El Santo Rostro de Jesús
En el rostro de Jesús vemos el rostro del Padre. Contemplar su Santa Faz, también desfigurada por la Pasión, nos enseña a amarle, a desagraviarle y a reconocerle en el rostro de cada hermano que sufre.
Buscar el rostro del Señor
El salmista pide buscar siempre el rostro del Señor (cf. Sal 27, 8), y Jesús dijo a Felipe que quien le ve a él ve al Padre (cf. Jn 14, 9). En la Pasión, su rostro fue abofeteado, escupido y coronado de espinas por amor a nosotros.
Según una antigua tradición, una mujer llamada Verónica se compadeció de Jesús camino del Calvario y le limpió el rostro, que quedó impreso en el paño. La Iglesia la recuerda en la sexta estación del vía crucis como imagen de la compasión que sabe reconocer al Señor en quien sufre.
Tours: la devoción reparadora
Sor María de San Pedro (1816-1848), carmelita de Tours, sintió en la oración la llamada a reparar con alabanza y amor las blasfemias y el olvido del domingo, contemplando el rostro ultrajado de Cristo. De ella procede la oración de la «Flecha de oro».
El venerable León Papin-Dupont (1797-1876), un laico de Tours, mantuvo durante años una lámpara encendida ante una imagen de la Santa Faz en su casa, que se convirtió en lugar de oración para muchos. Hoy es el Oratorio de la Santa Faz.
Santa Teresita y la beata María Pierina
Santa Teresa de Lisieux tomó el nombre de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz: en ese rostro humilde y escondido aprendió el amor que no busca ser visto.
La beata María Pierina De Micheli (1890-1945) difundió la medalla de la Santa Faz con la inscripción «Haz brillar, Señor, tu rostro sobre nosotros». En algunos lugares se celebra la Santa Faz el martes anterior al Miércoles de Ceniza.
Cómo vivirla
- Alabar el nombre de DiosFrente a la blasfemia, bendecir: la Flecha de oro es una alabanza reparadora.
- Santificar el domingoLa Misa dominical y el descanso en el Señor son parte de esta reparación.
- Adorar en la EucaristíaAllí está el mismo Jesús cuyo rostro contemplamos.
- Ver a Cristo en el que sufreComo Verónica: acercarse, consolar y servir.