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Contemplar la Cruz

La respuesta a la Pasión es contemplarla y amarla: ponerse ante el crucifijo, mirar cuánto nos amó Cristo y dejarse mover a la gratitud, al arrepentimiento y al amor. «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2, 20): la Cruz es la prueba suprema del amor de Dios.

Aquí, unas claves para vivir la devoción a la Pasión y las grandes oraciones ante el crucifijo, para acompañar a Jesús en su Cruz, ofrecerle las propias cruces y aprender de Él a amar, perdonar y entregarse.

Cómo tratarlo

Contemplar el crucifijo

Detenerse ante un crucifijo, mirarlo despacio y decir «murió por mí» es una de las oraciones más hondas. No hacen falta muchas palabras: basta mirar el amor de Cristo llevado hasta el extremo y dejarse amar. De ahí nacen la gratitud y el dolor de los pecados.

El Vía Crucis

Rezar el Vía Crucis —las catorce estaciones—, sobre todo los viernes y en Cuaresma, es acompañar a Jesús en su camino de la cruz. En cada estación se contempla un paso de la Pasión, se reza y se saca un fruto para la vida. Es escuela de amor a la Cruz.

Ofrecer las propias cruces

Unir los propios sufrimientos —enfermedades, penas, contrariedades— a la Cruz de Cristo y ofrecerlos por amor los transforma en oración fecunda y redentora (Col 1, 24). En la cruz, el cristiano no está solo: está más unido que nunca al Redentor.

Vivir la Semana Santa

Participar con fe en la Semana Santa, sobre todo en el Triduo Pascual (Jueves, Viernes y Vigilia), es acompañar a Cristo de la muerte a la vida. La devoción a la Pasión, unida a la Eucaristía que renueva su sacrificio, alimenta toda la vida cristiana.

Cómo vivirlo

  • Contemplar cada día un crucifijo y decir: «murió por mí».
  • Rezar el Vía Crucis, especialmente los viernes y en Cuaresma.
  • Ofrecer las propias cruces unidas a la de Cristo, por la conversión de los pecadores.
  • Meditar las siete palabras de Jesús en la cruz y perdonar como Él.
  • Vivir con fe la Semana Santa y el Triduo Pascual; honrar la Santa Cruz.

Sus oraciones

Oración ante el crucifijo

Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia. Te ruego con el mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con el mayor afecto y compasión, voy considerando tus cinco llagas, teniendo presente aquello que de Ti decía el profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos». Amén.

Oración «Mírame, oh mi amado y buen Jesús»

Te adoramos, oh Cristo

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Amén.

Invocación del Vía Crucis

Alma de Cristo (Anima Christi)

Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Oración medieval, muy querida por san Ignacio

Ofrecimiento a la Preciosísima Sangre

Padre eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu Hijo Jesucristo, derramada en la Cruz por nuestra salvación, en desagravio de mis pecados y de los de todo el mundo, por las necesidades de la santa Iglesia y por las almas del Purgatorio. Amén.

Ofrecimiento de la Preciosísima Sangre