Novena a Nuestra Señora de la Hiniesta
31 de agosto – 8 de septiembre · Función votiva: 8 de septiembre
Nueve días de oración a Nuestra Señora de la Hiniesta, alcaldesa perpetua de Sevilla, venerada en la parroquia de San Julián.

Novena original de rezaelrosario.org. Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
Nuestra Señora de la Hiniesta, alcaldesa perpetua de Sevilla, refugio del pueblo entre retamas y azahar
En el corazón antiguo de Sevilla, en la parroquia de San Julián, se venera a Nuestra Señora de la Hiniesta, una advocación entrañable para el pueblo sevillano que la reconoce como su «alcaldesa perpetua». Su nombre, tan singular, evoca la humilde planta de la retama —la hiniesta— entre cuyas ramas, según cuenta la tradición, fue hallada su imagen. Bajo esta advocación, María es honrada como Madre atenta que acompaña a una ciudad entera en sus alegrías y en sus horas de prueba, especialmente desde el voto que la ciudad le hizo en tiempos de peste.
Conviene decirlo con claridad desde el principio: a la Virgen María no se la adora, pues la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A la Madre del Señor la veneramos con amor y le pedimos su intercesión, es decir, que ruegue por nosotros ante su Hijo. Toda oración a la Hiniesta nos conduce, como por la mano, hasta Jesucristo, único Salvador. Cuando invocamos a la Madre, es para que ella nos lleve al Hijo, tal como en Caná dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
Datos esenciales de la advocación
- Advocación: Nuestra Señora de la Hiniesta (imagen «Gloriosa»), muy venerada en Sevilla.
- Lugar: parroquia de San Julián, en el casco histórico de Sevilla (Andalucía, España).
- Custodios: la Hermandad de la Hiniesta, establecida en la iglesia de San Julián.
- Marco eclesial: archidiócesis de Sevilla.
- Fiesta: función votiva anual el 8 de septiembre, día de la Natividad de la Santísima Virgen, en cumplimiento del voto de la ciudad de 1649.
- Coronación: coronación canónica autorizada por el papa Juan XXIII en 1959 y celebrada solemnemente en 1974, presidida por el cardenal José María Bueno Monreal.
- Devoción: la ciudad la honra como «alcaldesa perpetua»; patronazgo del Ayuntamiento de Sevilla desde el voto de 1649.
Cómo prepararse para rezar la novena
Una novena es un camino de nueve días de oración confiada. No es una fórmula mágica ni una técnica para «obtener» favores, sino un tiempo sereno en el que dejamos que Dios trabaje nuestro corazón mientras pedimos la intercesión de su Madre. Conviene, por tanto, acercarse a estos días con humildad y con verdadero deseo de conversión, sabiendo que lo primero que se nos concede en toda oración es la gracia de amar más a Dios y al prójimo.
Busca cada día un momento tranquilo, a ser posible el mismo, y un rincón sencillo donde recogerte: basta una imagen de la Virgen, una vela o simplemente el silencio. Si te es posible, acompaña estos nueve días con la participación en la Santa Misa y con el sacramento de la Reconciliación, pues es en la Eucaristía donde nos encontramos plenamente con Cristo, a quien la Hiniesta siempre nos remite.
Ten presente una intención concreta —tuya o de alguien que sufre— y ponla desde el primer día en manos de María. Pero mantén también el corazón abierto: quizá el Señor no responda como esperabas, sino de un modo mejor. Reza con paciencia, sin prisa por «terminar», dejando que cada jornada deposite en ti una semilla de fe, de esperanza y de caridad.
Orden propuesto para cada día
- Comienza con la señal de la cruz y un breve instante de silencio para ponerte en presencia de Dios.
- Reza la oración inicial común y la invocación al Espíritu Santo.
- Lee con calma la memoria histórica y la meditación del día.
- Acoge la Palabra de Dios sugerida y déjala resonar unos momentos.
- Formula el propósito concreto de la jornada.
- Reza la oración propia del día y presenta tu intención particular.
- Concluye con un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y con la oración final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, que en tu bondad quisiste darnos a María como Madre y auxilio de tu pueblo, te bendecimos por el don de la fe que ha florecido en Sevilla al amparo de Nuestra Señora de la Hiniesta. Concédenos, por su intercesión, unir nuestra vida a la de tu Hijo Jesucristo, para que, imitando la fe humilde de la Virgen, sepamos hacer siempre lo que él nos diga. Recibe esta novena como ofrenda de un corazón que desea amarte sobre todas las cosas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que colmaste de gracia a la Virgen María para que fuera Madre del Salvador, dispón también nuestra alma para acoger tu Palabra y responder con fe. Purifica nuestras intenciones, sostén nuestra esperanza y haznos dóciles a tu voz durante estos nueve días. Amén.
Día primero — La imagen hallada en el campo: el Dios que sale al encuentro
Memoria histórica
El nombre mismo de la Hiniesta nace de una tradición piadosa. Según cuentan los relatos antiguos, un caballero —la tradición transmitida por la hermandad lo identifica como mosén Per de Tous— halló la venerada imagen oculta entre un matorral de hiniesta, es decir, de retama. De aquella planta humilde tomó María su hermoso título. Conviene decir con honestidad que se trata de una tradición devocional, transmitida a lo largo de los siglos, y no de un hecho documentado con precisión histórica; la Iglesia la acoge como expresión del amor del pueblo a la Madre de Dios.
Meditación
Que la imagen fuera hallada en pleno campo, entre ramas silvestres, nos habla de un Dios que sale al encuentro del hombre allí donde vive y camina. No esperó María a ser buscada en un palacio: se dejó encontrar entre retamas, en lo sencillo y cotidiano. Así actúa el Señor con cada uno de nosotros, saliendo a nuestro paso en los caminos ordinarios de la vida. La devoción a la Hiniesta nos recuerda que Dios nos busca primero, y que basta un corazón atento para reconocerlo.
Palabra de Dios sugerida
«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1, 14).
Propósito
Hoy estaré atento a las señales sencillas por las que Dios sale a mi encuentro: una persona, un silencio, una palabra oportuna.
Oración del día
Madre de la Hiniesta, hallada entre las ramas humildes del campo, ayúdame a reconocer a tu Hijo que sale a mi encuentro cada día. Que no pase de largo ante su presencia, y que, como tú, sepa acogerlo con fe sencilla. Ruega por mí ante Jesús, único Salvador. Amén.
Día segundo — La retama y lo humilde: la grandeza de lo pequeño
Memoria histórica
La hiniesta o retama es una planta modesta, común en los campos del sur, de flor amarilla y ramas resistentes. No es un árbol majestuoso ni una flor delicada de jardín, sino una mata humilde que crece a la intemperie. Que precisamente esa planta diese nombre a una de las advocaciones más queridas de Sevilla es, en sí mismo, una lección espiritual que el pueblo ha sabido guardar con cariño durante siglos.
Meditación
Dios elige lo pequeño para manifestar su grandeza. Escogió a una joven de Nazaret, escogió un pesebre, escogió doce hombres sencillos. La retama nos recuerda que el Señor «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes». También en María resplandece esta humildad: se llamó a sí misma «la esclava del Señor». Pedirle a la Hiniesta que interceda por nosotros es aprender de ella el arte de lo pequeño, de servir sin buscar reconocimiento, de florecer donde Dios nos ha plantado.
Palabra de Dios sugerida
«Ha mirado la humildad de su esclava… enaltece a los humildes» (Lucas 1, 48.52).
Propósito
Hoy realizaré con esmero una tarea humilde y oculta, ofreciéndola a Dios sin esperar que nadie la advierta.
Oración del día
Virgen de la Hiniesta, flor humilde del campo, enséñame a amar lo pequeño y a servir en lo escondido. Líbrame de la vanidad y del afán de aparentar. Que, imitando tu humildad, dé gloria a Dios en las cosas sencillas de cada día. Intercede por mí ante tu Hijo. Amén.
Día tercero — La fe del pueblo sevillano: una devoción de siglos
Memoria histórica
El culto a la Virgen de la Hiniesta en la parroquia de San Julián se remonta a siglos atrás y arraigó hondamente en el barrio y en toda la ciudad. Generaciones enteras de sevillanos han acudido a su presencia, han rezado ante ella y le han confiado su vida. La Hermandad de la Hiniesta, establecida en San Julián, ha custodiado con fidelidad esta devoción a lo largo del tiempo, transmitiéndola de padres a hijos.
Meditación
La fe no es un asunto meramente individual: se recibe, se comparte y se transmite dentro de un pueblo creyente. La devoción a la Hiniesta es un ejemplo hermoso de cómo la fe pasa de unos a otros como un tesoro vivo. Pero esta fe popular, para ser auténtica, ha de ir siempre unida a la Palabra y a los sacramentos, y ha de conducir a un amor real a Jesucristo y al prójimo. La verdadera devoción mariana no se queda en el sentimiento: florece en obras de caridad y en vida cristiana.
Palabra de Dios sugerida
«Desde ahora me felicitarán todas las generaciones» (Lucas 1, 48).
Propósito
Hoy daré gracias por quienes me transmitieron la fe y rezaré por las nuevas generaciones para que la reciban.
Oración del día
Madre de la Hiniesta, venerada por tantas generaciones de sevillanos, te doy gracias por la fe que he recibido. Ayúdame a vivirla con coherencia y a transmitirla con amor a quienes me rodean. Que mi devoción a ti me acerque cada vez más a tu Hijo Jesús. Amén.
Día cuarto — Alcaldesa perpetua: el voto de la ciudad en tiempo de peste
Memoria histórica
En 1649 Sevilla padeció una de las epidemias de peste más devastadoras de su historia. En medio de aquel sufrimiento, la ciudad volvió los ojos a la Virgen de la Hiniesta y estableció un voto perpetuo de acción de gracias, que se renueva cada año el 8 de septiembre, día de la Natividad de María. De este vínculo entrañable con el consistorio nace el título por el que la ciudad la reconoce como su «alcaldesa perpetua».
Meditación
Cuando el dolor golpea a una ciudad, el corazón creyente sabe a quién acudir. Sevilla no divinizó a María —eso sería contrario a la fe—, sino que le pidió su intercesión maternal ante Dios, de quien procede toda salud y toda salvación. El título de «alcaldesa» es una expresión afectuosa del pueblo, un modo de decir que confía su vida entera a la protección de la Madre. También nosotros, en las pruebas comunes o personales, podemos poner nuestra ciudad, nuestra familia y nuestro trabajo bajo su amparo, sabiendo que ella siempre nos remite a su Hijo.
Palabra de Dios sugerida
«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre… «Ahí tienes a tu madre»» (Juan 19, 25.27).
Propósito
Hoy encomendaré a la intercesión de María a mi ciudad, a quienes la gobiernan y a los que sufren enfermedad.
Oración del día
Alcaldesa perpetua de Sevilla, que en tiempo de peste fuiste refugio de un pueblo atribulado, sé también hoy amparo de cuantos sufren. Intercede ante tu Hijo por los enfermos, por los gobernantes y por toda la ciudad, para que en Cristo hallemos salud y salvación. Amén.
Día quinto — La reconstrucción tras la pérdida de 1932: esperanza que renace
Memoria histórica
El 8 de abril de 1932 un incendio consumió la parroquia de San Julián, sede de la hermandad, y con ella se perdió la antigua imagen de la Hiniesta Gloriosa, venerada durante siglos. Fue un golpe muy doloroso. Sin embargo, la devoción no se apagó: en 1945 el escultor Antonio Castillo Lastrucci realizó la nueva imagen, respetando el estilo de la primitiva, y años después, en 1974, se celebró la coronación canónica que el papa Juan XXIII había autorizado en 1959.
Meditación
La historia de la Hiniesta atraviesa la pérdida y renace en esperanza. Las imágenes pueden arder, pero la fe que representan no se destruye con el fuego. Así también nuestra vida conoce pérdidas —de personas, de salud, de proyectos— que parecen definitivas, y sin embargo Dios sabe hacer surgir vida nueva. La Virgen, que estuvo al pie de la cruz y contempló después la resurrección de su Hijo, nos enseña a no rendirnos ante la desgracia, sino a esperar contra toda esperanza.
Palabra de Dios sugerida
«Mira, hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21, 5).
Propósito
Hoy nombraré ante Dios una pérdida que aún me pesa y le pediré la gracia de esperar de nuevo.
Oración del día
Madre de la Hiniesta, que renaciste de las cenizas de un incendio en el amor de tu pueblo, sostén mi esperanza cuando todo parece perdido. Enséñame a confiar en tu Hijo resucitado, que hace nuevas todas las cosas. Intercede por mí para que nunca me falte la esperanza. Amén.
Día sexto — María junto al que sufre: consuelo en la enfermedad
Memoria histórica
El vínculo de la Hiniesta con Sevilla nació precisamente de una hora de enfermedad colectiva, la peste de 1649. Desde entonces, innumerables sevillanos han acudido a ella en sus dolencias, confiándole a sus enfermos y pidiendo por su curación o por la fortaleza para sobrellevar el sufrimiento. La Madre que fue invocada por una ciudad enferma sigue siendo consuelo de cada persona que padece.
Meditación
La enfermedad es una de las pruebas más duras de la vida, y en ella el creyente puede sentirse solo. Pero María no abandona a sus hijos en la hora del dolor. Ella, que sufrió junto a la cruz, comprende el padecimiento humano y lo presenta ante su Hijo, el mismo que curaba a los enfermos y se compadecía de las multitudes. Pedir la intercesión de la Hiniesta por los que sufren no es evadir la cruz, sino unirla a la de Cristo, de quien brota toda verdadera sanación del cuerpo y del alma.
Palabra de Dios sugerida
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mateo 11, 28).
Propósito
Hoy visitaré, llamaré o rezaré por una persona enferma, ofreciéndole compañía o consuelo.
Oración del día
Virgen de la Hiniesta, consuelo de los afligidos, presenta ante tu Hijo a todos los enfermos, en especial a los que no tienen quien rece por ellos. Alcánzales salud, si conviene, y siempre la paz de saberse amados por Dios. Que en la cruz de Cristo encuentren fortaleza. Amén.
Día séptimo — La caridad que brota de la fe: amar como Cristo
Memoria histórica
La verdadera devoción a la Hiniesta, como toda devoción mariana auténtica, no se ha limitado nunca al culto: ha impulsado también obras de caridad. Las hermandades sevillanas, y entre ellas la de la Hiniesta, han unido a lo largo de su historia el amor a la Virgen con la atención a los pobres y necesitados del entorno de San Julián y de la ciudad, entendiendo que honrar a la Madre lleva consigo servir a sus hijos.
Meditación
María es modelo de caridad activa. Apenas concibió al Salvador, «se puso en camino» para servir a su prima Isabel. No se quedó contemplando su propia gracia, sino que corrió a ayudar. Quien de verdad ama a la Virgen aprende de ella a salir de sí mismo hacia el necesitado. La fe sin obras está muerta, nos dice el apóstol Santiago. Por eso, esta novena quedaría incompleta si no se tradujera en gestos concretos de amor al prójimo, que es donde reconocemos el rostro de Cristo.
Palabra de Dios sugerida
«Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25, 40).
Propósito
Hoy realizaré una obra concreta de caridad, por pequeña que sea, hacia alguien que lo necesite.
Oración del día
Madre de la Hiniesta, que te pusiste en camino para servir, mueve mi corazón a la caridad. Que no me contente con rezar, sino que ame de verdad a mis hermanos, sobre todo a los más pobres. Que en cada necesitado sepa reconocer el rostro de tu Hijo Jesús. Amén.
Día octavo — La esperanza que no defrauda: caminar hacia el cielo
Memoria histórica
La imagen que hoy veneramos, obra de 1945, fue coronada canónicamente en 1974, coronación que el papa Juan XXIII había concedido en 1959. La corona sobre la sien de la Madre no es un adorno vano: expresa la fe de la Iglesia en que María, asunta al cielo, es imagen y primicia de la esperanza que aguarda a todo el pueblo de Dios. Sevilla, al coronar a su alcaldesa perpetua, proclamaba también su propia esperanza de vida eterna.
Meditación
La esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, sino la certeza de que Dios cumple sus promesas. María, glorificada junto a su Hijo, nos precede en el camino y nos muestra hacia dónde vamos. Contemplarla coronada nos levanta la mirada por encima de las fatigas del presente y nos recuerda que estamos hechos para el cielo. Su intercesión sostiene nuestra peregrinación para que no desfallezcamos, mirando siempre a Cristo, meta de nuestra esperanza.
Palabra de Dios sugerida
«La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Romanos 5, 5).
Propósito
Hoy renovaré mi esperanza en la vida eterna y ofreceré una dificultad presente unida a la de Cristo.
Oración del día
Virgen de la Hiniesta, coronada como signo de esperanza, sostén mi caminar hacia el cielo. Que no me deje vencer por el desánimo, sino que mantenga fija la mirada en tu Hijo, meta y premio de nuestra vida. Ruega por mí para que persevere en la esperanza. Amén.
Día noveno — Envío a la fiesta: dar gracias y anunciar a Cristo
Memoria histórica
Cada 8 de septiembre, festividad de la Natividad de María, Sevilla renueva ante la Hiniesta el voto de 1649 en una función solemne de acción de gracias. Es el día grande de esta devoción, en el que la ciudad entera —representada históricamente en su consistorio— reconoce a la Madre como su alcaldesa perpetua y le agradece siglos de protección. La fiesta corona el año devocional y reúne a la hermandad y al pueblo en torno a su Madre.
Meditación
Toda novena desemboca en la fiesta, y toda fiesta cristiana desemboca en la acción de gracias. Terminamos estos nueve días no para guardar la devoción como un recuerdo, sino para vivirla y anunciarla. Como los pastores de Belén, que tras encontrar al Niño «volvieron glorificando a Dios», también nosotros somos enviados a nuestra vida ordinaria llevando lo que hemos recibido. Honrar a la Hiniesta es, en definitiva, dejarnos conducir por ella hasta Jesucristo y darlo a conocer con la palabra y con las obras.
Palabra de Dios sugerida
«Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lucas 2, 20).
Propósito
Hoy daré gracias a Dios por los frutos de esta novena y buscaré un modo concreto de dar testimonio de mi fe.
Oración del día
Madre de la Hiniesta, alcaldesa perpetua de Sevilla, al terminar esta novena te doy gracias por tu compañía maternal. Envíame renovado a mi vida diaria para que, imitando tu fe, lleve a Cristo a cuantos me rodean. Que mi vida entera sea acción de gracias a Dios. Amén.
Oración final
Nuestra Señora de la Hiniesta, Madre venerada en la parroquia de San Julián y amada por todo el pueblo de Sevilla, te damos gracias por estos nueve días de oración. Tú, que fuiste hallada entre humildes retamas y que sostuviste la esperanza de una ciudad en la prueba, acompáñanos ahora en nuestro camino. No permitas que separemos jamás tu figura de la de tu Hijo, pues toda tu grandeza consiste en llevarnos a él. Intercede por nosotros ante Jesucristo, único Salvador, para que, viviendo con fe, esperanza y caridad, lleguemos un día a contemplar con él tu gloria en el cielo. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el papa, para que anuncien con fidelidad a Cristo, y por la archidiócesis de Sevilla, roguemos al Señor por intercesión de la Virgen de la Hiniesta.
- Por la ciudad de Sevilla, sus gobernantes y todos sus habitantes, para que vivan en justicia, concordia y fe, roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los ancianos solos y cuantos sufren en el cuerpo o en el alma, para que hallen consuelo y esperanza, roguemos al Señor.
- Por los pobres y necesitados, para que encuentren en nosotros manos generosas que sirvan como sirvió María, roguemos al Señor.
- Por la Hermandad de la Hiniesta y por cuantos custodian y transmiten esta devoción, para que la vivan unida al amor a Cristo y al prójimo, roguemos al Señor.
- Por nuestras familias y por las intenciones que cada uno lleva en el corazón, para que Dios las acoja según su santa voluntad, roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.