Con corazón de padre
«Con corazón de padre»: así empieza la carta apostólica «Patris corde», con la que el papa Francisco, en 2020, al cumplirse 150 años de la proclamación de San José como Patrono de la Iglesia universal, convocó un Año de San José y contempló siete rasgos de su paternidad.
San José amó a Jesús «con corazón de padre». En sus siete rostros descubrimos un modelo de vida cristiana —y de modo especial de paternidad y de sacerdocio—: amar, cuidar, obedecer, acoger, arriesgar, trabajar y desaparecer para que brille Cristo.
Los siete rostros de San José (Patris Corde)
Padre amado
San José fue tan amado por el pueblo cristiano que se le dedican innumerables iglesias, devociones y oraciones. Su grandeza está en haber sido, para Jesús, un padre entrañable y cercano.
Padre en la ternura
Enseñó a Jesús a caminar, lo tomó de la mano, lo cuidó con ternura. Nos muestra a un Dios que no nos trata con dureza, sino con misericordia; y nos enseña a mirar nuestra debilidad con la ternura de Dios.
Padre en la obediencia
Como María, José obedeció a Dios con un «sí» pronto y confiado. Cuatro veces obedeció a los sueños del ángel, sin pedir explicaciones, haciendo posible el plan de la salvación.
Padre en la acogida
Acogió a María sin poner condiciones y acogió los planes de Dios sobre su vida, aun los que no entendía. Nos enseña a acoger la realidad tal como es, sin resignación, con esperanza activa.
Padre de la valentía creativa
Ante el peligro de Herodes, no se paralizó: buscó soluciones, huyó a Egipto, protegió al Niño. Su fe se hizo iniciativa valiente. Dios cuenta con nuestra creatividad para llevar adelante su obra.
Padre trabajador
Carpintero honrado, sostuvo a la Sagrada Familia con el trabajo de sus manos y enseñó a Jesús el valor del trabajo. Es patrono de los trabajadores y modelo de quien gana el pan con dignidad y santifica su labor.
Padre en la sombra
José vivió su paternidad «en la sombra», sin buscar protagonismo: puso su vida al servicio de Jesús y de María, y se hizo a un lado para que brillara el Hijo. Amar es también saber desaparecer para que crezca el otro.
Sus patronazgos
- Patrono de la Iglesia universal (Pío IX, 1870): custodia a la Iglesia como custodió a la Sagrada Familia.
- Patrono de los trabajadores (San José Obrero, 1 de mayo; Pío XII, 1955).
- Patrono de la buena muerte y de los moribundos: murió, según la tradición, entre Jesús y María.
- Patrono de las familias, de los hogares y de la vida oculta.
- Protector de los padres, de la castidad, y auxilio en las necesidades más difíciles.
Cómo cultivar la devoción
- El mes de marzo dedicado a San José, con la solemnidad del día 19.
- Honrarlo los miércoles (día tradicionalmente dedicado a él).
- La consagración a San José y tomarlo por padre y protector de la propia vida, familia y trabajo.
- Tener su imagen en el hogar y encomendarle cada jornada; el «Ite ad Ioseph» («Id a José»).
- Oraciones tradicionales: el «Acordaos» a San José y la oración de León XIII.
Oraciones a San José
Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María
Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amabilísimo protector mío, San José, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección e implorado vuestra ayuda haya sido abandonado. Animado con esta confianza, a vos vengo y me encomiendo a vos con fervor. No desechéis mi súplica, oh Padre putativo del Redentor, antes bien acogedla propicio. Amén.
A ti, oh bienaventurado San José
A ti, oh bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquel vínculo de caridad que te unió a la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y por el amor paternal que tuviste al Niño Jesús, te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que Jesucristo adquirió con su Sangre, y nos socorras en nuestras necesidades con tu poder y auxilio. Protege, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, a la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros todo error y corrupción; asístenos propicio desde el cielo en esta lucha con el poder de las tinieblas; y así como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del peligro de muerte, defiende ahora a la santa Iglesia de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad. Amén.
Papa León XIII