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Consagración a María

La devoción a María culmina en la consagración: entregarse a Ella para pertenecerle e ir por Ella a Jesús. «A Jesús por María», resume la tradición; y san Juan Pablo II lo condensó en su lema «Totus tuus» («todo tuyo»). Consagrarse es poner la vida en manos de la Madre para que la lleve a su Hijo.

Aquí, el acto de consagración a la Virgen y las oraciones marianas más queridas por la Iglesia, para vivir como hijos de María, con equilibrio y confianza filial, y dejar que Ella nos conduzca siempre a Cristo.

Comenzar la preparación · 33 díasItinerario diario con meditación, lectura y oraciones, guardando tu progreso hasta el acto de consagración.

Cómo tratarlo

Consagrarse a María

Consagrarse es entregarle a María toda la vida —la memoria, la voluntad, el trabajo, las penas— para pertenecerle como hijo y dejar que Ella nos lleve a Jesús. Conviene renovar la consagración con frecuencia, personalmente y en familia. «Totus tuus».

Rezar el Rosario

El Santo Rosario, pedido por la Virgen en tantas apariciones, es el gran camino de la devoción mariana: contemplar con María el rostro de Cristo a través de sus misterios. Rezarlo cada día, aunque sea una decena, mantiene viva la unión con la Madre.

Imitar sus virtudes

Amar a María no es solo rezarle, sino parecerse a Ella: su fe y su «hágase», su humildad, su pureza, su caridad servicial (la Visitación), su fortaleza al pie de la cruz. La mejor devoción es imitar a la Madre para agradar al Hijo.

A Jesús por María

Toda la devoción mariana lleva a Cristo: María nunca atrae hacia sí, sino que remite a Jesús («haced lo que Él os diga»). Vivida con equilibrio, la devoción a la Madre es un camino seguro, humilde y confiado hacia Dios.

Cómo vivirlo

  • Consagrarse a la Virgen María y renovar la consagración con frecuencia («Totus tuus»).
  • Rezar cada día el Santo Rosario (o al menos una decena).
  • Saludar a María con el Ángelus (mañana, mediodía y tarde) y jaculatorias.
  • Imitar sus virtudes: fe, humildad, pureza y caridad.
  • Acudir a Ella en las necesidades y confiarle a los seres queridos.

Sus oraciones

Acto de consagración a la Virgen María

Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Ti, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

Acto de consagración tradicional a María

Acordaos (Memorare)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu asistencia y reclamado tu socorro haya sido abandonado de Ti. Animado con esta confianza, a Ti acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes; a Ti vengo y, gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro a tus plantas. No deseches mis súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

Oración de san Bernardo

Bajo tu amparo (Sub tuum praesidium)

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen, gloriosa y bendita. Amén.

La oración mariana más antigua (siglo III)

Salve Regina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Antífona mariana tradicional