Novena a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
Fiesta el 27 de noviembre · Capilla de la Medalla Milagrosa, rue du Bac (París)
Nueve días de oración con la Inmaculada de la Medalla Milagrosa, según las apariciones a santa Catalina Labouré en la rue du Bac.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
En la capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, en el número 140 de la rue du Bac de París, se venera a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Allí, en 1830, la Virgen María se apareció a una joven novicia, santa Catalina Labouré, y le encargó acuñar una medalla según el modelo que le mostró: la Inmaculada de pie sobre el mundo, con rayos de luz saliendo de sus manos y la invocación «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». La devoción se extendió con rapidez por todo el mundo y, por los frutos de conversión y de gracia que la acompañaron, el pueblo la llamó «milagrosa». La difusión de esta medalla y de su invocación preparó el clima de fe que precedió a la definición del dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. Su fiesta se celebra el 27 de noviembre.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo. Conviene también advertir que la medalla no es un amuleto ni un talismán: es un sacramental, un signo santo que dispone a recibir la gracia. Los frutos que se le atribuyen no proceden del objeto, sino de la fe de quien la lleva y de la gracia de Dios por intercesión de María. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a su Hijo, «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Advocación: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (la Inmaculada de la Medalla Milagrosa).
- Lugar: capilla de la rue du Bac (140), Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, París; santuario de la familia vicenciana.
- Origen: apariciones a santa Catalina Labouré en 1830 (en la noche del 18 al 19 de julio y el 27 de noviembre), con el encargo de acuñar la medalla; las primeras se acuñaron en 1832.
- La medalla: en el anverso, la Inmaculada sobre el globo, aplastando la serpiente, con rayos de gracia y la invocación «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti»; en el reverso, la letra M con la cruz y, debajo, los corazones de Jesús y de María, rodeados de doce estrellas.
- Estado eclesial: santa Catalina Labouré fue beatificada por Pío XI (1933) y canonizada por Pío XII (1947); su cuerpo reposa en la capilla de la rue du Bac.
- Fiesta: 27 de noviembre.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante la Inmaculada de la Medalla Milagrosa no buscamos un rito mágico, sino disponer el corazón a la conversión y a la confianza. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate como quien entra en la capilla de la rue du Bac para encontrarse con su Madre. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por tu familia, por los enfermos, por los pecadores y los alejados, y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo, único Salvador. La devoción de la Medalla Milagrosa nos enseña a recurrir con confianza a la Inmaculada.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión. Así la devoción no se queda en sentimiento ni, mucho menos, en superstición, sino que fructifica en vida cristiana: caridad con el prójimo, paciencia en la prueba y esperanza firme. La Inmaculada no busca admiradores, sino discípulos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Oración inicial para todos los días e invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación pausada del tema propio de la jornada.
- Proclamación de la Palabra de Dios sugerida, en silencio orante.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, con la jaculatoria «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, que preservaste a la Virgen María de todo pecado desde el primer instante de su concepción y nos la diste como Madre, mira con bondad a cuantos nos acogemos a la advocación de la Medalla Milagrosa. Concédenos, por su intercesión, acudir con confianza a la Inmaculada, vencer el mal con tu gracia y perseverar en tu amistad; y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María para que el Verbo se hiciera carne, alcánzanos docilidad para escuchar la Palabra y fuerza para cumplirla. Enséñanos a orar como conviene, guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — Concebida sin pecado
Memoria histórica
La invocación que rodea la medalla —«Oh María, sin pecado concebida»— proclama el privilegio de la Inmaculada Concepción. Su difusión precedió y preparó la definición solemne de este dogma por el beato Pío IX en 1854, y cuatro años después, en Lourdes, la Virgen se presentaría como «la Inmaculada Concepción».
Meditación
María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su existencia, por los méritos previstos de Cristo: es la «llena de gracia» del saludo del ángel. Ella es la obra maestra de la redención, el anticipo de lo que Dios quiere para todos: una humanidad limpia y santa. Contemplar a la Inmaculada es contemplar la fuerza de la gracia, capaz de vencer el pecado. Pedir su intercesión es pedir un corazón limpio, que aborrezca el mal y desee la santidad.
Palabra de Dios sugerida
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1,28).
Propósito
Rechazaré hoy con decisión una ocasión de pecado y pediré a la Inmaculada un corazón limpio.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, concebida sin pecado, alcánzanos un corazón limpio que aborrezca el mal y desee la santidad. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día segundo — Los rayos de la gracia
Memoria histórica
En la aparición, la Virgen se mostró con rayos de luz saliendo de sus manos. Según explicó a santa Catalina, esos rayos son las gracias que ella obtiene para quienes se las piden; y añadió con pena que algunos rayos no brillaban, porque hay gracias que no se piden.
Meditación
María es medianera de la gracia: no como fuente —que solo lo es Dios—, sino como Madre que intercede y reparte los dones de su Hijo a quien acude a ella. Aquellos rayos apagados son un reproche amoroso: cuántas gracias nos perdemos por no pedir. «Pedid y se os dará», dijo Jesús. Pedir la intercesión de la Inmaculada de la Medalla Milagrosa es aprender a pedir con confianza, sabiendo que la Madre está deseando darnos, de parte de Dios, mucho más de lo que imaginamos.
Palabra de Dios sugerida
«Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá» (Mateo 7,7).
Propósito
Pediré hoy con confianza, por medio de María, una gracia concreta que hasta ahora no me atrevía a pedir.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, de cuyas manos brotan las gracias, enséñanos a pedir con confianza los dones de tu Hijo. Que ningún rayo quede apagado por nuestra falta de fe. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día tercero — La victoria sobre el mal
Memoria histórica
En la medalla, la Inmaculada aparece de pie sobre el mundo, aplastando con su pie una serpiente. Es la imagen de la mujer anunciada en el Génesis, cuya descendencia quebranta la cabeza del enemigo.
Meditación
Desde el principio, Dios anunció la victoria sobre el mal: «pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya». Esa victoria es de Cristo, y María participa de ella como Madre del Vencedor y como la criatura que jamás fue vencida por el pecado. Frente al mal no estamos indefensos: la gracia de Dios, por intercesión de la Inmaculada, nos hace fuertes. Pedir su intercesión es pedir vencer el pecado y las tentaciones apoyados en la fuerza de Dios, no en la nuestra.
Palabra de Dios sugerida
«Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza» (Génesis 3,15).
Propósito
Combatiré hoy una tentación concreta con la ayuda de Dios, invocando a la Inmaculada.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que aplastas la cabeza de la serpiente, alcánzanos la fuerza de Dios para vencer el mal y el pecado. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día cuarto — María junto a los enfermos
Memoria histórica
Desde que se difundió la Medalla Milagrosa, innumerables enfermos han acudido a la Inmaculada llevando su medalla con fe y encomendándole su dolor. La capilla de la rue du Bac ha recogido, durante casi dos siglos, las súplicas confiadas de los que sufren.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los enfermos: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre nos alcanza fortaleza para llevar la cruz y esperanza para confiar, incluso cuando la salud no llega como quisiéramos. La medalla no cura por sí sola: es la fe y la gracia de Dios lo que sostiene.
Palabra de Dios sugerida
«La madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»» (Juan 2,3).
Propósito
Rezaré hoy por un enfermo concreto y, si me es posible, le haré una visita, una llamada o un gesto de cercanía.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos y de quienes los cuidan. Alcánzales alivio, paciencia y esperanza, y a nosotros, corazón compasivo. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día quinto — Los dos corazones
Memoria histórica
En el reverso de la medalla, bajo la cruz y la letra M, aparecen dos corazones: el de Jesús, coronado de espinas, y el de María, atravesado por una espada. Unidos al pie de la cruz, expresan el amor que salva y el dolor compartido de la Madre.
Meditación
El Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados, es la fuente del amor y de la misericordia. El Corazón de María, traspasado por la espada que Simeón anunció, se unió al de su Hijo en la entrega. Contemplar los dos corazones es aprender a amar y a reparar, a compadecer el dolor de Cristo en los que sufren. Pedir la intercesión de la Inmaculada es pedir un corazón semejante al suyo: manso, humilde y unido al de Jesús.
Palabra de Dios sugerida
«Y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lucas 2,35).
Propósito
Ofreceré hoy una pequeña reparación por los pecados —una oración, una renuncia— unido a los corazones de Jesús y de María.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, cuyo Corazón se unió al de tu Hijo al pie de la cruz, haz nuestro corazón manso y humilde, unido al de Jesús. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día sexto — La humildad escondida de Catalina
Memoria histórica
Santa Catalina Labouré, la vidente de la rue du Bac, guardó el secreto de las apariciones casi toda su vida y sirvió durante más de cuarenta años en tareas humildes, cuidando ancianos, sin que nadie sospechara que era ella la elegida. Solo lo reveló poco antes de morir.
Meditación
Catalina recibió un don extraordinario y, sin embargo, escogió la vida oculta y el servicio callado. Su grandeza no estuvo en las apariciones, sino en la fidelidad escondida de cada día. Así nos enseña que la santidad se teje en lo ordinario, sin ruido ni aplausos, a los ojos solo de Dios «que ve en lo secreto». Pedir la intercesión de la Inmaculada es pedir la humildad de Catalina: servir sin buscar reconocimiento, contentos de que solo Dios lo vea.
Palabra de Dios sugerida
«Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6,4).
Propósito
Haré hoy una obra buena en secreto, sin que nadie lo sepa, ofrecida solo a Dios.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que escogiste a la humilde Catalina, alcánzanos amar la vida oculta y el servicio callado. Que busquemos solo la mirada de Dios. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día séptimo — Reina coronada de doce estrellas
Memoria histórica
En el reverso de la medalla, los corazones y la M aparecen rodeados de doce estrellas, eco de la mujer del Apocalipsis, «vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas». La Iglesia contempla en ella a María glorificada.
Meditación
María es Reina porque es Madre del Rey, y su realeza es servicio, como la de su Hijo, que «no vino a ser servido, sino a servir». Las doce estrellas no la ensalzan por poder terreno, sino que confiesan su gloria de Madre de Dios, asunta al cielo. Honrar a María coronada es aprender de su humildad: cuanto más se abajó, más la exaltó el Señor. También nosotros seremos elevados si servimos.
Palabra de Dios sugerida
«Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas» (Apocalipsis 12,1).
Propósito
Practicaré hoy un acto de humildad concreto: ceder, callar una réplica o reconocer un error.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, Reina coronada de doce estrellas, enséñanos que la verdadera grandeza está en servir. Que aprendamos de tu humildad y nos dejemos exaltar por Dios. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día octavo — La familia y el hogar bajo su amparo
Memoria histórica
En innumerables hogares se ha impuesto a los niños la Medalla Milagrosa el día de su bautismo, y generaciones enteras la han llevado como signo de la protección maternal de María. La medalla ha acompañado la vida de familias de todo el mundo.
Meditación
Jesús creció en el hogar de Nazaret, sujeto a María y a José. En aquella familia sencilla aprendió, según su humanidad, a trabajar, a rezar y a amar. María, Madre del hogar, vela por nuestras familias y las encomienda a su Hijo. Llevar su medalla es un signo de esa confianza, no un amuleto: expresa que ponemos a los nuestros bajo el amparo de la Madre. Pedir su intercesión por el matrimonio, los hijos, los ancianos y los que viven solos es confiar todos nuestros vínculos al amor de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Rezaré hoy por mi familia y procuraré un gesto de reconciliación o de ternura con alguien de mi hogar.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, Madre de la Sagrada Familia, guarda bajo tu manto nuestros hogares. Alcánzanos de tu Hijo unidad, paciencia y perdón; consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Día noveno — Envío a la vida
Memoria histórica
La novena culmina en la fiesta del 27 de noviembre, aniversario de la aparición en que la Virgen mostró el modelo de la medalla. Terminada la fiesta, los fieles vuelven a su vida diaria, llevando en el alma la fe reavivada y en los labios la jaculatoria de la Inmaculada.
Meditación
La fiesta no es el final, sino el envío. La breve jaculatoria de la medalla —«Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti»— es una oración para toda la vida: cabe en cualquier momento del día y mantiene el corazón vuelto a la Madre. Como los pastores de Belén, que «se volvieron dando gloria y alabanza a Dios», también nosotros, tras la novena, hemos de volver transformados, no por un objeto, sino por la gracia de Dios recibida con fe.
Palabra de Dios sugerida
«Y los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído» (Lucas 2,20).
Propósito
Rezaré varias veces al día la jaculatoria de la Inmaculada y llevaré el fruto de esta novena a una obra buena concreta; acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
Inmaculada de la Medalla Milagrosa, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, recurriendo a ti con confianza, lleguemos siempre a tu Hijo, hasta el puerto eterno. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Oración final
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, Inmaculada Concepción, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, de cuyas manos brotan las gracias de tu Hijo, condúcenos siempre a Jesucristo, único Salvador y Señor. No permitas que nuestra devoción se quede en sentimiento pasajero ni en superstición; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Bendice a la Iglesia, a la familia vicenciana, a los pecadores y alejados, a los enfermos, a las familias y a cuantos te invocamos con amor. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que, bajo la intercesión de la Virgen María, anuncien con fidelidad el Evangelio de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por la familia vicenciana y por cuantos difunden la Medalla Milagrosa, para que su devoción fructifique en obras de caridad y nunca en superstición. Roguemos al Señor.
- Por los pecadores y los alejados de Dios, para que, tocados por la gracia, vuelvan al Padre por intercesión de la Inmaculada. Roguemos al Señor.
- Por los que luchan contra el mal y las tentaciones, para que venzan apoyados en la fuerza de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los ancianos y las familias, para que, bajo el amparo de María, vivan la fe y la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que la Inmaculada los presente ante su Hijo y alcancen la luz eterna. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.