, para que, bajo la intercesión de la Virgen María, anuncien con fidelidad el Evangelio de Cristo. Roguemos al Señor.
  • Por los Siervos de María y por cuantos difunden la devoción a los Dolores, para que fructifique en obras de caridad. Roguemos al Señor.
  • Por los que sufren en el cuerpo o en el alma, para que, unidos a la Madre junto a la cruz, encuentren consuelo en Cristo. Roguemos al Señor.
  • Por las madres que lloran a sus hijos y por las familias heridas, para que la Dolorosa las sostenga en la esperanza. Roguemos al Señor.
  • Por los enfermos, los ancianos y los moribundos, para que, bajo el amparo de María, vivan la fe y la esperanza. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros difuntos, para que la Virgen de los Dolores los presente ante su Hijo y alcancen la luz eterna. Roguemos al Señor.

Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.