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La Divina Misericordia

Dios es rico en misericordia y nunca se cansa de perdonar. Esta devoción nos invita a algo muy sencillo y muy grande: confiar en Jesús y ser, nosotros también, misericordiosos.

Jesús misericordioso: bendice con la mano derecha y de su Corazón salen dos rayos, rojo y pálido.

Santa Faustina

Helena Kowalska nació en Polonia en 1905, en una familia campesina. En 1925 entró en las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia y tomó el nombre de sor María Faustina. Fue cocinera, jardinera y portera; una vida escondida y humilde.

Por obediencia a su confesor, el beato Miguel Sopoćko, escribió en un Diario lo que vivía en la oración: un mensaje sobre la misericordia de Dios para todos. Murió en Cracovia en 1938, con 33 años. San Juan Pablo II la beatificó en 1993 y la canonizó el 30 de abril de 2000.

La imagen de Jesús misericordioso

Santa Faustina cuenta en su Diario que en 1931, en Płock, vio a Jesús vestido de blanco, con una mano levantada para bendecir y la otra sobre el pecho, del que salían dos rayos, uno pálido y otro rojo, y que le pidió pintar esa imagen con la firma «Jesús, en ti confío».

La primera imagen la pintó Eugeniusz Kazimirowski en Vilna en 1934 y se expuso por primera vez en 1935. Los dos rayos recuerdan el agua y la sangre que brotaron del costado de Cristo en la cruz (cf. Jn 19, 34): el agua que purifica y la sangre que da vida, es decir, los sacramentos. Al mirarla, es a Cristo a quien miramos y en quien confiamos.

La coronilla y la Hora de la Misericordia

La coronilla es una oración de intercesión que se reza con las cuentas del rosario: se ofrece al Padre el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, y por su dolorosa Pasión se pide misericordia para nosotros y para el mundo entero.

A las tres de la tarde, hacia la hora en que Jesús murió en la cruz (cf. Mc 15, 34-37), santa Faustina invitaba a detenerse un momento para recordar su Pasión y sumergirse en su misericordia, sobre todo por los pecadores. Puede rezarse la coronilla, hacer el vía crucis o, simplemente, unirse a Jesús desde donde estemos.

El Domingo de la Divina Misericordia

El día de la canonización de santa Faustina, san Juan Pablo II anunció que el segundo domingo de Pascua se llamaría en toda la Iglesia «Domingo de la Divina Misericordia». En 2002 la Iglesia concedió para ese día una indulgencia plenaria, con estas condiciones: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa, el desapego de todo pecado y participar ese día en una práctica de piedad en honor de la Misericordia o rezar ante el Santísimo el Padrenuestro y el Credo con una invocación a Jesús misericordioso.

Antes de la fiesta suele hacerse una novena, que comienza el Viernes Santo.

El Diario, un libro para leer despacio

Recomendamos leer el Diario de santa Faustina, «La Divina Misericordia en mi alma», en una edición completa con aprobación de la Iglesia: es el testimonio de un alma que aprendió a confiar en Dios en todo, unida a la Eucaristía, a la Pasión de Cristo y al servicio a los demás. Mejor poco a poco, como un libro de oración.

Cómo vivirla

  • ConfiarRepetir a lo largo del día, de corazón: «Jesús, en ti confío».
  • Acercarse a los sacramentosLa misericordia de Dios nos llega sobre todo en la confesión y en la Eucaristía.
  • Ser misericordiososCon obras, con palabras y con la oración: perdonar, ayudar, rezar por los demás.
  • A las tres de la tardeUn minuto para recordar la Pasión del Señor y pedir misericordia por el mundo.

Sus oraciones

Para profundizar: La Divina MisericordiaCurso por lecciones en la Escuela de vida cristiana.